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Intervención del Ministro Fernando Lorenzo

LLAMADO A SALA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA
Y FINANZAS, ECONOMISTA FERNANDO LORENZO
SEÑOR PRESIDENTE.- El Senado ha sido convocado, en sesión extraordinaria, a los efectos de recibir información del señor Ministro de Economía y Finanzas, relacionada con el déficit fiscal, la evolución de la inflación, la competitividad y el valor del dólar y las consecuencias de la confluencia de visiones en el manejo de la economía nacional.
Estas han sido las propuestas del señor Senador convocante, y para dar respuesta a las mismas invitamos a pasar a Sala al señor Ministro y al señor Subsecretario de Economía y Finanzas.
(Ingresan a Sala el señor Ministro y el señor Subsecretario de Economía y Finanzas)

–Tiene la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas.
SEÑOR MINISTRO.- Señor Presidente: solicito al Cuerpo la autorización correspondiente para que pueda participar de la sesión el señor Presidente del Banco Central del Uruguay, economista Mario Bergara, y puedan ingresar a Sala en su momento, si esto fuera necesario, el doctor Jorge Gamarra, Vicepresidente del Banco Central del Uruguay; el economista Alberto Graña, Gerente de Política Económica y Mercados del Banco Central del Uruguay; el profesor Pedro Apezteguía, Director General de Secretaría del Ministerio de Economía y Finanzas; el economista Andrés Masoller, Director de la Asesoría Macroeconómica y Financiera; la economista Azucena Arbeleche, Directora de la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas; y el economista Michael Borchardt, Director de la Unidad de Presupuesto Nacional del Ministerio de Economía y Finanzas.
SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la autorización solicitada por el señor Ministro de Economía y Finanzas.
(Se vota:)
–21 en 22. Afirmativa.
Si el señor Ministro entiende necesario que parte de sus funcionarios estén permanentemente en la sesión, lo pueden hacer, porque tenemos lugares dispuestos al respecto.
SEÑOR MINISTRO.- Muchas gracias, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Luego de esta autorización del Senado, pueden ingresar a Sala, entonces, los funcionarios mencionados en la propuesta.
(Ingresan a Sala el señor Presidente del Banco Central del Uruguay, economista Mario Bergara y señores asesores)
–Tiene la palabra el miembro interpelante, señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Gracias, señor Presidente.
Antes que nada, quiero agradecer a las bancadas del Partido Colorado y del Partido Nacional por haber acompañado esta solicitud de comparecencia del señor Ministro de Economía y Finanzas.
Quiero hacer una aclaración. Recordará el señor Presidente que en primera instancia solicitamos una citación en Comisión General, pero para ello se necesitaba también el voto del oficialismo, que entendió que ese no era el régimen apropiado para convocar al señor Ministro. Antes de eso, en el mes de noviembre, el señor Senador Amorín ya había citado al señor Ministro a la Comisión de Hacienda y este no había comparecido. También en el mes de febrero hubo una citación al señor Ministro de Economía y Finanzas en la Comisión respectiva de la Cámara de Representantes por parte de un legislador del Partido Nacional, y tampoco compareció.
Esto nos viene sucediendo con los Ministros, señor Presidente, con bastante frecuencia. Por ejemplo, cuatro meses estuvimos esperando en la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca al señor Ministro respectivo para opinar sobre el proyecto del Fondo Nacional de Fósforo, y cinco meses al señor Ministro de Industria, Energía y Minería para que nos hablara de Ancap. En este último caso, si hubiera concurrido, quizás se podrían haber evitado algunos problemas, pero lo cierto es que todavía no ha comparecido. De manera que el único camino que nos quedaba para conversar sobre estos temas de manera positiva, como queremos hacerlo, con el señor Ministro, era el que nos marca la Constitución, porque para interpelar alcanza con 11 votos. Por ende, hemos recurrido a esta vía.
¿Por qué queríamos la Comisión General? Porque nos parecía que este es un tema muy sensible para el país y creemos que desde el Parlamento no hay que agregar más tensiones. El oficialismo no lo entendió así, y lo respetamos. Nos dejó –ellos lo sabían– este único camino, que es el que estamos tomando en el día de hoy.
También esta convocatoria es una cuestión de responsabilidad. Creemos que cuando se está al frente de partidos o bancadas, del oficialismo o de la oposición, los temas a encarar deben ser pocos pero serios. Entendemos que el Senado de la República debe ocuparse, sí, de la coyuntura, pero sobre todo debe ocuparse de los grandes temas de la nación. La economía y en especial sus fundamentos son, sin lugar a dudas, uno de esos temas serios sobre los que se debe informar y debatir.
En mi caso, esta es la segunda convocatoria que realizo a un Ministro. La anterior fue al señor Ministro de Educación y Cultura, el año pasado, y ¡vaya si un tema serio y grande de la nación es la educación! A los pocos meses de esa convocatoria al señor Ministro de Educación y Cultura, el Poder Ejecutivo removió a las autoridades de la educación e incluso se aprobó la Universidad Tecnológica en el interior, una propuesta que se había realizado desde la bancada del Partido Colorado. Esperamos que esta instancia con el señor Ministro de Economía y Finanzas sea igual de positiva y enriquecedora que aquella que tuvimos con el señor Ministro de Educación y Cultura.
Señor Presidente: este llamado al señor Ministro de Economía y Finanzas tiene un antecedente ineludible, que es la citación que hiciera el señor Senador Lacalle Herrera en marzo de 2010, cuando comenzó este período de Gobierno, con el apoyo de su bancada y la del Partido Colorado, la cual se efectivizó con la comparecencia del señor Ministro el 7 de abril de ese año.
En ese momento el señor Senador Lacalle Herrera solicitó que compareciera el señor Ministro de Economía y Finanzas a fin de que informara acerca del estado de las finanzas públicas al comenzar este período de Gobierno, es decir, que nos informara desde el punto de partida de su gestión. Consideramos que esto era muy positivo, porque cuando comienza un nuevo período de Gobierno, cuando se asume una gestión, siempre es bueno tener una suerte de detalle o inventario del estado en que se reciben las finanzas de la República.
Se recordará que ese día se le plantearon nueve temas, y el señor Ministro definió la situación financiera y económica de la República de ese momento como óptima. De esos nueve temas, hoy nos vamos a concentrar en dos: déficit fiscal y conducción de la economía, y agregaremos dos más que no se encontraban en aquella lista: inflación y atraso cambiario, incluyendo el dólar y la competitividad.
En la convocatoria anteriormente mencionada, el señor Ministro de Economía y Finanzas habló de otros temas que hoy no serán tratados, como los referentes a la Educación, a los logros sociales, a la minoridad, al INAU y a la Salud. Pero, con gusto, señor Presidente, podemos dedicar una sesión del Senado para hablar precisamente de la Educación, del Mides, de la minoridad o de la Salud –más aún a la luz de las cosas que están pasando en el interior del país–, pero hoy esos temas no son parte de la convocatoria, por lo que nos concentraremos en los que sí lo son.
En el día de hoy nos vamos a concentrar en los fundamentos económicos que ese 7 de abril de 2010, ante las preguntas del señor Senador Lacalle Herrera, el señor Ministro valoró como los que permiten prevenir y reaccionar. Decía el señor Ministro que esos fundamentos económicos que nos permiten prevenir crisis y reaccionar son el déficit fiscal, el déficit de cuenta corriente, el tipo de cambio con la región, las empresas públicas y sus ingresos y una política fiscal sostenible y estable, como la mejor regla fiscal. Justamente el objeto de esta sesión serán estos fundamentos económicos.
El señor Presidente sabe que en el año 1989 se introdujo en el Código General del Proceso lo que se llamó la audiencia preliminar o de saneamiento, que es una audiencia por la cual las partes se ponen de acuerdo en el objeto de lo que va a ser el proceso. Y a mí me gustaría que nos pusiéramos de acuerdo en ese objeto de la sesión de hoy, que creo que está en la convocatoria. Considero que es importante ponerse de acuerdo en esto ya que muchas veces estas sesiones son criticadas porque parecen una suerte de diálogo de sordos: el miembro interpelante habla de una cosa y el interpelado contesta sobre otra.  Sin embargo, estoy seguro de que ante la claridad de los temas que se plantean, ello no sucederá en el día de hoy y que nos ceñiremos al déficit fiscal de 2012 y a su proyección a 2013; a la inflación de 2012 y de los primeros meses de 2013; al atraso cambiario; a la competitividad, tipo de cambio y al funcionamiento institucional de la conducción de la economía.
Esos son los cuatro puntos concretos que trataré por separado en esta exposición, pero antes de comenzar, haré una nueva advertencia. A veces los políticos nos envolvemos en discusiones sobre quién lo hizo mejor o peor en el pasado, y nos echamos culpas o adjudicamos méritos de fracasos y errores; entramos en una suerte de torneo de vanidad para ver quién lo hizo mejor y quién peor, y, obviamente, desde nuestra perspectiva, nosotros lo hicimos muy bien, pero quizá desde la perspectiva de los otros, lo hicimos muy mal. Vamos a intentar, en la sesión de hoy, tener una visión de Estado, de país, de futuro, y trataremos de que esta discusión no se torne en una autoadjudicación partidaria de condenas o premios, ni en una lucha por el “yo lo hice mejor” o “tú lo hiciste mal”. En el día de hoy intentaremos tener esa visión. Pretendemos que esta instancia sea, sobre todo, un aporte para mejorar el hoy y tener un mejor mañana. Así lo encararemos porque, además, el pasado cambia a cada rato. En su Historia de Europa de 1945, Judt recuerda una broma que se hacía sobre la Unión Soviética, se llamó a un programa de radio y preguntó si predecían el futuro, a lo que el locutor contestó: “Sí. Con el futuro no tenemos problema; el problema es el pasado, que nos lo están cambiando a cada rato”. Trataremos de no discutir sobre el pasado, sino de lo que está aconteciendo hoy y de lo que sucederá mañana.
Por esta razón creo que lo mejor es, desde un principio, reconocer logros y aciertos –aun del Ministerio, aun de esta gestión–, porque creemos que es la forma de ir sacando temas de adelante y, además, no tenemos ningún problema –nunca lo tuvimos– en reconocer esos logros. Y lo haré ahora mismo, antes de empezar con lo que nos convoca, para ahorrar tiempo e ir a lo sustancial.
En primer lugar, un hecho positivo a resaltar: el país lleva diez años de crecimiento de su economía –es una cuestión matemática, que comenzaron en el año 2003–, y estas no son solo palabras de quien habla, sino también del señor Presidente de la República en el Mensaje que nos enviara el 1.º de marzo pasado a la Asamblea General. Son diez años, tres períodos de Gobierno, dos partidos políticos distintos: Partido Colorado, Frente Amplio, Frente Amplio. Pero también debo decir que este crecimiento se ha visto en otros tiempos: los diez años –o más de diez años–, que fueron desde 1986 a 1997 o 1998, en los que también intervino otro partido político que hoy está representado, el Partido Nacional; los números así lo indican.
Decíamos que creemos que estos diez años de crecimiento deben ser muy especialmente cuidados. Uruguay viene atravesando, desde el año 2003, una fase expansiva de su economía, motivada por múltiples factores. Algunos decimos, adjudicándonos crédito, que es por la salida ordenada de la crisis económica que vivió el país; otros dicen que es por la apertura de la economía de los 90; otros, que se debe al marco externo, a la baja de las tasas internacionales, al aumento de los precios de las commodities; y otros señalan, con acierto, que es por la excelente renegociación de la deuda –hoy se solicitó la comparecencia de la economista Arbeleche, y creo que algún día tendremos que reconocer el gran trabajo que se realizó desde la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas–, etcétera. Creo que es una suma de todo. El precio de las commodities, de las materias primas –tomando desde 1900 hasta el año 2011–, es el más alto en los últimos cien años. Hay que ir a 1910 para encontrar algo parecido. Por eso creemos que debemos aprovechar y cuidar este crecimiento porque, en los últimos diez años, de nuevo permitió la baja de la pobreza, el control de la inflación. Es más, este crecimiento es sólo comparable con el del período 1987-1998. Fíjense que en el año 1987 la pobreza casi alcanzaba el 40% y entre 1995 y 2000 se llegó al 9,7%. Después de la crisis del 2002 subió a más de 20% y volvió a bajar; la última medición que tenemos es de 9,8%, de acuerdo con los datos de la evolución de hogares pobres de 1986 a 2011. Creo que esto es bueno; aún no se logró aquello, pero es casi lo mismo, ya que falta una décima y puede ser una cuestión de medición.
Ambos aumentos de la pobreza tuvieron antecedentes de crisis económicas; no nos vamos a olvidar más de “la tablita”, ni de lo del 2002 con Argentina y la crisis financiera. De ahí la necesidad de prevenir las crisis y de cuidar los crecimientos. Fíjense que en 1996, una inflación del 24%, se logró llevarla al 3,59% en 2001. Después de la crisis volvió a subir, y se volvió a bajar la inflación. ¡Vaya si es importante cuidar esto, con lo que le cuesta al país todo recuperarse después de las crisis!
Uruguay ha crecido en los últimos diez años, al igual que la gran mayoría de los países exportadores de materias primas. Estamos cuartos entre los países de América Latina y el Caribe, detrás de Perú, Panamá y Argentina; estamos por encima del promedio, lo que creemos que es muy bueno. Sin embargo, nos parece que también incide –y ahí se prende la primera alarma, señor Presidente– el aumento del valor de las exportaciones de materias primas. No tenemos que olvidar que, a veces, los países que concentran mucho su crecimiento en las materias primas contraen lo que se llama “la enfermedad holandesa”, recordando cuando se descubrió petróleo en el Mar del Norte y Holanda pasó por un problema similar.
Por último, hemos tenido un aumento enorme de la inversión. Sin lugar a dudas, ha sido la mayor inversión de los últimos cincuenta años, y eso es algo de lo que todos tenemos que enorgullecernos. Esto fue fogoneado por una política de Estado; sin duda por la forestación, porque esa gran inversión tuvo el hito de UPM –ex-Botnia– y ahora está teniendo el de Montes del Plata y su construcción. Indudablemente, tenemos una inversión récord en algo que no es de nadie, porque esta ley de 1987 fue propuesta por los doctores Alberto Zumarán y Jorge Batlle, inició sus etapas en el Gobierno del doctor Lacalle, se profundizó en el del doctor Sanguinetti, comenzó su fase industrial con Botnia en el del doctor Batlle, fue defendida con uñas y dientes frente a Argentina por el de Tabaré Vázquez, y hoy inicia una nueva etapa con Montes del Plata en el del señor Mujica. En 1987 Uruguay exportaba US$ 50:000.000 en productos forestales y hoy más de US$ 1.200:000.000 o US$ 1.300:000.000. ¿Es mérito de algún partido? No; esto que se está logrando es mérito del país todo. Creo que el aumento enorme de la inversión en estos diez años es un logro, y me adelanto a reconocerlo, pero me permito agregar que debemos cuidar estos diez años de crecimiento porque mucho nos costó lograrlo. Quienes, como San Jorge, enfrentamos al dragón en la crisis del 2002 y lo derrotamos –y aclaro que fue desde todos los partidos–, nos sentimos celosos guardianes de la fuente de crecimiento de nuestra economía, que se recuperó allá en el 2003. Esa experiencia se suma a la responsabilidad de quienes estamos al frente de diferentes sectores y partidos, a lo que hicimos referencia. Por ello, y no por otro motivo, es que una y otra vez, en los últimos tres años, hemos pedido, no baja del gasto, sino prudencia, cautela, actuar como un buen padre de familia. Y lo hacemos nuevamente hoy porque hay alertas, alarmas, que empezaron a sonar. Por eso es que nos estamos adelantando a reconocer logros, para tratar de concentrarnos en los problemas del hoy y enfocar el mañana, para que siga este crecimiento y para que siga la inversión.
Como sabe, señor Presidente, hoy enfrentamos amenazas, alarmas internas y externas. En el frente externo, creo que rompe los ojos la situación de nuestra vecina Argentina; no tendríamos que hablar mucho de eso. Si bien ahora parece que tiene línea directa con Dios, y quizás eso la pueda ayudar, no tenemos que olvidar que, como se dice en el País Vasco, Dios trabaja pero hay que ayudarlo, y Argentina parece que lo está ayudando bastante poco. Hace rato que nuestra vecina y principal clienta turística viene a los tumbos, estancada, con inflación, con inestabilidad financiera, optando por un modelo de desarrollo hacia adentro, que todos conocemos y sabemos sus resultados. Conocemos los dos tipos de cambio, el oficial y el paralelo o blue, y ahora parece que hay un dólar celeste, que es el uruguayo y es un promedio de los dos. Realmente es una locura lo que está pasando en Argentina.
Además, parece que los peores problemas están por venir en el vecino país. Ya no estamos en esa fase en la que nos peleábamos porque no podíamos colocar los productos, por las licencias de importación o por los precios de referencia; eso ya no lo discutimos, nos entregamos. Tampoco estamos en la fase en que nos quejamos porque le ponen 20% de impuesto a quienes vienen a gastar acá como turistas. Estamos en una fase más complicada y es la del “dame dos” o “dame tres”; es la fase que se ve cuando uno anda por el litoral –en Salto, Paysandú o Fray Bentos– y ve que la señora va a hacer el surtido al otro lado del puente, que la gente va a cargar combustible al otro lado del puente, que permanentemente cruzan y cruzan, que hay excursiones que van a Argentina exclusivamente de compras, a veces por el día. También se ve que algunos reaccionan, como por ejemplo subiendo 35% el precio de los pasajes fluviales; un número que me llamó la atención. Además está el otro problema: los que venían acá y “nos puentean” y ya se van a Argentina. Esto no es nuevo; ya lo vivimos y lo recordamos. ¿Quién no lo hizo? Me pregunto quién de los que estamos acá no lo hizo en el pasado. Como diría Borges, esta es una historia circular de nuestra vecina, que repite esos ciclos, esos experimentos de inflación que después terminan arreglando con devaluaciones para equilibrar las cuentas fiscales. Ya lo están haciendo. Celestino Rodrigo lo hizo en el Gobierno de Perón, después de lo que había hecho Ber Gelbard; lo hizo Martínez de Hoz, Grinspun, Sigaut, Sourrouille, Roig, Erman González, Cavallo; lo están haciendo hoy Moreno y todos estos del blue.
Pero no solo Argentina está con problemas que nos pueden afectar y nos están afectando; Brasil también los tiene. Todos vemos a Brasil con esperanza porque ahí vemos el futuro, pero no termina de arrancar. Además, el real también nos está complicando. En noviembre pasado alcanzó 2.14, que fue el máximo desde el año 2009 –o sea de los últimos tres años y pico–, y aunque ahora aflojó un poco, sigue con problemas de inflación. Estamos por debajo del 18% en la media de competitividad con Brasil que crece más lentamente, lo que decepcionó.
De Europa no vamos a hablar, porque lo vemos todos los días. Un día es Grecia, otro día es España, Italia, y ahora Chipre.
Quizás las buenas noticias ahora vengan de Estados Unidos, pero son buenas para ellos y no sé si lo son para nosotros. Precisamente, en el día de ayer se informaba que Fannie Mae, la inmobiliaria, reportaba los resultados más positivos de los últimos cinco o seis años, casi US$ 6.700:000.000. En Estados Unidos se está recuperando el mercado inmobiliario, el mercado financiero, el mercado de la vivienda, el mercado del trabajo, pero hay que tener cuidado. No debemos olvidarnos de lo que pasó en la década de los noventa con México y el tequila, cuando volvieron a Estados Unidos de golpe todos los capitales que estaban afuera sin haber tomado las previsiones correspondientes; subieron las tasas de interés y terminaron en problemas. Así que puede ser bueno para ellos pero hay que tomar las previsiones para que sea bueno para nosotros también. Y esa recuperación de Estados Unidos, que todos los especialistas y analistas esperaban para 2015 o 2016, parece que se adelanta y nos puede afectar; nos puede agarrar distraídos, pagando tasas de interés muy altas. Entonces, obviamente, hay que tomar las medidas. Quiere decir que estamos como el paisano que vuelve a casa y tiene que llevar la rienda cortita, sin creer que ese trotecito alegre es para siempre.
Y si después de mirar para afuera, señor Presidente, ¿miramos un poco para adentro? Creemos que existe la posibilidad de que esta etapa caracterizada por precios máximos históricos en la materia prima, tasas de interés bajas y dólar debilitado, esté aminorando. Si bien China e India, con seguridad, van a seguir demandando nuestras materias primas, la mayoría de los analistas –diría que casi sin importar la orientación y el partido con el que simpaticen– ven una posibilidad de desaceleración. Entonces hay que tener cuidado –y quiero dejarlo claro desde ya–, porque si bien no hay una posibilidad de crisis inmediata, esa posibilidad de desaceleración y aterrizaje sí es factible y hay que anticiparse a ella. ¿Por qué? Porque más vale un aterrizaje suave y no uno forzoso.
Citando las palabras del propio Ministro de Economía y Finanzas, debemos enfocarnos en los fundamentos económicos que nos permitan prevenir la crisis y reaccionar. Sigo citándolo, pues en abril de 2010 manifestó que debemos enfocarnos en el déficit fiscal, en el tipo de cambio, en los ingresos de las empresas públicas y en una política fiscal estable y sostenible. Por eso, señor Presidente, este pedido de comparecencia nos parece oportuno, porque no hay que esperar a que el avión se estrelle o empiecen los problemas para citar a los Ministros; hay que anticiparse a ellos, hay que hablar antes de que ocurran las cosas; hay que pensar en la nación, en el país, antes que en los intereses propios porque, si no, después recibimos un mensaje de la torre de control y el capitán termina pidiéndonos a los pasajeros que nos coloquemos los cinturones de seguridad y, por ahí, tenemos que ir a rogar de vuelta que nos presten US$ 1.500:000.000.
En el avión de la economía, señor Presidente, vamos todos, pero quien tiene el control, o debería tenerlo, es el Ministro. Y hoy, en el tablero de comando de ese avión de la economía, se han encendido tres luces importantes, tres indicadores que están empezando a titilar. Las luces que empiezan a prenderse son: el déficit fiscal 2012, que rompe los ojos –es como la que indica la altitud en el tablero del avión, y ahí se empezó a mover–, la inflación y el atraso cambiario también. El viejo amperímetro ya no está tan para arriba, ya no está cargando tanto. Esas tres agujas, señor Presidente, son aquella trilogía que tantas veces se citaba: atraso cambiario, déficit e inflación. ¿Se acuerda, señor Presidente?
Y mientras se prenden estas luces, ¿qué nos pasa? Se prenden las luces que indican problemas, vemos los nubarrones y resulta que, en estos momentos, nos encontramos con que algunos entran a la cabina de los pilotos, a la cabina del manejo de la economía, y dicen: “Manejo yo y no vos”, y los que tienen que manejar la economía comienzan a pelear. Y así se suceden, señor Presidente, discusiones públicas y privadas de las que da cuenta la prensa y todos seguimos azorados. Todo ello nos crea incertidumbres, nerviosismo, sin lugar a dudas, a nosotros, los que vamos en el avión. Si hay nubarrones de tormenta en el horizonte de Estados Unidos, Europa y Brasil, amenaza de tsunami en Argentina, se están prendiendo las luces indicadoras de la inflación, del déficit fiscal y del atraso cambiario –fundamentos de la economía–, y encima los pilotos se empiezan a pelear para ver quién maneja el avión o quién tiene la potestad tributaria, estamos agrandando los problemas y no estamos trabajando con responsabilidad. Para peor, los mensajes que desde la sala de comando nos han dado a los pasajeros que vamos sentados atrás, no han ayudado.
En diciembre del año pasado, en ocasión de la reunión de ACDE, el señor Ministro, el Presidente del Banco Central del Uruguay y el Director de la Asesoría Macroeconómica, dieron un mensaje que nos sorprendió a todos por la bonanza y abundancia que anunciaron: parecía que habíamos llegado al Primer Mundo. Fue como si nos hubieran dicho algo así: “Desabróchense los cinturones, inclinen el respaldo, dentro de un ratito la azafata va a pasar y les va a servir las bebidas y la cena. Disfruten del viaje”. Y todos hicimos eso. Y treinta días después, en el mes de enero, se prendió de vuelta el parlante, y nosotros, que estábamos todos tranquilos, recibimos un mensaje del capitán del avión, el señor Ministro de Economía, totalmente distinto.
De ese final de año de abundancia y a toda orquesta, pasamos a anuncios preocupantes. El primero fue que el déficit fiscal del año 2012 fue muy superior a lo previsto, ubicándose en el 2,8%. El segundo fue que el aumento de los precios, la inflación, seguiría alta en los seis meses por venir; reitero que este fue el anuncio que nos hicieron. Y el tercero, que la situación macroeconómica del país estaba al límite. El mensaje fue claro: ajústense los cinturones, sean austeros, ajustemos el gasto en la Rendición de Cuentas. Pasamos del paraíso de diciembre al infierno de enero sin escalas.
Quizás nos quedó a todos la sensación de que el Ministro abrió el paraguas en enero, cuando ya todos estábamos mojados por el déficit fiscal y por la inflación. De ahí que, rápidamente, cuando en enero nos enteramos de esos números, fuimos a mirar con más detalle todas las cifras de la economía, los indicadores del comando, porque, obviamente, la responsabilidad nos lleva a hacerlo frente a cambios tan bruscos en tan poco tiempo. No solamente eran desvíos, sino que eran desvíos muy rápidos y muy pronunciados. Lo fueron.
Fíjense que en la Ley de Presupuesto Quinquenal del año 2010 se previó un déficit fiscal para el 2012 de un 1%, un buen número; en marzo del año pasado el Ministerio de Economía y Finanzas elevó ese número a 1,2%. Bueno, está bien. En setiembre, cuando acá discutimos la Rendición de Cuentas, nos dijeron que el déficit fiscal de 2012 iba a ser de 1,7%; nos hablaron del espacio fiscal, etcétera. Pero resulta que el déficit fue de 2,8%, casi tres veces más de lo que estaba previsto inicialmente. Se trata de un desvío importante que, obviamente, necesita ser explicado. Necesitamos conocer qué es lo que está pasando y por qué sucedió. Creo que es bueno que esto se explique, porque que se explique y se vea hacia adelante, le hace bien a la economía toda.
Y ahora dejamos el indicador del déficit fiscal y miramos el de la inflación. ¿Qué indica la inflación? Bueno, nos decían que el rango meta de la inflación estaba entre el 4% y el 6%, pero lo vimos anualizado a enero y febrero de este año y está arriba del 8%. Entonces, nos acordamos de aquel número de diciembre: 7,48% de inflación. Pero, ¿cómo se logró ese 7,48% y ahora, anualizado, nos vamos arriba del 8%, casi 9%? ¿Saben qué se hizo? Se pospusieron aumentos de la tarifa energética para enero y febrero, y se hicieron acuerdos sobre precios de algunos productos en los supermercados para que la inflación no dé todo eso. Obviamente, esto nos puso nerviosos; nos pusimos nerviosos.
También miramos el otro indicador importante, que es el bueno, la cifra de crecimiento del país: la estimación era del 4%, un buen número, sin lugar a dudas. Pero escuchamos al Presidente del Banco Central del Uruguay en Panamá, que nos dijo: “No va a ser 4%, va a estar entre el 3% y el 3,5%”. Bueno, dada la credibilidad institucional que tiene el Banco Central y que el que hablaba era su Presidente, anotamos la baja, que no nos pareció mal, porque no se puede crecer toda la vida al 6% o 7%, menos si Uruguay no soluciona algunos problemas crónicos de infraestructura, capacitación y productividad. No era malo el número del 3% o 3,5%, y tomamos nota. Pero resulta que a los diez días el propio Banco Central desmiente a su Presidente y da la cifra de 3,9 %. Esta vez se trató de un error para arriba, lo que de alguna manera se minimiza, pero hay problemas –¡claro que sí!–, porque esto habla de la credibilidad y la fiabilidad de un equipo económico.
“Palo porque bogas y palo porque no bogas”, puesto que apagadas las alegrías que nos llevamos los pasajeros con el anuncio de un buen número, finalmente cercano a las previsiones, no dejamos de ponernos nerviosos por los desvíos y las cifras que se anuncian y que cambian a cada rato, para arriba y para abajo: de 3% se pasa a un 3,5% y luego a un 4%; de 1% se pasa al 2,8%; de 4% se pasa al 6% y después al 9%. Esto no es bueno. Todos sabemos la importancia que tiene generar credibilidad y confianza en materia económica; es la misma confianza y credibilidad que debe generar el capitán de un avión para que los pasajeros, que están atrás, no se pongan nerviosos en momentos de peligro. Entonces pensamos: “Vamos a acercarnos un poco más a ese número, vamos a analizar por qué cambió tan rápidamente y por qué el Presidente del Banco Central habló de un porcentaje de entre un 3% y un 3,5%, es decir, cómo pudo llegar a eso”; y pusimos nuestro equipo a trabajar.
Cuando empezamos a estudiar el tema, advertimos que en el último trimestre del año pasado comenzamos a tener problemas –así lo muestran los números del Banco Central– y algunas luces de alerta se prendieron intensamente; quizás esas luces aún no estaban prendidas a principios de diciembre, cuando los integrantes del equipo económico fueron a ACDE y realizaron aquellos anuncios de bonanza, sin tener los datos exactos de ese trimestre. En fin, lo cierto es que en el último trimestre del año pasado hubo una caída del 0,1%, lo que no es muy grave –aclaro–, aunque sí abrupto, es decir, ocurrió de golpe. Obviamente, hay que estudiar las causas de lo que está sucediendo, para ver si se puede revertir. En todo caso, ya existían algunos datos, que nosotros teníamos; por ejemplo, de la recaudación y del comercio, que mostraban algún enlentecimiento en ese último trimestre, pero la caída fue mucho más grande de la esperada. Además, todos sabemos que eso tiene especial incidencia en el crecimiento de este año, por el efecto arrastre del año anterior. Esto nos lleva a mirar un poco más allá del año 2013, hacia el 2014. ¿Por qué? Porque en 2013, sin lugar a dudas, nuestra economía va a crecer incentivada por dos factores de carácter transitorio, que se van a dar por única vez: el comienzo de las operaciones de Montes del Plata y la recuperación de los registros pluviométricos. Por suerte, ambas cosas van a incidir positivamente, pero esto no es para siempre; no se va a repetir en 2014, y dado que vamos a encarar una Rendición de Cuentas de año electoral, debemos tenerlo en cuenta.
Al continuar investigando un poco más en el último trimestre del año pasado, vimos que la industria cayó un 3,4%, y viene sumando ya un semestre de caída. Ese porcentaje no indica nada grave y se puede revertir; obviamente, no es una crisis, sino luces que se prenden, pero no podemos mirar para otro lado, sino que debemos prestarle atención.
El comercio, por su parte, cayó un 3,1%. Nosotros tenemos nuestra idea respecto a por qué sucede esto; hay que tener en cuenta el atraso cambiario y lo que pasa con Argentina. Creo que hay cosas que se pueden hacer; sobre algunas cosas se puede actuar, pero sobre otras, no.
Si bien el agro y la construcción crecieron en el último trimestre –por suerte–, ello no fue suficiente para mostrar números positivos.
Otra alerta fueron los indicadores de empleo, de los que todos los uruguayos nos hemos enorgullecido en estos años. Adelanto que siguen muy bien, pero cambiaron de tendencia. Si uno mira la tasa de desempleo y la tendencia-ciclo, puede observar que hay un cambio en la tendencia; nuevamente, no es grave, pero si cambió la tendencia no podemos mirar para otro lado. No vamos a esperar a que el desempleo llegue al 8%, 9% o 10% para decir que estamos con problemas. Otro dato: en el verano también aumentó el envío de trabajadores al seguro de desempleo, y el hecho de que casi la mitad fueran de la industria de la construcción, prende otra lucecita de alerta. No debemos olvidar el gran aporte que la industria de la construcción hizo –con Montes del Plata y con la inversión en construcción– al crecimiento del año 2013.
Si miramos los números de recaudación de la DGI correspondientes al último trimestre, advertimos un enlentecimiento en el IVA, en el comercio, y una baja muy importante –en todo el año, pero especialmente en el último trimestre– en el Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales. Cabe preguntarse por qué sucede eso; quizás pueda estar influyendo algún Tratado de información tributaria que se haya aprobado, o algo por el estilo.
Las alertas más pequeñas, relacionadas con la tendencia del empleo, el crecimiento de los envíos a seguro de paro, e incluso el 0,1% de pérdida del año pasado, se sumaron a las más grandes: la del déficit fiscal, la de la inflación, la del déficit comercial y, sobre todo, la de la pérdida de competitividad con los socios comerciales y las discusiones sobre la conducción de la economía. Creo que coincidiremos, señor Presidente, en que todo esto justifica que el señor Ministro de Economía y Finanzas venga a este Senado a darnos las explicaciones de estos desvíos.
He escuchado decir que se abusa del mecanismo de la interpelación. Por mi parte, esta es la primera vez que hago uso de ese mecanismo en este período, y en realidad lo hago de manera obligada, porque si el señor Ministro no va a la Comisión y el Frente Amplio no vota una Comisión General, no hay más remedio que pedir una interpelación, porque así lo marca la Constitución. Los que vamos en el avión queremos saber, informarnos, proponer y opinar; es más, creo que tenemos el deber de hacerlo. Reiteramos que no pretendemos generar alarma, sino todo lo contrario; queremos dejar en claro nuestra responsabilidad ante el país. No creemos estar ante una crisis, ni ante la inminencia de una, pero sí es cierto que existen nubarrones; por tanto, debemos tomar medidas para prevenir posibles aterrizajes forzosos, para no sufrirlos.
Algo ya anunció el señor Ministro en el mes de enero, cuando valientemente pidió austeridad y alertó acerca de la frágil situación del déficit y cómo ello afecta a la macroeconomía.
SEÑOR ABREU.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto se la concederé una vez que termine de desarrollar el concepto.
Decía que el señor Ministro, valientemente, hizo aquel anuncio en enero, pero no parece que eso haya calado hondo en su Partido. Por eso creo que si no se toman medidas ahora y se las deja para el próximo Gobierno, en el año 2015 puede suceder que el aterrizaje no sea suave.
En mi vida presencié dos momentos de crisis, señor Presidente. Era un estudiante y empleado bancario cuando “la tablita” en 1983, y después me tocó enfrentar desde dos Ministerios –el de Turismo y el de Industria, Energía y Minería– la crisis de 2002. No quiero para mi país una tercera experiencia.
Hechas estas aclaraciones, paso a los cuatro temas que quiero plantear.
Creo que el señor Ministro conoce la mecánica de la interpelación, pero de todos modos voy a recordarla rápidamente.
A medida que vaya realizando el repaso de los cuatro puntos que voy a plantear, le iré entregando al señor Ministro preguntas sobre ellos, por escrito –se lo aviso para que no tenga que tomar nota de las mismas–, y luego él responderá; finalizada esa etapa, si me quedan dudas volveré a preguntarle y el señor Ministro podrá volver a contestar; posteriormente se abrirá el debate junto a los otros Senadores.
Hago votos para que esta sea una jornada positiva.
Señor Presidente: antes de ingresar al tema del déficit fiscal, le concedo al señor Senador Abreu la interrupción que me solicitó en su oportunidad.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador Abreu.
SEÑOR ABREU.- Señor Presidente: agradezco al señor Senador Bordaberry la interrupción que me concede. Como él ya ha dividido su exposición en cuatro o cinco temas, me voy a limitar a este tipo de intervención para no crear las condiciones de un debate interminable y para permitir, entre otras cosas, que el desarrollo de una interpelación de esta naturaleza tenga señales claras y aspectos que puedan orientar a muchos, sobre todo a la ciudadanía, que no necesariamente está al tanto de estos temas tan complejos.
