
Entre improvisados homenajes, designaciones, venias y autorizaciones, transcurrió la sesión ordinaria de ayer de la Cámara alta. La nota sobresaliente la dio una muchedumbre de chiquilines que colmó las instalaciones de las barras del Senado.
Sesión del Senado. Los uruguayos de entre 15 y 25 años, de parabienes.
Con grandes bríos, don Gustavo (anotado siempre en primer término) produjo un vibrante alegato denunciando la falta de conciencia de nuestra población ante el peligro de la aparición de casos de dengue. Condenó a los irresponsables que dejan que se acumule agua en recipientes varios, exhortó a redoblar las fumigaciones y lanzó un dramático llamamiento a la "conciencia de todo individuo socializado".
A continuación, expresó su preocupación por la inflación señalando los reajustes periódicos de precios que se verifican en almacenes y supermercados. Y finalizó con una advertencia sobre la posibilidad de una crisis energética.
A esta altura las barras se habían poblado, no por los jóvenes a que me refiero al comienzo de esta crónica, sino por un nutrido público de todas las edades, ávido de oír a Ruperto Long exponer sobre la personalidad de Chiara Lubich, recientemente fallecida en Roma a los 88 años. Don Ruperto no vaciló en calificarla como "una de las personalidades más importantes de la grey católica del siglo XX", y reclamó a la sociedad uruguaya el homenaje que se merece. Cuando concluyó su exposición, los asistentes prorrumpieron en aplausos, hecho que llevó al presidente a hacer un llamado al orden recordando que al público no le está permitido realizar manifestaciones de ningún tipo, ni de adhesión ni de rechazo. Persona estricta en el cumplimiento del reglamento, ahora que dice, don Rodolfo...
El ex titular del Mvotma, don Mariano Arana, hizo referencia a un par de visitas que efectuó al interior profundo; una a la organización BioUruguay, cerca de Tacuarembó, y otra a la celebración del comienzo de la zafra arrocera en Artigas, y aprovechó para ensalzar las mejoras de nuestra producción de arroz.
El herrerista Gustavo Penadés se refirió a la personalidad del doctor Héctor Bello, pionero de la anestesiología en Uruguay, médico de D´Arienzo y autor de letras de tango.
Por último, Carlos Camy recordó a Wenceslao Varela, poeta nativista de reconocida trayectoria.
La hora de los jóvenes
Rafael Michelini, con su juvenil (aunque entrecana) melena, fue el encargado de informar sobre la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes. Explicó que se trata de una iniciativa surgida de la Organización Iberoamericana de Juventud adoptada en octubre de 2005, con el objeto de promover políticas de Estado referidas a la franja etaria que va de los 15 a los 25 años. Dicho segmento no tiene una protección jurídica propia y esta convención se propone establecer con claridad los derechos específicos de los jóvenes.
Después del senador neoespacial, Mónica Xavier afirmó que, al aprobar la Convención, estamos asegurando elementos que implican una mejora de la vida democrática. Camy no desperdició la bolada para recordar que fue durante el gobierno de Lacalle que se creó el INJU y que su partido siempre estuvo a la vanguardia en el tema. Lorier resaltó que es una forma de considerar a los jóvenes como sujetos de derecho. Aguirrezabala (supliendo a don Justo Amaro) hizo hincapié en que la avanzada legislación uruguaya ya ha incorporado la inmensa mayoría de las recomendaciones de la Convención.
Los 29 senadores presentes dieron su aprobación al proyecto, y los jóvenes que poblaban las barras estallaron en aplausos y silbidos de satisfacción. Esta vez don Rodolfo no dijo ni pío.
Finalmente, se votó la designación de la Sala 7 del Anexo con el nombre del recordado Daniel Díaz Maynard; se concedió la venia para que Lepra sea embajador en París y se autorizó la salida de un avión de la FAU para la misión en Haití.
La República, Miércoles 9 de abril del 2008.