Nuevo Espacio - Frente Amplio
NOTICIAS

Política

INTERNAS DEL FRENTE AMPLIO: CONFRONTACIÓN Y FANTASÍAS

Desde el inicio de su gobierno, el Frente Amplio ha estado condicionado por el desarrollo de una polarización, que tiene expresión política y electoral en los liderazgos de Danilo Astori y José Mujica. Excluyendo a Tabaré Vázquez, son los dos dirigentes de mayor peso político, popularidad y convocatoria, son las dos figuras excluyentes al momento de pensar en el candidato presidencial del Frente Amplio y así habrán de dirimirlo en la elección interna del 28 de junio de 2009.

Ambos expresan aproximaciones ideológicas y énfasis programáticos diferentes, pertenecen a dos culturas de izquierda distintas, dos visiones y trayectorias, que han marcado distintas actitudes frente a la política y al gobierno, diferentes estilos y características de actuación. En poco tiempo, nuestro Frente Amplio vivirá una experiencia novedosa. Un proceso de definición de su candidatura presidencial, en una elección abierta, que dará lugar a un período de oportunidades y riesgos para nuestra fuerza política.

Será una gran oportunidad para lograr la máxima participación ciudadana, en la interna partidaria más importante para el futuro del país, la que proclamará al candidato con mejor chance de alcanzar la Presidencia de la República. La oportunidad de gestar el máximo escenario de acumulación militante y ciudadana, para acometer con ímpetu y confianza arrolladora, el desafío de ganar en octubre, en primera vuelta. Una gran oportunidad para ofrecerle a los uruguayos nuestras razones, nuestras propuestas y compromisos, asumiendo con claridad cómo pensamos gobernar, sin frases hechas, ni eslóganes superficiales. Y para realizar una demostración de unidad, pluralidad y fortaleza política, asumiendo que esas culturas de izquierda y sus perfiles ideológicos, son la esencia y la constitución básica de una fuerza política amplia, con vocación de gobierno.

Pero también será un escenario de riesgo. El que supone la posibilidad del retorno a los viejos fantasmas del prejuicio, el encierro ideológico y la descalificación. El riesgo de una discusión y una competencia mal concebida, una confrontación hiriente que precipite en campo fértil para los desbordes y la estupidez del todo o nada. Sería un gran desperdicio y una inmadurez inconcebible, en una fuerza política cuya trayectoria, ha demostrado con creces, que ninguno de sus sectores o liderazgos, tiene el patrimonio o la capacidad de asumir, en exclusiva, el proyecto de la izquierda en el Uruguay. Por el contrario, unidad y pluralidad, han sido y son, un capital y una herramienta imprescindible para alcanzar nuestros objetivos históricos.

Pese a lo trillado, parece útil recordarlo, pues persisten al interior de nuestra fuerza política, ciertas fantasías maniqueas, que resucitan en cada competencia ajustada entre perfiles ideológicos diferentes. Los antecedentes no son los mejores. Hay compañeros que arriban a esta elección interna con un recorrido de críticas y descalificaciones públicas a la gestión económica de nuestro gobierno y a sus responsables. Un ejercicio de acumulación hacia la interna, de pobre instrumentación, que erosiona la imagen del gobierno y la percepción ciudadana de sus logros.

No hace mucho, una nota publicada en favor de la candidatura de Mujica con la firma de algunos diputados, presentaba esta elección interna como la pugna entre los dos modelos de país productivo que confrontan al interior de nuestro propio gobierno. Un modelo transnacional, basado sólo y nada más que en la inversión extranjera, de espaldas al Mercosur, al mercado interno y a la industria nacional, indiferente a las necesidades del sector pequeño y mediano de la producción agropecuaria, dependiente de las condiciones del capital transnacional y sus conveniencias. Es el modelo de Astori, se aclaraba. Al mismo, se ha opuesto y se opone una alternativa productiva y emprendedora, un modelo comprometido con la industria y la producción nacional, multiplicador de empleos de calidad, con base en la inversión nacional, liderado por un Estado fuertemente interventor que apuesta decididamente al mercado interno y al trabajo nacional (es el modelo del Pepe Mujica, se afirmaba).

Por supuesto, los autores no entendieron necesario explicar cómo se desataría esa fantástica multiplicación de capitales nacionales de inversión, en un país fragilizado por repetidas crisis, con un mercado interno muy pequeño y con un Estado eternamente deficitario, cuya inversión genuina durante los 50 años que precedieron al gobierno del Frente Amplio, fue prácticamente nula. Tampoco se entendió relevante realizar mención alguna, acerca de los avances que, en materia de crecimiento, inversión (nacional y extranjera), empleo, desarrollo industrial y agropecuario, récord de exportaciones, etc., consiguió el gobierno de Tabaré Vázquez y su conducción económica. La conducción de Astori, esa del supuesto “modelo transnacional”.