Ante todo, quiero sumarme al primer reconocimiento que ha hecho el miembro interpelante, señor Senador Bordaberry, en el sentido de que el crecimiento del país y los resultados obtenidos son parte de un modelo exportador de bienes y servicios, donde la apertura comercial ha sido uno de los elementos que se ha mantenido. Esa apertura comercial y financiera sigue siendo uno de los aspectos medulares de su funcionamiento. El desarrollo sesentista basado en la sustitución de importaciones, financiado por el sector agropecuario, destinado al mercado doméstico y apalancado por un mercado ampliado regional que posibilitara escalas de producción mayor para reducir costos de unidades, fue definitivamente abandonado por el modelo actual, con el que se han logrado tasas de crecimiento desconocidas.
Esto quiere decir, señor Presidente, que algunos de los que iniciamos este esfuerzo en materia de apertura y de una visión distinta y más moderna, tuvimos una serie de discrepancias con muchas de las expresiones de una gran mayoría del Gobierno, pero también hemos sido respaldados por una visión de un modelo exportador y de apertura que, en aquellos momentos en que iniciamos el esfuerzo, parecía inmanejable.
Esto es lo que uno debe, de alguna manera, reconocer. Lejos están los tiempos en que la inflación era aceptada como una condición endémica de nuestra economía. Hoy es uno de los grandes problemas que tiene el Gobierno. Y se ha aceptado que el déficit fiscal se financia con inflación, con endeudamiento o con una mezcla de ambos. Pero la sociedad entendió que, en definitiva, la cuenta recae mayoritariamente en la masa salarial a través del mecanismo perverso de menores salarios o menos empleo.
Quiero aprovechar la ocasión para hacer algún comentario sobre uno de los puntos específicos que abordará el señor Senador Bordaberry y que ya ha anunciado: el de los desequilibrios macroeconómicos, fundamentalmente uno de ellos –más allá de los aspectos teóricos, lo aclaro, porque no soy economista en la identificación de los conceptos–, el relacionado con la política fiscal, la política monetaria y la política cambiaria, en cuanto a tratar de corregir determinados desequilibrios que se están produciendo. Estos instrumentos permiten modificar el nivel de actividad, el comportamiento de los precios y lo que se desea lograr con la balanza de pagos o con el tipo de cambio.
Para resumir, el señor Ministro y el equipo económico saben bien que la actividad económica tiende a estancarse o reducirse, el déficit de comercio de bienes, servicios y rentas se agranda y, además, muchos de los especialistas han advertido que el principal problema macroeconómico, más allá del déficit fiscal, es el inflacionario. La inflación se ha convertido en la principal preocupación en el plano macroeconómico, y para su tratamiento se usan dos instrumentos: la política monetaria, que deprime el tipo de cambio y contiene parcialmente el crecimiento de los precios en moneda nacional, y el subsidio de las tarifas públicas, con mayor incidencia en el IPC, pero que genera desequilibrios financieros en las empresas públicas y en los costos fiscales.
En el caso del tipo de cambio –esta es una reflexión que traslado al equipo económico–, el manejo aparece como inconsistente. Se aumenta la tasa de interés para contener el gasto, con la consecuencia obvia de la apreciación de la moneda, pero inmediatamente el sector público sale a respaldar el valor del dólar, neutralizando buena parte del efecto esperado a raíz de la medida que se acaba de tomar.
(Suena el timbre indicador de tiempo)
  –Se me ha terminado el tiempo de que dispongo, señor Presidente, por lo que nuevamente solicito al señor Senador Bordaberry que me conceda una interrupción.
SEÑOR BORDABERRY.- Se la concedo con mucho gusto, señor Senador.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir nuevamente el señor Senador Abreu.
SEÑOR ABREU.- Gracias, señor Presidente, y gracias también al señor Senador.
Todos sabemos que intentando bajar la inflación, el Banco Central busca restringir la liquidez, subiendo la tasa de interés de referencia en su política monetaria. El problema es que el pasaje a pesos de los tenedores de dólares, la desdolarización de los inversores locales y la que había de los internacionales provoca, junto a los ingresos de capitales por inversión directa, una reducción del precio del dólar, al tiempo que aprecia la moneda local. Ese es un tema puntual. Hay una especie de dialéctica competitiva entre el tipo de cambio y la tasa de inflación. Es entonces que, para moderar esta pérdida de competitividad, el Banco Central abandona la flotación cambiaria y compra dólares para evitar una depreciación nominal mayor de la moneda norteamericana, pero cuando lo hace aumenta la liquidez del mercado, lo que tiene efectos contrarios a los que desea cuando sube la tasa de interés para bajar la inflación. Por lo tanto, debe retirar los pesos volcados al mercado. ¿Cómo hace para retirarlos? Emite Letras de Regulación Monetaria. Por las reservas internacionales no tiene ingresos, pero por las Letras de Regulación Monetaria paga una tasa de interés en pesos que hoy oscila entre el 9% y el 10.6%. A su vez, como la devaluación es cero, o muy baja, la autoridad monetaria está pagando, de hecho, igual tasa en dólares, con un stock que no lo voy a definir, pero que a fin de año era de 158.000:000.000 y ahora pasó a 164.000:000.000.
Quiero plantear directamente una inquietud al señor Ministro de Economía y Finanzas, y con esto doy por finalizada mi intervención.
Por un lado, el costo de la política monetaria es ineficaz para frenar la inflación, porque, en los hechos, no se ha frenado, y se han buscado elementos artificiales –entre otras cosas, las medidas que se tomaron hasta antes de fin de año– para evitar que llegara al 10%. Por otro lado, el costo distorsionante de precios relativos y desfavorables para la competitividad es del orden de los US$ 830:000.000 anuales. Reitero la cifra: US$ 830:000.000 anuales. Entonces –y esta es, concretamente, la inquietud que dejo planteada, agradeciendo una vez más al señor Senador Bordaberry que me haya concedido esta interrupción–, parecería que aquí tenemos una lucha desigual en la que estamos siendo derrotados por la inflación y el tipo de cambio. La inflación no la podemos contener y buscamos medidas heterodoxas para que al finalizar el año podamos manejarnos con el rango que se había establecido, pero después de esto se recupera el nivel inflacionario. Y también es cierto que el costo que se está generando en materia de tipo de cambio afecta notoriamente la competitividad –esto lo vamos a ver más adelante– y tiene un doble efecto sobre la economía y el sector productivo nacional, en especial sobre el sector industrial uruguayo, el de valor agregado, que cuando tiene una ganancia o exporta en dólares termina perdiendo enormemente su competitividad, sin perjuicio de los aspectos favorables que pueda haber en otras áreas, en particular con la primarización en algunos precios de materias primas, lo que ha producido un impacto importante en nuestra economía.
Manifiesto esta inquietud al señor Ministro –lo hago con mucho respeto y también con la preocupación de quien se ha asesorado por los que se supone que saben, pues no soy economista, y a veces bromeo con que el economista hace el posgrado para tratar de justificar por qué se equivocó en el curso de grado–, porque me da la sensación de que esta relación inflación?tipo de cambio es una doble derrota, difícil de administrar. Los resultados de la inflación son claramente negativos en cuanto a su tendencia, y el tipo de cambio sigue afectando notoriamente la competitividad del sector productivo. Entonces, me interesa conocer cómo está encarando el tema el Poder Ejecutivo.
Gracias, señor Presidente, por su tolerancia, y una vez más gracias al señor Senador Bordaberry.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Gracias, señor Presidente, y gracias también al señor Senador Abreu por su aporte.
Sin lugar a dudas, el tema planteado es uno de los que se va a tocar.
Obviamente, lo que está haciendo el Banco Central, la forma como está encarando la compra de dólares y la emisión de Letras de Regulación Monetaria, tiene un costo. Seguramente vamos a hablar de ello más adelante, cuando tratemos el tema del atraso cambiario y, quizás, el de la inflación y el déficit fiscal, puesto que en realidad son tres partes de una sola soga o una trenza que hace al problema que estamos viviendo.
A propósito, tengo la mala suerte de que esta instancia sea justo hoy, con tantos hinchas de River Plate aquí, después del resultado futbolístico del fin de semana, pero, en fin, uno no elige las fechas ni los tiempos de las interpelaciones.
(Hilaridad)
–Ingresando directamente en los temas de esta convocatoria –trataré de focalizar mi exposición en los cuatro puntos mencionados–, el primero de ellos tiene que ver con el déficit fiscal.
En aquella citada sesión del 7 de abril de 2010, el señor Senador Lacalle Herrera, preguntó concretamente al señor Ministro cuál iba a ser la política del Gobierno en materia fiscal. Confieso que me pareció una pregunta light –como se dice ahora–, casi innecesaria, pero hoy entiendo que no lo fue. Pensaba que era innecesaria porque un mes antes el señor Presidente de la República, cuando asumió el 1.º de marzo, acá en el Parlamento había dicho: “En primer lugar, vamos a dar al país cinco años más de manejo profesional de la economía (…) Una macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás. Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficits. (…) Permítanme decirlo de una manera provocativa: vamos a ser ortodoxos, casi, en la macroeconomía”. Obviamente, estas eran palabras de tranquilidad.
En la exposición de motivos del proyecto de la Ley de Presupuesto de 2010, en su Mensaje, el Poder Ejecutivo expresaba: “El mantenimiento de una política fiscal expansiva en la actual coyuntura podría cuestionar la sostenibilidad de la deuda, inducir desequilibrios en el sector externo y alimentar presiones inflacionarias, que impactarían en las condiciones de vida de los uruguayos.
Por lo anterior, es necesario ser muy cuidadosos en el manejo de las herramientas fiscales. Los objetivos planteados por el gobierno para este año son la reducción gradual del ritmo de crecimiento del gasto público, la recomposición del resultado de las empresas públicas, (…) y la reducción del costo marginal de endeudamiento por el cambio en la operativa del mercado cambiario”. Esto es lo que recién citaba el señor Senador Abreu.
Estos fueron pronunciamientos contundentes acerca de la prudencia que el Gobierno iba a tener en la política fiscal y en el gasto. Reitero que estas no fueron palabras mías sino de los representantes del Gobierno.
A la pregunta del señor Senador Lacalle Herrera, el señor Ministro contestó de forma categórica: “tenemos la convicción de que una política fiscal sostenible, estable y prudente puede hacer una gran contribución al desarrollo del país”. Así lo planteaban también las metas fiscales de la Ley de Presupuesto presentadas en 2010, que seguían ese principio, pero el resultado a partir del año 2012 ha sido muy otro. Si observamos la diapositiva que se está exhibiendo, veremos que en la Ley de Presupuesto se preveía un déficit de 1%, que en la Ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal se elevó a 1,2%, y en la Rendición de Cuentas del año pasado pasó a ser de 1,7, pero el resultado fue de 2,8, tal como puede advertirse en los números rojos que se muestran. Estamos hablando de déficits de 1%, 1,7% y 2,8%, siendo este último guarismo casi tres veces más alto de lo que inicialmente estaba previsto para el 2012, lo que implica una diferencia de varias centenas de millones de dólares.
Para el año 2013 se preveía un déficit de 0,9% –ratificado en la Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal de 2011–, pero en la que se presentó el año pasado se elevó a 1,4%. Ni que hablar que para 2014 se preveía un déficit de 0,8% pero se subió al 1,2%, mientras que para 2015 se estimaba un 0,7% que se llevó a un 1%, cifra en la que me parece que nadie cree hoy.
Claro, ese va a ser un problema del próximo Gobierno, pero también de todos los uruguayos, que tenemos el deber de prevenir.
Comprenderán el señor Presidente y el señor Ministro nuestra preocupación por un desvío de esta magnitud y la necesidad de que se explique adecuadamente. Por eso formulamos la primera pregunta, que es muy sencilla: ¿en cuánto estima el señor Ministro que será el déficit fiscal en los años 2013, 2014 y 2015?
También es muy sencilla la segunda pregunta: ¿Cómo se explica el desvío a 2,8% en las previsiones de déficit del año pasado?
Hemos escuchado y leído alguna opinión que dice que un déficit fiscal de 2,8% o 3% no es grave, como restándole importancia. Se ha dicho, incluso, que en el Tratado de Maastricht, para la Unión Europea, se fijó un 3% como máximo, y que hay países con déficits mayores. No solamente discrepamos con eso, sino que coincidimos más con las palabras del señor Ministro ante las preguntas del señor Senador Lacalle Herrera y con lo que nos dijo el señor Presidente de la República porque, además, este 2,8% de déficit se ha dado en el marco de una extraordinaria bonanza, de diez años de crecimiento de la economía. Además, esto ha sido muy abrupto: pasamos del 0,9% de déficit del año anterior al 2,8%, sin escalas.
En el año 2012, en el sector público uruguayo, mientras los ingresos de la Administración Central y el BPS crecían 3,5%, los egresos primarios aumentaban 10,4% en valores constantes; las inversiones del sector público, en cifras globales, un 8,9%, y el resultado primario de las empresas públicas caía un 21.4% en valores reales. Pido que se observen las cifras del aumento del gasto en millones de pesos constantes y en porcentajes del PBI.
Ya volveremos a hablar sobre las empresas públicas, y espero encontrar algunas coincidencias, en especial, ante algunos anuncios que se han hecho en las últimas horas. ¡Qué favor le hicieron ayer, señor Ministro! ¿No? ¡Qué favor!
Como puede verse en la gráfica, en los últimos años existió un enorme crecimiento del gasto público en valores constantes, y esto explica –creo yo–, lógicamente, el pedido de austeridad del señor Ministro a su bancada legislativa en el mes de enero. Creo que la rapidez del deterioro nos sorprendió a todos, y ese solo elemento amerita un pedido de explicaciones como el que hoy buscamos.
Una vez más, no decimos que esto sea dramático pero sí preocupante, señor Presidente, porque esta situación fragiliza la sólida situación en la que nos encontrábamos. Nuestros asesores hablan de una poco prudente gestión fiscal, más cuando ha habido un gran incremento del gasto en rubros rígidos en este momento de gran crecimiento económico. Señor Presidente: creo que esto además nos debe hacer sacar la lupa y prestar atención a los datos que se muestran en el gráfico, pero también a los de la propia máquina del déficit. Llama la atención los datos de las empresas públicas, esas que el propio Ministro citaba como una de sus preocupaciones en el primer Mensaje al Parlamento. Y las cito, porque creo que coincidiremos en que hemos perdido la capacidad de controlar su gasto y observar su comportamiento.
El resultado global de las empresas públicas se puede ver en el gráfico siguiente: viene cayendo desde 2010, y eso no puede ayudar al señor Ministro con el tema del déficit. Hasta ayer, cuando preparaba la interpelación, la única empresa que tenía números más o menos presentables –en negro, es decir, sin déficit–, era Antel. El año pasado, había tenido US$ 67:000.000 de ganancias; contra los más de doscientos de pérdida de UTE y los ciento cincuenta de Ancap, eso era algo. Incluso, podemos coincidir con algunas cosas que está haciendo. Esta aventura de que nos cueste US$ 500:000.000 la fibra óptica en lugar de emplear el mismo mecanismo que en Chile, con emprendimientos de inversión público privada, y de esa forma poder destinar recursos a las escuelas, a la educación o a tener un déficit menor, la podemos discutir pero, por lo menos Antel tenía un superávit de US$ 67:000.000. Sin embargo, tengo malas noticias, señor Ministro.
SEÑOR PRESIDENTE.- Señor Senador: le ruego que se dirija a la Mesa.
SEÑOR BORDABERRY.- Pido disculpas al señor Presidente y al señor Ministro.
Como decía, tenemos malas noticias, señor Presidente, porque parece que Antel, que ganó US$ 67:000.000 y no quiere contribuir a bajar el déficit fiscal, va a cambiar el objetivo que la Constitución le asigna y se va a dedicar a construir un estadio de básquetbol. ¡Es lo único que faltaba! ¿No? ¡Es lo único que faltaba! Se lo va a construir la Intendencia de Montevideo. Dada la situación en que se encuentra la Intendencia, sin capacidad de hacer lo que debe, resulta que se van a gastar US$ 40:000.000 que, como todos sabemos, en los hechos, son US$ 60:000. Y quien dice US$ 60:000, después habla de US$ 70:000.000 y, al final, hay que agregar el equipamiento y el funcionamiento. Dicho de otra manera, en lugar de bajar las tarifas telefónicas o de contribuir, como empresa de los uruguayos, a las finanzas públicas, se va a dedicar a esta aventura, a esta cosa faraónica a la que, a veces, se dedican algunas personas que desde la altura de un cargo pierden la perspectiva de lo que le sucede a la gente.
Pues bien, Antel Arena: un proyecto de US$ 40:000.000, mientras no se sabe en qué quedó aquel proyecto de US$ 50:000.000 del Banco de la República. ¡Dale que es tarde!
Creo que hemos perdido la capacidad de observar constitucionalmente el gasto de los Entes, pero –¡por favor!– no perdamos la capacidad de observar el disparatorio que hoy ocurre en ellos. En particular, OSE y AFE –esta última, sin perjuicio de un subsidio de US$ 20:000.000 que recibe– también perdieron dinero. No me voy a detener en estos datos porque, si no, esta presentación se va a hacer muy larga, pero queda claro que, salvo Antel, perdieron todos los Entes. UTE, más de US$ 200:000.000 –hay una cierta justificación por la sequía–; se consumió el Fondo de Estabilización Energética; en fin, hay alguna explicación. Lo que no se explica, señor Presidente, es lo que pasa en Ancap; al parecer, está liderando esta revuelta de los Directorios de las empresas públicas contra el Ministerio de Economía y Finanzas y el control de la macroeconomía.
Sabemos las críticas que el señor Ministro y el señor Presidente han recibido por tratar de mantener un orden mínimo en las empresas públicas, pero indudablemente no han sido escuchados, y el más sordo de todos los Entes ha sido Ancap. Observen la evolución de los resultados de Ancap en dólares corrientes: ¡es un desastre! ¡Nos vende uno de los combustibles al precio más caro del mundo –el más caro de la región, por lejos–; sin embargo, pierde US$ 150:000.000 y proyecta perder US$ 360:000.000 en 2013!
Quiere decir, señor Ministro, que les llevaron US$ 40:000.000 ó US$ 60:000.000 para el proyecto Antel Arena de la señora Cosse y ahora les van a llevar US$ 363:000.000 de pérdidas en Ancap. No sé cómo vamos a llegar al 2.8% en 2013. Ni que hablar del pasivo de Ancap, que ha aumentado en dólares constantes; y el patrimonio no tiene nada que ver. Ancap, en realidad, hace rato que tiene resultados negativos. Me voy a detener en este Ente como podría haberlo hecho con OSE, AFE o con la propia Antel, pero creo que para muestra alcanza un botón; por lo tanto, creo que debemos hablar de Ancap, pues además el señor Ministro de Industria, Energía y Minería demora bastante en venir a la Comisión.
Ancap tuvo un superávit de 0.4% del PIB entre los años 2001 y 2004, un déficit de 0.1% en el período 2005- 2009, y un déficit de 0.5% entre los años 2010 y 2012, en régimen de monopolio. Como dije antes, tiene previsto un déficit de aproximadamente US$ 360:000.000 para 2013. Si la meta del déficit fiscal para este año es 0.9%, estamos en problemas. Resultan obvios los motivos por los que Ancap se resiste a ser observado y controlado. Es evidente: un Ente que tiene estos números no quiere que nadie entre. ¿No, señor Presidente?
Cualquier observador poco atento se da cuenta de lo que sucede en Ancap. Alcanza con prender la televisión y ver en los informativos centrales el aviso del señor que camina y nos habla, que además lo pasaron después del partido que Uruguay perdió con Chile, lo que hizo que se generara poca simpatía por ese señor; alcanza con ver la reacción de su Presidente cuando lo observan públicamente desde la Unasev por manejar a alta velocidad y lo arregla comprándose un avión. ¡El Presidente de Ancap se compra un avión! Esto también forma parte del déficit; de a poquito se va sumando, y habla de la cabeza con que se encaran las cosas. Resulta que el Presidente de Ancap no puede andar en auto; tiene que andar en avión. ¡Medio millón de dólares! Mientras el Presidente de Ancap se gasta medio millón de dólares en un avión, no hay ambulancia en Carlos Reyles ni en Vichadero. Pero, reitero, el Presidente de Ancap anda en avión.
Hemos perdido la capacidad de observar pero no la capacidad de asombro. Ni que hablar de que recordamos cuando se le fió al señor Campiani US$ 30:000.000 –el señor Senador Moreira se debe acordar–, sin autorización; sin embargo, a las dos funcionarias que fiaron esos US$ 30:000.000, que son parte del déficit, el Presidente de Ancap las suspendió por sesenta días. ¿Sesenta días? ¡US$ 30:000.000, es decir US$ 500.000 por día! ¡Cada US$ 500.000, un día de suspensión! ¡Dénmelo a mí! ¡Quiero que me suspendan! Y no sesenta días; con cinco o seis me alcanza. Y menos también: ¡suspéndanme un día! Ahora bien, resulta que cada tres días, esa suspensión nos cuesta una Escuela de Tiempo Completo.
Mientras tanto, el Gerente de la distribuidora de licores Caba S.A. manda comprar doce botellas de ron y lo echan. Entiendo que estuvo mal y había que sancionarlo, pero hay algo que no funciona bien en Ancap: al que manda comprar doce botellas de ron lo echan, y al que le hace perder US$ 30:000.000 lo suspenden sesenta días.
Señor Presidente: en la Comisión de Asuntos Administrativos hemos destituido a muchos funcionarios públicos por mucho menos de eso. Esto es inexplicable, salvo que haya otra cosa, otro interés que no conocemos.
Hace rato que venimos siguiendo los acontecimientos que ocurren en Ancap, que hoy contribuye de forma decisiva al déficit fiscal. Si acercamos un poco más la lupa al déficit fiscal de 2.8% y a los US$ 150:000.000 del déficit de Ancap, llegamos a ALUR S.A.; lo de ALUR es algo formidable. Tiene un contrato con Ancap por el cual esta le paga su costo de producción más un porcentaje sobre el costo de producción como margen operativo, como ganancia. El sueño del pibe, señor Presidente: se le pagan sus costos y un porcentaje sobre sus costos, con lo cual si no es eficiente gana más. Con el voto contrario de los representantes de la oposición en el Directorio, acaba de renegociar el contrato con ALUR S.A.
El anuncio que hizo el Presidente de Ancap y Presidente de ALUR S.A., en mi opinión, es una tomada de pelo. Tendríamos que recuperar la capacidad de observar estos datos. Se nos informó que el porcentaje que paga Ancap a ALUR S.A este año va a bajar del 15% al 10%, y todos nos alegramos. Se nos anunció también que ALUR ganó US$ 2:500.000, pero resulta que cuando vamos a leer los contratos –porque no nos quedamos con el titular–, vemos que se renegoció el contrato y que, en realidad, Ancap estaba pagando un 5% del año 2010. Renegociaron el contrato para atrás y pagaron en lugar del 5% el 35% en el 2010, el 15% en el 2011, y lo bajaron al 10% en 2012 y 2013. Es decir que vamos a pagar el doble; pero nos tenemos que alegrar porque le renegociaron para atrás para que pierda. En verdad, no dejo de impresionarme. Además, ¿a quién estamos beneficiando? Porque el accionista de ALUR es Ancap, ¿no? Sí, pero no. Es Ancap y PDVSA. Entonces, ¿qué estamos haciendo? Estamos subiendo el porcentaje, para que dé ganancia ALUR y asegurarle una ganancia a PDVSA. Después de eso, además, tomamos en el BROU los 150 empleados del Bandes; eso ni que hablar.
Tendríamos que empezar a pensar en las escuelas, en los servicios de salud, en los hospitales del interior.
Ahora entendemos por qué se resisten a ser observados por el Poder Ejecutivo y por el Ministerio de Economía y Finanzas.
La tercera pregunta es obvia: ¿Entiende el señor Ministro que se ha perdido y es necesario aumentar la capacidad de observar y controlar el gasto en las empresas públicas? ¿Entiende que es eso lo que ha sucedido? Si así lo entiende, queremos ayudar, y estudiar el régimen jurídico para fortalecer la capacidad del Ministerio de Economía y Finanzas, así como de la propia Oficina de Planeamiento y Presupuesto.
Pregunta cuarta: ¿cuál es la estimación del Poder Ejecutivo de déficit de las empresas públicas para el 2013, si es que la tiene? Sabemos que ya ha elevado sus proyecciones de presupuesto y nos gustaría conocer esa estimación.
Quinta pregunta: ¿incluye el señor Ministro en esa estimación de déficit para el 2013 el gasto de US$ 40:000.000, por parte de Antel, en un predio de la Intendencia de Montevideo para construir un estadio?
Pregunta sexta: ¿a juicio del Ministerio de Economía y Finanzas, existe en Ancap una política de gasto que excede las posibilidades de la empresa?
Séptima pregunta: en la Rendición de Cuentas del año pasado el Ministerio estimó un resultado primario de las empresas públicas de 1,7. ¿Sigue el Ministerio estimando lo mismo a la luz del resultado que estas tuvieron en el 2012?
Pregunta octava: ¿entiende el señor Ministro que, ante el desvío importante entre el déficit proyectado para el 2012 y el real, se debe realizar una Rendición de Cuentas austera y casi sin aumento del gasto?
Estas son preguntas fáciles; como diría Isidro Cristiá: fáciles y de ingenio. Pero como hay tantos cuestionamientos porque el señor Ministro dice una cosa al señor Presidente y desde el propio oficialismo se contesta otra, es bueno conocer la posición del señor Ministro porque estoy seguro de que es la correcta –la queremos apoyar– y que son los otros quienes están equivocados.
Pregunta novena: ¿estima el señor Ministro que el gasto continuará creciendo por encima del PIB en el 2013, 2014 y 2015? Si es así, ¿cuál es su estimación y cómo se financiará?
Señor Presidente: el año pasado, luego de conocerse que el déficit del año anterior había sido menor al proyectado, el señor Ministro señaló que existía un espacio fiscal de US$ 140:000.000. A nuestro juicio, tener un déficit menor al proyectado no significa un espacio fiscal, sino un hueco fiscal, un hueco más chico porque todo es déficit. De todas formas, no parece que haya existido ni espacio ni hueco fiscal de US$ 140:000.000; frente a la comprobación de un déficit fiscal de 2,8 hace rato que se vienen escuchando voces desde el oficialismo pidiendo un ajuste fiscal.
Décima pregunta: ¿propondrá el Ministerio de Economía y Finanzas un aumento de impuestos o un ajuste fiscal para enfrentar el déficit?
Señor Presidente: hemos escuchado que el déficit surgió, entre otras cosas, porque el Gobierno gastó US$ 500:000.000 en comprar dólares para evitar que bajaran. Pregunta decimoprimera: ¿puede el señor Ministro explicar y profundizar en ese egreso de US$ 500:00.00 por compra de dólares y su incidencia en el déficit fiscal del 2012?
Creo que el señor Presidente recordará muy bien –y más que nadie– la promesa electoral que con su compañero de fórmula le hicieron a todo el pueblo uruguayo en la campaña electoral del año 2009. En ese momento nos prometieron bajar dos puntos porcentuales el Impuesto al Valor Agregado, y fue una promesa pública que hicieron a todos los uruguayos. Al comparecer el 7 de abril de 2010, el señor Senador Lacalle Herrera le preguntó por esa promesa y el señor Ministro contestó diciendo que hacía suyo ese compromiso y mandato de todo el Frente Amplio: bajar dos puntos porcentuales el Impuesto al Valor Agregado. Aquí viene la decimosegunda pregunta –que es obvia–: ante el aumento del déficit verificado en el 2012, ¿cumplirá el Gobierno con la promesa realizada en la campaña electoral de bajar dos puntos porcentuales el Impuesto al Valor Agregado? De ser así, ¿cómo financiará los gastos que se hagan con esa renuncia?
SEÑOR AMORÍN.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR AMORÍN.- Señor Presidente: coincidimos con el punto de vista del señor Senador interpelante en todos los temas que ha planteado con absoluta claridad.
Quiero hacer algunas reflexiones relacionadas con el manejo de la economía que ha hecho el Gobierno del Frente Amplio desde el año 2005 en adelante, y otras que tienen que ver con el momento actual.
Ante todo, deseo hacer un especial reconocimiento al señor Presidente del Senado, quien cuando visitó por primera vez las Comisiones de Hacienda de ambas Cámaras siendo Ministro de Economía y Finanzas –en ese entonces yo era Senador– hizo algunas manifestaciones que me parecieron muy interesantes y en algún caso muy valientes. En esa oportunidad el señor Presidente –en ese momento Ministro de Economía y Finanzas– dijo que había recibido el Gobierno en muy buenas condiciones y que el manejo de la economía del gobierno saliente –el del doctor Jorge Batlle– había sido muy bueno. En ese mismo instante, como miembro de la Comisión, le agradecí las palabras pronunciadas y, además, le reconocí su coraje en un momento en que la gente podía no esperar eso; sin embargo, lo hizo y lo hizo bien.
También me parecieron muy importantes otra cantidad de manifestaciones que hizo; una de las más relevantes fue que se preveía un período de gran crecimiento que había empezado en el año 2003 y que, por lo tanto, él entendía muy importante –casi fundamental– tener políticas fiscales contracíclicas, en el sentido de tener posibilidades de prepararse en los momentos de bonanza para cuando viniera la crisis. Seguramente, uno en el Gobierno no hace lo que quiere sino lo que puede y probablemente las presiones hayan sido importantes, entonces se cambió ese esquema general de políticas fiscales contracíclicas por una expresión que fue la que dominó el tema fiscal durante unos cuantos años hasta ahora: los “espacios fiscales”. Esto significaba: “¿Dónde hay un peso? Lo gastamos. ¿Se recauda más? Gastemos todo. Si el déficit fue un poco menor al que preveíamos, considerémoslo como espacio fiscal y gastemos esos US$ 140:000.000”. Estos momentos de políticas fiscales contracíclicas son muy importantes en los países que crecen mucho, como lo hizo Uruguay desde el 2003 hasta ahora. Esperemos que siga creciendo; el viento de cola existe y deseamos que continúe existiendo por mucho tiempo más. Lo que vendemos nosotros vale más que nunca, el país está funcionando y esperemos que siga haciéndolo, ya que las condiciones internacionales nos brindan enormes posibilidades.
¿Qué pasó con esos espacios fiscales? ¿Qué pasó con ese déficit creciente? ¿Cómo se financió? Entre otras cosas, con deuda. Actualmente el país tiene una deuda bruta enorme; será menos o más importante si la comparamos con el Producto Bruto Interno, pero en el año 2004 era de aproximadamente US$ 13.000:000.000 y hoy alcanza los US$ 31.000:000.000. Reitero: la deuda bruta en millones de dólares pasó de trece mil a treinta y un mil. Se me podrá decir que la deuda neta no está en eso, y es cierto, hay reservas importantísimas mucho mayores a las de 2004, pero eso al Uruguay le cuesta mucho dinero porque los activos que tenemos rentan poco y porque pagamos muchos intereses por la deuda. Esto es también una parte importante del déficit fiscal. No es entendible que en un momento de fenomenal crecimiento –el más grande del país que hayamos conocido en nuestra vida– la deuda aumente como lo hizo. Me parece que es evidente que la deuda puede aumentar en momentos complicados –como sucede en las familias– pero, si no, no aumenta.
Voy a ir terminando porque no quiero insumir demasiado tiempo de esta intervención del señor Senador Bordaberry. Sí quiero decir que es bastante evidente que la inflación es uno de los problemas más grandes que hoy tiene el Uruguay. Se nos ha ido de las manos, hace bastantes años que el Gobierno habla de un rango de entre 4% y 6% pero ya hace mucho tiempo que fue superado. Evidentemente, se han hecho algunas maniobras, no sé si de maquillaje pero sí de intentar controlar la inflación por medios artificiales. Son notorios los acuerdos con los supermercados…
(Suena el timbre indicador del tiempo)
–¿Me permite una nueva interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR AMORÍN.- Gracias, señor Senador y señor Presidente.
Como decía, se han hecho acuerdos con los supermercados y ha habido beneficios por parte de la UTE para que en el mes de diciembre la inflación no superara cierta cifra aunque, claro, luego en enero y febrero pegó un salto gigantesco. Y esto afecta; la inflación afecta directamente a nuestra gente, a todo el Uruguay, al ciudadano medio, pero mucho más al que tiene menores ingresos porque las cifras de inflación más altas se han dado en algunos productos de la canasta básica familiar, que son los que más han subido. Creemos que eso sí afecta, nos lo dice el que va al supermercado o al almacén porque, lamentablemente, con el dinero que tiene hoy no puede comprar ni cerca de lo que adquiría antes.
Entre los años 2006 y 2007 presentamos, junto con el entonces señor Senador Alfie, un proyecto de ley que le daba potestades al Poder Ejecutivo para que pudiera suspender el IVA a los elementos de la canasta básica. Creíamos que esta propuesta era muy positiva; en aquel momento los comestibles tenían una importante inflación, tal como ocurre ahora. Este proyecto está en Comisión y consultamos al Poder Ejecutivo al respecto. Hubiéramos llamado al Ministro de Economía y Finanzas o a alguien de su Cartera, pero las últimas veces que los hemos llamado no han venido; desde el 15 de noviembre los estamos llamando para hablar sobre estos temas y no vinieron. Nos parecía que el ámbito natural para analizar estos asuntos era, justamente, la Comisión.
Entonces, estamos solicitando al Ministerio que nos diga –ante la situación actual de déficit fiscal, que es muy importante–, si es posible hacer un esfuerzo para bajar el IVA a los elementos de la canasta básica, que castiga más a la gente que menos tiene en el Uruguay.
Esa es la interrogante que quería agregar a las preguntas muy interesantes que está haciendo el señor Senador Bordaberry.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Señor Presidente: no puedo más que coincidir con todo lo que ha dicho el señor Senador y me da el pie para entrar en el segundo tema, es decir, la inflación.
En las últimas semanas hemos escuchado voces del oficialismo que han dicho que con la inflación no pasa nada. Nosotros creemos que sí pasa, y mucho. Como decía el señor Senador Amorín, la inflación es el peor de los impuestos; no necesita de una ley ni de un decreto; golpea a los que menos tienen, a los asalariados, a los que tienen ingresos fijos, a los que tienen ingresos bajos.
Como la señora que va a la feria o el señor que va al almacén, todos percibimos que hay aumentos. No nos quedemos solamente con el análisis del porcentaje económico porque si repasamos los aumentos de precios de los últimos tiempos veremos que los elementos más básicos son los que han tenido un enorme aumento y eso es lo que le duele a la gente. 
En febrero de este año, el precio del zapallo aumentó un 76%; el de la manzana, un 71%; el de la zanahoria, un 47%; el del tomate, un 37%. Como ya cité, me llamó la atención el aumento de los pasajes de transporte fluvial, que fue de 34%; en los últimos dos años aumentaron casi un 65%. De enero a enero, la plata es del banquero. Por otra parte, la papa aumentó 18,1% y el pollo 21,8%. Los alquileres han aumentado 14,2%, cuando el que alquila es el que menos tiene. No estamos haciendo referencia a gastos suntuarios. Alguien puede decir que estos valores responden a temas estacionales, a la granizada de enero, etcétera. Ante ello podemos responder que en los últimos dos años el tomate aumentó 83,8%; los pasajes de transporte fluvial aumentaron 63.5% y el pan blanco empaquetado casi 40%. ¡Y los alquileres! Como dije, el que alquila es el que no tiene para comprarse la casa, el que agrega a su salario un costo más; los alquileres en los últimos dos años aumentaron 31,2%. Más allá de eso, alcanza con ir a la feria, al almacén o al supermercado para darse cuenta de que los precios han aumentado mucho más que el 7,48%.
