Lista 99000 - Nuevo Espacio - Frente Liber Seregni - Frente Amplio

NOTICIAS

CASINOS: CAUSA ARCHIVADA- Carta de Javier Chá

El pasado sábado 6, el diario El País publicó la noticia del archivo de una causa judicial en mi contra, por pedido del propio fiscal Juan Gómez, que estaba a cargo de la misma. En el día de hoy, el diario El Observador amplía al respecto en su página No.7.

Lamentablemente, la decisión de archivar la causa demoró tres años. Tres años para establecer que no había merito ni delito alguno y que la operación comercial objeto de la denuncia, ya había sido examinada por el Tribunal de Cuentas, la máxima autoridad en cuanto a la legalidad de contratos y procedimientos en el Estado uruguayo, sin que le mereciera observación alguna.

Así fue. Yo compré para la Dirección General de Casinos, en un remate legítimo y siguiendo el debido proceso administrativo, 10 maquinas slots marca Orion, por 9.400 dólares cada una. Las mismas máquinas, nuevas, sin uso, valían 14.700 dólares cada una, como consta en el expediente.

Desafortunadamente, por error interno de nuestro servicio, no se advirtió que al momento de adquirirlas, la admisión temporaria que estaba a cargo de la DGC había vencido, cosa que se procedió a subsanar luego, con un trámite administrativo que regularizó la situación sin costo alguno para el Estado.

Una admisión temporaria vencida, que el organismo no renovó a tiempo, o sea, un problema administrativo interno, que se resolvió con un trámite administrativo y una resolución del MEF, sin ningún perjuicio para nadie.

Sin embargo, fui denunciado judicial y públicamente con malicia, con la única intención de perjudicarme. Mejor dicho, fui abiertamente enchastrado en medios de prensa donde, sin esperar ningún proceso, me juzgaron de forma sumaria.

Así se sucedieron acusaciones en mi contra, endilgándome cualquier disparate. Compra ilegal, contrabando, delito y otras perlas, en medio de una total falta de seriedad en el tratamiento del asunto.

Fui citado en noviembre de 2012, sin cargo y sin abogado, a declarar como testigo al juzgado, al que concurrí gustosamente con el expediente completo de todas las actuaciones, que expliqué tranquila y exhaustivamente.

Los dos diarios insisten en afirmar que en la oportunidad declaré frente al Fiscal Gómez y al Juez Valetti. No es cierto, no tuve el gusto. Fui gentilmente atendido por una actuaria que tomó mi declaración, recibió en sus manos la copia del expediente y nunca más tuve noticias.

Pero en febrero 2014, El Observador anunció en tapa, que mi situación era delicada, que estaba muy comprometido y que era inminente mi convocatoria al juzgado, obviamente bajo otro rótulo, muy poco prometedor.

Se arruinaron mis pobres vacaciones, mi familia pagó el pato feo y mal. Tuve que dejarlos solos y, frente a semejante anuncio periodístico, salir a buscar rápidamente un abogado que me representara, en medio de la angustia y el estupor de los que veraneaban conmigo.
 

El anuncio nunca ocurrió. Nunca fui convocado. Nadie me citó, ni me comunicó nada hasta ahora. Hasta que por fin, hoy, todo ha quedado expuesto y terminado. Archivado por falta de mérito.

Dónde han quedado ahora todas las acusaciones y señalamientos?  En la nada, o mucho peor, todo ha quedado reducido a la infamia y el oprobio gratuito. Ha quedado completamente demostrado que actué con absoluta buena fe, con apego al procedimiento y a las normas de la administración y buscando el beneficio del Estado.

Como detalle nada menor, también ha quedado establecido que nadie perdió un peso y que el Estado ganó mucho dinero con la referida operación. Las 10 maquinas que ingresaron a la DGC y que costaron 94.000 dólares, recaudaron en producción, alrededor de 1 millón de dólares, para el organismo. Por supuesto, las ganancias o los buenos resultados del Estado, nunca salen en tapa.

Lamentablemente, tampoco he visto aún los comentarios en las redes sociales, de parte de algunos distinguidos colegas de la oposición que me dispensaron un trato tan elegante en aquellos momentos. No he podido ver sus populares y ocurrentes twits, manifestando satisfacción por el positivo desenlace, de parte de aquellos que me auguraban prisión y penitenciaria, así nomás y sin saludos.

¿Y por qué?  Porque lo sucedido, ha sido hecho con la sola intención de escracharme y agraviarme públicamente. Así de sencillo y sin que nada más importe.
Para vergüenza del sindicalismo uruguayo y de los buenos funcionarios del Estado, este tipo de denuncias maliciosas y campanas destructivas, son la herramienta utilizada por algunos dirigentes gremiales, para dañar y ensuciar a quienes defienden al Estado y no se dejan llevar por delante.

El ataque personal, el agravio, el insulto, las denuncias falaces para desprestigiar e intimidar al otro, son prácticas deleznables y un ejercicio carente de todo principio o valor democrático. Pero peor aún, no pertenecen, ni nunca pertenecieron a la tradición y cultura del movimiento sindical uruguayo. Son antivalores de los que hay que tomar distancia y condenarlos de plano, porque son veneno para la clase trabajadora.  

Yo fui dirigente gremial y he sido de izquierda y socialista toda mi vida. He sido formado en otra escuela, en el hemisferio completamente opuesto, en los valores del trabajo, la solidaridad, el compromiso y la lucha, pero con profundo respeto democrático por las personas y por sus derechos.

Por eso mismo, no me dejo atropellar ni amedrentar por nadie. No me importa en qué cuadro juegue y a quien diga representar. Máxime cuando hay disfrazados de ultraizquierda, que juegan con peores métodos que la derecha.

Por otra parte, lo relatado demuestra el grado de responsabilidad y el rigor profesional de algunos periodistas, al momento de generar y amplificar noticias. No me parece que hayan utilizado un método que persiga la verdad, ni que exigiera mucha profundidad de investigación.  No la hubo en absoluto.

Y después de los titulares, ¿quién te devuelve lo perdido?, ¿quién repara el daño?  ¿te van a hacer una nota de desagravio? ¿La van a sacar en tapa?
Qué fácil que es denunciar y ensuciar a un jerarca o a un político. Qué fácil es acusar y desprestigiar a alguien que ocupa un cargo de confianza.

Se hace así nomas. Total, después no pasa nada. Si la denuncia resulta sin fundamento, no importa, no hay riesgo. Nadie va a pagar nada por ello. Tampoco nadie va a dar la cara y nadie, por supuesto, siquiera va a pedir disculpas. Para qué?  Hay que mirar para adelante, que siga el baile y la próxima, que le caiga a quien le caiga. Parece que así funciona.

Bueno, puede ser, pero conmigo no cuenten, yo no me asocio.
Yo no me voy a dejar pisotear y defiendo, con mis escasas posibilidades, lo que tengo: mi vocación por el trabajo, mi compromiso ideológico, mi apellido y mi honradez. Los valores en los que fui educado de forma hermética y disciplinada, en la austeridad de la casa de mis padres, cuando vivíamos en plena dictadura.

Nada me ha cambiado, ni va cambiar mi compromiso. Nada va alterar mi rumbo en este mundo ni me va a confundir. Tengo a mis hijos, el amor por mi país y el señor orgullo de ser de izquierda y de jamás haber guardado una moneda que no fuera mía por derecho.

Quiero que todos los compañeros, amigos y ciudadanos, que antes y ahora, me acercaron su apoyo y su solidaridad, reciban mi más sincero agradecimiento y toda mi gratitud.


Javier Cha.