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“Es una conducta temeraria y no basta con una falta administrativa. En mi opinión se está constituyendo un delito”, explicó Omar Rodríguez

Jerarcas de la Unidad de Seguridad Vial coinciden en definirlas como violaciones graves
Medianoche del sábado en la rambla Charles de Gaulle, más conocida como Kibón. Unos 30 autos y más de 20 motos se aglomeran bajo la noche despejada. Algunos autos tuneados (ver Claves) tienen abierta la puerta de la valija y desde su interior se escucha música electrónica y las rimas del rapero Sean Paul. Está todo listo para las picadas, pero un detalle imprevisto silencia los motores: la presencia de cinco inspectores de Tránsito que piden documentación y requisan motos.
“Se re zarparon. ¡Qué cortamambos!”, le dice un joven de unos 17 años a su amigo. “¡Sí, si el fin de semana pasado los chanchos se llevaron pila de motos!”, le responde otro. El sábado 29 de marzo un operativo realizado por la Intendencia Municipal de Montevideo
(IMM)con apoyo de la Policía y prefectura terminó con 415 multas, la requisa de 57 motos por varias infracciones y enfrentamientos entre la policía y la gente del lugar, que les tiraron botellas y piedras a un patrullero.
Diego Mello, un aficionado a las motos que corre en carreras legales, denunció que hubo abuso por parte de la Policía y los inspectores. En lo próximos días tiene previsto presentar una demanda. “Me requisaron la moto porque tardé en sacar la documentación”, se quejó.
“Tendría que haber un lugar legal para hacer picadas”, dijo Maximiliano Granel, de 20 años. Desde los 15 años
Maximiliano corre en las llamadas carreras ilegales o picadas, cuando empezó con un ciclomotor Zanella que pagó con sus ahorros. Su padre corría carreras en motos cuando eran legales en un circuito habilitado del Parque Rodó, y también su hermano mayor iba a las picadas. Pero hace un mes que Maximiliano no corre más. “Recapacité un poco. Mi padre está enfermo y no quiero darle disgustos”, dijo.
Antes corría en Kibón, donde todos los sábados a la noche se juntan más de 200 personas. Hace más de diez años que se organizan carreras allí, principalmente de motos. Los competidores suben por Luis Alberto de Herrera, largan en los semáforos hacia la rambla y
corren –muchas veces esquivando a los autos- hasta los semáforos de la rambla Charles de Gaulle y Buxareo.
Las motos pueden llegan a correr 140 ó 150 kilómetros por hora, cuando el límite de velocidad establecido por la Intendencia en ese tramo de la rambla es de 45. Y ese es solo uno de los varios circuitos en Montevideo: en Melilla, Cerro, Paso de la Arena, Parque Rivera también se corren carreras.
Prohibición. “Las picadas en sí mismas están prohibidas. No se pueden hacer carreras”, explicó a El Observador el gerente de Tránsito de la Intendencia, Gonzalo de Toro.
Actualmente las personas que corren picadas son multadas por otras violaciones a la normativa municipal, como exceso de velocidad o falta de documentación.
Sin embargo, las picadas están prohibidas por la ley de Seguridad Vial, N° 18.191, que está en proceso de reglamentación. En su artículo 16 declara expresamente ilegales las carreras: “se prohíbe a los conductores realizar en la vía pública competiciones de velocidad no autorizadas”.
Omar Rodríguez, miembro de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) dijo a El Observador que las picadas deberían ser consideradas delitos de tránsito. “Muchos de esos vehículos están atentando contra el orden público”, dijo. “Es una conducta temeraria y no basta con una falta administrativa. En mi opinión se está constituyendo un delito”, explicó. La creación del delito de tránsito está a estudio de la comisión de Constitución y Códigos del Parlamento que estudia la redacción del nuevo Código Penal.
“Quien sale a hacer picadas viola todas las normas, no sólo las de tránsito, ya que expone su vida y la de los demás. Y este fenómeno ocurre en todo el país”, dijo a El Observador Gerardo Barrios, presidente de la Unasev.
Las picadas fueron prohibidas en Argentina, donde en marzo fue aprobada una ley que las considera un delito penal. El caso que avivó la polémica ocurrió el 15 de febrero, cuando tres jóvenes murieron cuando corrían una carrera en moto.
Maximiliano nunca vio un accidente grave, pero reconoce que muchos de los conductores no manejan con casco. Él mismo sufrió uno que otro incidente: se levanta la manga del buzo y muestra una mancha larga marrón en el antebrazo, recuerdo de un importante raspón producto de una resbalada en una de las carreras.
¿Y qué es lo que se siente al correr una picada? “Adrenalina”, dice Maximiliano. Y tal vez en eso piensa el joven de 17 años que tildó de “cortamambos” a los
nspectores de tránsito. “Por un tiempo no va a haber más picadas”, se lamenta, mirando con desconcierto cómo los funcionarios municipales se llevaban varias motos de la rambla de Kibón.

El Observador, Lunes 7 de abril del 2008.

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