Por ello es que celebramos las palabras del señor Presidente del Banco Central del Uruguay, en la presentación ya citada que hiciera en ACDE el año pasado. Allí expresó que “la estabilidad de precios es la base para la toma de decisiones”. “Es muy negativo que crezca la inflación porque nos preocupan los salarios, nos preocupan todas las fuentes de ingreso. La inflación está hoy en el centro del mapa de riesgos de la economía”. ¡Bravo! Felicito al señor Presidente del Banco Central por estas palabras.
En ese mismo foro hizo uso de la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas. Allí expresó, contestando una pregunta, lo siguiente: “Uruguay jamás dejaría solo al Banco Central del Uruguay en el combate a la inflación”. En realidad, el Banco Central es parte del Uruguay, pero creo que quiso decir el Gobierno del Uruguay. “La presión inflacionaria ocupa el centro de nuestra atención en este momento”.
Y, sobre todo, celebro las palabras expresadas por el señor Presidente del Cuerpo y las comparto; es bueno tener de vez en cuando alguna coincidencia con usted, y acá la tenemos: “La inflación es el problema más grande que hoy enfrenta el país”.
Solamente el análisis de la inflación amerita esta convocatoria. Pero otros integrantes del oficialismo han señalado que con la inflación no pasa nada o que les preocupa que se le dé a esta tanta importancia. Y de ahí surge la decimotercera pregunta: “Ante opiniones tan distintas, ¿ratifica el señor Ministro que la inflación es uno de los problemas más grandes que enfrenta el país y que debe estar en el centro de la atención de la política económica? ¿Cuáles son los instrumentos que utilizará el Ministerio de Economía y Finanzas para no dejar solo al Banco Central del Uruguay en el combate a la inflación? 
Si vemos esta otra diapositiva sobre el rango meta, observamos que en el año 2010 la inflación se ubicó fuera del rango meta que estima el Banco Central.
Creemos que persistir en un rango meta cuando este no se cumple –y no se cumplirá– es poco realista y, además, da una sensación de fragilidad, de quiero y no puedo, que afecta la credibilidad. Si todos creemos que no se puede cumplir, quizás hay que cambiarlo. Y esto corresponde a la decimocuarta pregunta: “¿Cuáles son, a su juicio, las principales causas de que la inflación no pueda ubicarse desde el 2010 en el rango meta que fija el Banco Central del Uruguaya?”. Y a la decimoquinta: “¿En cuánto estima el señor Ministro la Inflación para el año 2013?”.
El país hizo un gran esfuerzo para tener una inflación de un dígito, tanto en los años 90 como en la década pasada, pero sobre todo hizo un gran esfuerzo para aceptar el concepto de que la inflación alta es mala. Por ello no podemos aceptar que se nos diga que con la inflación no pasa nada. Hoy tenemos la tercera inflación más alta de la región; estamos detrás de Venezuela y Argentina. Estoy seguro de que no nos queremos parecer en ello a la Argentina ni a Venezuela, y menos copiar las medidas que ellos están llevando adelante.
Si afinamos la evolución de la inflación y la llevamos del 2005 al 2012, vemos que parecería que no está tan mal porque, a partir del 4,50% del 2005, luego estuvo el problema de los años 2008 y 2009; se bajó al 5,90% ese año; parecería ser que hubo un repunte al 8,60% después, y en diciembre se bajó al 7,48%. Creo que la tendencia no es buena y, sobre todo, que el número de diciembre no lo podemos aceptar porque el 7,48% fue artificial. Como decía el señor Senador Amorín, ese valor surgió porque se pospuso el aumento de la factura energética para enero y febrero, y se realizaron acuerdos sobre algunos productos de los supermercados. Algún analista acertadamente ha llamado a este hecho como un gol hecho en la hora y con la mano por el Gobierno. Esas artificiosidades duran poco porque, como escribió otro prestigioso analista, la realidad siempre termina ganando. La posposición de aumento de diciembre me recuerda a aquel niño que, teniendo fiebre, quería salir a jugar a la pelota y cuando le ponían el termómetro en la axila no lo apretaba para que no marcara la temperatura. El termómetro marcó 7,48% en diciembre pero todos sabíamos que había fiebre, y los meses de enero y febrero lo confirmaron. Lo ocurrido en diciembre no era real. Si vemos la inflación de los meses de enero y febrero observamos que volvimos a la tendencia de crecimiento. Y eso no es bueno porque esa medida, el dar una aspirina para que se vaya el dolor pero no para bajar la fiebre, no hace bien porque afecta la credibilidad, deja la sensación de que no se puede atacar la causa del problema y, por ende, se atacan sus resultados que van a volver recurrentemente.
Recordaba Borges que cuando fue a una universidad estadounidense le llamó la atención que, a diferencia de los nuestros, los estudiantes norteamericanos le prestaban más atención a aprender que a la nota del examen. Y bueno, vamos a prestar atención a la inflación y a tratar de no bajar con artificiosidades este tipo de números.
Además, se agregaron tensiones innecesarias al 2013, porque se pospusieron aumentos para enero. ¿Qué se va a hacer en diciembre de este año? Si no se posponen para enero del año que viene, cargaremos con los doce meses de este año y a eso habrá que sumarle lo de diciembre de 2012. A no ser que se esté pensando en volver a hacerlo este año y el siguiente, dejándole el problema al próximo Gobierno.
La pregunta es simple: ¿Tiene previsto el Ministerio de Economía y Finanzas repetir, en diciembre de 2013, lo realizado en diciembre de 2012, como posponer subas de UTE y realizar acuerdos de precios con supermercados?
Además, según nos dice nuestro equipo, estas artificiosidades que se realizaron en diciembre fueron un ajuste fiscal encubierto, porque quien recibió un aumento superior a la artificiosa cifra de diciembre cambió de franja en el IRPF o empezó a tributar. Algunos le llaman ajuste fiscal encubierto. Muchos no habrían cambiado de franja si no se hubiera hecho eso y se hubiera medido en forma la fiebre de la inflación.
En las últimas semanas nos inquietaron algunas propuestas del oficialismo para enfrentar la inflación. Concretamente, desde el oficialismo se propuso congelar los alquileres o el control de precios de algunos productos, como hace el señor Moreno en la República Argentina. De ahí nuestra pregunta: ¿Estima el señor Ministro que el congelamiento de alquileres o el control de precios son medidas que se vayan a aplicar en el Uruguay en los próximos dos años? Y la siguiente: ¿Cree el señor Ministro que exclusivamente con el congelamiento de créditos del Banco República y el aumento de los encajes marginales es suficiente para reducir el aumento de los precios? ¿No debería sumarse además una contención del gasto público?
Pasamos al tercer tema, señor Presidente –casi estamos llegando al final–, que nos preocupa, porque ya lo hemos visto muchas veces: el atraso cambiario, la competitividad, el dólar, esa tercera luz que se prendió en el tablero. Hemos visto que el elevado déficit del gasto público jugó un papel importante en la inflación. Creo que el Banco Central padece una suerte de crisis de identidad, porque dos días por semana, martes y jueves, ataca la inflación, y lunes, miércoles y viernes trata de que el dólar no baje. Entonces, han ensayado diversas formas, siempre ineficaces, de atacar el problema de la inflación. Una de ellas fue subir la tasa de referencia por parte del Comité de Política Monetaria, lo que hace que ingresen capitales del exterior, pero ello provocó que el valor del dólar caiga y que, en consecuencia, el Banco Central saliera a comprar dólares intentando evitar que el peso se aprecie. Así, asegura a los exportadores el precio del dólar, pero para evitar que esa liquidez se traslade a su vez a la inflación, el Banco Central la absorbe colocando Letras de Regulación Monetaria en pesos y UI, pagando una tasa de interés muy atractiva.
En los hechos, ¿qué está haciendo el Banco Central? Por un lado, compra dólares y por otro, demanda pesos. En el mejor de los supuestos es neutro, no está haciendo nada porque en realidad compra dólares con los pesos que saca. Se nos puede decir que hay un costo de oportunidad, que espera a ver en qué momento saca los pesos y en cuál otro hace lo propio con los dólares. Es costosísimo lo que está haciendo. ¿Por qué? Porque los dólares con que se queda el Banco Central no rinden nada, pues la tasa de interés es casi inexistente, y me animaría a decir que las Letras de Regulación Monetaria han rendido en dólares un 18% o 19%. El que se pasó a las Letras de Regulación Monetaria y entregó los dólares ha hecho una fortuna. Me refiero a los bancos, a las transnacionales financieras, a todos esos que se quejaron durante tanto tiempo, porque se está pagando esa tasa del 17% o 18% en dólares. Fíjense que la inflación es del 9% y por la UI se ha llegado a pagar 6%, por lo que si se suman nos da un 15%, a lo que hay que agregar el arrastre y que el dólar se ha deprimido dos puntos. ¡Se ha pagado 17% o 18% para retener dólares que colocamos a 0%! Según nos dice nuestro equipo, el año pasado hubo un costo por esto estimado en US$ 723:000.000. Claro, después de ver eso estoy seguro de que la Presidenta de Antel dice: ¡por qué no me gasto US$ 40:000.000 en el complejo ‘Antel Arena’!
Advertimos sobre esta situación al señor Ministro en su comparecencia de abril de 2010 y no obtuvimos respuesta; dijimos que esto era inocuo para sostener el valor del dólar y también le hicimos ver el costo que ha tenido y tiene para el país esta operativa.
Las operaciones combinadas de emitir en UI y generar dólares han tenido un solo efecto positivo: el aumento de las reservas, sin lugar a dudas. Pero, en realidad, no hemos comprado un solo dólar de reserva con recursos genuinos, sino que lo hemos hecho gastando con la tarjeta de crédito y sin pagar lo mínimo. En época de bonanza eso no se ve, pero las tasas tan altas que estamos pagando podemos llegar a sufrirlas.
La inoperancia para enfrentar la caída del dólar sumada a la inflación alta y al aumento de costos por encima de la competitividad es una trilogía, un cóctel explosivo para los sectores que exportan agregando trabajo uruguayo, para el turismo y para aquellos que en los mercados de destino no han visto aumentado el precio de la colocación de sus productos.
En febrero, señor Presidente, el país sufrió la séptima baja mensual consecutiva de la competitividad con sus principales socios comerciales. El único país con el que mejoramos fue con Brasil, aunque estamos 18% por debajo de la media histórica, pero reitero que perdimos competitividad con todos: Argentina, Estados Unidos, México, Alemania, España e Italia. Si miramos el Índice de Tipo de Cambio Real nos damos cuenta de que los sectores exportadores que no se han beneficiado con el boom de precios externo la tienen cada vez más difícil.
La gráfica que está en pantalla en este momento habla sola, en cualquier momento se cae: el Índice de Excedente Bruto Unitario de la Industria Exportadora muestra a las claras una caída a pique de los márgenes, durante 2012, de casi el 13%, producto de la evolución de algunos precios externos de la cotización del dólar y de los costos internos. ¡Otra que va para abajo!
Las gráficas son contundentes y, si para muestra basta un botón, miremos la evolución del peso –marcado en azul–, del euro –en verde– y del real –en rojo– frente al dólar. ¡El Uruguay está caro! Lo vemos y lo sentimos todos los días, y esto explica algunas de las otras luces que se están prendiendo en el tablero: la tendencia del empleo y los pedidos de seguro de paro. ¡Debemos anticiparnos, señor Presidente! Por ahora, los problemas se están manifestando en dos sectores: la industria exportadora y el turismo. El mes de diciembre mostró una contracción generalizada de la producción industrial: aquel 0,1 de baja, pero que era de 3,5 en la industria. Esta pérdida de competitividad no solo nos deja fuera de mercado, sino que hace que sea más barato importar que fabricar. Pongo un caso emblemático: Delne fabricaba cocinas; después que se importaron decenas de miles a US$ 70 cada una, cerró y se va a dedicar a importarlas. Es mejor importar a US$ 70 que fabricarlas. Otra pregunta obvia: ¿Qué medidas piensa adoptar el Poder Ejecutivo para revertir esta situación de pérdida de competitividad? ¡Qué centro le levanto, pero espero que haya algo concreto!
Otro sector que empieza a notar los efectos de esto es el turismo. La temporada de turismo terminó mucho mejor de lo pensado. Quiero reconocer el enorme esfuerzo que hizo el Ministerio de Turismo y Deporte. ¡Podría haber sido un desastre! ¡Fue mala! ¡Bajó 10% o 15% el ingreso y lo hará aún más el gasto! Todos sabemos que lo que importa es el gasto, pero podría haber sido peor y a veces lo que se evita no se valora.
Algunos dicen que tenemos que olvidarnos de Argentina. No podemos olvidarnos de Argentina, señor Presidente. Podemos no hacer las cosas que está haciendo Argentina, pero no podemos olvidarnos de ella, porque está al lado nuestro y porque, además, es nuestro principal cliente turístico. Pese a que el país ha hecho un esfuerzo enorme para diversificar su clientela en los últimos tiempos, ellos siguen siendo –por tener el mismo idioma, por la facilidad de transporte y cuatrocientos años de historia en común– el mejor cliente que tenemos. Sabemos que la situación de Argentina es tremendamente frágil, pero eso no se arregla mirando para otro lado o metiendo la cabeza bajo la tierra, como el avestruz; Argentina seguirá estando ahí. En estos casos debemos tener políticas activas.
Recuerdo que en los años 2002 y 2003, que enfrentábamos una situación similar, con el entonces Ministro Atchugarry, resolvimos elevar la tasa de los impuestos a los pasajes fluviales y aéreos para poner nuestra industria turística en competencia con la de otros países que planteaban una situación similar. Y con eso, ¿qué hicimos? Se llevó el IVA a tasa cero en la hotelería, que se mantiene hasta el día de hoy. Creo que hay que empezar a tener algún tipo de propuesta más proactiva en esto.
Los estudios muestran claramente cuánto más competitivos están Brasil, Argentina, Europa y Estados Unidos por la baja del dólar aquí y la suba allá. No sé si usted, señor Ministro, anda por la rambla montevideana…
SEÑOR PRESIDENTE.- Señor Senador, diríjase a la Mesa.
SEÑOR BORDABERRY.- Discúlpeme de vuelta, señor Presidente. No sé si el señor Presidente anda por la rambla montevideana; estoy seguro de que sí. A veces uno ve que las gaviotas vienen hacia la costa y cuando ocurre esto es porque se viene la tormenta; ayer de tarde, estaban todas en la costa. Es una señal, ellas saben antes que nosotros que se viene la tormenta. Cuando uno anda por el litoral del Uruguay y ve que la gente va a comprar del otro lado; cuando uno comienza a observar que la gente va a hacer turismo de compras a Buenos Aires porque está tres veces más barato que acá, es la señal de que las gaviotas se están yendo a la costa y que se viene una tormenta grande. Esto lo vimos varias veces, y por eso entendemos que hay que prestarle atención, tomar medidas, tratar de ver por qué están pasando las cosas que están sucediendo y, sobre todo, no jugar con los índices de la inflación, sino atacar el problema para –como dije antes– terminar con la fiebre.
Creemos que se debe tener la valentía de atacar el centro del problema, la capacidad de competencia –que no es otra cosa que la contracara del déficit fiscal–, el aumento de la deuda y una tasa de interés pasada a dólares demasiado alta; ahí está el tema de fondo. Todo lo demás va a ser remedios para este sector de la industria o aquel del turismo. Sin lugar a dudas, se deben controlar las empresas públicas y determinar cómo se llegó a ese déficit del 2.8%. Si miramos lo que está haciendo la región, encontramos a Brasil, que con una inflación más baja que la nuestra y problemas similares, aunque no tan graves, toma otras medidas. Concretamente, propone reducir cargas tributarias, realiza un cambio de estrategias y comienza a bajar la tasa de interés.
La pregunta es la siguiente, Señor Ministro. ¿A su juicio, existe atraso cambiario en estos momentos en nuestro país? De existir, ¿qué medidas tomará para terminar con el mismo?
Llegamos al cuarto tema, que es muy breve y tiene que ver con la institucionalidad de la conducción económica. Creo que en este punto vamos a encontrar coincidencias, tanto con el señor Presidente como con la bancada del oficialismo. Es más, esperemos que esta instancia sirva para que se retome la senda correcta. Ya no es un problema de la economía, sino de la economía política, la falta de unicidad en la conducción económica, la falta de respaldo, a veces, al Ministro.
Si vemos tormentas en el horizonte y vamos en el avión; si miramos al costado y vemos un tsunami en Argentina –o posibilidades de que lo haya–; si se están prendiendo en el tablero las luces del déficit fiscal, de la inflación y del atraso cambiario y si el amperímetro ya no marca tan positivo en materia de empleo, por más que siga siéndolo, no puede ser que haya dos personas que se estén peleando para determinar quién maneja el avión de la economía. Creemos que esta es una cuestión de responsabilidad para con el país. Si existe un déficit fiscal del 2.8% no puede ser que los Directores de los Entes le agreguen más peso con déficits innecesarios en Ancap o con obras faraónicas en Antel. Un estadio de US$ 40:000.000 equivale a treinta y cinco escuelas de tiempo completo, mientras ponemos impuestos para reparar los caminos de la producción y juntar US$ 60:000.000; y la industria pierde posiciones. ¡Vaya si hay que recuperar la capacidad de observar el gasto de los Entes, señor Presidente! Eso sólo no explica el déficit fiscal –y esperamos la respuesta del señor Ministro completa–, pero es parte grande del problema, como también lo es la falta de unicidad y enfrentamiento en la conducción de la economía. Me refiero al enfrentamiento entre lo que se ha dado en llamar los “dos equipos económicos”. Como todos los uruguayos, presenciamos hoy, azorados, peleas y reclamos públicos para que el Presidente elija a uno de los dos. Y los Consejos de Ministros, desde hace meses, se pasan en cuartos intermedios. El reclamo de respeto a la institucionalidad y potestad de iniciativa en materia tributaria, han sido parte de la realidad política de los últimos tiempos. La institucionalidad de la conducción económica en nuestro país está concebida para que recaiga en el Ministerio de Economía y Finanzas, actuando con el Presidente de la República. Es más; constitucionalmente no se puede interpelar al Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, ya que el Ministro es el responsable ante el Parlamento. Por eso entendemos que debe terminarse con esto y volver a poner en cabeza al Ministerio respectivo, responsable ante este Parlamento por la marcha de la economía, de acuerdo con los artículos de la Constitución correspondientes a la conducción de la misma.
La excesiva sectorización del partido de Gobierno es un elemento que ha contribuido y contribuye, en forma decisiva, al aumento del déficit fiscal y ello está repercutiendo en la economía, en la inflación y en la vida de los uruguayos. Para peor, estamos ingresando en el ciclo electoral con un déficit elevado, una inflación rebelde y sabemos la influencia que ello tiene en las decisiones. En estos momentos hay que ser valiente para tomar decisiones.
Creemos que tanto la existencia de una doble conducción como la sectorización del partido de Gobierno están influyendo negativamente en el manejo de la política fiscal, y ello se verá agravado a medida que se acerquen los tiempos electorales. Por el país, por los uruguayos, estos enfrentamientos deben dejarse de lado.
¿Entiende el señor Ministro que la excesiva sectorización del partido de Gobierno puede influir en la política fiscal y provocar un aumento del déficit?
¿Entiende el señor Ministro que la actuación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto en los últimos tiempos, en especial anunciando cambios tributarios, afectó la institucionalidad de la conducción económica? ¿Cómo espera solucionarlo?
Estas tensiones entre dos equipos, esa contienda política entre quienes dicen defender el desarrollo frente a quienes dicen defender la estabilidad macroeconómica es, además de una irresponsabilidad, una falacia. Ningún proyecto de desarrollo, señor Presidente, puede llevarse a cabo sin estabilidad macroeconómica. No son objetivos excluyentes uno y otro, se necesitan el desarrollo y la estabilidad macroeconómica.
Hacemos votos para que las explicaciones del señor Ministro sean buenas, pero sobre todo expresamos que es necesario que volvamos a lo del principio, a lo que prometió el primero de marzo el señor Presidente de la República y todos aplaudimos, que se está dejando de lado con estos enfrentamientos. Debemos volver a un manejo profesional de la economía, porque una macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás, es necesaria para el desarrollo del país.
Muchas gracias, señor Presidente, señor Ministro y señores Senadores por su atención.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas.
SEÑOR MINISTRO.- Muchas gracias, señor Presidente.
El Senador interpelante inicia su presentación proponiéndonos debatir sobre economía, señalando que estos son temas de indudable interés para el país, y nos convoca a discutir sobre fundamentos. Discutir sobre economía implica, necesariamente, apelar a una discusión seria sobre cuáles son los fundamentos que explican lo que ha ocurrido, lo que está ocurriendo y lo que previsiblemente pueda ocurrir en el futuro. Es claro que discutir en determinada circunstancia sobre los fundamentos que tienen capacidad de incidir en el futuro, implica reconocer que al hablar de los actuales y sus implicaciones futuras, se está hablando de hechos, circunstancias, acciones y acontecimientos, todos ellos sujetos a incertidumbre. Este es un aspecto muy importante porque lo peor que podríamos hacer al analizar la economía y sus fundamentos, es creer que el futuro es perfectamente previsible y que cualquier desvío respecto a lo programado, puede ser atribuible a algo parecido a cómo funciona la toma de decisiones, cuando ella no está sujeta a un mundo cambiante y a condiciones inciertas.
Por lo tanto, discutir sobre fundamentos implica discutir sobre realidades y proyectar estas hacia el futuro. Esto hay que hacerlo sin simplismos, como creo decía con acierto el señor Senador interpelante. Diría que, por supuesto, jamás hemos comparecido –ninguno de los integrantes del equipo económico–, en ninguna instancia parlamentaria, apelando a simplismos o a razonamientos sin fundamentos para explicar hechos, justificar posiciones y discutir sobre el acierto o el desacierto de las acciones que hemos desarrollado.
Es más, señor Presidente, creo que si algo se le debe reconocer a las conducciones económicas que han tenido los dos gobiernos del Frente Amplio, es un esfuerzo inédito en la historia del país, en términos de explicitar y aportar información útil para que otros puedan entender lo que estamos haciendo y poder discutir sobre ello. ¡Vaya si ha cambiado la forma de explicar el contenido y los fundamentos de la estrategia económica en el país, en estos últimos años! Probablemente esto ha implicado una transformación que nosotros esperamos que sea duradera y permanente, porque las discusiones de política fiscal, de política financiera de gobierno, de política monetaria, jamás establecieron un marco macroeconómico de referencia; jamás se animaron a establecer los supuestos fundamentales sobre los que se establecía esa programación macroeconómica, por lo que la lógica de comprensión de la política fiscal, de la política presupuestal, de la política financiera, era abstrusa. Para mí, como profesional de la economía, mirar los tomos de la programación presupuestal –antaño– y compararlos con la forma en que hoy podemos discutir de manera fundamentada e informada sobre cada uno de los problemas del país, me permite apreciar que existe una distancia enorme. Creo que nosotros hemos establecido algo que es un avance institucional en el país: podemos discutir sin simplismos, con nuestras posiciones y fundando las mismas con la mayor cantidad de información posible como forma de entender los problemas que estamos analizando.
A la hora de establecer reconocimientos, permítanme hacer un autoreconocimiento a las conducciones de la política económica que ha tenido el Frente Amplio, al dar un aporte decisivo para poder discutir sobre la economía a partir de un análisis previo que el propio diseño y la propia ejecución de la política permite realizar. Ese es un cambio muy importante en el país. Por lo tanto, creo que esta es una oportunidad para discutir sobre economía y sus fundamentos.
Señor Presidente: quisiera organizar mi presentación en torno a nueve partes.
En primer lugar, quisiera explicitar con qué enfoque encaramos esta presentación inicial.
En segundo término, voy a expresar claramente algunos aspectos que indican que la conducción económica y la estrategia económica del país está apoyada en una visión programática importante que la izquierda uruguaya y el Frente Amplio ha planteado, con una visión de país y sus problemas que es indispensable tener en cuenta para analizar con fundamento lo que está ocurriendo y lo que previsiblemente pueda ocurrir en el futuro. Entonces, nos vamos a detener en discutir sobre los fundamentos más profundos, los que influyen verdaderamente sobre el comportamiento de la economía y las condiciones de vida de la población, que finalmente es el contenido último de este concepto –hasta donde lo entiendo–, cuando uno no quiere reducir los fundamentos a una pequeña carpeta de indicadores, donde es muy difícil extraer información sobre las condiciones de vida de la gente.
En tercer lugar, trataré de hacer un análisis lo más exhaustivo posible acerca de la influencia reciente y actual de las condiciones externas que enfrenta nuestra economía. Acá hay que disipar dudas, hay que hacer un análisis riguroso, sin simplismos, y no adjetivar acerca de las formas en que esas circunstancias externas han influido, influyen e influirán sobre el país, dándole una carga excesivamente importante a factores que están fuera de nuestro control, opacando lo que es probablemente más importante en una sociedad, en una economía, que es lo que estamos haciendo nosotros, en ese contexto de circunstancias externas dadas, para bien de nuestro país, de nuestra población.
En cuarto lugar, quisiera referirme a un tema fundamental cual es el manejo económico o la estrategia económica que el Gobierno ha llevado adelante, y que tiene directa relación con la gestación y el uso de márgenes de maniobra para la política económica. Es muy importante que esto sea analizado, porque nos tocó llegar al Gobierno con escasísimos o nulos márgenes de maniobra y ha sido una obra de la conducción política y económica del país gestar márgenes de maniobra para luego ser utilizados. Lo que corresponde –una vez gestados esos márgenes de maniobra– es discutir acerca de la pertinencia o la conveniencia de su uso en las circunstancias en las cuales vayan a ser utilizados.
Estos cuatro temas iniciales más de fondo, a continuación darán lugar a que podamos analizar aspectos que tienen que ver mucho más con la coyuntura y con los temas que se nos plantean como interrogantes en la interpelación.
En quinto lugar, vamos a referirnos al escenario macroeconómico previsto y al observado, porque hay una ventaja. Al haber presentado de manera transparente y completa aspectos de la programación macroeconómica en reiteradas oportunidades en nuestras comparecencias parlamentarias, podemos comparar lo previsto con lo observado y así poder analizar los desvíos –si ellos son relevantes, sustantivos– y explicarlos, pero de manera sistemática.
En sexto término, discutiremos sobre la política fiscal y financiera en su integralidad, analizando lo que han sido las claves de su diseño, las formas de ejecución y la interpretación de los resultados fiscales y financieros del país, porque es indispensable hacer una discusión profunda viendo en qué ha consistido el diseño de la política y qué es lo que corresponde esperar ante determinados resultados o variaciones respecto a los resultados previstos.
En séptimo lugar, nos referiremos a la inflación y a la política antiinflacionaria, tratando de completar un análisis que pienso dará respuesta a buena parte de las interrogantes planteadas. En ese momento, solicitaré al señor Presidente que permita la intervención del Presidente del Banco Central para completar el análisis sobre aspectos que tienen que ver con la inflación y la política antiinflacionaria.
Después que intervenga el Presidente del Banco Central, nos referiremos, en octavo lugar, a aspectos que tienen que ver con la competitividad, con sectores afectados y con las políticas de apoyo a estos.
Por último, en noveno lugar, quisiera hacer algunas consideraciones finales y completar respuestas pendientes a algunas de las preguntas que hayan sido formuladas por el señor Senador interpelante. Espero que la inmensa mayoría de esas preguntas quede respondida en el contenido de la presentación que tenemos preparada, porque está inspirada en los puntos de la convocatoria, pero también estoy seguro de que algunas respuestas puntuales y ciertos problemas específicos que están planteados en las veintidós interrogantes del señor Senador interpelante no estarán debidamente cubiertos por dicha presentación.
¿Con qué enfoque hemos pensado realizar esta presentación? Con uno muy similar al que utilizamos en la comparecencia de aquel 7 de abril de 2010, en este mismo Cuerpo. Intentaremos hacer una presentación integral que entienda las claves fundamentales que ayuden a comprender los hechos y a proyectarlos hacia el futuro; además claramente se trata de asumir una perspectiva estratégica. Si estos temas tienen implicaciones de largo plazo, no se puede analizar ninguno de ellos con una mirada de corto plazo, coyuntural, con una mirada que sólo pretenda entender lo episódico o extraer aspectos que pueden ser irrelevantes en el comportamiento de algunos indicadores en la coyuntura. Esto implica, necesariamente, asumir una perspectiva de estrategia que debe estar apoyada –no puede ser de otra manera– en el programa del Frente Amplio, en los programas de Gobierno que han inspirado a nuestras Administraciones. Finalmente es el programa del Frente Amplio el que ha definido la orientación de las políticas, les ha dado rumbo estratégico, ha fijado y establecido las prioridades de Gobierno, ha ayudado en el diseño de los instrumentos y los ha inspirado, ya que eso sí forma parte de la labor de Gobierno. El apego a la elaboración programática de base es uno de los ingredientes fundamentales que ha distinguido y distingue la conducción de la política económica de los Gobiernos del Frente Amplio, de la estrategia económica que el país ha venido desplegando. Básicamente, en el programa del Frente Amplio y en los que estamos aplicando en este momento han confluido dos tipos de visiones o dimensiones. La primera es que en la base misma de las preocupaciones programáticas y políticas del Frente Amplio estaba la solución de problemas estructurales profundos del Uruguay; problemas que impactaban sobre el presente, pero que también se proyectaban de manera muy intensa hacia el futuro. Esto implicaba transformaciones relevantes en estructuras e instituciones económicas y sociales, y naturalmente desafíos estratégicos. Ese esfuerzo de reformas, en sí mismo, era una agenda de largo plazo, una agenda estratégica que tuvo que combinarse para toda circunstancia, con problemas y dimensiones planteados por las condiciones históricas específicas en las que uno se encuentra, que agregan a la visión de largo plazo elementos específicos, problemas, urgencias y restricciones que no tienen que ver con los temas de largo plazo, sino con lo que nos está tocando vivir en cada momento. Esta es la base misma del diseño de la política y de los instrumentos, es entender en qué consiste la visión de largo plazo –cuáles son los problemas de largo plazo– y hacerla convivir razonable y equilibradamente con las circunstancias históricas específicas. Si nos retrotraemos al año 2005, veremos que estas circunstancias históricas específicas marcaron la agenda de trabajo durante muchos años, pero también son las actuales, las que se combinan con la visión estructural y dan sustento, fundamento y racionalidad a cada una de las acciones que el Gobierno viene llevando a cabo.
Tal como decía –y lo quiero reafirmar–, la estrategia económica ha estado al servicio de los objetivos trazados por el programa del Frente Amplio y hay un aporte específico que, en última instancia, sirve de fundamento a buena parte de los temas sobre los que vamos a estar discutiendo en esta interpelación. Un aporte específico de la política económica ha sido, y sigue siendo, crear las condiciones para la sustentabilidad de los procesos de cambio que están ocurriendo. A la estrategia económica y a la estrategia fiscal y financiera les compete, en primer lugar, asegurar que esta mirada profunda de asegurar sustentabilidad a los procesos de cambio sea la lógica que organice el proceso mediante el cual la estrategia económica hace su aporte al desarrollo de un plan de Gobierno. En ese sentido nos proponemos desarrollar un análisis –a nuestro entender– profundo y riguroso de la situación actual, y de las perspectivas futuras de la economía uruguaya. Naturalmente, pretendemos ir más allá –lo ha hecho el señor Senador interpelante– de las preguntas planteadas; es necesario. Si se nos convoca a discutir sobre los fundamentos, necesariamente tenemos que ir más allá de las veintidós preguntas planteadas, porque de no hacerlo estaríamos dando una respuesta no rigurosa ni profunda a cada uno de los problemas expuestos y a tantas otras interrogantes que pueden estar planteadas pero que no forman parte de aquellas iniciales que nos propone el señor Senador interpelante.
El análisis que pretendemos aportar propone dar cuenta de las características y de la magnitud –diría de la significación– de las transformaciones que han ocurrido en la economía y en la sociedad. Esto es esencial para entender la lógica de lo que se está haciendo y para definir el mapa de riesgos y oportunidades que estas transformaciones –ocurridas y en curso– están delineando, a fin de que dicho mapa no esté contaminado por lo que eran las visiones de otrora; visiones que no dan cuenta, que no entienden la naturaleza ni la significación de las transformaciones realizadas.
Parto de la base de que sólo teniendo en cuenta y comprendiendo los procesos de cambio que han ocurrido –y siguen sucediendo– se puede realizar un análisis adecuado de la realidad. No creo que se pueda responder a cuestiones de relevancia en la discusión pública sin tener en cuenta esa realidad que se ha transformado, ya que esas mutaciones han implicado, sin lugar a dudas, transformaciones y cambios muy importantes en la lógica misma en la que se diseña la política económica y se diseñará en el futuro. Permítanme realizar una afirmación: los indicadores económicos, las magnitudes económicas –ya sean macroeconómicas, microeconómicas, financieras, reales o monetarias– deben analizarse en función y teniendo en cuenta el contexto en el que los datos se generan. Por eso nos proponemos analizar aspectos que ayuden a entender y valorar la información aportada por los indicadores; no nos vamos a limitar a explicar por qué los números son lo que son, sino a entender qué hay detrás de ellos, como siempre lo hemos intentado. En consecuencia, hablaremos sobre las características del crecimiento, sobre los factores que lo han explicado y los que fundamentan las perspectivas de que ese crecimiento siga presente; vamos a hablar de deuda pública, de temas conceptuales sobre ella, una vez librados de la urgencia de la deuda como carga sobre toda la sociedad; podemos discutir sobre la deuda tranquilamente, en tiempos en que los problemas financieros vinculados al sector público han bajado de importancia respecto del pasado. Son momentos para discutir sobre temas conceptuales, precisamente aquí, en el Senado. Vamos a hablar del resultado fiscal y por supuesto mencionaremos los datos de la realidad; hablaremos de factores estructurales y factores transitorios; vamos a referirnos a la inflación, sus explicaciones y sus componentes; trataremos temas de competitividad analizando datos, perspectivas y enfoques que ilustran y ayudan a entender en qué consisten los desafíos actuales, y por qué ellos son similares o diferentes a los que hemos tenido históricamente en el país.
Decía que en lo que se refiere a la definición de las dimensiones que se han tenido en cuenta para la prosecución del programa de Gobierno, y por tanto a las acciones que se han llevado a cabo en estos años, han convergido esfuerzos para superar problemas estructurales. ¡Vaya si nuestra economía y nuestra sociedad tenían problemas estructurales a resolver en el año 2005! ¡Vaya si muchos de ellos hoy aparecen como “no problemas” desde el punto de vista estructural! ¡Vaya si la solución de problemas impuestos por las circunstancias históricas específicas ocupó agenda pública y siguen haciéndolo! Es la combinación de estas dos dimensiones la única forma de entender la lógica de la toma de decisiones de los gobiernos del Frente Amplio.
Si se nos va a hablar de fundamentos y sobre las trayectorias de largo plazo, permítanme hacer un abordaje histórico e ir al núcleo de los problemas estructurales  –explicar cuáles son los cuatro problemas estructurales– que tenía la economía uruguaya y después hablar de las consecuencias de cómo esos problemas han remitido, han dejado de ser prioritarios, o han mutado en la forma en que expresan y condicionan el funcionamiento de la economía y de la sociedad hacia el futuro.
