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Recuerdo, Homenaje y Compromiso. Felipe Michelini

Mayo ha sido intenso en la agenda política y social. Sin embargo hay un tema prevalente, al cual dedicaré estas líneas: hace pocos días atrás constamos una vez más, la reafirmación del reclamo de verdad y justicia en Uruguay en una nueva Marcha del Silencio.

El legado lacerante del terrorismo de estado en nuestro país antes y durante la dictadura, extendida por la cultura de impunidad, aún continúa.  A los crímenes de lesa humanidad cometidos como la tortura sistemática, las ejecuciones y asesinatos, las desapariciones forzadas y la prisión prolongada entre otras prácticas aberrantes como el abuso sexual y la violación, en el marco de la falta total de derechos, libertades y garantías, así como la supresión del estado de derecho y persecución de toda oposición política y ciudadana, se le suma la negación y luego el ocultamiento de los mismos.

Más allá de aciertos y errores, de avances y retrocesos para desterrar la impunidad en el Uruguay, hemos sido participes de una lucha constante y permanente por la verdad, la memoria, la justicia y la reparación. Se argumenta que es necesario dar vuelta esa página de nuestra historia. Reiteramos una vez más que sólo leyéndola una y mil veces, se podrá superar ese  vergonzoso periodo,  y pensar en la reconciliación nacional basada en la verdad y la plena actuación de la justicia, nunca en el ocultamiento, la mentira ni eludiendo las responsabilidades.

La Marcha del Silencio auto convocada todos los 20 de mayo, es la expresión más potente y patente de la necesidad de acabar con la cultura de la impunidad. Es recuerdo, homenaje y compromiso. La vigésima vez -hace unos pocos días-  fue multitudinaria y convocó a miles de jóvenes. Estos entienden mejor que nadie que más allá de que han transcurrido más de tres décadas, es necesario enderezar  de alguna manera lo que nunca debió suceder.

Cuando Rafael Michelini a veinte años de los asesinatos en Buenos Aires, convocó a marchar en homenaje a Zelmar, el Toba, Rosario y Willie, en clave de reclamar por todas las víctimas de la dictadura y en especial por los detenidos desaparecidos, nadie podía determinar, si la iniciativa tendría aceptación. Aún estaba presente el resultado del referéndum para erradicar la ley de impunidad de 1989, que generó un importante desánimo. Es cierto que para muchos la desesperanza era casi absoluta. Los preparativos de la primera vez, se hicieron con amplitud y generosidad, sumando a todos los que compartían el reclamo y se rebelaban contra la impunidad. El silencio no era ahogar el grito de justicia, sino hacerlo aún más alto y fuerte.

Tengo un recuerdo muy presente de aquella noche, de la primera marcha. Fría, oscura y lluviosa. Había un puñado de militantes del Nuevo Espacio en nuestra sede de la calle Eduardo Acevedo, a dos cuadras de 18 de Julio. Entre ellos, hoy fallecidos, Elisa Delle Piane -mi madre- y tres compañeros entrañables: el Nico Herrera, Roberto Genta y Luis Presno. Lo confieso, llegué a pensar que tal vez, seríamos los únicos participantes.  Resultó, en cambio, casi por milagro todo un éxito pues en pocos minutos se juntaron miles. Más importante aún fue el resultado de la marcha, al hacer patente la importancia política, jurídica y ética de la lucha contra la impunidad y que nunca hay que bajar los brazos, cuando la causa es justa.

A partir de esa vez, las iniciativas para combatir la impunidad se multiplicaron. Por cierto con avances y retrocesos, pero siempre a sabiendas que no puede haber democracia de calidad sobre la base de la impunidad y que no puede haber paz verdadera sin satisfacer el legítimo reclamo de las víctimas y sus familiares.  En estas épocas de evocación de la gesta emancipadora, vale la pena recordar a la figura del Prócer en cuanto afirmaba "No conseguiremos jamás el progreso de nuestra felicidad si la maldad se perpetúa al abrigo de la inocencia. Llegado es el tiempo en que triunfe la virtud y que los perversos no se confundan con los buenos".

La iniciativa del Presidente Vázquez en el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia, en la que me honró en su designación, es un enorme desafío y compromiso, para contribuir a esclarecer los crímenes de lesa humanidad. La propuesta no desconoce lo hecho anteriormente, sino que se construye sobre todos los aportes realizados desde la resistencia misma a los liberticidas. Esta vigésima marcha ha sido un gigante respaldo y un enorme aliento a continuar con la tarea.