Pero hay cosas peores que estas travesuras compañeras, que derrochan creatividades escolares. Hay un relato que se ha difundido tenazmente a nivel de base, abonado por algunas desafortunadas declaraciones del propio liderazgo, que representa una verdadera postal de confrontación destructiva. Describe la competencia interna como un choque entre dos modelos de sensibilidad, de representación, de compromiso y lealtad. Supuestamente, habría una izquierda que expresa al pueblo y su humildad, una izquierda de los pobres, que encarna el sufrimiento y la postergación de los desposeídos, una izquierda nazarena hecha discurso y promesa electoral. Que confrontaría con otra izquierda, acomodada, educada, de clase media profesional y pituca, una izquierda universitaria, bien nacida y bien comida, de colegios y barrios distinguidos, que apresada en su propia comodidad, sería incapaz de rebelarse solidariamente frente a la pobreza y la marginación.

Es algo profundamente lamentable. Una fantasía demasiado burda, una brutalidad política infumable. Pero existe y no es la primera vez que en la izquierda, se asiste a este tipo de deformaciones religiosas y ebriedades apostólicas, que cumplen la función de reducir la política, la ideología y su complejidad, al papel de la historieta y la caricatura. No me siento el gran profundo, ni reclamo una política de sofisticación argumental. Sólo creo que es bueno no desbarrancarse. En criollo: no repartir pelotudeces cuando la mano viene en serio. Es mejor quedarse en el terreno de la razón, aventar fundamentalismos y mantener algunos parámetros elementales para discutir las diferencias con dignidad.

Conducir, liderar, es también superar encierros y profecías que no explican nada y funcionan menos. Es evitar desbordes y corregir actitudes dañinas, de aquellos queridos compañeros, que a veces se ponen un poco fanáticos. Es difícil afinar el coro en la gritería, es cierto. Pero el relato debe invitar a la reflexión, a la política, a la pluralidad, a la amplitud y la consideración del otro. Todos queremos ganar la interna y después la nacional. Y para ello, tenemos nuestra opción y nuestro candidato preferido, sea por cercanía ideológica, coincidencia programática, capacidad de convocatoria electoral, personalidad, amistad, simpatía o similitud de peinado. Se elige un candidato a Presidente. No buscamos salvadores o mesías, creo que el Frente no los necesita. Defenderemos nuestra propuesta, se hará campaña, se votará, se verá quien gana y se abrirá un nuevo capítulo en la historia del Frente Amplio, donde el abrazo al otro día, será un deber y un gesto imprescindible.

Sería muy bueno entonces, no inventar más santos y menos aún demonios, aflojarle a la filosofía de boliche, profundizar en propuestas para el Uruguay de la realidad, cortar con los bolazos para la tribuna. Pues más allá del aplauso, el agite y el besuqueo ocasional, tenemos que seguir en el gobierno y renovar, entre todos, nuestras mayorías parlamentarias, como elemental requisito para avanzar o profundizar los cambios. De lo contrario, las promesas y juramentos, a los pobres, proletarios, clases medias, sufridos o acomodados, tendrán tan poco fundamento como el relato bobo de terrajas y pitucos.

Somos protagonistas de una gestión y de un tránsito histórico, mucho más allá de los gustos y el folklore de la tribu. Tenemos muchas responsabilidades, enormes desafíos. Erosionar nuestra propia obra, oscurecer nuestra reflexión, descalificar a los nuestros, no es un principio inteligente ni liberador de nada, sólo proyecta mediocridad y derrota. Tenemos que ganar la elección nacional en primera vuelta, y para ello, la unidad y la comprensión mutua es fundamental, tanto, como la colaboración de los dirigentes que detonan estas locas pasiones internas. Es una obligación colectiva, con el país que queremos seguir construyendo. Ése país que ha avanzado fuertemente a partir de nuestro gobierno, y que más allá de imposturas y manías destructivas, debería entusiasmarnos a todos, lo suficiente, como para darnos cuenta, que el único proyecto relevante es el Frente Amplio gobernando, unido, con mayorías parlamentarias, para construir juntos, un país desarrollado, un Uruguay sin pobreza ni exclusión, mucho más democrático e igualitario.


JAVIER CHA.

© 2012 NuevoEspacio.org.uy