En primer lugar, desde el programa original del Frente Amplio del año 1971 hasta todas las versiones programáticas que ha realizado –como muchos otros ejes programáticos de otros partidos políticos–, se apuntó a la superación del estancamiento económico porque ello constituye uno de los pilares que siempre ha estado presente en la elaboración programática de la izquierda. Podría afirmar, señor Presidente, que este fue identificado como el factor fundamental de la crítica a la realidad que dio lugar a los programas de la izquierda y a los proyectos de cambio que el Frente Amplio ha impulsado, porque el escaso dinamismo de la economía constituye en sí mismo una limitante para el avance de la sociedad desde la base misma de la producción de bienes y servicios. El débil crecimiento operó como causa del rezago progresivo de nuestro país en la comparación internacional. Las referencias al declive secular que había sufrido nuestro país desde mediados del siglo XX se encuentran en la base misma de la crítica de la izquierda a la organización de la producción y a la estrategia económica de los gobiernos en el pasado.
Si me lo permite, señor Presidente, quisiera centrarme en algunos elementos que caracterizan el secular estancamiento y la superación del mismo a la que estamos asistiendo en este momento, que cambia completamente la visión acerca de cuál es, insisto, el mapa de riesgo y el contexto de oportunidades hacia el futuro. El estancamiento económico fue el escenario en el cual se desenvolvió la sociedad uruguaya desde mediados del siglo XX hasta principios del siglo actual. Para ponerlo en otros términos, diré que si nos atenemos a la información que surge de la observación de las estadísticas económicas oficiales, el principal problema económico del país ha sido secularmente y hasta principios del siglo XXI el muy magro desempeño en materia de crecimiento. ¿Y cuáles son las consecuencias? Si analizamos los datos desde 1955 hasta 2004 –período cubierto por estadísticas oficiales sistemáticas publicadas por agencias gubernamentales–, advertimos que la tasa de crecimiento anual per cápita de la economía uruguaya fue de 1% acumulativo anual. ¿Qué significa esto? Para que las cosas sean comprendidas cabalmente, señor Presidente, hay que darles piel y carne. ¿Qué significa un 1% de crecimiento per cápita en un país, en el nuestro o en cualquiera? Significa que en una economía y en una sociedad que progresa en la producción de bienes y servicios de esta manera, un ciudadano promedio debía esperar setenta años para duplicar la cantidad de bienes y servicios producidos que se encontraban a su disposición. Es decir que había que esperar tres generaciones de uruguayos para duplicar la disponibilidad de bienes y servicios por habitante; ¡tres generaciones: de bisabuelo a bisnieto! Ese era el período vital con el cual los uruguayos podíamos aspirar a duplicar nuestras condiciones de vida.
En segundo término, la comparación con los países de América Latina y del Caribe ubica a Uruguay como una de las naciones con peor desempeño, en una región que ¡vaya si no ha sido destacada en estos cincuenta años que estamos analizando! Uruguay perdió posiciones en materia económica y social de manera continua y sistemática a lo largo del período de estancamiento y del magro desempeño productivo que ha tenido. La comparación con los países con los que compartíamos posiciones similares a mediados del siglo XX demuestra que experimentamos un alejamiento progresivo que da fundamento mismo a la tesis del declive. Se me podrá decir que hablar de la tesis del declive es hablar sobre la historia, pero no comparto ese criterio. Para mí es hablar sobre un tema cuya superación es esencial para que podamos discutir hoy acerca de los fundamentos reales de la economía y sus potencialidades. Los reiterados planteos acerca de la viabilidad del país, que tan frecuentemente se escuchaban en el pasado no tan lejano, eran una de las expresiones del estado de ánimo que provocaba el estancamiento productivo, el estancamiento económico secular. Nos referimos al estancamiento económico que tenía significación fundamental para el diseño de la política fiscal, para el análisis de las tensiones inflacionarias y para entender los problemas de competitividad reales, porque en una economía pequeña como la uruguaya ese magro crecimiento sólo era explicado por la falta de competitividad, porque no se realizaban nuestras capacidades productivas de manera adecuada a la luz de las tendencias de la competencia en la cual debíamos formar parte.
No voy a referirme a cuánto creció la economía específicamente año a año, pero en la realidad económica se han procesado cambios de envergadura y de tal magnitud que durante los últimos ocho años los niveles de crecimiento alcanzaron cifras cercanas al 6% anual. Pero permítanme despojar a esta cifra de elementos que pueden ser transitorios o circunstanciales, porque al discutir los fundamentos se trata de entender en cada una de las cifras qué hay de permanente y qué de transitorio y atribuible probablemente a coyunturas que no se pueden proyectar hacia el futuro porque no es lógico que se haga. A partir de las transformaciones procesadas, señor Presidente, la tasa de crecimiento potencial de la economía uruguaya se ubica en torno al 4% y este es un análisis que no hace suyo la conducción económica por construcción propia, sino que surge del análisis y de la confluencia de opiniones que a nivel nacional e internacional se tiene en diversas instancias técnicas sobre cuál es la capacidad potencial, hoy, de crecimiento de nuestra economía. Quiero que entendamos que actualmente la evaluación de las perspectivas de crecimiento del país son cuatro veces más de lo que era la referencia histórica y eso no puede ser interpretado de otra manera, en un análisis riguroso y no simplista, como un reflejo en sí mismo de la envergadura de las transformaciones procesadas en el funcionamiento de la economía y expresadas a través de la capacidad para sostener un crecimiento potencial cuatro veces superior al expresado anteriormente en un período secular de cinco décadas.
En este nuevo escenario, para poner en los números qué significa esa comparación de uno a cuatro y dejando atrás la perspectiva del estancamiento secular, debo decir que esto implica que la disponibilidad de bienes y servicios, en promedio, por habitante, a nivel individual, se duplicaría en dieciocho años y no en setenta. Ya no son tres las generaciones que en la sociedad uruguaya deben esperar para duplicar las condiciones de vida promedio, sino que el proceso se verifica en un período inferior a una generación. Durante una década hemos crecido a tasas superiores a las del promedio de América Latina, el declive se ha interrumpido y año a año estamos acortando la brecha que nos separa de los países avanzados. Esto es absolutamente esencial para entender cualquier programación fiscal y cualquier definición de las perspectivas a través de las cuales la política fiscal y financiera debe ser manejada en el futuro en nuestro país. Es a la luz de este primer y profundo dato que entenderemos la transformación estructural que ha ocurrido en nuestra economía. Decir que estamos hoy con un crecimiento potencial del orden de cuatro puntos porcentuales por año implica reconocer que las transformaciones son evaluadas como permanentes y de significación para la proyección futura del país. La superación del estancamiento tenía implicaciones obvias sobre la dinámica de la acumulación de capital, sobre la inversión productiva y sobre las oportunidades de progreso de la población, como el empleo, la protección social y el salario. Por tanto, nuestro programa –me refiero al programa político y económico del Frente Amplio– asume un compromiso con la promoción del crecimiento económico sustentable en el largo plazo, porque ese es el desafío necesario para el progreso de la sociedad en un marco de realismo que nos plantea un mundo crecientemente competitivo.
Es importante hablar de la inversión para entender aspectos vinculados a la competitividad presente y futura y su comparación con cualquier referencia histórica. Debemos discutir sobre inversión productiva y lo que esta aporta al análisis de la competitividad. No se puede estudiar un fenómeno, como es la capacidad de competir, sobre la base de indicadores simples, simplistas y con tan poca información que no permiten entender la profundidad de lo que está ocurriendo en la generación de ese dato económico. Nuestra economía tuvo bajísimos niveles de acumulación de capital durante el estancamiento. Por décadas fuimos el país de América Latina con más bajos niveles de inversión productiva. Al respecto, permítaseme hacer algunas precisiones.
En nuestra historia económica, los episodios en los cuales se observaron altos niveles de inversión estuvieron asociados a la actividad inmobiliaria –lo que se llamó el boom de la construcción– o a la realización de proyectos de obra durante la dictadura cívico-militar. Si uno despoja de estos ingredientes al comportamiento de la inversión en Uruguay, obtiene registros lamentables en materia de acumulación de capital en nuestro país. Por tanto, esos magros registros de inversión son, en última instancia, el fundamento y el reflejo del estancamiento productivo. Si esta tesis es cierta, superado el estancamiento, deberíamos asistir a una inversión que convalida y proyecta ese crecimiento hacia el futuro a tasas muy superiores a las históricas. A lo largo del período de estancamiento, los niveles de inversión en los sectores productivos fueron sistemáticamente insuficientes a los efectos de consolidar una base exportadora sólida y una capacidad de competir en los mercados regionales e internacionales. En última instancia, esto es el reflejo de la estructura productiva y de exportación que provocaba la baja inversión productiva. 
En el año 2012, con la publicación de los últimos datos, se refleja una instancia del proceso iniciado en 2005 alcanzándose los más altos niveles de inversión productiva del sector privado desde que se llevan estadísticas económicas oficiales en nuestro país. Permítanme destacar que el componente más importante de la inversión productiva es el de los sectores exportadores de bienes y servicios. ¡Jamás habíamos asistido a un proceso de inversión productiva tan diversificado en su componente sectorial, ni con un sesgo tan pronunciado hacia la generación de oferta exportable competitiva y de calidad!
La inversión extranjera directa, que prácticamente era marginal en el pasado, se ha convertido en un actor relevante en el país. Al respecto quiero señalar que la inversión extranjera directa, con los cuatro a seis puntos porcentuales del PIB que representa año tras año, no necesariamente aporta acumulación de capacidades al país porque se podría deber simplemente a las adquisiciones de activos, que probablemente no agregan ningún valor a los procesos de producción. No obstante, en estos últimos años tuvimos una proporción de inversión extranjera directa agregando capacidades productivas, proyectos greenfield, para la economía y para la sociedad. La inversión extranjera directa tiene, como nunca, una concentración en áreas competitivas de la economía que tienen que ver con sectores productivos que buscan mejorar los procesos de producción y las mejoras de productividad. Permítanme preguntar cómo se puede discutir de competitividad sin discutir de productividad. No logro entender cómo se puede discutir seriamente sobre aspectos vinculados a la competitividad de una economía o de una empresa, en su comparación temporal o internacional, sin discutir sobre productividad. Cuando uno incorpora las dimensiones de la productividad en el análisis de la competitividad y del crecimiento de nuestro país, se lleva sorpresas muy importantes y enriquecedoras. Cuando decimos que Uruguay creció en estos últimos ocho años a un promedio anual de un 5,8%, estamos a la vez haciendo referencia a que la mitad de ese crecimiento tiene que ver con mejoras en la productividad. Insisto: hablamos de ocho años consecutivos de mejoras sistemáticas en la productividad global de la economía, de una consistencia y de una envergadura a la que no se asiste en nuestro país desde el momento en que existen estadísticas oficiales. Entonces, ¿cómo no vamos a incorporar lo que esto significa en la dimensión de la acumulación de capital? No se trata sólo de que invertimos más, de que incorporamos más capital y capacidades, de que tenemos más trabajadores empleados. No, señores senadores; se trata de que la combinación de los procesos productivos y los sectores en los que están ocurriendo las decisiones de producción, implican cambios de enorme significación en materia de productividad. ¡Y vaya si esto incide sobre un análisis de la competitividad! La evolución de la inversión productiva, la acumulación de capital en sus distintas formas –incluyo la del capital humano– y la composición sectorial de esta última, están directamente asociadas a cambios significativos en las formas de producción y en los componentes tecnológicos, y cambian notablemente el análisis de la economía y sus proyecciones hacia el futuro. La innovación, el cambio tecnológico y el rápido crecimiento de la productividad, fortalecieron el proceso de acumulación de capital –no sólo fueron una consecuencia– porque engendraron procesos de eficiencia entre sectores y actividades de la economía, que potenciaron todavía más las posibilidades de crecimiento de nuestro país.
Al hablar de inversión, me quiero referir a la conducta de los actores privados. Los actores privados, nacionales y extranjeros, que están invirtiendo en nuestro país, entendieron el mensaje: se aseguran condiciones coherentes y consistentes de parte de la política económica y hay un rumbo estratégico en materia de economía en nuestro país. Las decisiones de inversión expresan niveles de confianza en la continuidad de esos procesos de expansión económica y en la posibilidad de concreción de las ganancias esperadas. En un contexto de incertidumbre y dudas acerca de la continuidad y sustentabilidad del proceso de crecimiento, no registraríamos los más altos niveles de inversión productiva de la historia del país. Además, la conducta de los actores privados respecto a la inversión es el reflejo más claro de que los reiterados cuestionamientos acerca de la viabilidad del país quedaron en el pasado. Nadie invierte cuantiosas cifras en proyectos de riesgo si hay desconfianza respecto a la viabilidad de producir, vivir, trabajar y progresar en nuestro país. Este es un cambio muy importante que hay que entender en los fundamentos a los que hacíamos referencia. Por eso, permítaseme señalar que la percepción de que en esta situación hay una suerte de agotamiento del modelo que llevamos adelante, al menos refleja una cierta pobreza y una evaluación absolutamente equivocada de las transformaciones, procesadas y en curso, de nuestra economía. Esto en cuanto a la acumulación de capital.
El mundo del trabajo, en el estancamiento secular, también tenía sus realidades y condicionantes. El estancamiento secular fue un período caracterizado por elevados niveles de subempleo y desempleo, una creciente inadecuación de las capacidades de los trabajadores respecto a las exigencias laborales y un proceso continuo de emigración, con la consiguiente pérdida de la esperanza por parte de la población. En dicho marco, las crisis como las de 1982 y 2002 fueron períodos de intenso agravamiento de las condiciones sociales que impactaron sobre el cuadro general. Pero la realidad en el mundo del trabajo era la confirmación de la desesperanza.
El segundo eje esencial, programático y con una visión a largo plazo era asegurar que en nuestro país se podía compatibilizar el crecimiento económico con la justicia distributiva. Este es uno de los rasgos absolutamente distintivos de la estrategia de desarrollo económico y social impulsada desde el Frente Amplio y por los gobiernos que actuaron desde 2005 en adelante. La justicia distributiva puede y debe construirse de manera concomitante con la expansión de la economía. Esto tiene implicaciones en la distribución primaria de los ingresos a nivel de la producción, en la orientación de la política tributaria y en el contenido mismo de las políticas sociales que se aplican. No se pueden entender los cambios que han ocurrido en la distribución primaria del ingreso, no se puede comprender la orientación de la política tributaria ni tampoco la orientación de la política social si no se entiende como un esfuerzo programático, expreso, de compatibilizar la expansión económica con la justicia distributiva. Hasta el año 2005 el diagnóstico conservador predominante sostenía que para superar el estancamiento era necesario resolver la pugna distributiva en contra de los trabajadores. El diagnóstico prevaleciente fue que los trabajadores debían esperar que se produjera el crecimiento económico para, sobre esta base y condición, recuperar empleo e ingreso. Se asistió así a un prolongado proceso de deterioro tendencial de los indicadores distributivos en el país, independientemente de los cortos o largos períodos de crecimiento que ocurrieron en los cincuenta años a que estoy haciendo referencia.
Permítaseme decir que la crisis de 2002 no agravó los indicadores distributivos que tendencialmente se deterioraban año tras año. Esta crisis aumentó los niveles de pobreza y pobreza extrema a niveles sin precedentes, pero no tuvo un efecto tan significativo como lo tuvo la continuidad de esquemas conceptuales que no entendían la compatibilidad entre expansión económica y justicia distributiva. En el año 2004, cuatro de cada diez uruguayos vivían en hogares pobres y cinco de cada cien, en hogares extremadamente pobres, en la indigencia. Como la pobreza suele tener el rostro de los más débiles, la incidencia de la pobreza en los menores de 14 años había alcanzado a seis de cada diez niños de nuestro país. Por lo tanto, en 2004 la pobreza había alcanzado a la mayoría de los niños que nacían en nuestro país. Como contracara del estancamiento descrito anteriormente y en lo que corresponde al campo laboral, en los últimos ocho años hemos asistido a un aumento sin precedentes del empleo, se alcanzaron mínimos históricos de desempleo que, planteados un tiempo atrás –esto es importante para caracterizar los fundamentos actuales–, llevarían a decir que los niveles actuales de desempleo corresponderían a una suerte de pleno empleo y, por lo tanto, a que estamos en unas condiciones tales que los problemas más graves que ocasiona el desempleo en una sociedad, en términos de justicia y eficiencia, no estarían presentes. Hemos asistido, además, a procesos de capacitación de los trabajadores y a una adecuación de las condiciones del mercado laboral. Asimismo, se revierte el flujo migratorio; este es un cambio radical.
En este contexto y a partir de la acción de los trabajadores en un momento de dinamismo y transformaciones económicas e institucionales, los ingresos salariales de los hogares han representado la principal polea de trasmisión del progreso y la manifestación en el plano social del dinamismo económico. El crecimiento del salario real puede atribuirse al dinamismo de la actividad económica, puede estar vinculado al crecimiento de los salarios nominales, asociado a una política impulsada por el Gobierno y a un tratamiento preferencial de los sectores de menores ingresos. Pero en cualquier caso, el crecimiento del salario real es esencial para que los cambios distributivos que están ocurriendo en el país tengan persistencia, durabilidad y, por lo tanto, no sean un hecho transitorio. Si estamos tratando, señor Presidente, de identificar aspectos profundos de las transformaciones que han ocurrido, este es un dato absolutamente fundamental para entender el impacto distributivo de lo que está sucediendo.
Considerando el conjunto de los ingresos generados y distribuidos, el Índice de Gini, que es el indicador más utilizado para medir la desigualdad –no digo que sea el mejor ni el único– ha registrado una mejora sistemática durante los últimos seis años. Para 2012 todavía no han sido publicados los datos, pero vamos a manejar cifras de estimaciones propias del Ministerio de Economía y Finanzas. Este indicador, en los últimos años, ha mejorado de manera sistemática y previsiblemente, cuando se conozcan los datos del procesamiento de la encuesta de hogares del año 2012, habremos asistido al nivel más bajo de este indicador y, por lo tanto, a la mayor justicia distributiva de nuestra historia desde que se realizan relevamientos de encuestas de hogares. Pasaremos a ser el país de América Latina, ya no sólo con mejor distribución del ingreso sino, además, el que más ha progresado en los últimos seis años. El crecimiento económico y la justicia distributiva pueden ir juntos. Los países que tienen las mismas preocupaciones que nosotros en materia distributiva han prosperado, pero nosotros hemos progresado más.
Con relación a la pobreza, que en 2004 había trepado al 40%, empezó a descender sistemáticamente. Estimamos que en el año 2012 se va a ubicar en el entorno del 13% de los uruguayos, y no con respecto a la información del número de hogares, que es mucho menor –probablemente se encuentre cercana al 8%–, ya que lo importante no es el número de hogares sino la cantidad de uruguayos que viven en ellos. Asimismo, se habrá reducido el impacto de la indigencia de aquel casi 5% que alcanzaba en el año 2004 a un 0,5% o 0,6% para el año 2012.
Señor Presidente: estos indicadores en sí mismos reflejan cambios profundos que están ocurriendo en las condiciones de vida de la población, en las oportunidades de los uruguayos en el mundo del trabajo y en aspectos que van a hacer, sin lugar a dudas, a la productividad de nuestros ciudadanos en el futuro. Obviamente, el Frente Amplio siempre ha creído que estos cambios podían ocurrir sobre un telón de fondo muy especial. Así como había cambios de magnitud en la producción y en la acumulación de capital, tenían que darse cambios productivos de significación. Tenía que ocurrir un cambio productivo estructural. Dicho cambio hoy está en proceso, está en curso; aunque ese no es el objeto de esta interpelación, quisiera dejar material para ser distribuido entre todos los señores Senadores de un trabajo que hemos realizado y que el miembro interpelante mencionó en su intervención. Se trata de un trabajo que expusimos y entregamos, en primer lugar, al PIT-CNT, en ocasión de una visita del Gobierno a la sede de esa central sindical, y después lo presentamos en una conferencia habitual de fin de año. El tema es “Desarrollo Productivo, Política Económica y Equidad. Los desafíos del cambio estructural”. Este trabajo al que se hizo una referencia inadecuada, trató de ser un aporte para entender la magnitud y la significación de los cambios que están ocurriendo en la matriz productiva del país. No se trató de dar un mensaje positivo ni de decir que esa era la base sobre la cual despreocuparnos de la macroeconomía; jamás se pensó en eso. Cuando hacemos un trabajo o aportamos información y análisis riguroso, sólido, consistente, nunca lo hacemos para tapar algún problema ni para evitar su consideración. Creo que es un aporte del equipo de conducción económica del Ministerio de Economía y Finanzas el que se brinde un análisis serio para que pueda discutirse políticamente, y para entender la naturaleza de las transformaciones productivas, que hacen que la visión que se tenía sobre algunos aspectos vinculados a las perspectivas de crecimiento y a la justicia social en el Uruguay hoy carezcan de actualidad. Este es un cambio muy significativo.
Señor Presidente: no solo ofrecemos este trabajo para que pueda ser parte del análisis de cada uno de los legisladores –desde hace meses está publicado en la página web del Ministerio de Economía y Finanzas–, sino que también estamos dispuestos a entablar una discusión abierta en el Parlamento sobre el cambio estructural productivo, en la que podamos exponer y discutir sobre los aspectos de fondo de la estructura productiva. Pero de ninguna manera es posible sostener niveles de crecimiento potencial del 4% sin los niveles de inversión productiva que existen actualmente y sin el fortalecimiento de los sectores competitivos que se ha producido detrás de eso. ¡No serían explicables, señor Presidente! Con la estructura tradicional, la estructura económica obsoleta del estancamiento y los efímeros procesos de crecimiento que tuvimos en el pasado, no sería posible explicar la naturaleza y la magnitud de las transformaciones que están ocurriendo a nivel de quienes toman decisiones de inversión, sobre la tecnología, sobre del proceso productivo y en las personas que hoy están trabajando en los distintos sectores de nuestra economía.
Obviamente, estos elementos programáticos de largo plazo, que hacen a las transformaciones que están ocurriendo, en la visión de gobierno convivieron y conviven con una adaptación, naturalmente tomando en cuenta los desafíos y las urgencias que plantearon y plantean las circunstancias históricas específicas. Es indudable, señor Presidente, que el telón de fondo de la crisis económica y social del año 2002, que afectaba al país al inicio de la Administración del compañero Tabaré Vázquez, condicionó la orientación del plan de gobierno, ya que este debió asumir el compromiso de la reducción de un conjunto de vulnerabilidades que afectaban a la sociedad y al funcionamiento de la economía, y que no tenían directa relación con los problemas estructurales. Este aspecto también tuvo que ser tenido en cuenta. Se jerarquizaron los problemas en virtud de una herencia de la que se tuvo que hacer cargo, que condicionó el plan de gobierno y decidió la agenda con la que llegamos hasta aquí.
Del análisis de estos factores no puede separarse el hecho de que hoy hayan surgido otros temas de agenda, y si aquellos aún estuvieran presentes, difícilmente estaríamos discutiendo de la forma en que hoy lo estamos haciendo. Obviamente, en aquellas circunstancias tuvimos que dar respuesta a la emergencia social y atender, de manera prioritaria, a los colectivos más vulnerables de la sociedad. Hubo que asumir objetivos explícitos en términos de abatimiento de pobreza y de pobreza extrema; tuvimos que hacerlo, porque era una cuestión de sensibilidad política la atención de problemas que estaban afectando a la mayoría de los uruguayos. ¡Claro que hubo que compatibilizar el cumplimiento de las obligaciones financieras –resultado del endeudamiento público y de la carga del servicio–, con la recuperación del empleo, de los salarios y con la mejora de las condiciones de vida de la población! ¿Alguien puede pensar que habrían ocurrido estos cambios distributivos si no hubiésemos restablecido la negociación colectiva, si no hubiésemos devuelto a los trabajadores un rol protagónico en el ámbito de la negociación? ¿Podría haberse dado esa transformación, ese crecimiento y la forma de justicia distributiva que el plan de gobierno ha asumido si esto no hubiera ocurrido? Seguramente, no. Pero estos eran los desafíos impuestos por la realidad, en esa visión tradicional de la izquierda de tener un proyecto de largo plazo, pero al mismo tiempo ser sensible y serio para atender los problemas de la coyuntura. Hoy, es igual.
SEÑOR ABREU.- ¡No apoyado!
SEÑOR MINISTRO.- Reitero: hoy, es igual.
Hubo que diseñar –luego profundizaremos sobre estos temas– un nuevo marco de políticas para el sector financiero, bancario y no bancario, impulsando reformas y transformaciones tanto en la banca pública como en los mercados financieros privados. Se tuvo que instaurar un marco macroeconómico coherente y sustentable en lo fiscal, en lo monetario y en lo financiero. El país carecía de un marco macroeconómico que asegurara la coherencia, la consistencia y la sustentabilidad del conjunto de políticas macroeconómicas.
Más adelante profundizaremos en este tema, porque hace a la discusión actual sobre la coherencia, la consistencia y la sustentabilidad del marco de políticas macroeconómicas.
Asimismo, hubo que hacer un conjunto de reformas institucionales, que no tienen que ver con la agenda histórica, sino con las exigencias de un país y de una sociedad que comenzaba a necesitar que se destrabaran los factores que habían obstaculizado su progreso en el pasado.
Señor Presidente: estas referencias no hacen otra cosa que sentar las bases para entender la forma en que nuestra visión estratégica en materia económica ha estado inspirando las decisiones y orientando la gestión de gobierno desde el año 2005 hasta la fecha. Estas transformaciones están o no relacionadas con las condiciones externas favorables. Es muy importante que, a la luz de los acontecimientos, las transformaciones y las nuevas realidades que imperan en nuestro país, se discuta en qué medida las condiciones externas favorables son la explicación de esto.
Pretendo realizar un análisis detenido, minucioso y cuidadoso de la forma en que han operado las condiciones externas durante los últimos ocho años. Comienzo planteando que en este período la economía mundial ha experimentado tasas de crecimiento altas, pero más moderadas que en muchos otros períodos de nuestra historia en el transcurso de estos cincuenta y cinco o sesenta años a los que hacemos referencia. Recordemos que los años sesenta y setenta fueron de altísimo crecimiento en la economía mundial, de la cual quedamos marginados. El declive uruguayo fue el resultado de que otros hicieron mejor o hicieron algo que nosotros no hicimos. En múltiples ocasiones, Uruguay ha perdido posiciones económicas a nivel internacional en momentos de crecimiento significativo de la economía mundial. En lo que refiere al crecimiento económico, muchas veces hemos perdido oportunidades tanto o más propicias que las que hemos tenido en estos años.
Permítaseme, señor Presidente, hacer tres afirmaciones y extraer una conclusión sobre lo expuesto. Las tres afirmaciones son fácticas y ayudan a comprender cómo el contexto internacional no ayuda a entender por qué el Uruguay ha tenido el conjunto de transformaciones a largo plazo a las que hice referencia anteriormente.
En estos últimos años el Uruguay ha crecido a tasas anuales tres veces superiores a las de las naciones industrializadas. Es la primera vez que acortamos la brecha con el mundo que se nos alejó, con el cual nos relacionamos históricamente en términos de declive. Esto demuestra que nuestra performance con respecto a los más exitosos ha sido mucho mejor que la que nos alejó de esas realidades.
Asimismo, quiero hacer dos afirmaciones fácticas con datos tomados de la realidad. Año tras año, Uruguay ha crecido sistemáticamente por encima de los países de la región latinoamericana. Eso quiere decir que algo diferente debe haber habido, porque si el contexto y las condiciones de crecimiento eran similares, se debe reconocer algún hecho diferencial que no se puede explicar absolutamente por ninguna mecánica física. Al parecer, existirían mecánicas físicas en las que los hechos ocurren y lo único que nosotros hacemos es adaptarnos a ellos. Discrepo totalmente con ello, ya no en términos de mi responsabilidad política ni de mi formación profesional, sino en términos de actitud de vida.
Cabe mencionar que uno se relaciona con el crecimiento externo a través de la relación con sus socios comerciales, y Uruguay creció más que sus socios comerciales.
Permítaseme extraer una conclusión sobre este primer elemento del marco externo: en esta oportunidad, señor Presidente, hemos logrado vencer el estigma de tener siempre magros crecimientos cuando la economía mundial se expandía. Eso es lo que indican estas cifras.
Segunda dimensión. Suele decirse –voy a establecerlo como una proposición que da marco a estas condiciones externas favorables que, según dicen, han estado explicando de manera significativa lo que ha ocurrido en nuestro país– que los términos de intercambio han mejorado considerablemente para el conjunto de países de la región. Voy a tomar datos de la Cepal, que se manejan públicamente desde el año 2000 a la fecha.
Permítaseme decir lo siguiente. Cuatro países de la región –Chile, Colombia, Brasil y Perú– que han tenido buenos desempeños económicos en los últimos años, en este período registraron mejoras de entre 40 y 65 puntos en los términos de intercambio respecto al año 2000. Esto es de una enorme significación. En el año 2012, Uruguay tuvo términos de intercambio más bajos que los de los años 2000, 2001, 2002 y 2003; pero desde 2007 a la fecha, Uruguay es el país de la región con mayor mejora en los términos de intercambio.
Señor Presidente: la conclusión que extraigo a la luz de estos datos de la realidad es la siguiente. La dinámica productiva y el crecimiento económico uruguayo no pueden ser explicados, como en otros lugares, por la simple mejora de los términos de intercambio. Esto es así por la sencilla razón de que no ocurrió y las mejoras de bienestar en el Uruguay no están vinculadas a estos acontecimientos.
Atribuyendo un tercer componente al aspecto relativo a las condiciones externas, voy a plantear otra proposición que pretendo enunciar y discutir a partir de datos de la realidad. El auge de los precios de los commodities de exportación es el responsable esencial del proceso de crecimiento reciente de la economía regional, y de la uruguaya, en particular. Desde una perspectiva histórica, los precios de los commodities no petroleros son bajos. Esta es una perspectiva a largo plazo; no pretendo que sea asumida porque, en el medio, se podrían dar muchas explicaciones.
El reciente crecimiento de los precios favoreció de manera fundamental –es importante tener en cuenta esto para no utilizar información que informa poco o mal–a los productos mineros y energéticos. La mejora es mucho menor en los productos agrícolas y alimenticios; ella existe pero es mucho menor. Por lo tanto, si a todos los afectó positivamente, a nosotros nos tuvo que haber afectado menos, porque no tenemos ese tipo de exportaciones. Además, a la hora de analizar las cifras fiscales, téngase en cuenta que cuando se analizan las de algunos de los países que mencioné con mejora en los términos de intercambio, hay una apropiación íntegra por parte del sector público de toda la renta generada por esa mejora. En Uruguay no hay de eso; hay trabajo y esfuerzo humano, inversión y mejoras que tienen que ver con lo que hacemos los uruguayos y no con ese mecanicismo que parece decir que las condiciones externas en el Uruguay son solo propicias para generar renta. Eso no es cierto, señor Presidente.
Permítaseme agregar más información. El precio de los productos de la agricultura de los países de clima templado como Uruguay –esto es, los precios de exportación uruguayos–, en 2010 fueron 4% más bajos que el promedio de la década del setenta. Y que yo sepa en la década del setenta no se explicaba lo que había pasado en nuestra economía por estos factores.
La conclusión que extraigo de esto es que los precios de los commodities de exportación no pueden explicar por sí solos el proceso de crecimiento uruguayo; no alcanzan a explicarlo.
Voy a hacer un comentario que estoy seguro despejará toda duda conceptual respecto a este punto. Téngase en cuenta que el sector agropecuario ha crecido en estos últimos ocho años por debajo del crecimiento global de la economía. ¿Cómo puede ser que algo que no crece en términos físicos y que no tiene mejoras en términos de intercambio, sea la explicación del crecimiento del 5,8% anual promedio, cuando en ese mismo período creció menos? Aclaro que me estoy basando en las estadísticas de contabilidad nacional que maneja el Banco Central del Uruguay.
Se dice –esta es una cuarta proposición vinculada a los factores externos– que los países de la región se han visto favorecidos por la abundancia de flujos de inversión extranjera directa y que todos nuestros países estarían bendecidos porque ahora los capitales deciden venir a ellos. En primer lugar, debemos decir que el aprovechamiento de la inversión extranjera directa ha sido muy desigual entre los países de la región latinoamericana; no se trata de que vaya a cualquier lado ni a realizar cualquier aporte. El Uruguay ha sido uno de los dos países que más ha captado inversión extranjera directa, representando entre cuatro y seis puntos del PIB en los últimos años. Créanme que los factores que explican la capacidad diferencial para captar inversión extranjera directa son cuatro y están bien mencionados y son bien conocidos: la estabilidad económica y previsibilidad de la economía; la calidad de las instituciones –tanto las jurídicas como las económicas, así como el funcionamiento de la toma de decisiones por parte de los actores públicos relevantes–; los sistemas de incentivos a la inversión y lo que ocurre en el ambiente en el que se desarrollan los negocios. Créanme que todos estos aspectos tienen que ver, no con algo que está fuera de nuestro control, sino con nuestra construcción.
Como dije, la inversión extranjera captada por Uruguay tiene algunos componentes diferentes, entre ellos, un alto componente de inversiones en nuevos proyectos y nuevas capacidades; ella misma ha generado nuevas capacidades y ha tenido un sesgo –permítaseme reafirmar esto– muy importante hacia el sector competitivo exportador de bienes y servicios. Por eso, esa inversión es parte del cambio estructural. Muchos de los proyectos de inversión extranjera directa aportaron innovaciones, mejoras tecnológicas y avances sustantivos en materia de productividad; en Uruguay, en particular, contribuyeron con un aporte al cambio estructural. La inversión extranjera directa en Uruguay –permítanme reafirmarlo nuevamente para evitar las posibles dudas de interpretación que luego se puedan presentar sobre equilibrios macroeconómicos– ha financiado con creces el resultado deficitario de la cuenta corriente. Este es un hecho inédito en la historia de los registros de Balanza de Pagos en el país.
Permítaseme extraer de todo esto dos conclusiones.
En primer lugar, que la inversión extranjera directa ha hecho un aporte significativo al crecimiento productivo, pero ella representa solo una pequeña fracción de la formación bruta de capital fijo a la que hice referencia anteriormente. El hecho de atribuirle a este factor un papel sobredimensionado en términos de soporte, sería absolutamente errado e implicaría no entender lo que dicen las cifras.
En segundo término, la captación de inversión extranjera directa por parte de Uruguay ha sido posible por el marco de políticas aplicado en nuestro país. Solo si se da cuenta de esto se puede entender la capacidad actual –en comparación con otros períodos y países– de captación de inversión extranjera directa.
Un quinto aspecto o proposición que tiene que ver con el marco internacional y su evaluación en términos de carácter favorable o no favorable, es el siguiente. Los países altamente endeudados –como era el Uruguay de 2005–, se vieron beneficiados por la reducción de las tasas de interés internacionales. Este ha sido, básicamente, otro factor externo que contribuyó significativamente al desarrollo nacional.
Señor Presidente: debe tenerse en cuenta que la reducción de las tasas de endeudamiento que Uruguay ha tomado, se explica solo parcialmente por lo que ocurrió en los mercados internacionales. Casi la mitad de la reducción de las tasas de endeudamiento se explica por la reducción del riesgo país específico de Uruguay. Esto es construcción y trabajo que se ha realizado en nuestro país; no depende de nada que se haga afuera, en el mundo, sino de nuestras decisiones.
La conclusión que extraigo de estos hechos es que Uruguay ha aprovechado el contexto de bajas tasas para mejorar la estructura del endeudamiento público.
Permítaseme agregar a esto un comentario que considero que importa bastante: las bajas tasas de interés internacionales han generado problemas y costos importantes para nuestro país. Dista mucho de una lectura simplista que la baja de las tasas internacionales nos haya beneficiado como deudor y que ese sea el elemento esencial que configura un dato relevante para entender lo que ha ocurrido productiva y financieramente en el país. Téngase en cuenta que las bajas tasas de interés internacionales, que están fuera de nuestro control, han fomentado el ingreso de capitales y han generado presiones a la apreciación de nuestra moneda. ¡Vaya si hemos hablado en esta sesión –y seguramente seguiremos hablando– de las presiones a la apreciación de nuestra moneda!
Permítame hacer un comentario, señor Presidente. Las presiones a la apreciación de las monedas en los países de América Latina han ocurrido de manera intensa y sistemática en países con posiciones fiscales más sólidas que las nuestras y a veces hasta con más intensidad que aquí. Entonces, asimilar el problema de las presiones de la apreciación con algo que está directamente vinculado a la política fiscal es una exageración, y es desmentido por lo que ocurre en países con conducciones políticas muy serias como Chile, Colombia y Perú. ¡Vaya si en la última reunión de la Asamblea del BID escuchamos a los Ministros de esos países plantear los mismos problemas y dilemas que tenemos nosotros, en términos de lo que ocurre con las presiones a la apreciación de las monedas nacionales! Obviamente, esta situación genera presiones inflacionarias y, a la luz de lo que ha sido nuestra reacción en materia de política económica –de la que hablaremos más adelante–, nos ha hecho acumular reservas líquidas de baja rentabilidad, lo que fue una decisión de Gobierno. Desde el punto de vista financiero y fiscal, hemos acumulado reservas por encima de lo que eran nuestros deseos, pero entendimos que debíamos hacerlo para realizar un aporte a la sustentabilidad y a la calidad del proceso económico de crecimiento, así como al funcionamiento equilibrado y normal de la economía uruguaya.
Y si vamos a discutir sobre esto, vamos a discutir en profundidad, porque este es un costo fiscal y parafiscal asumido por el país para protegernos de presiones de apreciación mucho más severas. No quiero hacer ningún razonamiento contrafáctico, porque creo que lo mejor que podemos hacer en esta instancia es no recurrir demasiado a este tipo de elementos. Pero, si no hubiera existido la actitud, la predisposición y la decisión del Gobierno de actuar como lo ha hecho, acumulando reservas, estaríamos discutiendo sobre los temas de competitividad de otra manera. Y no digo más, señor Presidente, porque a buen entendedor sobran las palabras.
Para descalificar el argumento de que la situación económica del país en estos años es atribuible a factores externos –eso que llaman viento de cola–, hay que agregar a todo lo que dije –que creo que ya enterraría la visión de viento de cola favorable–, siete elementos más que solamente voy a listar, sin extenderme sobre ellos. Tenemos una fuerte depreciación del dólar y del euro a nivel internacional, lo que produce su propio efecto; una crisis internacional de enorme significación durante los años 2008 y 2009 –por lo que se dice parecería que el mundo solo creció en esos años–; una crisis económica y financiera de envergadura en la zona euro, instalada desde hace dos años; trabas y distorsiones al comercio bilateral regional, fundamentalmente con Argentina, sobre las cuales seguramente podemos explayarnos; dificultades de acceso a muchos mercados internacionales con nuestros principales productos de exportación; débil crecimiento de las economías vecinas –aunque se habla como si Argentina y Brasil estuvieran florecientes en materia de crecimiento económico–, y magras tasas de crecimiento y perspectiva en el mundo desarrollado. Listo estos elementos, señor Presidente, porque me parece que en esta interpelación hay que configurar datos que nos ayuden a no usar conceptos que no son pertinentes.
Uruguay no tuvo ni tiene circunstancias externas favorables que hayan sido capaces de explicar por sí solas lo ocurrido. Para poder explicar la trayectoria reciente de la economía uruguaya y dar cuenta de la expansión económica, ha importado e importa lo que hicimos y estamos haciendo los uruguayos.
Debemos desterrar –y para eso espero haber ayudado con estos elementos– la idea paralizante que plantea que lo que hacemos nosotros no importa y que todo lo bueno y todo lo malo viene de afuera. Creo que si algo ha quedado claro –y ahí sí podemos discutir del pasado, del presente y del futuro– es que debemos desterrar la idea de que los uruguayos no somos responsables de haber construido, entre todos, este escenario que ha marcado la superación de problemas estructurales tan importantes que afectaron al país por décadas.
Habiendo tratado de hacer un aporte analítico a través de estos datos, en términos de entender cómo ha operado y opera el contexto externo, permítanme referirme a un tema que es muy importante para entender y analizar los indicadores que forman la parte medular de las preguntas del señor Senador convocante: estoy hablando de la gestación de márgenes de maniobra.
Voy a comenzar diciendo que la generación de márgenes de maniobra ha sido un aporte estratégico y específico de la política económica y financiera, a la sustentabilidad del proceso de transformaciones que el país ha tenido. ¿En qué consiste el proceso de gestación de márgenes de maniobra? ¿Cómo se han gestado? ¿Cómo hemos sido protagonistas en la constitución de los mismos? En primer lugar, para un país con una realidad económica, financiera y fiscal como la que teníamos, la reducción de la deuda y del servicio de la deuda era esencial. No existía la posibilidad de generar márgenes de maniobra si no se producía una reducción drástica y significativa en los niveles de deuda, que eran abultados, al igual que su servicio. Por tanto, tuvimos que abocarnos a gestar esos márgenes de maniobra. Pero, además, hubo que abocarse a reducir algunos riesgos financieros específicos. Había que mitigar el riesgo de refinanciación y el riesgo cambiario en la estructura de la deuda, porque no alcanza con mirar el indicador de deuda bruta y deuda neta, o el indicador de peso del servicio de la deuda, para entender el trabajo realizado.
Permítanme aportar algunos datos para entender lo que hemos construido en términos de mitigación de riesgo de refinanciación; riesgo que es muy importante. En esto, voy a ser preciso. Las condiciones financieras que encontró Uruguay a principios de 2005, que marcaron el inicio de la administración del compañero Tabaré Vázquez en el Gobierno, estuvieron pautadas por restricciones severas de acceso al financiamiento. Quiero recordar un aspecto que es importante, y es que el crecimiento económico en el primer trimestre de 2005 fue cero. El señor Presidente recordará que en el mes de abril, sin tener sellado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, hicimos nuestro primer intento de acceso a los mercados financieros internacionales para obtener financiamiento, pero hubo que cancelar la operación porque no teníamos las condiciones para hacerlo. O sea: llegamos en condiciones de estrés financiero y de riesgo de refinanciación inmensos. Esa es la verdad. Hoy tenemos activos líquidos en poder del Gobierno por 2,8 puntos del PIB y créditos contingentes por 4,1% del PIB, lo que suma casi 7 puntos del PIB de liquidez específica. Para entender cómo se construyen los márgenes de maniobra diré que los créditos contingentes reducen el riesgo de refinanciación de manera absolutamente crucial
Y quiero decir en qué consisten los vencimientos de corto plazo de Uruguay, porque el riesgo de refinanciación está relacionado con los vencimientos de deuda que podamos tener. Para 2013 es de 1,3 puntos del PIB; para 2014, de 1,5 puntos del PIB, y para 2015, de 2,2 puntos del PIB, pero tenemos una liquidez de 7 puntos del PIB. Cuando llegamos al Gobierno, la vida promedio de la deuda era de entre 6 y 7 años, y hoy se sitúa entre 11 y 12 años.
En lo que tiene que ver con indicadores de riesgo cambiario en nuestro endeudamiento, puedo decir que la deuda del Gobierno central en moneda nacional oscila, en la actualidad, entre el 55% y el 56%. O sea que ya cumplimos más que el objetivo que nos habíamos trazado para este período de Gobierno en materia de desdolarización de la deuda pública.
Ahora bien, la mitigación de estos riesgos tiene costos. Algo muy interesante de analizar es que cuando uno encubre en los indicadores los valores de los riesgos implícitos, ello confunde de una manera considerable. Entonces, explicitemos en términos actuales los costos y los valores de lo que ha sido el proceso de mitigación de costos en Uruguay.
El costo de mantener activos líquidos depende –este es un aspecto técnico– de diferenciar entre la tasa a la que nos endeudamos –me refiero al sector público–, que ha mejorado mucho, y la tasa de rentabilidad que sacamos a esos activos, que está dada y es exógena. En realidad, no podemos actuar sobre la tasa de rentabilidad de los activos, porque está definida por la calidad de los papeles en los que se pueden invertir esos activos y por las decisiones de política monetaria de los países que fijan los valores de esos activos. Nosotros hoy tenemos una tasa de endeudamiento considerablemente superior a la tasa de rendimiento de los activos líquidos, y esto se ve agravado por decisiones propias, porque parte del financiamiento lo hicimos en moneda nacional y a plazos más elevados, lo que implica pagar más tasas de interés, mientras la tasa de rentabilidad está dada.
Quisiera aportar algunos datos para entender qué representa esto en dinero, en el esfuerzo de la sociedad, en la defensa de los equilibrios y de la sustentabilidad del proceso de crecimiento, y en el no surgimiento de desequilibrios macroeconómicos significativos.
Si comparamos el año 2000 con el año 2012 –sin hacer referencia al período de la crisis, sino antes, cuando todo parecía color de rosa según algunos discursos–, observamos que la tasa de los Títulos del Tesoro americano a diez años, antes era de 6% y hoy es de 1,80%. A su vez, el riesgo país de Uruguay rondaba los 550 puntos básicos entre 2003 y 2004, y hoy está en 171. Quiere decir que la caída es muy importante tanto en la tasa internacional como en la mitigación del riesgo.
Sin embargo, hemos construido condiciones financieras costosas, y podemos explicitar cuál es ese costo. Se paga una tasa mayor por la decisión de extender plazos e incrementar la deuda en moneda nacional. No es posible mitigar el costo de mantener activos líquidos, ya que su tasa de rentabilidad se encuentra dada, y nada podemos hacer con eso. El costo estimado de esta política tiene que ver con explicitar y aceptar un resultado fiscal que es 1,1% del PIB peor para mitigar este riesgo. Si nosotros hubiéramos mantenido la misma proporción de deuda en moneda extranjera en lugar de tomar la decisión de absorber los costos cambiarios, tendríamos menor deuda; si hubiéramos decidido no realizar esta política precautoria, tendríamos un déficit de 1,1% del PIB menos. O sea, cuando analizamos las cifras debemos tener en cuenta esto.
Aquí deseo hacer una pregunta que es abierta, ya que yo no tengo respuesta para la misma. Las bajas tasas de interés internacionales que explican esto, ¿son un acontecimiento permanente, duradero y de largo plazo, o vamos a asistir a una reversión de las mismas? Si este no es un acontecimiento permanente, hay que asumir y aceptar este costo, porque es sano hacerlo para evitar males macroeconómicos mayores. De lo contrario, hay que cambiar la política fiscal, pues estamos trabajando con indicadores de riesgo totalmente distintos a los que debemos tener. Si vamos a vivir en un mundo con tasas de interés internacionales cero, hay que tomar decisiones completamente diferentes en materia de política fiscal. Es importante explicitar cuando algo no se sabe. Si alguien sabe cuánto van a durar las tasas de interés en niveles cercanos a cero en las principales naciones industrializadas que definen las tasas de rendimiento de nuestros activos, le agradecería que nos lo dijera.
Es importante cuantificar el costo de mitigación del riesgo cambiario. Permítaseme entonces compartir un indicador que va a ser claro y nítido para entender la magnitud y en qué consiste la significación del proceso de mitigación del riesgo cambiario en el endeudamiento público uruguayo. De haberse mantenido la deuda dolarizada tal como la recibimos, o como era en el 2000 –para no hablar del 2004–, el ratio deuda PIB alcanzaría, no sus niveles actuales, sino ocho puntos porcentuales menos. O sea, el costo de la decisión de pesificar e incluir en los indicadores de deuda es ocho puntos superior, pero hemos desplegado una política de desdolarización. Ese costo existía, pero estaba encubierto en la dolarización. Por supuesto que estuvo encubierto hasta que apareció, y no quiero ni hablar de cómo apareció, de la significación que tuvo y de las consecuencias económicas y sociales que tuvimos que enfrentar todos los uruguayos. Se nos decía que teníamos una deuda neta respecto al PIB de 20 o 25 puntos y, en realidad, encubríamos una bomba de tiempo de relojería perfectamente diseñada, que era un riesgo cambiario que en el momento que explotó causó enormes daños a la economía, a la sociedad y al sistema financiero uruguayo.
Pero ese no es el tema que hoy nos atañe. Lo que sí es importante es cuantificar esto. Si hubiéramos mantenido la deuda dolarizada, hoy tendríamos una deuda neta de menos de 20 puntos del PIB, es decir que tendríamos el menor nivel de deuda neta uruguaya de toda la historia que conocemos, y aclaro que me refiero a cifras de los niveles de emisión de deuda pública que ocurren en las condiciones que hay desde las últimas tres o cuatro décadas.
Esto significa cosas importantes en términos de lo que ha sido la gestación de márgenes de maniobra. Hoy no sólo tenemos condiciones de liquidez y de acceso al financiamiento formidablemente sólidos, sino que además hay una lectura afinada, cuidadosa de los indicadores de riesgo emergentes de la deuda y una situación mucho más confortable en lo financiero y en lo fiscal que lo que se tuvo en el pasado.
Haciendo referencia a la generación de márgenes de maniobra, quiero mencionar al papel que ha tenido la recuperación del grado inversor, que mejora el acceso al financiamiento. Todo esto constituye un conjunto de factores que deben ser tenidos en cuenta.
Nada de lo que he dicho ha ocurrido fuera de nuestro control. Incluso, uno de los reconocimientos más generalizados, nacional e internacionalmente, tiene que ver con que todo este manejo y creación de márgenes de maniobra es uno de los grandes activos con los que el país ha construido su posibilidad de enfrentar dificultades hacia el futuro. Creo que sobre esto hay consenso. Es más, cuando se habla de la gestión de deuda, se hace referencia justamente a esto; cuando se dice que la gestión de deuda es de calidad, sólida y que ha hecho un aporte significativo, se está diciendo que se construyeron márgenes de maniobra.
La evaluación de los márgenes de maniobra debe incorporar, además, dos elementos adicionales que deben ser tenidos en cuenta. El primero de ellos tiene que ver con los niveles de inversión productiva, de acumulación de capital, y las características de la misma, pues son fundamentales para entender en qué consisten nuestros márgenes de maniobra actuales y futuros, porque sustentan y apoyan progresiones fiscales que sostienen niveles de crecimiento cercanos al 4% anual.
El segundo es más importante –aclaro que me estoy adelantando a la discusión sobre el tema fiscal–, porque lo cierto es que hoy estamos realizando inversiones en generación de energía eléctrica financiadas con el esfuerzo de todos los uruguayos a través de las empresas públicas, lo que permitirá un abatimiento del costo de generación de energía y reducirá la volatilidad del resultado fiscal, dependiendo de las condiciones climáticas. Este es un hecho que también importa a la hora de analizar los márgenes de maniobra, porque estas inversiones que hoy provocan un resultado fiscal deteriorado, son las que permitirán bajar el costo estructural.
Luego vamos a referirnos al resultado estructural fiscal, pero respecto a la constitución de los márgenes de maniobra he hecho dos aportes que pido sean tenidos en cuenta desde ya. En primer lugar, sostener altos niveles de liquidez en las actuales circunstancias es una decisión explícita del Gobierno que vale más de un punto de déficit. Esto, si es necesario, lo vamos a profundizar.
En segundo término, una parte del programa de inversiones de las empresas públicas es un gasto transitorio que abatirá costo permanente. Entonces, cuando se vaya a analizar el resultado estructural, no hay que corregir solo los ingresos por el ciclo, sino que también hay que tener una visión estratégica en términos del componente permanente o transitorio. Digo esto, porque la evaluación de componentes transitorios y permanentes dista mucho de estar fuera del campo de la incertidumbre. El problema más importante que tiene la persona que debe tomar decisiones en economía es analizar si lo que está ocurriendo es permanente o no. Entonces, desde el punto de vista cuantitativo, este es uno de los debates más importantes en la economía. Cada uno de nosotros vive tomando decisiones que están sujetas al problema de saber qué tan permanente o transitorio es lo que está ocurriendo. ¿Saben una cosa? La posibilidad de equivocarse existe. ¿Cuál ha sido la actitud prudente del Gobierno? Explicitar los costos; decir cuáles son y aclarar que los mismos hoy se administran con los márgenes de maniobra generados.
(Ocupa la Presidencia el señor Senador Solari)
–Pido a los señores Senadores que me permitan cerrar las consideraciones relativas a los márgenes de maniobra, analizando de qué forma estos coinciden con la racionalidad de las opciones asumidas por la política económica y cuál ha sido la decisión estratégica. Los márgenes de maniobra, en estas circunstancias, tienen que ser administrados con el objetivo –que no puede ser otro que uno estratégico– de fortalecer el proceso de desarrollo en curso. Los márgenes de maniobra que se guardan y conservan independientemente de una visión estratégica, tienen escaso valor social. La valoración social que hacemos explícita en este caso respecto a cómo hemos decidido utilizar los márgenes de maniobra, es para fortalecer el proceso de desarrollo en curso. Obviamente, aquí importa evaluar el carácter permanente de algunos de los componentes del gasto actuales, que están reflejados en el resultado que vamos a analizar en materia fiscal. Insisto: mantener una liquidez elevada para proteger la competitividad. Vamos a hablar claro: los elevados niveles de liquidez que estamos manteniendo y su costo deben ser imputados a la preocupación del Gobierno por las características del crecimiento y por la competitividad en nuestro país.
Entonces, si vamos a discutir sobre esta política y su costo, este último se debe imputar a la decisión de mantener equilibrios y no provocar desequilibrios. Si todo esto provoca un impacto fiscal determinado, lo que hacemos es explicitarlo, pero si no lo hiciéramos está claro que el problema existiría igual y se manifestaría de otra forma: con niveles de atraso cambiario que serían incompatibles e insostenibles para el país.
Por cierto, estamos realizando inversiones en las empresas públicas para abatir costos de generación de energía eléctrica. Pero, ¿por qué hubo que hacer este enorme esfuerzo de inversión? Porque durante mucho tiempo no hicimos nada en materia de generación, y no puede obviarse que para sostener hoy el proceso de crecimiento en el país son necesarias las inversiones que se están realizando por parte de las empresas públicas y el sector privado. Además, la señal que se da en cuanto al involucramiento de las empresas públicas en el compromiso inversor, es fundamental para que los privados entren. Creemos que llamar a los privados, sin compromiso, con el esquema institucional y la importancia que tiene en nuestro país la empresa UTE como comprador único de energía, sería simplemente absurdo y algo que en el pasado nos ha conducido a subinvertir y a tener una situación tremendamente frágil y vulnerable en materia de disponibilidad de energía eléctrica.
Permítanme agregar un elemento más, que tiene que ver con la superación del estancamiento en materia energética. Cuando llegamos al Gobierno, nos dieron una regla muy simple. Nos dijeron que todos los años el consumo de energía eléctrica crecía alrededor del 1%. Esta era una especie de comportamiento tendencial y una suerte de número mágico de programación a los efectos de nuestro trabajo. Lo que ha sucedido es que por cada punto adicional de crecimiento que ha tenido el Uruguay, las exigencias energéticas han aumentado muchísimo, y hoy es mucho más estratégico que nunca disponer de energía en cantidad, calidad y costos adecuados para el sostenimiento del crecimiento en materia productiva.
Por lo tanto, creo que estamos ante decisiones correctas, un uso de márgenes de maniobra adecuados y una visión equilibrada en términos de los objetivos y dilemas que están planteados. Está claro que no vamos a plantear las cosas si no es arbitrando entre objetivos que son contrapuestos, pero si alguien a nivel nacional o internacional –lo digo aquí en este Cuerpo– nos dice cuánto tiempo van a permanecer las políticas monetarias de los países industrializados donde están, sinceramente podría aportar decisiones de política y programación fiscal ajustadas y, quizás, diferentes a las actuales. Esto sólo sería posible si alguien me diera fechas y me pudiera asegurar qué tan transitorio o permanente es todo esto. Como vengo de participar en varias reuniones en organismos internacionales y nadie nos responde esta pregunta, creo que lo mejor es guiarnos según nuestro criterio y a nuestra manera y por lo que creemos que mejor sirve al interés de los uruguayos.
Me gustaría pasar a analizar lo que planteaba sería el punto cinco de nuestra presentación, relativo a un análisis del escenario macroeconómico previsto y observado. Cuando termine con mis comentarios, voy a entregar a los señores Senadores las hojas que he traído con los datos que voy a mencionar, para que sean tenidos en cuenta.
Hemos realizado una comparación entre las proyecciones que aportamos en ocasión de la elaboración de la Rendición de Cuentas del 2012 y lo que finalmente ocurrió, es decir, las cifras macroeconómicas que surgieron durante ese año. Quiero destacar el sorprendente alineamiento que existe entre nuestras proyecciones y los datos efectivamente de cierre de la contabilidad nacional luego del procesamiento de los indicadores. Voy a mencionar estas cifras con la intención de ilustrar sobre el tema, aunque soy consciente de que el objetivo no es avanzar mucho en datos cuantitativos que, además, son conocidos.
Dijimos que el PIB iba a crecer un 4%, y lo hizo en un 3,9%; que las importaciones de bienes y servicios lo harían en un 13,1%, y lo hicieron en un 13,6%; que la formación bruta de capital crecería un 18,7%, y lo hizo en un 19,4%; que el gasto de consumo final lo haría en un 4,9%, y lo hizo en un 6,4%; que las exportaciones de bienes y servicios aumentarían un 4%, y lo hicieron en 1,6%; que las exportaciones en dólares crecerían 7,6%, y lo hicieron 10,5%; que las exportaciones de bienes, excluido el petróleo y sus derivados, crecerían 5,3%, y crecieron un 1%; que la cuenta corriente iba a ser 3% deficitaria, y fue de 4%, según los últimos datos disponibles. También dijimos que la inflación promedio en el año –para despojarlo del dato de diciembre del que luego hablaremos– sería del 7,6%, y fue del 8,1%; que el tipo de cambio crecería 7,9%, y lo hizo en 5,2%; que el deflactor implícito del PIB sería del 7,0%, y fue 8,8%; que el Índice Medio de Salarios sería del 4,2% real, y así fue; que el Índice Medio de Salario Público sería del 3,5%, y fue de 3,4%; que el Índice Medio de Salario Privado sería del 4,7%, y finalmente terminó en ese porcentaje. A su vez, respecto al mercado de trabajo, anunciamos que la ocupación crecería 1,5%, y decreció una cifra cercana a cero, es decir, fue de menos 0,6%, y que la tasa de desempleo estaría en 5,8%, y se encuentra en un promedio de 6,1%.
La descripción del cuadro macroeconómico y este ejercicio de transparencia que acabo de hacer son posibles porque siempre hemos explicitado cuáles son nuestras proyecciones. Estos ejercicios no podían hacerse en el pasado porque no se explicitaba directamente; entonces, ¿con qué datos se iba a comparar? Se explicaban los hechos después que sucedían, y los desvíos ocurrían respecto a análisis que jamás estaban documentados más que en las Cartas de Intención con el Fondo Monetario Internacional. Allí sí que estaban documentados; se documentaban como metas y no como análisis. Acá no hay metas, sino análisis; un análisis que es útil para el sistema político, para la toma de decisiones económicas, para los profesionales de la economía y para quienes crean que tienen que estudiar estos datos.
Voy a referirme a un dato muy importante, coincidente con algunas de las apreciaciones que realizara el miembro interpelante. En lo que respecta al escenario macroeconómico y los últimos datos del cuarto trimestre del año 2012, nuestra estimación es que ya no estamos en una posición cíclica por encima de la tendencia, sino que ya no hay margen cíclico. ¿Qué significa esto? Que hoy la economía no está funcionando por encima de su comportamiento potencial. Repito: este es un dato importante. Ya no se puede argumentar que, como nos encontramos en una fase alta del ciclo, la política fiscal tiene que ser sesgada hacia un gasto menor, sino que tiene que ser la que es y la que ha sido.
Luego de hacer estas consideraciones sobre el marco macroeconómico y la comparación entre datos previstos y observados, permítaseme, señor Presidente, ahora sí, entrar en aspectos que tienen que ver con la política fiscal.
Quisiera formular un conjunto de apreciaciones iniciales que probablemente no sean demasiado relevantes para analizar los datos y la situación, pero sí para contextualizar, al menos, la toma de decisiones en materia fiscal y financiera.
La política fiscal y financiera de nuestro país y su expresión presupuestal han estado al servicio del cumplimiento del Programa de Gobierno. La referencia básica de esta política ha sido explicitada en cada una de las oportunidades en que hemos comparecido en el Parlamento y en cualquier instancia pública, comparando lo que estamos haciendo con el Programa de Gobierno.
Señor Presidente: quiero repetir que el papel fundamental de la política fiscal es asegurar la sustentabilidad de los procesos de transformación que estamos impulsando y concretando; este es el objetivo fundamental. Para esto se utilizan los márgenes de maniobra disponibles y el trabajo por su mantenimiento o, incluso, su ampliación. Lo que estamos haciendo en materia de política fiscal ha sido definido por el Gobierno en su conjunto y, por tanto, está en concordancia con el Programa del Frente Amplio, pero quiero complementarlo con una acción más: las políticas que estamos aplicando entendemos que son las que responden de mejor manera a las circunstancias y a las necesidades del país. Me parece que todas estas consideraciones importan, porque nos hacen absolutamente responsables, a quienes estamos compareciendo aquí como miembros del Gobierno, de defender y sostener no solo la compatibilidad con el Programa de Gobierno, sino también la pertinencia de lo que estamos realizando en materia de política fiscal.
Antes de analizar los datos fiscales y ayudar a entender su contenido informativo, quisiera responder a una cuestión puntual. Creo que debe haber un error de interpretación respecto a la forma en que el Gobierno ha explicitado la orientación de su política fiscal y financiera, con la que no pretendo que se esté de acuerdo. Esto lo hemos dicho en múltiples circunstancias: de todas las políticas económicas, la política fiscal es la más política de todas las políticas; es expresión de un conjunto de decisiones y de tensiones políticas. Y, por supuesto, cuando un gobierno hace suya la política fiscal, es lógico que su orientación no sea compartida por quienes no coinciden con sus objetivos políticos; esto es así, no puede ser de otra manera. Sin embargo, a veces quedo sorprendido cuando se manifiestan las cosas de otra forma, como si la política fiscal fuera una especie de política tan, tan técnica, que la despojamos completamente de la política. Como economista, estas cosas no las entiendo. Además, cuando uno se pone las vestiduras de responsable del diseño de ejecución de políticas –hace algunos años que estoy trabajando en distintas partes de este proceso–, sabe que todo aquel que crea que la política fiscal se maneja con simplicidad política y simplicidad en el manejo de los instrumentos –tal como dicen algunos analistas–, está completamente equivocado; en realidad, son los procesos más complejos de toma de decisiones que hay en el Estado y los más difíciles de dar en el ámbito político.
Un aspecto muy importante al que me quiero referir tiene que ver con una frase que fue mencionada por el miembro interpelante, en el sentido de que el Ministro tiene que estar al mando. Hay que ser muy cuidadoso con esas cuestiones, porque el Ministerio propone la política y establece los lineamientos, pero el proceso de toma de decisiones y de ejecución presupuestal tiene muchos más ingredientes –y en algunos momentos van a entender alguna de las implicaciones que esto tiene– que los simplismos, que esa sensación de que uno está en un cuadro de mando manejándolo todo. No hay Ministro, no hay Ministerio de Economía y Finanzas en el Uruguay, ni en ninguna parte del mundo, que maneje la política fiscal de esa manera. Por lo tanto, quiero despejar completamente la idea de que la política económica –y la política fiscal en particular– se puede manejar con piloto automático. El que crea que la política fiscal se maneja con piloto automático, simplemente está equivocado, y no le pido que esté de acuerdo o en desacuerdo, sino que acepte que el Ministro de Economía y Finanzas de Uruguay está a cargo de la conducción y del proceso de toma de decisiones, pero que la ejecución resultante de la política fiscal está influida por un conjunto de factores; que en el momento en que se define la política solo se tienen proyecciones, predicciones y expectativas, y que los desvíos no se corrigen como si estuviéramos en un cuadro de mando. No es así política ni técnicamente, como tampoco lo es desde el punto de vista del bienestar general, que en lo personal es lo único que me lleva a mi razonamiento.
Me aparté un poco de la línea que quería establecer, por lo que voy a regresar a ella, recordando lo siguiente: cuando hicimos la programación presupuestal, planteamos el objetivo en términos de deuda neta. En la trayectoria de la política fiscal que adjuntamos al Presupuesto Nacional en el 2010, la meta era en términos de deuda neta. Y dijimos –quiero recordarlo para que no haya confusión, aunque, obviamente, se podrá estar en desacuerdo con lo que estoy diciendo– que nuestra ancla fiscal era la trayectoria de la deuda neta –eso era lo que vertebraba la política fiscal– y que el resultado fiscal estaba deducido de esa regla fiscal explícita que, además, el Parlamento de la República aprobó, porque no solo votó la Ley de Presupuesto, sino también la Ley de Topes de Endeudamiento, que nos daba el marco en el cual ejecutar la política financiera del Gobierno. ¿Y saben una cosa? En el año 2012 se sobrecumplió –repito: se sobrecumplió– el objetivo de deuda neta, respecto a la programación presupuestal. Por tanto, podríamos decir que la política fiscal resultante, tal como fue diseñada hasta el año 2012, está acorde a lo que fue el diseño original de la política. Simplemente quiero recordar esto; aquí hay varios legisladores que integran las Comisiones de Presupuesto y de Hacienda, y podemos remitirnos a la actas de todas las comparecencias. Nunca hubo otra guía de la orientación de la política fiscal que no fuera la de endeudamiento neto. Y quiero decir que esto tenía todo un sentido. En un país altamente endeudado, la trayectoria de la deuda era lo más importante. ¿Y por qué no en términos de deuda bruta? Porque si lo hubiéramos hecho de esa manera, sería inexplicable la acumulación de activos que hemos realizado. Nos hubiéramos impedido de realizar esa acumulación de activos; tendríamos mejor resultado fiscal, sí, y una economía totalmente desequilibrada.
Esas son nuestras opciones. No pedimos que se comparta la orientación de las políticas; lo que pedimos es que se entienda la racionalidad y el ajuste a los compromisos asumidos por parte de quienes formularon la política, y no que se miren resultados e indicadores sobre los que no establecimos otra cosa que indicaciones derivadas del objetivo último, que era mantener y mitigar el riesgo más pesado que tenía Uruguay: el riesgo de endeudamiento. Creo que sobre esto hay consenso en nuestro país.
Planteados estos elementos de carácter general, pasamos a referirnos al tema de la política fiscal y sus resultados.
Ante todo, vamos a realizar algunas consideraciones iniciales.
En primer término, desde una perspectiva de largo plazo, incluso de acuerdo con los últimos datos, la política fiscal se mantiene en una posición sólida y sustentable, y creo que ningún analista ha puesto en tela de juicio esto. Les podrá gustar o no, pero no está en juego la solidez ni la sustentabilidad de la política. Quiero ser claro en esto, señor Presidente, porque me parece que una cosa es discrepar con la orientación y otra, distinta, es decir que se está fragilizando y volviéndose insustentable. Creo que esto último no ha sido dicho por nadie, y es bueno que hagamos la precisión. Respeto mucho a los analistas que advierten sobre riesgos, pero evidentemente no se animan a hablar de insustentabilidad, porque no la hay. Sobre los riesgos, es natural que todos podamos tener nuestras opiniones. Además, creo que si algo tiene la evaluación de riesgos, es que es subjetiva. El riesgo es inherentemente subjetivo. No hay riesgos objetivos; de lo contrario, no serían riesgos, sino parámetros. Al menos quienes nos formamos en economía y en finanzas sabemos que los riesgos se gestan en un contexto de incertidumbre, y que a la incertidumbre cada uno la ve de distinta manera. Insisto: hay que aceptar las perspectivas y los puntos de vista diferentes; no hay que compartirlos, pero hay que aceptarlos. La cuestión es que estén dentro de márgenes razonables.
En segundo lugar, quiero establecer que los desvíos del resultado fiscal respecto a lo programado tienen un componente transitorio importante, que voy a explicar, o bien no plantean una amenaza sobre la sustentabilidad de la deuda y, por tanto, de la política fiscal, que es la contrapartida natural de la deuda. Uruguay mantiene –y es bueno que se recuerden compromisos y menciones realizados por responsables de la política económica, tanto en instancias parlamentarias como fuera de ellas– una política fiscal y financiera prudente y muy responsable, porque la responsabilidad no está definida solo por cuánto se gasta, sino también por el enfoque estratégico que se da a algunas de las decisiones que finalmente se materializan en resultados fiscales.
Antes de pasar a evaluar con más detenimiento el resultado fiscal, voy a realizar un último comentario.
El ratio deuda neta al PIB no solo concuerda y es mejor que el que habíamos proyectado, sino que continúa bajando. Entonces, ¿cómo puede ser no sustentable algo, cuando el indicador de sustentabilidad lo único que hace es mejorar? Señor Presidente: estas cosas provocan incomprensión, al menos desde el punto de vista técnico, a quienes nos hemos formado en los rudimentos de esta disciplina, que es la economía.
Ahora vamos a analizar el gasto público en el año 2012, para poder entender el resultado fiscal.
El gasto público real, consolidado, total, creció en términos reales un 9,5% en 2012. Ahora bien, debo hacer tres depuraciones que son esenciales, señor Presidente.
En primer lugar, el gasto incluye un incremento de pago de obligaciones correspondientes a años anteriores. En el año 2011, tuvimos un resultado financiero del sector público más favorable de lo que esperábamos, y lo que hicimos fue cancelar obligaciones. Es decir que lo que se llama “deuda flotante” del Gobierno, se redujo. Esto impactó en el gasto de este año, por $ 1.000:000.000.
En segundo término, tuvimos gastos extraordinarios por $ 3.300:000.000, la mayoría de los cuales está explicado por el hecho de que el año pasado tuvimos que hacer frente a las obligaciones que el país tenía por ajustarnos a la sentencia del Tribunal Arbitral relativa a la deuda de los cuatro bancos que eran propietarios del Banco Comercial en el año 2002. Tuvimos que hacernos cargo de esto; supongo que no va a volver a ocurrir. Y hubo también gastos extraordinarios –por única vez–, de los que ya se ha hablado mucho en el Parlamento, referidos al tema Pluna.
Asimismo, ocurrió algo que sería bueno que tuviéramos en cuenta: la devolución de aportes al Fonasa por primera vez, que representó otros $ 1.000:000.000. Este fue un gasto correspondiente al año 2011, que se ejecutó en 2012, pero no es un incremento que vaya a darse nuevamente, porque ahora las devoluciones se realizan anualmente, sin problemas. Esto no estaba programado. Si uno hace esta depuración de los elementos del gasto en 2012 –y créanme los señores Senadores que cualquier analista haría estas depuraciones para interpretar las cifras fiscales de cualquier país–, llegamos a la conclusión de que el gasto creció no un 9,5%, sino un 7%.
Hablemos ahora de los ingresos.
La recaudación correspondiente al sector privado de la DGI y el BPS creció un 6% el año pasado. Esto significa que, esencialmente, el gasto permanente en Uruguay estuvo alineado con los ingresos provenientes de las dos agencias de recaudación más importantes del país. Cabe preguntarse dónde estuvo la diferencia. Sin duda, estuvo en las empresas públicas, cuyos resultados operativos –esto es importante– no solo empeoran el resultado primario, porque dan pérdidas –de las que ya hablaremos–, sino que hay un segundo elemento: no pagan los impuestos que se programaba si el resultado era normal. La pregunta es si esa situación es transitoria o permanente, y permítaseme afirmar que es absolutamente transitoria, porque aquí la responsabilidad de un deterioro de la situación de la magnitud que estamos mencionando, no hay que buscarla en resoluciones de las propias empresas, sino en decisiones del Poder Ejecutivo. Quiero ser muy preciso en esto, señor Presidente: las pérdidas ocurridas, registradas y consolidadas en el Balance de UTE responden a que tuvo costos de generación muy elevados debido a la insuficiencia de recursos hídricos, y el Gobierno le dijo a la empresa que no se podían trasladar a las tarifas. Esta es una decisión que me tocó tomar y que, tanto en aquel momento como hoy, representa mi manera de pensar. ¡Pero este es un componente transitorio! ¡Obviamente! ¡Es un componente transitorio! ¿Qué vamos a pensar? ¿Qué todos los primeros semestres de cada año ocurrirá el régimen hídrico de menor cantidad de precipitaciones desde principios del Siglo XX? No. Este año ya tenemos un régimen normal. ¡Qué mal habríamos hecho si hubiéramos corregido las pérdidas de UTE con medidas de traslado a la tarifa! ¡Se habría perjudicado a la industria, al comercio, al agro, a los hogares y a la inflación, que tanto preocupa! ¿Saben a cuánto habrían ascendido las tarifas de UTE, si las hubiéramos ajustado a mitad del año pasado, al grito de los impactos de esta situación? Se habría duplicado el costo de todos los servicios.
(Ocupa la Presidencia el señor Danilo Astori)
–Esa decisión jamás la hubiera aconsejado y creo, sinceramente, que no hay ningún analista, ningún miembro de este Cuerpo, ningún integrante del sistema político, que diga que eso es racional. Por tanto, se tiene que ver reflejado en los datos fiscales. ¡¿Dónde se va a reflejar?! ¡O se refleja en la tarifa o en los datos fiscales! No veo otra opción. Y si hay otra opinión, me interesaría conocerla, porque sería muy bueno que discutiéramos sobre inflación, sobre resultado fiscal y sobre lo que deberíamos haber hecho con la tarifa de UTE del año pasado, a la luz de posiciones diferentes.
Con respecto a Ancap, permítanme hacer dos comentarios. En primer lugar, por decisión explícita del Poder Ejecutivo y por preocupación inflacionaria –seamos precisos–, se mantuvieron las tarifas de los combustibles no alineadas con sus costos durante una parte del año pasado, y eso provocó pérdidas. También me siento responsable de esa decisión, pues, en ese caso, implicaba un subsidio implícito –aunque solo podía ser transitorio–, por lo que tratamos de aletargar y postergar la necesidad de ajustar las tarifas, protegiendo así el nivel de inflación y a los usuarios –consumidores, productores e inversores– que utilizan esos recursos o toman decisiones en base a esos recursos.
Me parece importante que quede claro este punto, señor Presidente.
Ahora bien, el resultado estructural del sector público en el año 2012 representó el 1,9% del Producto Interno Bruto. En este resultado estructural estamos incluyendo la integralidad de un punto de déficit provocado por conservar la liquidez que estamos manteniendo. Una vez más, señor Presidente: cuando el equipo económico –Banco Central y Ministerio de Economía y Finanzas– hizo las proyecciones en el año 2010, no tenía idea de que iba a ver acrecentado los niveles de liquidez del sector público. Estas son las razones por las cuales en economía no se pueden tomar decisiones en piloto automático: llegan novedades, las situaciones cambian, se presentan nuevos dilemas y se deben tomar nuevas decisiones que implican razonar sobre determinado problema. Si hubiéramos puesto piloto automático, seguramente el sector exportador tendría una actitud un poco más preocupada que la que tiene hoy respecto a los problemas de competitividad. Si hubiéramos asumido la regla fiscal que pretenden quienes no pertenecen al Gobierno, ciertamente tendríamos una realidad estructural en la economía muy deteriorada.
Coincido con el señor Senador interpelante en que el segundo semestre del año pasado –fundamentalmente el cuarto trimestre– muestra una disminución en la recaudación de la Dirección General Impositiva respecto a lo que habíamos esperado. Lo datos más recientes indican que esta situación tiende a revertirse, pero hay que admitir que es una señal de alerta. El señor Senador interpelante hace bien en plantear que aquí está ocurriendo algo nuevo, pero es necesario entender que una parte de ello responde a que en el segundo semestre del año pasado se materializaron los menores pagos de impuestos de las empresas públicas. Por supuesto, se debe prestar atención. Es más, no encontrarán dentro de los integrantes de la conducción económica a nadie que no esté de acuerdo en que estos elementos importan, y mucho.
A continuación, aportaré un conjunto relativamente limitado de números que ayuden a comprender el desvío fiscal del año pasado y esta clasificación en términos de costos fiscales permanentes y transitorios. En primer lugar, ¿a cuánto asciende el desfase en las tarifas de UTE y Ancap respecto al costo estructural? A 0,3 puntos del Producto Interno Bruto. O sea, a pesar del resultado que habíamos previsto originalmente, todavía en el año 2013 tendremos un ajuste de tarifas que no terminará de reconocer el incremento de gasto estructural; creímos que hacerlo era malo para los hogares, para la industria, para la producción, para todos, y que había que absorberlo fiscalmente.
He mencionado que, según nuestra perspectiva, vamos a tener un empeoramiento o un aumento de la carga de intereses por mantener liquidez elevada, por lo que este año le vamos a tener que sumar un 0,25% más del Producto Interno Bruto. Defendemos la idea de que esta es una buena política. Estamos convencidos; por eso, la vamos a seguir aplicando.
Tendremos tiempo de discutirlo oportunamente con los señores Senadores en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, pero quiero dar cuenta de un dato que sí habla de una nueva realidad en la ejecución presupuestal: en el año 2012 –y previsiblemente en el 2013– se producirá una mejora en los ritmos de ejecución de los distintos programas de la Administración, por la acumulación de un 0,2% no programado. Dicho de otra manera, hicimos proyecciones de ejecución con lo que creíamos que era normal, y se está ejecutando mejor de lo que esperábamos. Esta es una realidad que hay que reconocer y que forma parte del análisis. Como dije antes, en esta oportunidad nos interesaba aportar elementos de análisis, pues es lo que corresponde. Por eso, en este marco, me importa destacar que tendremos un mayor ritmo de ejecución de inversiones en las empresas públicas. Ya justifiqué que esto es estratégico –absolutamente estratégico–, en particular, en proyectos que son clave para el desarrollo productivo y para la competitividad del país. La radicación de proyectos de envergadura, intensivos, en lo energético, que no se propongan a sí mismos construir mecanismos de generación de energía eléctrica, requiere de señales claras y contundentes respecto a su generación en el país. Esto es así; tiene que ser así. Creo que todos coincidiremos en que aceptar una aceleración moderada en el ritmo de inversiones de las empresas públicas, pero que contribuya a bajar costos en el futuro, evaluando riesgos y oportunidades, es lo que cualquiera haría con los actuales márgenes de maniobra que tiene el Gobierno.
Un elemento importante, un desvío que ocurrió permanentemente y del que debemos dar cuenta, es que hubo un aumento de pasividades y prestaciones del Banco de Previsión Social por encima de lo esperado, equivalente al 0,2% del Producto Interno Bruto. ¿Por qué? Porque la ley aprobada en el Parlamento, que facilitó el acceso a las jubilaciones a quienes antes no lo tenían, subestimó la cantidad de gente que se iba a amparar en ese beneficio. Cuando uno se equivoca en una estimación, lo que tiene que hacer es explicitarlo y dar cuenta de ello. Eso es lo que estamos haciendo. Ahora bien, no se debe interpretar que detrás de eso existe descontrol. En todo caso, el descontrol es un error de estimación que cualquiera puede cometer. Alguien podría razonar de esta manera: ¡qué problema que teníamos con aquellas personas que no accedían a los beneficios que todos creíamos que debían tener, y nos terminó saliendo un poco más caro de lo que esperábamos! Ese es nuestro problema.
Respecto a la política fiscal, finalizo haciendo la siguiente consideración, que dejo planteada como una pregunta, la cual no pretendo que sea contestada aquí pero sí que se integre al debate, porque enriquece el análisis. Si he afirmado que el resultado estructural correspondiente a 2012 implica un déficit de 1,9% del Producto Interno Bruto, a la luz de varios de los comentarios que he realizado ¿qué tan estructural es este resultado?
SEÑOR BORDABERRY.- Si me permite señor Presidente, quisiera solicitar al señor Ministro que reitere la pregunta; no he podido escucharla.
SEÑOR MINISTRO.- Reitero la pregunta, señor Presidente: afirmando que el resultado estructural, con la metodología que utiliza el Ministerio de Economía y Finanzas, para el año 2012 implica un déficit de 1,9% del PIB –es 2,8% el término publicado, pero es 1,9% cuando se hacen las correcciones estructurales que cualquiera haría y que hacemos habitualmente en la programación–, ¿qué tan estructural es este resultado a la luz de algunos de los comentarios que he realizado? Pretendo haber generado la duda respecto a qué tan permanente es la política monetaria de tasas de interés reales negativas en el mundo industrializado y qué tan razonable o irrazonable es la realización de inversiones en generación de energía eléctrica que van a abaratar el costo de los usuarios en no mucho tiempo.
Me parece, señor Presidente, que es bueno que nos formulemos estas interrogantes, porque en una instancia de este tipo, además de discutir sobre lo que cada uno de nosotros piensa y opina respecto a lo que está haciendo el Gobierno, importa también que desde el Poder Ejecutivo aportemos información que sea útil para que los señores Senadores, los analistas, la ciudadanía en su conjunto, se hagan mejores preguntas que las que se están haciendo.
Si me permite, señor Presidente, quisiera agregar un elemento más: en el marco de esta discusión sobre la permanencia de los acontecimientos, la trayectoria del tipo de cambio real y si estamos en una situación sustentable o no en esta materia, pensamos que si aceptáramos la tesis de que no es sustentable, deberíamos esperar que en algún momento se revirtiera. Pues bien, ¿alguien hizo la cuenta de cuál sería la ganancia patrimonial que tendría el Banco Central del Uruguay si reajustara la totalidad de sus activos en moneda extranjera revalorados a ese tipo de cambio real nuevo?
Señores Senadores, señor Presidente: creo que estas son preguntas muy relevantes desde el punto de vista técnico, y me parece que importa integrarlas en el análisis. ¿Por qué? Porque hoy las pérdidas las estamos registrando como déficit, y cuando ocurra la reversión no las vamos a registrar como superávit. Así es la contabilidad del sector público: se registra una pérdida que es transitoria y, si un día se revierte, no será contabilizada en las cuentas públicas del país.
Simplemente quiero dejar planteada esta idea como un aporte al análisis de estas discusiones sobre tipo de cambio real, apreciación cambiaria, desfases patrimoniales, porque estamos arbitrando con una realidad muy diferente. Con seguridad el señor Presidente del Banco Central lo podrá decir con mucha más propiedad cuando se le conceda el uso de la palabra, pero quiero señalar que no podemos razonar con los esquemas de gestión patrimonial del pasado, cuando las reservas y la deuda se mantenían en moneda extranjera. Hoy el Banco Central del Uruguay es el agente más descalzado en monedas de toda la economía uruguaya, con todos sus activos en dólares, en divisas, y todos sus pasivos –los que están respondidos por sus emisiones– en moneda nacional. Creo que esto debería llevar –sobre todo a mis colegas– a una discusión un poco más analítica y profunda en términos de los efectos patrimoniales que tienen algunas de las decisiones que estamos tomando.
Señor Presidente: ahora voy a hacer una introducción al tema de la inflación, con unos primeros comentarios, y luego voy a ceder la palabra al señor Presidente del Banco Central. Aclaro que creo haber respondido –y voy a seguir respondiendo– a algunas de las preguntas que realizó el señor Senador interpelante; después de que termine su intervención el señor Presidente del Banco Central, voy a retomar la exposición para terminar los temas que me faltan y dar respuesta a todas y cada una de las preguntas que no hayan quedado respondidas en este momento.
Con respecto a la inflación, debemos decir que Uruguay ya completa ocho años –nosotros esperamos que alcance una década– con registros de inflación de un dígito, y esto no ocurría desde hacía ochenta años en la historia del país. Concuerdo con todas las expresiones de los señores Senadores respecto a que la estabilidad de precios hoy es valorada y la hemos alcanzado –antes era valorada, pero no la habíamos logrado–, pero debemos preservarla. Quiero ser enfático –como en general lo soy–: la inflación es y continúa siendo el principal problema macroeconómico que tiene Uruguay. La acción y el trabajo para contener las presiones inflacionarias y asegurar la estabilidad de precios es uno de los objetivos macroeconómicos más valorados, ya no por el Gobierno, el Ministro de Economía y Finanzas o el Presidente del Banco Central, sino por toda la sociedad. Hemos entendido el valor de la estabilidad de precios, y que se nos interpele y cuestione por estos temas es un avance muy importante en términos de la madurez del debate en nuestro país. Antes no era así.
Ahora bien, se han enfrentado presiones inflacionarias –moderadas diría yo– en un contexto de dinamismo económico importante y durante muchos años de crecimiento por encima del potencial. Nosotros tuvimos presiones inflacionarias de dos tipos: domésticas y externas. En cuanto a las primeras, tuvimos una expansión económica por encima del Producto potencial y todavía tenemos un comportamiento del consumo que está por encima del crecimiento del ingreso, aunque no mucho. Es un escenario que plantea tensiones, pero muy razonables, de todos modos. Actualmente, los niveles de desempleo no solo son los más bajos de nuestra historia, sino que están cercanos al pleno empleo. Esto plantea realidades distintas en términos de funcionamiento y de la formación de precios en el país, en particular, precios tan importantes como los de las remuneraciones laborales. Hemos entrado en una fase en la que la justicia distributiva en el país se apoya sobre la recuperación salarial; ¡hay que entenderlo! ¡Por supuesto que sin negociación colectiva y sin negociación salarial –con salarios que no crecieran– tendríamos una razón menos para analizar las presiones inflacionarias! Pero eso no lo plantearía el Frente Amplio; lo plantearían otros pero, reitero, no el Frente Amplio.
Indudablemente, en este escenario económico vigoroso, tenemos “mayor discrecionalidad” –tómenlo entre comillas, si quieren– para remarcar precios y fijar márgenes más importantes.
En lo externo, está claro que los precios de algunas materias primas han evolucionado y generan presiones. Uruguay es un país, señor Presidente, en el que las presiones de precios externos se trasladan muy rápido al Índice de Precios al Consumo; tenemos una economía muy abierta, mucho más abierta que otras con las que se nos compara, y este tipo de mecanismo de pasaje de los acontecimientos internacionales a nuestros precios existe y es importante. Ahora bien, el Gobierno ha actuado en este contexto; lo ha hecho el Banco Central del Uruguay manejando su tasa de política monetaria y modificando los encajes bancarios. Probablemente después de que intervenga el Presidente del Banco Central agreguemos algunos elementos tratando de responder más específicamente –si es que él no lo ha hecho ya– a las consultas y preguntas que hacía el señor miembro interpelante, pero quiero decir que el Ministerio de Economía y Finanzas ha hecho su aporte, y lo seguirá haciendo: eliminó el Imesi en ciertos artículos de cuidado personal; celebró acuerdos de precios con supermercados; negoció con el INAC una rebaja del precio de la carne bovina y de pollo; manejó las tarifas públicas, moderando así el resultado sobre la inflación y aceptando su impacto sobre el déficit fiscal.
Con respecto al tema de las tarifas públicas quiero que las pongamos de un solo lado: o en el déficit fiscal o en la inflación. No podemos ponerlas en los dos lugares; no se puede chiflar y comer gofio. Es imposible. Están de un lado o del otro. Estas son cuestiones aritméticas y no disquisiciones ni razonamientos demasiado complicados.
Después de que el Presidente del Banco Central haga uso de la palabra, voy a referir específicamente a las acciones tomadas a finales de 2012 en materia de ajustes de algunos precios y tarifas públicas.
Quiero hacer cuatro comentarios que después me pueden ayudar a contextualizar inicialmente nuestro diagnóstico sobre la situación de la inflación.
En primer lugar, en setiembre del año 2012, alcanzamos no solo un nivel de inflación elevado, sino que hubo un pico, en ese momento, del componente de inflación subyacente –el componente más firme de la inflación– que había alcanzado el 9,4% del PIB. Quiere decir que el componente más firme de la inflación indicaba en ese momento una cifra más apartada del rango meta que lo que indicaba el índice publicado por el INE. Afortunadamente, desde esa fecha hasta ahora –y con la publicación del último dato que creo se realiza hoy, lo que podrá ser ratificado o no– la inflación subyacente ha recibido un proceso de mejora sistemática y continua hasta ubicarse ya en niveles cercanos al 8%. Este es el indicador más importante de inflación, es el que está reaccionando favorablemente y el que puede reaccionar a los impulsos de la política macro, porque sobre los precios de los alimentos frescos –no tengo ninguna razón para dudar de que las variaciones en algunos de ellos son las que mencionaba el señor Senador interpelante– no actúa ni la política fiscal, ni la monetaria, así como ningún instrumento de política que esté disponible. Permítanme decir que sobre la mayoría de esos productos no hay IVA, están exentos, tienen tasa mínima o si se aplica una tasa de impuesto solo es sobre las importaciones que no se realizan. Después, señor Presidente, me voy a extender más sobre este tema, respondiendo a algunas de las preguntas del señor Senador interpelante.
No obstante, en la inflación subyacente hay que tener una cosa clara: están ayudando mucho los precios de los bienes transables y están ayudando menos los precios de los bienes no comercializables, más vinculados a la negociación salarial.
Quiero hacer tres comentarios que pueden ayudar a entender la forma en que se moderan las presiones inflacionarias previsiblemente en el futuro.
Los acuerdos alcanzados en los convenios salariales que vencieron en julio del año pasado –o sea, los que formaron parte de la primera parte de la quinta ronda de negociación– convalidaron incrementos salariales significativamente menores a los de la ronda anterior. Estos son los números: en la cuarta ronda, fue 4% anual; y en la quinta ronda, 2% anual. La negociación salarial va a hacer –y lo está haciendo– su propio aporte responsable al proceso de moderación de la inflación. Aclaro que en esto no interviene el Gobierno más que dando lineamientos y ordenando la negociación; los actores internalizan responsable y razonablemente las realidades y las hacen parte de su negociación. Por otro lado, las tarifas públicas han sido un factor moderador de la inflación y, diría, que lo seguirán siendo porque el Gobierno va a seguir manteniendo su actitud.
Quiero aportar un dato importante respecto de las tarifas telefónicas, sobre todo, de las de la telefonía fija, en las que hay monopolio de la empresa estatal. Esos precios no se modifican desde el año 2005, no ha habido un solo aumento nominal de las tarifas telefónicas y ha habido rebajas nominales que se realizaron en el período anterior. Por tanto, adjudicarle a los precios de esta tarifa pública causas inflacionarias, simplemente es no reconocer o no conocer cómo se fijan los precios. Por supuesto que los precios de la telefonía celular y de otro tipo de servicios, es otra cosa. Son servicios en competencia, fijados de otra manera; y permítanme también decir que no aumentan por encima de la inflación.
Por último –ya le cedo, señor Presidente, la palabra al Presidente del Banco Central para después retomar la presentación–, en un contexto en el que el crecimiento del producto se alinea previsiblemente a la trayectoria potencial o tendencial, los márgenes comerciales de los bienes y servicios de consumo se van a moderar, obviamente, porque la explicación de la holgura en los márgenes y en las políticas de márgenes que se ha utilizado son compatibles con un crecimiento económico que se ubica por encima del potencial y no cuando este está alineado simplemente al potencial.
Antes de ceder el uso de la palabra al señor Presidente del Banco Central, quisiera hacer una advertencia. Nosotros estamos trabajando en el procesamiento y preparación del cuadro de programación macroeconómica y en la programación fiscal y financiera que adjuntamos normalmente en ocasión de la presentación del Presupuesto y de las Rendiciones de Cuentas. Por tanto, solicito a los señores Senadores que esperen unas pocas semanas para formular todas las preguntas y consideraciones hasta tanto establezcamos las proyecciones que todavía no tenemos concluidas, y que las hagan cuando terminemos los trabajos que solemos presentar en ese momento. Si nosotros hiciéramos cualquier avance ahora, en lugar de dar tranquilidad y contribuir a dar certeza –como se pretende en esta instancia–, estaríamos contribuyendo a empezar una danza de discusiones sobre una programación que no está hecha y que solemos hacer muy responsable y concienzudamente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Presidente del Banco Central del Uruguay.
SEÑOR BERGARA.- Muchas gracias, señor Presidente por concederme esta tan anunciada intervención. Esperemos no defraudar a los señores Senadores.
En primer lugar, agradecemos la oportunidad de profundizar la explicación de nuestras políticas, y digo “nuestras políticas”, porque ha quedado claro en la intervención del señor Ministro que hay un diálogo y una consistencia entre las políticas económicas en general, la política fiscal, la política de ingresos, la política monetaria y la financiera y regulatoria que es, justamente, lo que sostiene la percepción tanto de los uruguayos como del exterior, los organismos internacionales, las calificadoras de riesgo y, sobre todo, los inversores extranjeros y domésticos, porque a la hora de tomar decisiones de inversión cuando la gente se juega la plata de su bolsillo, las consideraciones son esencialmente las mismas y no dependen de la nacionalidad del inversor. La consistencia de políticas es una característica de lo que se ha hecho en los últimos años y es lo que se ha percibido por parte, reitero, de todos estos agentes. Esto ha valido un reposicionamiento de la economía uruguaya, tanto desde la percepción de los propios uruguayos –como decía el señor Ministro– como del exterior, en cuanto no solamente a haber interrumpido una lógica de declive, sino también a haber iniciado una fase más optimista y una perspectiva más estable para la economía y la sociedad uruguaya en los próximos años. Este factor no es solamente una cuestión introductoria, sino que forma parte de la naturaleza y el núcleo de varios de los temas que tenemos a consideración, porque las decisiones que toman los agentes económicos –ya no solo para invertir, sino también para ahorrar y consumir– tienen muy en cuenta la perspectiva de estabilidad o acaso una perspectiva optimista de lo que va a ser la economía del país o su propia economía. De todas maneras, y a riesgo de rozar de forma reiterada algunos aspectos que el señor Ministro ya mencionó, vamos a tocar algunos temas para focalizarnos en explicar qué está haciendo el Banco Central del Uruguay, cuáles son sus principales focos de preocupación y cuál es su estrategia de acción en absoluta coordinación con las políticas económicas del Poder Ejecutivo. Reitero que, de pronto, se repiten algunos elementos, pero son necesarios para dar una explicación acabada del asunto.
Volviendo a la situación de la economía global y a las condiciones financieras internacionales, debo decir que está claro que en la vida de cada uno de nosotros –que no vivimos la crisis de los años 1929 y 1930 a nivel global–, la crisis financiera internacional de 2008-2009 que estalló en Estados Unidos marca un antes y un después en muchos aspectos que hacen a las condiciones financieras internacionales y a las perspectivas económicas a nivel global. Esto, asociado a la emergencia de los países emergentes, principalmente China, está pautando un nuevo escenario global que no es otra cosa que un reordenamiento de las condiciones de poder económico a ese nivel. Reitero que esto no es solo un tema de marco, sino que está en el núcleo del asunto, porque también los negocios que realiza Uruguay dan cuenta de que ya no tenemos un mundo unipolar en el terreno económico y que hay una diversificación de los negocios que acompaña esa reubicación de poder económico a nivel internacional.
En cuanto a la economía de Estados Unidos a partir de 2008-2009, más allá de que puede haber algunos ingredientes puntuales que van apareciendo en lo que hace a la recomposición de su economía, puede apreciarse que todavía no son consistentes y continúan pautando este horizonte que indica que, por un tiempo, su moneda va a seguir siendo débil y sus tasas de interés van a continuar, digamos, estando por el suelo. El señor Ministro decía: dennos la fecha en que esto va a cambiar porque así vamos a poder programar mucho mejor lo que hacemos. Pero eso es imposible. Lo que sí creo que está más o menos consensuado, a nivel nacional e internacional, es la previsión de que si bien esta es una cuestión transitoria aún va a durar unos años más.
Hay un anuncio del gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos que dice que prácticamente no se va a mover la tasa de interés hasta que los niveles de desempleo lleguen al 6,5%. Parece el mundo del revés: el objetivo de Estados Unidos es llegar a tasas de desempleo aún mayores de las que hoy tiene Uruguay. La sensación es que esa trayectoria todavía va a implicar un tiempo más; de ahí, entonces, que la perspectiva de los analistas dice que por un mínimo de dos años este panorama de condiciones financieras internacionales no va a variar sustancialmente en cuanto a las tasas de interés. Precisamente, esas tasas de interés, casi nulas a nivel internacional, tienen serias implicancias en muchos aspectos que son relevantes a la hora del diseño de las políticas económicas y monetarias, en particular. Cuando las tasas de interés son 0% en el mundo desarrollado, los capitales miran para otro lado y, por lo tanto, empiezan a fluir hacia países que ofrecen otras condiciones financieras. En realidad, estamos en un mundo donde Estados Unidos y Europa se han desplomado, tienen tasas de interés 0%, perspectivas de recomposición lentas en Estados Unidos y de gran incertidumbre en Europa y donde, a su vez, los países emergentes han mostrado una consistencia de crecimiento en los últimos ocho o diez años, además de solidez para enfrentar ese mundo de países desarrollados en franco deterioro. Por tanto, es natural que los capitales empiecen a fluir hacia los países emergentes. De alguna manera, viéndolo en perspectiva, uno podría decir que es casi como una bendición, porque toda la vida quisimos que vinieran capitales a invertir –por supuesto que en inversiones productivas– a nuestros países. Diría que eso fue lo que básicamente vivimos hasta hace aproximadamente un par de años, es decir, que hacia los países emergentes fluían en general capitales bajo la forma de inversión extranjera directa, o sea, en formato de inversión productiva –esa inversión que genera empleo y crecimiento en el futuro–, pero también bajo la forma de capital financiero de corto plazo con un tono más especulativo. Me refiero a ese capital que busca esencialmente la rentabilidad de corto plazo por diferenciales de tasa de interés o por expectativas de diferenciales cambiarios. Si bien Uruguay recibió capitales de inversión extranjera directa hasta hace un par de años –porque los capitales miraban esta región–, primero se fijaban en Brasil, que era la gran “aspiradora” de los capitales financieros de corto plazo, por varias razones: porque tenía el investment grade –que nosotros no teníamos–, crecimiento sólido, muy altas tasas de interés –se ubicaban en el orden del 12% y 13%– y todo el marketing brasileño al que estamos acostumbrados. De modo que claramente Brasil era el atractivo, la inversión fácil de los capitales financieros de corto plazo en la región. Pero eso comenzó a cambiar, principalmente cuando la economía brasileña presentó signos de enfriamiento, es decir, hubo una sustancial reducción de las tasas de interés –que del 12% o 13% bajaron al 7%–; y, a su vez, eso coincidió con la circunstancia de que Uruguay recompuso su estatus de investment grade, o sea, de economía con grado de inversión. Esto originó no solamente un mayor interés por Uruguay, sino que desde el punto de vista institucional nuevos agentes financieros tenían la posibilidad de invertir en Títulos uruguayos, porque hay fondos de inversión o fondos de pensión del exterior que solo pueden invertir en papeles con  investment grade. Esa nueva constelación de factores llevó a que parte de los capitales que iban a Brasil comenzaran a mirar hacia otros países de América Latina. Por supuesto, todos conocemos los tamaños relativos, y el tamaño importa; de ahí, entonces, con que una pequeña parte de la inversión que iba a Brasil empezara a venir a Uruguay para que se comenzara a generar una problemática en el manejo macroeconómico. Como consecuencia de ello, desde hace un tiempo el ingreso de capitales no solo tenía la forma de inversión extranjera directa –por suerte y por la institucionalidad, en general, pues algunos factores de largo plazo en el terreno institucional y otros del período reciente, en mérito a las políticas y a la reglamentación de la Ley de Inversiones, hicieron que las inversiones extranjeras directas siguieran fluyendo de manera diversificada, no focalizada en uno o dos sectores de la economía–, sino que la entrada de capitales comenzó a adoptar la forma de capital financiero de corto plazo con un tono más especulativo.
Por tanto, tasas de interés nulas en el mundo comienzan a tener impacto en los flujos de capitales y eso lo empezamos a sentir con mayor preocupación en el último tiempo. Un segundo aspecto, que refiere a cuando las tasas de interés son muy bajas, tiene que ver con que, por lógica, disminuye la propensión al ahorro; la gente decide ahorrar menos y, por tanto, resuelve invertir y consumir más. Ese es otro factor que hace a ese flujo de inversión extranjera, pero también a que crezca la propensión al consumo a nivel global. Pensamos que este es un factor “circunstancial” –entre comillas–, en el sentido de que no es para siempre, pues en algún momento la situación en los países desarrollados va a comenzar a revertirse y las tasas de interés van a empezar a incrementarse y sus monedas van a volver a fortalecerse. Por lo tanto, hay que razonar con esa lógica. No va a ser un proceso rápido –va a demorar algunos años–, pero no deja de ser una cuestión que no va a durar toda la vida.
En ese contexto uno tiene que razonar con una visión estratégica –como bien decía el señor Ministro– que incorpore un equilibrio entre las consideraciones de corto y largo plazo. Porque si uno solo mirara el corto plazo –y acá voy a cómo opera la política monetaria y la intervención del Gobierno y del Banco Central en particular, tanto en el mercado cambiario como en el mercado doméstico de deuda– podría tener la tentación de convalidar esas condiciones circunstanciales de la economía global; pero eso tendría, sin duda, consecuencias muy negativas, impactos muy negativos sobre buena parte del sector real, en particular el orientado a la exportación, que es justamente el que atrae el consolidado flujo de inversión extranjera directa. Por lo tanto, como uno no quiere –y perdone lo contrafáctico, señor Ministro– un dólar a $ 14, entonces tomamos la decisión de no convalidar esas condiciones circunstanciales de carácter financiero –dicho de otro modo, el flujo de capitales ejerce presiones muy fuertes en un mercado cambiario uruguayo de dimensiones muy pequeñas–, porque al no ser cosas de largo plazo, que vayan a durar toda la vida, el día que las condiciones financieras globales comiencen a revertirse nos encontraríamos con que destrozamos el sector real de nuestra economía y, entonces, en circunstancias en las que podríamos estar dispuestos a mirar más hacia afuera, lo que encontraríamos serían cadáveres por el camino. Pero como tenemos una visión equilibrada del corto y el largo plazo es que, como decisión política, no convalidamos las condiciones de corto plazo, no permitimos que toda la apreciación cambiaria se exprese en el mercado de cambios y en el tipo de cambio en Uruguay. No obstante, hay una parte que es estructural.
Estoy tentado a comenzar a hablar de temas departamentales para que el señor Senador Da Rosa hable más bajo, pero me está resultando difícil. Me sacaría mucho de tema.
(Campana de orden)
SEÑOR PRESIDENTE.- Silencio, por favor, señores Senadores.
SEÑOR BERGARA.- Entonces, la idea de expresar en un tipo de cambio las condiciones financieras internacionales actuales tendría impactos muy negativos en el sector real de la economía. Definir eso implica asumir el costo de intervención, porque uno no altera las condiciones de un mercado sin pagar costos. Nosotros no fijamos administrativamente los parámetros del mercado, ni siquiera en el cambiario. A ese tema después también podemos dedicarle unos minutos. Decididamente, ya vivimos unas cuantas formas de tipo de cambio administrado –tipo de cambio fijo, bandas cambiarias, tablitas, etcétera–, y ya sabemos cómo terminan esas cosas. Por lo tanto, mantenemos las bondades de la flexibilidad cambiaria, pero eso no quiere decir que sea sin ninguna intervención de parte de las políticas. A su vez, intervenir en contextos de flexibilidad cambiaria implica alterar parámetros de mercado –precios y cantidades– y, por lo tanto, incurrir en costos. Esos costos se han ido haciendo cada vez mayores, han ido creciendo, justamente, porque el problema continúa y, con seguridad, continuará un tiempo más. En todo caso, la discusión puede ser si vale la pena o no ese costo. Es claro que deshacer la situación implicaría transformar los activos del Banco Central en dólares para recuperar los pasivos de éste en moneda nacional, lo que provocaría un impacto impresionante sobre el mercado cambiario; y estoy seguro de que nadie propondría eso.
Esta situación internacional y cómo hemos ido administrando la apreciación de nuestra moneda llevó al Banco Central a una nueva estructura de balance. Decía que la administración de la apreciación en nuestra moneda tenía un componente circunstancial que no debemos convalidar; pero sí hay un componente estructural que, de hecho, se ha ido convalidando, pues si un país durante casi una década crece por encima del resto del mundo, su moneda se va a ir fortaleciendo. Además, tenemos un componente de demanda global que nos favorece –obviamente, la situación de los países emergentes es la que sostiene la demanda de nuestros productos a nivel global, liderados por China–, por lo cual también hay condiciones estructurales que justifican una apreciación del peso uruguayo. Parece mentira que la discusión sea cómo administramos que el peso uruguayo se aprecie; son los desafíos de la política económica que, sin duda, muchos hacedores de política en Estados Unidos y Europa hoy estarían envidiando. Esos son nuestros dilemas y nuestros desafíos de política macroeconómica hoy. Aclaro que hacer mal las cosas en este contexto puede ser tan dañino como en el anterior. Es por eso que nos gusta explicitar la racionalidad de lo que hacemos.
Asumir el costo y la intervención cambiaria y el hecho de tener una visión equilibrada entre los distintos objetivos de la política económica –crecimiento, desarrollo, estabilidad macroeconómica, obviamente inflación, competitividad, bienestar social– hace que paguemos un costo, que se traduce en la situación fiscal –como ya lo explicó el señor Ministro–, y también se expresa en el balance del Banco Central. Hoy el balance del Banco Central muestra reservas internacionales aproximadamente del orden de los 27 puntos del Producto, o sea, unos US$ 14.000:000.000. Si consideramos que a la salida de la crisis del año 2002 eso estaba prácticamente en cero, pueden imaginarse el ritmo al que se tuvo que actuar, sobre todo en los últimos años. La contraparte de un buen segmento de eso, de lo que corresponde más al Banco Central –porque en esas reservas hay un tramo que son los encajes bancarios en dólares, y otro que es la caja del Gobierno que el Banco Central administra–, se ubica entre US$ 6.000:000.000 y US$ 7.000:000.000, que corresponde aproximadamente a la mitad del total de reservas. La contraparte de un muy buen porcentaje de eso son Letras emitidas en moneda nacional y en unidades indexadas. Al respecto, creo que vale la pena decir dos o tres cosas.
En primer lugar, este es un nuevo mundo para el Banco Central en el Uruguay porque en el pasado, como decía el señor Ministro, no teníamos mercados domésticos en moneda nacional. La dolarización era total en la cabeza de todo el mundo y en los Títulos que el Banco Central emitía. La construcción de mercados domésticos en moneda nacional fue una obra consciente y explícita que comenzó luego de la crisis del año 2002 y que tuvo al Banco Central como el agente que lideró ese proceso. Eso permite tener pasivos en pesos y activos en dólares. Hoy estamos en circunstancias en las cuales eso implica pagar un costo. Cuando las circunstancias se reviertan –en algún momento se van a revertir, como lo decía el señor Ministro–, la posición financiera del Banco Central va a ser, sin duda, muy sólida y muy fuerte. Este es un enfoque de mitigación de vulnerabilidades, de enfrentar y razonar en una lógica de manejo de riesgos. Si solo miramos en el corto plazo, colocaríamos baratito en dólares, pero no mitigaríamos riesgos de largo plazo; si nosotros solo miráramos la “rentabilidad” –entre comillas– de corto plazo, estaríamos volviendo a generar una bomba de tiempo como la que hubo en el pasado. Esto ha permitido también mejorar las condiciones para los mecanismos de trasmisión de la política monetaria, lo que los economistas llamamos la monetización de la economía. Si uno quiere incidir en la economía a través de la cantidad de dinero, debe tomar en cuenta que mientras más importancia tenga la cantidad de dinero doméstico en la economía, más capacidad de influir tiene. Esa monetización se ha incrementado notoriamente en los últimos años, por ejemplo, lo que llamamos el M1 ampliado, es decir, los medios de pago en la economía, pasaron del 5% al 13% del Producto Bruto Interno en muy pocos años.
Por lo tanto, los costos de hoy son fruto de una estrategia de administración de riesgos y de mitigación de vulnerabilidades y, sin duda, van a significar una fortaleza futura.
Quiero hacer un paréntesis para hablar respecto a cómo se resuelven las crisis en general y cómo lo puede hacer Estados Unidos. Este país tiene, mal que nos pese, la moneda de reserva mundial relevante para nuestra región, y aun cuando el dólar o la economía americana estén débiles y no muestren signos sólidos de recuperación, el dólar estadounidense sigue siendo la moneda de reserva. ¿Por qué decimos que esto es importante? Porque, justamente, la inundación de dólares en el mundo es fruto de decisiones de política monetaria de los Estados Unidos, de su Reserva Federal y de su Gobierno. Inunda el mundo de dólares, y eso hace que a través del impuesto inflacionario y del señoreaje a nivel global, todos estemos, en cierta medida, pagando la crisis que explotó en Estados Unidos. ¿Por qué Estados Unidos tiene esta capacidad? Justamente, porque el dólar es aceptado a nivel global y circula como moneda de reserva. No solamente “ayudamos” –entre comillas– a los Estados Unidos a pagar su crisis por el hecho de que se nos inunda con dólares a través de los aflojes monetarios 1, 2 y 3, sino que, como la moneda de reserva sigue siendo el dólar, los activos de reserva, primordialmente, se destinan también a Títulos emitidos por ese país o en dólares. O sea que, tanto por el lado de la masa de dólares que hay hoy en el mundo, como por el hecho de que la reserva sigue estando, en su inmensa mayoría, en Títulos del gobierno americano, es que el mundo en general está contribuyendo a que Estados Unidos mitigue su brutal crisis financiera, la que lo llevó a un déficit fiscal de un 13% y a niveles de endeudamiento bruto superiores al 100%.
Esta paradoja también ayuda a entender cómo evoluciona el tipo de cambio en el Uruguay. Esa tendencia decreciente del tipo de cambio, esa apreciación de la moneda uruguaya que se viene dando hace ya algunos años, se interrumpe a veces con ciertos episodios o durante algunos meses en los que el tipo de cambio sube un poco y después vuelve a la tendencia original. Esos son los momentos de mayor incertidumbre. Estoy hablando, obviamente, de la crisis de setiembre de 2008 y del último trimestre de ese año, así como también de los dos o tres brotes de incertidumbre que se dieron en la situación europea.
En esto radica, en parte, la paradoja: Estados Unidos y el dólar están débiles, pero cuando hay mucha incertidumbre, igualmente la gente recurre a esa moneda y a los Títulos americanos, con lo que se fortalece circunstancialmente el dólar. Esto pasó cada vez que Europa mostró algún problema serio. Esto tiene que ver, reitero, con entender cómo esa tendencia decreciente del tipo de cambio en Uruguay, a veces, se ve interrumpida con algunos saltos en ese terreno.
Déjenme referirme al tema de la inflación, del cual el señor Ministro ya dio un primer pantallazo acerca de cómo vemos coordinadamente la situación macroeconómica.
La nueva Carta Orgánica del Banco Central del Uruguay de 2008 creó el Comité de Coordinación Macroeconómica –que se reúne trimestralmente y en forma previa a que lo haga el Comité de Política Monetaria de esa Institución– para intercambiar explícitamente la visión que estamos teniendo sobre la economía uruguaya y las distintas medidas que el Gobierno y el Banco Central van adoptando, así como su impacto, su previsibilidad, etcétera.
Desde ese punto de vista vale la pena, antes que nada, hacer un paréntesis conceptual sobre el tema de la inflación. Algún economista ganador del Premio Nobel en la materia ha dicho que la inflación no es algo que le pasa a los precios sino al dinero. Obviamente, se trata de la desvalorización del dinero que se expresa en precios mayores, o sea, el mismo valor con un dinero devaluado se traduce en un precio mayor.
Aquí nos surge una preocupación desde el punto de vista monetario, que es consistente con la que todos tenemos desde el enfoque social, en el sentido de que haya un mayor costo de vida y niveles de precios más altos, sobre todo, para los bienes de primera necesidad. Pero el tema inflación no es idéntico al del Índice de Precios al Consumo o al costo de vida porque, además de la desvalorización monetaria, el IPC, de hecho, también recoge diferencias de calidad en los bienes. O sea que de alguna manera –al menos, desde el punto de vista conceptual–, la evolución del IPC sobreestima un poco los niveles de inflación desde el enfoque de la desvalorización del dinero. ¿Por qué decimos esto? Porque cuando hablamos de telecomunicaciones, hay que tener en cuenta que no es lo mismo el producto de hace diez años que el de ahora; cuando hablamos de transporte, no es la misma la calidad del producto de hace diez años que la de ahora y cuando hablamos de salud, tampoco es lo mismo el producto de hace diez años que el de ahora. En realidad, estamos hablando de que cambian los precios, en parte, porque hay inflación y, en parte, también porque uno está pagando calidades mayores en distintos rubros que componen la canasta básica. Como dije, no eran lo mismo las telecomunicaciones con el teléfono fijo, básico, en un hogar –además, en muchas casas ni siquiera tenían uno porque no había borne–, que las de ahora, cuando todo el mundo tiene un celular que, además, saca fotos, filma, envía mensajes, etcétera. Quiere decir que hay temas de calidad que no se reflejan en la medición.
Este tema de ajustar el IPC por calidad es algo pendiente en la mayor parte de los países de América Latina y es algo que sus bancos centrales están comenzando a encarar. También es un debe que tiene el Banco Central en el Uruguay en el sentido de empezar a trabajar en esa dirección.
Entonces, lo que nos va a importar para esta discusión no es tanto el concepto monetario de la inflación sino la lógica desde los precios, en cuanto a su formación. Precisamente, la inflación tiene que ver con el proceso de fijación y formación de precios, y eso está determinado por múltiples decisiones de oferta y demanda, también en múltiples mercados. Por lo tanto, no hay una explicación sencilla, lineal, simplista, de la inflación; hay factores que tienen que ver con lo monetario y, a la larga, si lo monetario no convalida los demás factores esa inflación no se va a expresar pero, evidentemente, hay múltiples factores –externos y domésticos– de oferta y demanda que afectan circunstancialmente los indicadores de precios.
Voy a insistir en un aspecto que también mencionó el señor Ministro: hace casi una década que tenemos inflaciones de un dígito y eso es algo bueno, pero mejor aún es que cuando se ven desvíos de un 1% o 2% en la inflación, se prenden luces amarillas en la sociedad. El alerta de toda la sociedad acerca de que uno o dos puntos de inflación pueden ser la antesala de algo negativo es muy bienvenido porque es parte del aprendizaje doloroso que hicimos luego de varias crisis financieras, económicas y sociales que tuvimos en nuestro país.
Como anécdota recuerdo que cuando teníamos el rango meta de inflación anual de 3% a 7% y hubo un mes en que la inflación anualizada pasó a ser 7,02%, los titulares de varios medios de prensa hablaban de que la inflación se había ido por fuera de la meta. Obviamente, reitero, para un país con una historia de 50, 60 o 70 años con inflaciones de dos y tres dígitos, el hecho de que tengamos una década de inflaciones de un dígito es algo positivo. Pero mucho más positiva es la preocupación generalizada de que la situación debe mantenerse de manera estable y que hay que hacer lo imposible para evitar que vuelvan las espirales inflacionarias en la economía uruguaya.
Las presiones inflacionarias hoy son indudables, tanto de afuera como de adentro. ¿Por qué los precios internacionales están –entre comillas– “altos”? ¿Hay más demanda de nuestros bienes? Sí; sin duda. Aparecieron China, India, Rusia y Brasil, y, justamente, demandan las cosas que nosotros vendemos. Allí hay –como bien dijo el señor Ministro– un pasaje casi inmediato de los aumentos de los precios internacionales a precios domésticos. Si sube la carne a nivel global, al otro día eso se ve reflejado de inmediato en las carnicerías. Cuando los precios suben, los empresarios, rápidamente hacen el pasaje a precios domésticos, sin embargo cuando los precios bajan el pasaje no es tan rápido, pero a la larga también ocurre.
Tenemos otro factor que es lo que nosotros llamamos “el numerario débil”: el dólar en que se expresan los precios internacionales es un dólar débil. Por lo tanto, reitero, el aumento de los precios internacionales no es otra cosa que la contracara, la otra cara de la moneda de la debilidad de su unidad de cuenta, que es el dólar. Me gusta hacer énfasis en este punto porque a veces veo análisis que separan las dos cosas y dicen: “¡Pero qué cosa, cómo cae el tipo de cambio; cuántos problemas hay en el tipo de cambio para el sector exportador! Por suerte los precios internacionales están altos”. Justamente, son las dos caras de la misma moneda. Una parte del aumento de los precios internacionales se debe a que el dólar estadounidense está débil.
También decimos que lo que sube a nivel internacional –como muy bien lo explicó el señor Ministro– no es solamente lo que exportamos sino también lo que importamos; por lo tanto, la situación de Uruguay en esa materia no ha sido tan beneficiosa como para otros países de Latinoamérica donde no importan, sino que solo exportan commodities, y tienen alimentos, minerales y petróleo. Uruguay, no. Uruguay tiene alimentos para exportar, pero importa petróleo. Entonces, los términos de intercambio tienen una evolución más suave con relación a lo que sucede en otros países. No nos favorecemos tanto cuando los precios internacionales suben porque sube lo que vendemos, pero también sube lo que compramos, con el matiz que manejaba el señor Ministro en cuanto a que quien exporta, normalmente, es el sector privado y quien importa el petróleo es el Estado. Una buena parte, en general la que va al combustible –quizás a veces con algún rezago por lo que ya se explicó– se traslada al sector privado, pero no sucede lo mismo con la parte del sobrecosto energético. También vale decir –y es importante volver a atar varios temas que ya fueron tratados– que el Estado absorbe ese sobrecosto energético que es alto y explica más de un punto del 2.8% de déficit, porque la infraestructura energética de respaldo es arcaica, obsoleta, pobre, ineficiente y costosa.
Entre 1992 y 2006 no se invirtió un solo peso en infraestructura energética. Cuando tengamos las centrales de respaldo más eficientes, aun con la misma sequía y los mismos precios del petróleo, el sobrecosto energético va a ser mucho menor. Es decir que en el sobrecosto energético del déficit actual también estamos pagando la falta de inversión y de visión a largo plazo en infraestructura energética del pasado.
No solo tenemos presiones inflacionarias externas por un dólar débil y por una mayor demanda de los países emergentes, sino que también tenemos presiones inflacionarias a nivel doméstico propias de un país que lleva diez años, prácticamente, creciendo, propias de un país que lleva ocho años creciendo por encima del promedio del mundo y de América Latina y propias de un país que hace prácticamente tres años está en lo que los economistas técnicamente llamamos “pleno empleo”. Por lo tanto, esto implicó que en los últimos ocho años haya habido un aumento significativo en los ingresos de los hogares por varias razones, principalmente por casi todas las fuentes de rentas, salarios, pasividades, utilidad empresarial, en algunos tramos por los intereses, pero también por la realización de activos como la venta de tierras y todos los temas vinculados a la construcción. O sea que en ocho años los hogares vieron crecer significativamente sus ingresos. Obviamente, luego eso se expresa en los indicadores sociales de pobreza, indigencia y desigualdad. Ni que hablar que esto no es para nada un argumento de complacencia, ni mucho menos; hay mucho por hacer en ese terreno. Pero es indudable que en los últimos ocho años ha habido un aumento muy sensible en los ingresos de los hogares. En la teoría económica se distingue el hecho de que uno tenga circunstancialmente más ingresos, de que piense que su mayor ingreso es algo permanente y que, por lo tanto, “uno se sienta más rico” – dicho esto entre comillas– en una perspectiva a largo plazo. Estamos convencidos de que los uruguayos no solamente vieron incrementar sus ingresos sino que también ven una perspectiva de estabilidad y de mayor optimismo en la economía uruguaya que la que veían en el pasado, por lo tanto, también sienten un aumento de lo que los economistas llamamos “el ingreso permanente”, es decir, esa sensación de mayor disponibilidad que se expresa en consumo, en inversión, pero que todavía no se traduce en ahorro porque las condiciones actuales de este aspecto son muy pobres.
La demanda doméstica es firme; un país con pleno empleo y con mayor ingreso permanente tiene mayor demanda de bienes y servicios y también empiezan a aparecer restricciones de oferta en algunos sectores. Parte de los problemas de los precios altos en Uruguay tienen que ver con la mayor demanda y con las restricciones de oferta e, incluso, en muchos rubros del sector exportador no exportamos más porque no tenemos más para exportar. Si tuviéramos mayores volúmenes de varios de los rubros de exportación seguiríamos encontrando condiciones de mercado internacional favorables.
Hoy tenemos un mapa de presiones inflacionarias derivadas de cuestiones externas: dólar débil, demanda de commodities de los países emergentes y de presiones domésticas derivadas, reitero, de la natural evolución de un país en crecimiento y prácticamente en pleno empleo, con expectativas optimistas. Esto no nos pasa solo a nosotros, por eso está bien ver el panorama de la región, y no me refiero solo a Brasil y Argentina sino a los otros países de América Latina que tienen inflaciones más bajas que nosotros. Este es un tema que voy a dejar para el final, simplemente voy a poner el caso de algunos BRIC – países emergentes–; China es otro mundo, no se puede comparar por la forma en que hace su política y por la montaña de dólares que le entra pero, por ejemplo, la India tiene hoy una inflación del entorno del 11%; Rusia tiene una inflación del entorno del 7.5%, e incluso Brasil tiene hoy una inflación del entorno del 6.5%. Si agregamos que hasta hace un tiempo el nivel de precios en Brasil era sensiblemente más alto que Uruguay, un 6.5% implica una inflación sensiblemente alta para el país norteño. Por lo tanto, esto no es algo que nos pasa solo a nosotros, lo que sucede es que somos chicos y tenemos menos capacidad para afrontar estos desafíos de política macroeconómica.
Hablando –ahora sí– de la región en términos de Argentina y Brasil, uno puede sostener con bastante seguridad que, de alguna manera, la evolución económica en Uruguay se ha despegado, respecto al pasado, en cuanto a cómo estaba atada a Argentina y Brasil. Con relación a Argentina, a nivel del sistema financiero, durante diciembre de 2001 –por poner como referencia el período antes de la crisis de 2002– más del 40% de los depósitos en el sistema uruguayo pertenecía a argentinos, hoy eso apenas supera el 10% en un contexto donde, además, los bancos tienen una liquidez del 50%. O sea que no vemos un riesgo por el lado de los depósitos de argentinos porque, a diferencia de lo que sucedía en el año 2001 donde si ellos venían a buscar todos sus depósitos generaban una corrida bancaria, hoy podrían recuperar todos sus depósitos sin que los bancos tuvieran ningún problema en reponerlos en forma inmediata.
A su vez, con relación a los activos, a los préstamos, en 2001 la quinta parte de los préstamos del sistema financiero uruguayo –o sea, el 20%– iba para Argentina, y hoy ese porcentaje está prácticamente en cero. Por consiguiente, tanto del lado del activo como del pasivo, el sistema financiero uruguayo está, diría, con una escasísima exposición al riesgo de Argentina.
En materia de exportaciones de bienes, tanto por las estrategias de diversificación y de mayor apertura de Uruguay hacia el mundo como por medidas administrativas del lado de Argentina, nuestras exportaciones de bienes a ese país hoy representan aproximadamente el 5% del total, porcentaje sustantivamente menor al que se registraba antes del 2002, cuando llegó a representar entre el 20% y el 25% de nuestras exportaciones de bienes.
En lo que refiere a ingresos turísticos, coincidimos con el señor Senador interpelante en que Argentina sigue siendo un mercado relevante. Una buena parte del turismo está cautivo, pero no todo; hay que continuar teniendo políticas activas como las que el Ministerio de Turismo y Deporte ha desplegado en esta dirección. No obstante, el ingreso por turismo en 2001 tenía un componente argentino del orden del 85% y hoy apenas supera el 50%. Quiere decir que también en ese terreno tenemos una menor exposición a lo que sucede en Argentina.
En el caso de Brasil, no tenemos mayores vínculos con su sistema financiero, puesto que es un país bastante cerrado en ese sentido. Lo que hacemos, básicamente, es venderle commodities, y casi todo lo que le vendemos –con alguna excepción– es lo mismo que vendemos al resto del mundo. O sea que en cuanto Brasil tenga un enfriamiento mayor, la carne, el arroz o el trigo que se le vende quizás haya que colocarlos en otros destinos, algo que en el mundo actual es relativamente fácil de hacer. De todas maneras, tampoco se ha verificado una caída de exportaciones a Brasil.
En definitiva, en lo que respecta a la situación con Argentina y Brasil, en esa exposición a los riesgos de la región estamos mucho mejor pertrechados hoy que hace diez años. De lo que no podemos escapar es del hecho de que estamos en la región y de que con ambos tenemos frontera seca o de fácil inserción, por lo que operan los mecanismos que los economistas llamamos “de arbitraje de precios”. Creo que, históricamente, a nivel de precios uno siempre piensa que Uruguay está “a mitad de camino” –entre comillas– de lo que sucede con Brasil y Argentina. Y dije “entre comillas” porque no es exactamente a mitad de camino; a veces está más cerca de uno, y otras, más cerca del otro.
El contexto actual en términos inflacionarios indica que Brasil se ubica en el 6,5% y Argentina –según cifras oficiales– en el entorno del 10%, aunque algunas provincias o analistas privados plantean que está en el orden del 25% al 30% de inflación. Por lo tanto, el guarismo inflacionario que tenemos en el Uruguay, del entorno del 8,5% –según lo que se publicó hoy sobre la inflación del mes pasado– es también consistente con la situación regional.
En lo que respecta a las lógicas de las políticas económica y monetaria, contradiciendo un poco lo que en algún momento, casi como al pasar, se planteó en las presentaciones iniciales –no recuerdo si por parte del miembro interpelante o de algún señor Senador que lo interrumpió–, decididamente no coincidimos con que la inflación se haya ido de las manos o esté fuera de control. De ninguna manera es así; es cierto que está más alta de lo que deseamos, más alta de lo que los uruguayos preferirían que estuviera, pero de ninguna manera puede plantearse que la inflación se fue de las manos de la política económica.
Las políticas económica y monetaria trabajan con un equilibrio de objetivos, sin fundamentalismos y sin ataduras a instrumentos. Como ya explicitamos –primero el señor Ministro y luego quien habla–, tenemos una visión estratégica que, por lo tanto, abarca consideraciones de corto y de largo plazo que enfocan su atención sobre los temas de estabilidad macroeconómica, de competitividad, de desarrollo y de bienestar social. Oponer estas cosas implica falacias de falsa oposición; pensar que se puede tener competitividad, desarrollo y bienestar social sin estabilidad macroeconómica es un error profundo, pero pensar que la estabilidad macroeconómica por sí sola resuelve la competitividad, el desarrollo y el bienestar social también es un error profundo. Para explicar esto gráficamente, me gusta utilizar la imagen de los platitos chinos: tenemos que mantener todos los platitos girando a la vez, no podemos concentrarnos solamente en uno o dos mientras se nos caen los demás. Por eso, controlar la inflación es sustancial y tener un ojo en la competitividad también es sustancial; esa es la base para el desarrollo y para el bienestar social, no solo porque en ese marco la gente va a tener trabajo ni porque en ese marco va a ganar mejor, sino porque, al contrario, cuando hay inestabilidad, crisis financiera, crisis macroeconómica y descontrol inflacionario, el bienestar social se pulveriza, los pobres se hacen más pobres aún y muchos de los que no lo eran se transforman en pobres.
Entonces, la consistencia de las políticas macroeconómicas apunta a ese equilibrio de objetivos. Reitero: creo que eso es bien percibido por la población, por los agentes internacionales, por las calificadoras de riesgo, por los organismos multilaterales y por los inversores, tanto del exterior como del país.
¿Qué medidas ha tomado el Banco Central en este período? Sin duda, ha manejado el principal instrumento que tenemos hasta ahora para señalizar la política monetaria: la tasa de interés, que es la tasa de referencia de la política monetaria. No siempre ha sido así; hasta el año 2007 el régimen de objetivos de inflación se ha basado en otro instrumento: los agregados monetarios –o sea, las cantidades en el mercado monetario–, y a partir de ese año se tomó la decisión de tener como instrumento principal la tasa de interés. Como ya señalé, no estamos atados a los instrumentos; es más, permanentemente estamos evaluando, analizando y discutiendo cuál es el mejor para utilizar en cada circunstancia. Y así como no estamos atados a ese instrumento, tampoco estamos atados de manera fundamentalista al rango objetivo de inflación, que de hecho ha ido variando. Hubo muchos momentos en los que ese rango se amplió debido a una mayor incertidumbre, después se acotó y luego se volvió a acotar. En fin, las circunstancias pueden ir pautando modificaciones en ese terreno, que no descartamos como una cuestión de fundamentalismo –reitero–, pero de darse circunstancias de esta naturaleza, tendría que ser en el marco de una clara explicación de toda la política. Digo esto porque, si hay algo que no puede pasar, es que, por ejemplo, una ampliación del rango objetivo de la inflación sea interpretada como que el Banco Central, o el Gobierno –porque el rango se define en forma conjunta en el Comité de Coordinación Macroeconómica– están dando la señal de tirar la chancleta, de despreocupación, de que ya no les importa tanto la inflación. A veces la gente se ríe –sobre todo los periodistas– cuando digo que la cuestión no es pegarle al patito, no es embocarle al rango. Si fuera solo eso, nos fijaríamos un rango muchísimo más amplio y seguramente le embocaríamos más fácilmente; no es eso lo que importa, a los uruguayos no les tiene que importar tanto eso sino el hecho de que la inflación sea baja y esté controlada.
Reitero una vez más: no nos atamos a los instrumentos pero, en general, creemos estar tomando decisiones de carácter instrumental acordes a las circunstancias del momento, siempre respaldadas por una visión y un compromiso en la estabilidad macroeconómica que tiene que estar absolutamente fuera de discusión.
Con respecto a la tasa de política monetaria, fuimos el único país en los últimos dos años que incrementó su tasa de referencia 300 puntos básicos, una clarísima señal de compromiso con el objetivo inflacionario.
También hemos manejado otros instrumentos de política monetaria, tradicionales y no tradicionales, para afectar no solamente la inflación,  sino también el equilibrio de objetivos. Todas estas medidas que voy a nombrar no tienen como eje un único objetivo, no es que tal medida es para la inflación y tal otra para la competitividad. En realidad, todas son tomadas de manera integral considerando el equilibrio de objetivos: la tasa de interés –que subimos–, la suba de los encajes medios, la creación y suba de los encajes marginales a los depósitos, permitir la integración en dólares cuando los agentes compran o licitan Letras y Títulos en moneda nacional para evitar, justamente, el pasaje de esas transacciones por el mercado cambiario, ya que introducirían más presión en dicho mercado. Cuando sentimos que las Letras de Regulación Monetaria no estaban extrayendo pesos del mercado, que es el objetivo, sino atrayendo dólares del exterior, el Banco Central tomó una medida de inmovilización de fondos de no residentes que hizo, justamente, que eso se cortara. Es decir, nosotros no emitimos Letras de Regulación Monetaria para atraer dólares de fondos de inversión del exterior porque con eso anularíamos la política monetaria, sino que emitimos Letras de Regulación Monetaria para extraer pesos de la economía a fin de ayudar a moderar los precios. Cuando eso comenzó a pasar tomamos una medida explícita que, les aseguro, no fue nada simpática para los inversores financieros de corto plazo, o sea, los capitales más especulativos del exterior. Fue una medida para evitar que las Letras de Regulación Monetaria del Banco Central se transformaran en el objeto de la especulación de los capitales financieros de corto plazo del resto del mundo.
La estrategia de deuda doméstica ha sido permanentemente coordinada con el Ministerio de Economía y Finanzas, incluyendo canjes de deuda, el que absorbe los costos de la intervención cambiaria una vez que uno pasa raya con lo que sucede en esa operación. Y como también estamos en un mundo en donde hay mucha volatilidad e incertidumbre –el sector privado uruguayo estuvo acostumbrado por décadas a que los tipos de cambio se administraban, se fijaban, se preanunciaban y se ponían en una tablita o en una banda cambiaria, mientras que ahora no es así–, con el liderazgo claro del Banco Central desarrollamos mercados de seguros para el tipo de cambio, lo que llamamos “futuros” o “forwards”. Son, simplemente, dos modalidades que apuntan a que alguien asegure un valor de tipo de cambio entre la exportación y su cobro. En cierta oportunidad escuchamos decir a un representante del gremio empresarial que como el tipo de cambio bajaba se modificaban las reglas de juego, porque el dólar al que vendía no era el mismo que el que cobraban. Bueno, aquí se tiene el mercado de seguros para asegurar el tipo de cambio. No le pida al Estado que le asegure el tipo de cambio; vaya al mercado y hágalo.
En fin, también es una falacia oponer, con una visión de corto plazo, la evolución de la tasa de interés con la del tipo de cambio. Si uno graficara la tasa de interés de la política monetaria y la evolución del tipo de cambio en todo este tiempo en el Uruguay, no encontraría ninguna evidencia que muestre que la suba de la tasa de interés automáticamente se expresa en un menor tipo de cambio o viceversa, es decir, que la baja en la tasa de interés se manifiesta en un mayor tipo de cambio. ¿Por qué? Porque al mismo tiempo están pasando muchísimas otras cosas que alteran esa relación.
Creo que aquí, de alguna manera, está influyendo el hecho de que los analistas tienen que expresar cosas de manera simple a nivel de los medios de comunicación, pero al final se termina en caricaturas que hacen muy simplista el análisis y le quitan la sofisticación que éste debe tener. Por tanto, la caricatura en cuanto a que si subo la tasa, baja el tipo de cambio, o si bajo la tasa sube el tipo de cambio, no corre, por lo menos en las circunstancias que hemos vivido desde el 2007.
Ahora me gustaría debatir, no respecto de propuestas hechas en esta Casa pero sí de planteos que se han escuchado a nivel de los analistas. Obviamente, estos opinan en base a su leal saber y entender, sobre todo los colegas que están en centros de investigación, en la Universidad o en consultoras privadas. A veces es difícil satisfacer a todos. Cada tres meses comienza una especie de tómbola sobre qué va a hacer el Banco Central con la tasa de interés. Están los que dicen que la va a bajar, los que sostienen que la va a subir y aquellos que opinan que la va a dejar igual. La confusión en esa discusión sólo refleja la complejidad del dilema que está sobre la mesa. Recuerdo exposiciones radiales de algunos analistas en donde en la misma entrevista decían que había que subirla, que había que bajarla y que había que dejarla igual. También tenemos propuestas de índole más radical, que hay que manejar desde una perspectiva de mayor responsabilidad. Hay quien plantea que nos olvidemos de la tasa, de la esterilización y de la cantidad de dinero, volviendo a tener un objetivo de tipo de cambio. Reitero lo que dije hace unos instantes: todas las experiencias de administración de tipo de cambio en el Uruguay terminaron en crisis y en costos económicos, financieros y sociales. No está en nuestro menú administrar el tipo de cambio. Por tanto, transformar la política monetaria en un tipo de cambio fijo no está en nuestro menú y, realmente, nos parece una propuesta que carece de responsabilidad cuando uno mira la historia económica y financiera del país.
Lo otro que se propone es llevar la tasa de interés al 16%. Esto también se plantea como una tómbola. Se dice que al 16% la inflación baja. No hay nada que lo indique o asegure. Esto también es muy irresponsable porque hacer eso implicaría cargas financieras al Estado que destrozarían el balance del Banco Central, aumentarían la deuda neta, que es nuestro foco de sustentabilidad a largo plazo, y sólo reflejarían un buen negocio para aquellos que aprovechan esas tasas, es decir, los bancos, los fondos de inversión, los fondos de pensión, etcétera. Si de los bancos privados, sobre todo, proviene la idea de que hay que poner las tasas en las nubes y uno asume que, con ello, quien hace negocio es el que compra Letras, cada uno puede sacar sus propias conclusiones.
Quisiera pasar a los temas relativos a la visión equilibrada que tenemos, de estabilidad macroeconómica, competitividad, desarrollo y bienestar social.
Sé que fue una frase al pasar y quizás no refleje lo que el señor Senador interpelante planteaba en su alocución central, pero en algún momento se afirmó que el Banco Central le quiere asegurar el tipo de cambio a los exportadores. De ninguna manera. Justamente, el Banco Central ha creado mecanismos como los del seguro, de “forwards” y de “futuro”, para que las empresas en el país, no solo los exportadores, comiencen a tener políticas de manejo de riesgo de manera más estructural. Mal podría entonces pensarse que el Banco Central tiene algún objetivo de asegurarle el tipo de cambio a alguien. Y esto tiene un poco que ver con el planteo de que el Banco Central se come su propia cola al subir las tasas de interés, emitir Letras, atraer dólares y después comprarlos para evitar la apreciación cambiaria, comenzando así una espiral. Acá voy a decir simplemente dos cosas. En primer lugar, no hay muchas alternativas, y esto no lo hacemos solo nosotros, porque lo realizan Brasil, Chile, Perú y Colombia. O sea, es una problemática que nos está pasando a todos los países que tenemos políticas económicas similares. Y, en segundo término, se dice que la acción del Banco Central y del Gobierno en ese terreno arroja un resultado que sería inocuo; fue el concepto que vertió el señor Senador interpelante. Por supuesto que estas son cosas para el debate y cada uno puede tener su posición. No creo que los agentes económicos y financieros, los exportadores, los importadores y la población en general piensen que la intervención cambiaria en el Uruguay, en las condiciones financieras internacionales de hoy, sea decididamente inocua; o sea que si dejáramos de intervenir en el mercado cambiario no tendríamos una afectación muy sustancial en el tipo de cambio, en las condiciones de competitividad y en las posibilidades de supervivencia de buena parte del sector real de la economía. Discrepamos decididamente con ese enfoque y estamos convencidos de que, en estas condiciones, el Estado debe tener este grado de intervención. Sabemos que se paga un costo y lo explicitamos, porque entendemos que eso mitiga vulnerabilidades y nos fortalece para el futuro, ya que va a permitir que cuando las condiciones se empiecen a revertir,  la posición financiera del Banco Central y del Gobierno sea sólida y la posición de competitividad de las empresas en el Uruguay sea saludable.
El crecimiento de la economía ha mostrado una composición equilibrada. No estamos creciendo sobre la base de un único factor. En todos estos años las exportaciones y la inversión privada han crecido de manera sustancial, así como también se ha incrementado el consumo privado sobre todo en los últimos dos o tres años. O sea que no hay desequilibrios sino un crecimiento equilibrado en la composición del crecimiento de la economía. Quizás en los gráficos de competitividad que se mostraron faltó una variable: la de las exportaciones. Aquí, permítaseme también dos licencias para mis amigos de los medios de comunicación, pues a veces escaneo noticias que después nunca uso en las presentaciones. He visto titulares de prensa del estilo: “Caída de competitividad con récord de exportaciones” o “Aumentan las exportaciones aun en los mercados con los que se ha perdido competitividad”. Esos titulares evidencian que hay algo que está faltando en la explicación, porque no es consistente decir que somos menos competitivos y que cada vez exportamos más.
El sector externo es equilibrado. El señor Ministro ya explicó que, a diferencia del pasado en que los desequilibrios del sector externo se debían al exceso de importaciones de bienes de consumo –o sea, teníamos la fiesta y el consumo excesivo–, ahora el déficit de cuenta corriente está más que explicado por la inversión extranjera directa. Pero además tiene una buena demanda externa con exportaciones de bienes y de servicios que superan los US$ 13.000:000.000. Para poner una referencia: entre 1988 y 2004, el promedio de exportaciones con respecto al PBI era del 19%, mientras que desde 2005 en adelante es del 31%. O sea que la economía uruguaya exporta considerablemente más; es mucho más abierta desde 2005 en adelante. La flexibilidad cambiaria ha tenido el mérito de permitir hacer ajustes de tipos de cambio y de precios, que hicieron posible absorber la brutal inestabilidad que ha habido en el mundo sobre todo desde 2008. Si hubiéramos tenido algún componente de tipo de cambio administrado durante la crisis de 2008 no sé cómo íbamos a defenderlo; si hubiéramos tenido algún componente de tipo de cambio fijo que defender en otros episodios de incertidumbre, también hubiera generado costos excesivos para el manejo macroeconómico y para la sociedad.
En términos de competitividad, la parte de mercado y de precios externos muestra salud, reitero, primero que nada porque las exportaciones crecen y crecen. Hay un dato circunstancial del mes de marzo indicando una caída de las exportaciones, pero en buena medida se debe a que el año pasado la Semana de Turismo cayó en abril y en 2013 en marzo, por lo que no es una cifra comparable.
La competitividad también se ve afectada por factores de costos. Hay que decir nuevamente que los costos domésticos expresan la evolución propia de una economía en crecimiento y en pleno empleo. Cuando crecemos más que los demás y estamos en situación de pleno empleo, los costos domésticos aumentan desde el punto de vista de la competitividad porque son el reflejo del mayor bienestar de la gente. Está claro que es un falso dilema plantearse que hay que elegir entre defender el tipo de cambio real o defender la inflación, primero que nada porque hasta por construcción una mayor inflación deteriora la capacidad competitiva y, además, porque el tipo de cambio de real no es sinónimo de competitividad sobre todo en las circunstancias tan cambiantes del mundo actual.
Hay otro factor que presiona el tipo de cambio a la baja y que vale la pena mencionar, y que fue bastante intenso allá por el 2010: la desdolarización. El señor Ministro ya explicó que tendríamos mejores resultados fiscales de corto plazo si hubiéramos optado por no desdolarizar, pero mantendríamos vulnerabilidades en el largo plazo. Lo mismo ha hecho el sector privado: en 2010, sobre todo, la desdolarización de depósitos fue muy intensa y, por lo tanto, presionó a la baja el tipo de cambio. ¿Es un costo de corto plazo? Sí, pero bienvenida sea la desdolarización de los depósitos y de los créditos en el sector privado.
Es obvio que al hablar de competitividad no podemos aludir sólo al tipo de cambio. Sólo como referencia, basta decir que el Foro Económico Mundial –que hace análisis de competitividad en los distintos países– considera 109 factores de competitividad, que acumula en doce pilares, de los que el tipo de cambio es uno. En lo que tiene que ver con las responsabilidades del Banco Central, los factores que el Foro Económico Mundial considera para la competitividad son: la estabilidad macroeconómica y la estabilidad financiera. O sea que nuevamente queda claro que combatir la inflación y mantener la estabilidad financiera no puede estar en contra del tipo de cambio real, sino que son factores que dan soporte a la competitividad de un país.
Imaginemos nuevamente los gráficos. Desde 2004, el tipo de cambio nominal muestra una tendencia a la baja, pero las exportaciones crecen. O sea que las pizarras no nos dan información sobre la competitividad. También desde 2004 el tipo de cambio real cae y las exportaciones crecen. Entonces, nuevamente hay que decir que el tipo de cambio real no parece ser sinónimo de competitividad. Aquí hay temas de construcción y de qué cosas se incluyen en el indicador del tipo de cambio real. Los medios hablan del tipo de cambio real que publica el Banco Central, como sinónimo de competitividad. Vale aclarar que el Banco Central no lo publica como un índice de competitividad, sino como un índice de tipo de cambio real. Además, eso sólo considera a los socios comerciales, pero no, por ejemplo, a los competidores puros del Uruguay. En ese cálculo no está lo que sucede en los países que producen lo mismo que nosotros, es decir, Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda. Si uno dibujara las variables de esos países, puedo asegurar que coincidirían de manera casi calcada con lo que está pasando en Uruguay.
Lo que explica esta aparente paradoja de que seríamos menos competitivos por temas cambiarios pero que igual nuestras exportaciones crecen, tiene que ver con la dinámica virtuosa que explicó el señor Ministro: la inversión extranjera directa, la inversión doméstica, que trae sobre todo innovación, cambio técnico y productividad. Lo que reconcilia la explicación de un tipo de cambio bajo y de exportaciones crecientes son las ganancias de productividad que se han dado de manera generalizada en los distintos sectores de la economía –en los sectores agrícola e industrial sin duda–, lo que muchas veces vino debajo del brazo de la inversión extranjera directa.
¿Este panorama está carente de problemas? No; de ninguna manera. ¿Hay problemas en el sector externo? Por supuesto que sí; el primero tiene que ver con Argentina y las restricciones en el comercio. Creo que también en ese sentido nadie puede decir que el Gobierno no ha estado activo, yendo una y otra vez a levantar trabas –como se decía en los medios de prensa– para que el comercio con Argentina fuera lo más fluido posible.
Los problemas no son sólo de demanda; también estamos teniendo restricciones de oferta. El pleno empleo, la utilización de la capacidad instalada, de capital humano y demás también se acompasa con que, dadas las condiciones actuales, algunos sectores están llegando a su máximo potencial de producción. Obviamente, hay que trabajar sobre eso. Esto tiene que ver con sectores específicos, pero también con elementos más generales de la economía, como la infraestructura, el capital humano, la educación, temas sobre los que el señor Ministro ya se explayó.
¿Cuál es la ventaja, en todo caso, de lo que estamos viendo? Se ha incrementado sustancialmente la diversificación de los mercados y de los rubros de exportación. Es infernal la cantidad de mercados nuevos que se han generado en los últimos años para rubros como la carne, los lácteos o el arroz. Por ejemplo, la carne se exporta a más de cien países.
Si me lo permiten, voy a comentar una cuestión anecdótica. En el mes de setiembre tuve oportunidad de visitar Israel, y el Embajador Bernardo Greiver me comentaba –cuento esto asociado a que siempre vemos las pálidas de estar en el Mercosur y no las positivas de pertenecer a él– que desde que se firmó el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur e Israel, las exportaciones uruguayas a dicho país se multiplicaron por tres y por cuatro, principalmente en el rubro carnes, a tal punto que en ese momento Israel era el segundo mercado de destino de las carnes uruguayas después de Rusia. También me señaló que si hubiera más, se colocaría más, porque hay pedidos de Israel que no pueden ser satisfechos por la oferta uruguaya. Asimismo, ha habido una diversificación mayor de los rubros. Hay rubros que hace cinco o seis años no se producían en el Uruguay y hoy se exportan, como la soja y la pulpa de celulosa, con distintos grados de valor agregado.
A este respecto, quiero analizar un tema que también manejó el señor Senador Abreu, que tiene que ver con la primarización y el valor agregado. A veces uno escucha decir que el Uruguay crece, pero no se agrega valor. Ese es un primer error conceptual porque, por construcción, el Producto Interno Bruto es valor agregado. Coinciden por construcción.
Vamos a dar algunos datos de un trabajo que se está realizando en el Banco Central sobre la información de valor agregado en las exportaciones del 2005 al 2011, que seguramente se hará público en breve. Lo que importa es el valor agregado en el Uruguay. Si se exportan autos que tienen mucho valor agregado, pero se lo adicionaron en China, Japón o Alemania y acá solo se añadieron dos tuercas, está muy bien exportar autos, pero como valor agregado en Uruguay no es relevante. Además, la segmentación de los sectores primario, industrial y de servicios –que hasta se refleja en las estadísticas y cada vez tiene menos sentido hacer esa distinción– hace que también perdamos de vista los temas del valor agregado. Por ejemplo, el valor agregado directo en la industria es de cierta dimensión, pero está utilizando insumos que implican valor agregado del sector primario. A los efectos del país, todo es valor agregado. Tenemos que diferenciar entre valor agregado directo e indirecto. En las exportaciones del 2005 al 2011, el valor agregado directo rondaba el 30% del Valor Bruto de Producción. Sin embargo, cuando consideramos estas cadenas que enlazan justamente secuencias de valor agregado –es decir, el valor agregado directo más el indirecto–, constatamos que las exportaciones uruguayas en el período antes mencionado tuvieron un valor agregado que alcanzaba el 65% del Valor Bruto de Producción.
Más relevante que eso es la asignación desde el punto de vista sectorial, justamente porque muchas veces la gente asocia el hecho de que estemos exportando más carne, lácteos y arroz con una mayor primarización. Se ve que no ha pasado por el sector agrícola y la industria y no ha visto la tecnología, la maquinaria, el management, el packing y todos los servicios de transporte y logística que tienen cargados, pero esto se refleja en los datos de valor agregado por sector. Cuando consideramos esta suma de valor agregado directo e indirecto, vemos que en el sector primario constituye el 65% del Valor Bruto de Producción, en las exportaciones industriales el 66%, y en los servicios, el 69%. En términos de valor agregado, entonces,  no existen diferencias significativas, ya sea que las exportaciones correspondan al sector primario, industrial o de servicios.
Un detalle más en relación con esto tiene que ver con el valor agregado por mercados de destino. También esto puede sorprender un poquito. A la Eurozona corresponde un 74%; al Nafta –Estados Unidos, Canadá y México–, 72%; a la Argentina, 68%; a China, 66%, y a Brasil, 65%. O sea que la caricatura de que al mundo le exportamos productos primarios y sólo exportamos valor agregado a la región no se refleja en estas cifras ni en el análisis que estamos exponiendo.
Vamos a subrayar un aspecto más con respecto al sector exportador, que creo que vale la pena tener en cuenta, porque así como no se defiende el tipo de cambio gratis –por lo menos hasta ahora no hemos encontrado la forma de hacerlo–, en la cuestión fiscal es necesario considerar también una serie de componentes que implican contribución fiscal a los sectores exportadores. La intervención en el mercado de cambios tiene como objetivo que no se desplome el tipo de cambio –reitero que, desde nuestra perspectiva, no es para nada inocua– y tiene un costo del entorno de los US$ 500:000.000, tal como expresó el señor Ministro. Empecemos a sumar.
Tomando como referencia la crisis, es decir desde el año 2009 hasta la fecha, la acumulación de devolución de impuestos indirectos al sector exportador es de US$ 437:000.000; los subsidios al sector automotriz, de US$ 136:000.000, y el subsidio implícito en la prefinanciación de exportaciones, cuyos sectores se ampliaron a partir de la crisis y de las restricciones de Argentina, de US$ 200:000.000 entre 2009 y 2012. O sea que también en este nivel de acciones fiscales, todos estos costos –que terminan en el déficit fiscal– son parte de la preocupación del Gobierno, y del Banco Central en algunas de estas áreas, por la competitividad y la salud de la economía real del país.
Permítame, señor Presidente, realizar algunos comentarios con respecto al sistema financiero, porque en la lógica de mitigar vulnerabilidades no hay crisis en el Uruguay que no se asocie a problemas en el sector financiero; además, han sido recurrentes. Me tocó nacer en mayo de 1965, el mes en que se hundió el Transatlántico; de ahí para acá, en todas las décadas hemos tenido episodios drásticos de problemas en el sector financiero. En los años setenta, Aldave y Martínez, el Mercantil; luego la crisis de 1982 y 1983; las secuelas de los años 1986 y 1987 que dejaron el Banco Comercial, el Banco de Crédito, el Banco Pan de Azúcar, el Banco de Italia y el Banco del Plata, que siguieron en los noventa. Tuvieron varias vueltas, y seguramente el señor Senador Eduardo Fernández las recuerda porque vivió alguna de ellas.
SEÑOR BORDABERRY.- ¿Y el Bandes?
SEÑOR BERGARA.- El Bandes todavía no le costó al país ni un solo peso. Y ya luego del 2000, agrego lo que costó la crisis de 2002 con cuatro bancos cerrados, etcétera. En todo ese episodio, además, debemos recordar la agonía del Banco Hipotecario y la necesidad de recapitalizar, en más de una oportunidad, al Banco de la República.
Cuando uno analiza los temas de vulnerabilidad, el sistema financiero es un foco de preocupación. Por lo tanto, debe haber políticas específicas para mitigar las vulnerabilidades en el sistema financiero.
Después de la crisis del año 2002, hubo que trabajar mucho y no fue responsabilidad exclusiva de los Gobiernos del Frente Amplio, porque se comenzó a trabajar a partir del 2003, tratando de recomponer la situación y las condiciones objetivas del sistema financiero para recuperar la confianza en él. Hoy podemos hablar de la mejor regulación y supervisión en el sistema, de los cambios en la institucionalidad de la regulación y del funcionamiento –sobre todo en los Bancos públicos–, y me refiero al fortalecimiento del Banco de la República, a la reestructuración del Banco Hipotecario con la creación de la Agencia Nacional de Vivienda y al fortalecimiento sistemático del rol regulador del Banco Central y su Superintendencia de Servicios Financieros para garantizar indicadores razonables en el sistema bancario y financiero en general, sustancialmente diferentes a los del pasado.
Permítanme mostrar algunas cifras representativas. En materia de depósitos –que han vuelto a crecer en los últimos años–, su dolarización se redujo sustancialmente –del 90% al 65%–, y eso, atado a lo que dijimos anteriormente, implicaba presiones a la baja del tipo de cambio. Los no residentes en los depósitos bancarios bajaron del 45% al 15%. El nivel de crédito en la economía es relativamente bajo; tomando todos los componentes del crédito, incluidas las administradoras de crédito, solo llega al 25% del Producto, que es un estándar bajo a nivel internacional, y ha mostrado una sustancial desdolarización. Por ejemplo, el crédito en moneda nacional era de alrededor del 20% y hoy está cerca del 50%. A su vez, los créditos a no residentes prácticamente han desaparecido. La deuda pública también se ha desdolarizado de manera sustancial. El señor Ministro señalaba que un 57% de la deuda de Gobierno está en moneda nacional y, obviamente, toda la deuda del Banco Central está en moneda nacional.
A nivel del sistema bancario, la solvencia es buena. El capital de los Bancos duplica el capital requerido. La liquidez es buena –órdenes del 50% o 60% de los activos–, la morosidad es muy baja –órdenes del 2% de los créditos– y, tal como explicáramos hace un rato, la exposición al riesgo de Argentina prácticamente se ha diluido. Además, en el sistema bancario uruguayo se realizaron varios procesos de cesiones y adquisiciones de Bancos que tenían problemas a nivel global y que en el Uruguay no implicaron absolutamente ningún elemento de incertidumbre ni de preocupación. Los mercados de seguros también se han ido fortaleciendo en estos años, ya que las ventas de seguros crecen al 10% anual. Ni hablemos del funcionamiento de las AFAP; el fondo de pensiones de los trabajadores en el Uruguay hoy supera los 18 puntos del Producto. Por su parte, el mercado de valores, con altibajos, comienza a aparecer como un agente importante para algunos emprendimientos.
Asimismo, hay que considerar toda la normativa y el accionar referido a la prevención del lavado de dinero. En ese sentido, el Gafisud –Grupo de Acción Financiera de Sudamérica que refleja al Grupo de Acción Financiera Internacional–, encargado de evaluar la normativa y el accionar contra el lavado de dinero en los distintos países, había hecho una evaluación de la situación uruguaya en los años 2002 y 2006, y realmente en ambos casos la evaluación era muy pobre. Sin embargo, la evaluación de Uruguay del año 2009 es una de las mejores de América Latina. O sea que también en materia de prevención de lavado de dinero, donde se incluye el accionar de la Unidad de Información y Análisis Financiero del Banco Central, ha habido un cambio institucional sustancial que ha mejorado los estándares para la prevención del lavado de activos y la percepción internacional en ese terreno.
Esto se sustenta en un conjunto de normas, muchas de ellas de carácter legal, como la Carta Orgánica del Banco Central, la Ley de Mercado de Valores, la Ley sobre los sistemas de pagos, y las adecuaciones en el esquema del secreto bancario a las nuevas exigencias del entorno global.
Permítame cerrar, señor Presidente, con dos reflexiones adicionales. La visión de corto y largo plazo implica ser mesurado en los análisis y en las recomendaciones –es lo que hemos tratado de enfatizar durante toda esta sesión con el señor Ministro–, pero quiero recordar que hace un año se nos marcaba la preocupación de una economía recalentada y ahora la preocupación se centra en una economía enfriada. Creo que justamente la visión estratégica de largo plazo es la que permite que tengamos un enfoque mesurado de la evolución de la economía, y no el que se tiene en función de los saltos de los indicadores de corto plazo.
En cuanto a que el Uruguay no puede crecer toda la vida a un 6% o un 7%, debo decir que coincidimos. Estamos prácticamente en situación de pleno empleo y crecemos en el orden del 4%. Al respecto, he leído en los medios que esto es un aterrizaje y, ya que hablamos de pilotos y aviones, les garantizo que aterrizar al 4% es complicado, porque es demasiado rápido.
Por otro lado, quiero hacer una reflexión que ata los asuntos macroeconómicos de estabilidad con los temas de desarrollo y los sociales. A veces se nos pone como referencia lo que pasa en países como Chile, Perú o Colombia, que tienen un poco menos de inflación y un poco menos de déficit fiscal, pero tienen niveles sustancialmente más altos de pobreza, indigencia y desigualdad. No estoy diciendo acá que haya una regla que diga que más gasto público –siempre dentro de los límites de la responsabilidad fiscal– y un punto más de inflación se reflejan en los indicadores sociales de manera automática, pero algo de eso hay. Esto, de alguna manera, tiene que ver con la estructura social y las preferencias de la sociedad. Es como preguntarse: ¿cuánto está dispuesta la sociedad uruguaya a cuestionar ciertos indicadores en materia de pobreza y desigualdad por tener un punto menos de inflación o de déficit fiscal? Reitero que no son cosas automáticas, pero en el largo plazo sí inciden. La acción del Estado y el manejo flexible de las herramientas macroeconómicas contribuyen a mitigar la pobreza, contribuyen al bienestar de la gente, y contribuyen también, con políticas sociales focalizadas y bien diseñadas, a reducir la desigualdad en la sociedad. Menor pobreza significa también más capacitación y más calidad de los trabajadores. Menor desigualdad implica una mayor disponibilidad de recursos útiles, calificados, para la producción, el empleo y el desarrollo. Obviamente, esto tiene un componente ético y social, pero también uno de hacer sustentable el crecimiento y el desarrollo económico y social de un país.
Muchas gracias, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Ministro.
SEÑOR MINISTRO.- Señor Presidente: la intervención del señor Presidente del Banco Central completó y amplió todo el tratamiento del tema referido a la inflación y la política antiinflacionaria, y creo que responde, en forma amplia y sólida, una buena parte de las interrogantes planteadas por el Senador interpelante. Avanzó en varios aspectos en lo que se refiere al tratamiento de los temas de competitividad y de los sectores recientemente afectados por problemas en su capacidad de competencia en los mercados internacionales.
Quisiera, apoyado en la argumentación, la información y el análisis que desarrollaba el Presidente del Banco Central, comentar un par de aspectos referidos a la competitividad y a los sectores en los que se concentran algunas de las dificultades más notorias sobre las cuales públicamente se plantea el debate.
El primer comentario que quiero hacer es acerca de la información que surge desde la macroeconomía sobre lo que previsiblemente puede estar ocurriendo en la competitividad, entendida de una manera más amplia que el reduccionismo de mirarla solo a través de las relaciones de precios al consumo o cualquier otro indicador que se refleje a nivel multilateral o bilateral, basado en la simple y sintética información que aportan las mediciones del tipo de cambio real. Quisiera hacer una precisión y un conjunto de reflexiones macroeconómicas, para luego mencionar algunos aspectos que van a complementar el análisis de lo que se ha realizado en las políticas públicas para sostener y apoyar a sectores en dificultades.
Empiezo, entonces, por las consideraciones de tipo macroeconómico. Es muy difícil evaluar un fenómeno complejo, como es la capacidad de competir, a través de indicadores simples o que combinan la calidad de ser simples y sintéticos. Creo que el hecho de tomar el tipo de cambio real como síntesis simplificadora y descriptiva de las condiciones de competitividad no permite hacer un análisis profundo y riguroso de un conjunto de factores que tienen que ver con la capacidad de competir y con la realización de esa capacidad de competencia en términos de producción exportable y de su calidad. No es posible explicar mecánicamente lo que ocurre con la capacidad de competir, a través de un indicador cuya relación empírica con el fenómeno que se quiere explicar no tiene el signo que esperaríamos que tuviera. No puede ser que algo que se considera esencial para definir la capacidad de competir no permita explicar lo esencial del fenómeno de cómo está ocurriendo, en la práctica, la competencia. Esa disociación entre los comportamientos de los tipos de cambio reales y los reflejos en materia de posición competitiva efectivamente manifestada señala, simplemente, que el indicador utilizado aporta información, pero incompleta. Esta es la primera reflexión macroeconómica que quería hacer.
Asimismo, me gustaría aportar algunos datos que pueden ayudar a reafirmar que esta complejidad del fenómeno de la capacidad de competir y cómo ella se expresa tienen mucho que ver con datos macroeconómicos que merecen ser interpretados y analizados con más rigor del que en muchas oportunidades se utiliza en nuestro país. Si el señor Presidente me permite, quisiera hacer una comparación entre algunos indicadores en el año 2001, momentos en los cuales se esgrimía que había un problema en el tipo de cambio real –de algún modo, un desfase respecto a lo que sería una posición normal del tipo de cambio–, discusión que en la actualidad nacional y tomando datos del año 2012 podríamos decir que tiene la misma naturaleza. Me gustaría presentar cuatro elementos descriptivos, de índole macroeconómico, que pueden aportar mucha información para reconstruir esa aparente inconsistencia explicativa que surge solo de mirar los tipos de cambio reales.
En primer lugar, quiero recordar que en el año 2001 la economía cayó un 3,8%, mientras en 2012 creció un 3,9%. El contexto de crecimiento y las condiciones que lo propician, en una economía como la uruguaya, necesariamente tienen que ver con la capacidad de competir; no puede ser de otra manera. Esta cifra macroeconómica está mostrando que hay un conjunto amplio de sectores productivos que, o bien compiten en el exterior con éxito o producen internamente para defender su producción frente a un escenario competitivo, en bienes y servicios, cada vez más amplio. No se debe olvidar que ya no tenemos a la industria del sector agropecuario compitiendo con lo importado o por mercados externos; hoy contamos con buena parte de los servicios conexos a la industria, al agro, que son sectores exportadores propiamente dichos, que compiten en las mismas condiciones y con las mismas reglas de desafío con que lo hacen los sectores agropecuario e industrial. Por lo tanto, creo que esa información merece ser tenida en cuenta.
En segundo lugar, quiero decir que en el año 2001 la tasa de inversión respecto al PIB –la acumulación del capital– representaba 13,7 puntos; diría que estaba en el promedio de lo que era en las décadas fracasadas –no es una excepción este dato–, en las décadas del estancamiento, de la postración económica del país. El año pasado, las cifras de inversión, de formación bruta de capital fijo, fueron 22,1 puntos del PIB. Detrás de estas decisiones de inversión, ¿alguien puede pensar que no hay un fortalecimiento, en sí mismo, de capacidades competitivas en los sectores que están invirtiendo? No. Están provocando transformaciones importantes en la productividad, alimentadas por expectativas de éxito en el futuro que no pueden ser obviadas.
En el año 2001, las exportaciones cayeron un 10%; en el año 2012, las exportaciones en dólares corrientes crecieron un 10,5%. Nadie puede pensar que estas realidades tan contrapuestas pueden ser explicadas –unas y otras– por una variable tan simple como el tipo de cambio real.
Por último, la tasa de desempleo en el año 2001 –nos salteamos la crisis– alcanzó el 15,3% de la población económicamente activa; hoy es del 6,4%, en el promedio del año 2012. Esto muestra cambios muy importantes en la forma en que se produce y se utilizan el trabajo, el capital, la tecnología y todo aquello que involucra decididamente variables que influyen sobre la competitividad. No puede ser que los intentos de medición de la capacidad de competir de un país, en el caso de organizaciones como el Foro Mundial, traten de multiplicar la cantidad de dimensiones relevantes para entender el fenómeno y que nosotros lo expliquemos con uno solo. No puede ser que los trabajos de académicos de prestigio, como Porter y otros tantos, que trataron de enseñarnos que había que mirar la competitividad como algo mucho más rico, de construcción específica y de conjuntos de empresas, terminen reducidos a la simple expresión del tipo de cambio real, lo que después no permite entender el fenómeno que se trata de explicar.
Creo que estas consideraciones macroeconómicas ayudan a decir, no que no hay sectores en dificultades, sino que hay procesos que están ocurriendo en la economía –de enorme significación sobre la capacidad de competir y de acrecentarla–, que el tipo de cambio real no permite, por sí solo, entender ni observar.
El señor Presidente del Banco Central hablaba de los esfuerzos de apoyo, pero quisiera dejar de lado los que se hacen en otros sectores de la economía y me voy a referir a uno en particular: la industria manufacturera. Voy a intentar aportar elementos que muestran los instrumentos y la magnitud de los apoyos directos ocurridos en el año 2012 al sector manufacturero.
El señor Presidente del Banco Central presentaba información correspondiente a cuatro años, y yo voy a aportar la más reciente, a fin de dar orden de magnitud al esfuerzo actual.
En el mencionado año 2012, la devolución de impuestos indirectos representa US$ 141:000.000 para la industria manufacturera; el régimen automotor representa US$ 37:000.000; el régimen de financiamiento de exportaciones, tanto el general como el especial, para los sectores en dificultades, abarca US$ 55:000.000; la utilización por parte de la industria manufacturera de los beneficios previstos en la ley de inversiones representan US$ 68:000.000, y el subsidio al sector de la vestimenta, aprobado por ley en este Parlamento, significa US$ 5:000.000, reitero, en el año 2012. Esto suma US$ 306:000.000 de subsidios directos, es decir, un 0,6 del PIB correspondiente al año 2012, al que si le agregamos algo más de un punto del PIB –aunque creo que sería una injusticia decir que con ello se sostiene el tipo de cambio real y el costo de sostenimiento de niveles razonables realizados en conjunto entre el Banco Central del Uruguay y el Ministerio de Economía y Finanzas–, obtendríamos una cifra que se sitúa en torno a los US$ 500:000.000 o un poco más. Con ello estaríamos hablando de que el apoyo específico a través de instrumentos que impactan fiscalmente al sector exportador –el manufacturero, en particular– representa una cifra superior a los US$ 800:000.000. Este monto representa, en las exportaciones industriales sujetas a estos beneficios, algo más del 10%; repito, algo más del 10% de apoyo de las políticas públicas. Esto no es otra cosa que el reflejo de la forma en que las políticas públicas activas están apoyando a sostener y proyectar la capacidad exportadora del sector industrial.
Quiero agregar información que seguramente va a ayudar a entender el involucramiento de las políticas públicas a nivel micro, con el apoyo a los sectores. Por ejemplo, señor Presidente, si tomamos como indicador del apoyo algo que tenga más que ver con el valor agregado generado por cada uno de estos sectores industriales y decimos qué proporción del valor agregado está constituido por apoyos de las políticas públicas, y si decidimos no mirar todo el valor agregado sino solo la parte de la masa salarial, del costo laboral que está siendo cubierta por apoyos de parte de las políticas públicas o de apoyos fiscales específicos, nos llevaremos algunas sorpresas, porque en el sector automotor, por ejemplo, el apoyo en términos de masa salarial representa más del cien por ciento. Repito: más del cien por ciento de la masa salarial del sector es subsidio directo otorgado desde la política fiscal. En el sector textil representa el 30% de la masa salarial; en el sector vestimenta es más del 20%; y podríamos seguir con el listado de sectores relevantes en la actividad industrial, en los que vamos a encontrar valores que oscilan entre el 7% y el 35%. Este es un involucramiento decidido por parte de las políticas públicas y un componente expreso de apoyo a un sector exportador que está realizando parte de su valor agregado en la actividad de exportación. En mi opinión esto importa no porque digamos que es suficiente o insuficiente, sino porque lo que debe ser constatado en una instancia de este tipo es que la política económica, con una visión de largo plazo, está haciendo enormes esfuerzos para ayudar a aquellos que están en dificultades y a aquellos que encuentran inconvenientes para continuar teniendo posiciones competitivas en los mercados externos. Creo que esta información puede ayudar a entender –ya no a nivel macroeconómico, sino a nivel de sectores específicos– cuál es la actitud con la que el Poder Ejecutivo se ha manejado en materia de apoyo a sectores en dificultades.
A continuación, quisiera pasar a responder las preguntas realizadas por el señor miembro interpelante que pienso no están debidamente respondidas, ya sea por su especificidad o porque en nuestra presentación le dimos un enfoque distinto, en el que la respuesta directa no resultaba para nada evidente.
Claramente, la primera pregunta refiere a las estimaciones del déficit para los años 2013, 2014 y 2015. Aclaro que respecto a todas las respuestas que impliquen realizar proyecciones para este año y para los subsiguientes –ya se lo he manifestado al señor miembro interpelante y a todo el Cuerpo– vamos a hacer en pocas semanas, como es habitual, una presentación en la que se especifican datos cuantitativos precisos sobre cada uno de estos temas. Claro está que creo haber dado sobrados argumentos y líneas explicativas respecto a los factores que están influyendo sobre estas proyecciones, tanto del resultado fiscal de 2012, como de las previsiones y consideraciones que hay que tener en cuenta en la actualidad para entender la trayectoria de la política fiscal.
Con respecto a la segunda pregunta, entiendo que está más que contestada a través de las respuestas que di en ocasión de la presentación de las explicaciones sobre el desvío respecto a la programación en materia de déficit correspondiente al año 2012.
En cuanto a la tercera pregunta, el señor miembro interpelante pregunta si el señor Ministro entiende que es necesario aumentar la capacidad de observar y controlar el gasto en las empresas públicas, y si considera que la misma se ha perdido. En lo que respecta a la actividad que tiene a su cargo el Ministerio de Economía y Finanzas, nuestra relación con las empresas públicas en materia presupuestal tiene que ver con que somos uno de los encargados de aprobar sus presupuestos. Por otro lado, manejamos el programa financiero de Gobierno, que implica la traducción de las decisiones presupuestales sobre la ejecución financiera anual. Por lo tanto, en esa relación nos atenemos a la norma constitucional y a la operativa normal de relación entre las empresas públicas que están en el programa financiero y el Ministerio de Economía y Finanzas, y no nos compete hablar de otras actividades de contralor que no sean aquellas a las que nos faculta la ley y la Constitución.
Para la cuarta pregunta vale la consideración inicial que hacía respecto a las proyecciones para los próximos años.
La quinta pregunta dice: “¿Incluye en la estimación de déficit 2013 el gasto de 40 millones de dólares por parte de Antel en un predio de la Intendencia de Montevideo para construir un estadio?” Claramente dije que como no presenté las cifras correspondientes a los años 2013, 2014 y 2015, sería imposible decir si están incluidas en algo que aún no presenté, pero lo que sí le adelanto al señor miembro interpelante es que el monto total de inversiones realizadas por todas las empresas públicas y por Antel en particular correspondientes a este año y a los años subsiguientes de gestión de esta Administración ya fue acordado. En consecuencia, las decisiones de qué proyectos prioriza y qué proyectos posterga en el marco de los montos de inversión autorizados no competen específicamente al Ministerio de Economía y Finanzas porque lo único que necesitan los Entes para llevar adelante estas inversiones es tener previsión presupuestal. La previsión presupuestal hasta ahora no se ha realizado porque todavía está pendiente la presentación de los presupuestos en los que esta pudiera estar incluida. Por consiguiente, para nosotros no tiene significación en materia de política fiscal porque obviamente estará en el marco de los acuerdos sobre ejecución presupuestal que ya han realizado los Entes con el Ministerio de Economía y Finanzas.
La sexta pregunta dice: “¿Existe a juicio del Ministerio de Economía y Finanzas en Ancap una política de gasto que excede las posibilidades de la empresa?” Al Ministerio de Economía y Finanzas le compete aprobar los presupuestos de las empresas públicas y es en esas ocasiones cuando expresamos nuestras opiniones acerca de la conveniencia, la calidad y la pertinencia de la realización de cada uno de los gastos; lo hacemos porque la institucionalidad reclama que así lo hagamos y lo seguiremos haciendo todas las veces que corresponda.
Creo que la séptima pregunta ya ha sido respondida.
La octava pregunta tiene dos partes, de las cuales entiendo que la inicial ya la he respondido. En cuanto a la parte final, que plantea si se debe realizar una Rendición de Cuentas austera y casi sin aumento del gasto, quiero señalar lo siguiente. Toda la propuesta presupuestal del Poder Ejecutivo se define en ese ámbito y nosotros vamos a continuar la lógica de elaboración presupuestal que hemos tenido hasta ahora, que es la de mantener una situación fiscal prudente, cuidadosa y responsable, que sea compatible con la sustentabilidad de las finanzas públicas y que contribuya al desarrollo nacional. En general, los factores que explicaron correcciones en las asignaciones de gasto hechas en el pasado estuvieron vinculados con un crecimiento superior al esperado –cosa que ahora no ocurre; está en línea– o con la existencia de márgenes en lo que refiere a la regla de orientación de la política fiscal –que es la política de deuda–, todo lo cual, en este caso, tampoco ha ocurrido. Por tanto, descuento que no están dadas las condiciones que tradicionalmente se tuvieron en cuenta para proponer ajustes –por supuesto, me refiero a ajustes de significación– en la política fiscal.
No recuerdo que en la presentación que realicé sobre la situación económica y fiscal en la reunión del Gabinete ministerial o en la reunión con nuestra bancada de legisladores haya tirado de las orejas o haya hecho algún comentario –es posible que lo haya hecho un tercero y no lo recuerde– acerca de la necesidad de una mayor austeridad. Ambas fueron reuniones muy analíticas, en las que explicamos lo mismo que acá: cómo había sido el comportamiento fiscal en el año 2012 y su comparación con las proyecciones. También explicamos a nuestros compañeros de Gabinete y a nuestros compañeros de bancada en qué consisten los factores que debemos tener en cuenta para hacer una buena lectura de la política fiscal.
La novena pregunta dice así: “¿Estima el señor Ministro que el gasto continuará creciendo por encima del PIB en el 2013, 2014 y 2015? Si es así, ¿cuál es su estimación y cómo se financiará?”. Para responder esta pregunta, y en función de lo que acabo de decir, creo que lo mejor es atenerse a la última programación presupuestal, que es donde figura el marco de decisiones ya adoptadas. Creo que es suficientemente clara y ya fue aprobada por el Parlamento de la República. Por otra parte, les recuerdo que las leyes de Rendición de Cuentas y de Presupuesto son ampliamente debatidas, ampliamente analizadas y, repito, sus números fueron aprobados por el Parlamento.
La décima pregunta me permite complementar la contestación que acabo de dar a la pregunta novena, porque dice: “¿Propondrá el Ministerio de Economía y Finanzas un aumento de impuestos o un ajuste fiscal para enfrentar el déficit?”. Bueno, la respuesta es no, y creo haber sido claro respecto de todos estos temas en mi presentación. No obstante ello, permítanme agregar lo siguiente. La expresión “ajuste fiscal” y la referencia que a ella se hace es una consecuencia de la insustentabilidad de la política fiscal en determinadas circunstancias, que actualmente no están dadas. Entonces, sobre bases de sustentabilidad de la política fiscal, considerar, como concepto, el ajuste fiscal entra en contraposición con el argumento y la realidad que en materia de política fiscal hemos venido manejando. Por tanto, la respuesta es contundente: ¡no tenemos previsto realizar ningún ajuste tributario como consecuencia de la necesidad de hacer un ajuste fiscal! En Uruguay sabemos lo que son los ajustes fiscales, porque hemos tenido muchos. Las únicas Administraciones que no realizaron ajustes fiscales al iniciar sus funciones fueron los dos Gobiernos del Frente Amplio.
La pregunta undécima fue debidamente respondida.
La duodécima pregunta, que es muy concreta, refiere a si la promesa realizada en la campaña electoral de bajar dos puntos el Impuesto al Valor Agregado, se va a mantener. La respuesta es: ¡sí!, se va a mantener. Estamos trabajando para ello; inclusive, hemos avanzado en ajustes en materia tributaria vinculados al IVA en algunos de los productos que adquieren los sectores de más bajos ingresos. En resumen, estamos trabajando intensamente para obtener un mecanismo mediante el cual la rebaja del IVA se traslade a los precios y efectivamente sea apropiado por los consumidores. Por ello, con toda seguridad, próximamente vamos a precisar la o las fechas en que esto va a suceder.
La pregunta decimotercera también ya fue debidamente respondida.
En función de la amplia y rigurosa exposición realizada por el Presidente del Banco Central, creo que la pregunta decimocuarta también fue contestada. 
En el caso de la pregunta decimoquinta, que refiere a la estimación de la inflación para el año 2013, me voy a salir de la regla porque, en la medida en que se trata de una estimación del Ministerio, no me voy a manifestar. De todos modos, puedo adelantar que las estimaciones que se realizan actualmente en nuestro país acerca de cuál será la tasa de inflación promedio del año 2013 tienen una guía bastante útil: las expectativas del mercado que releva el Banco Central del Uruguay, y nosotros las tenemos muy en cuenta cuando realizamos nuestras previsiones. Insisto: nosotros tenemos muy en cuenta la información generada por analistas expertos en proyecciones de inflación –que es un elemento muy novedoso e importante– al realizar nuestras previsiones. Por supuesto que consideraremos también aquellas cosas importantes que, de pronto, no fueron inadvertidas por los analistas.
La pregunta decimosexta dice: “¿Tiene previsto el Ministerio de Economía y Finanzas repetir en diciembre de 2013 lo realizado en diciembre de 2012 (posponer subas de UTE y realizar acuerdos de precios con supermercados)?”. En primer lugar, debo precisar que no se previó ningún aumento ni hubo ninguna regla de aumento de tarifas públicas a aplicar en el mes de diciembre de 2012 ni en ningún otro diciembre, que yo recuerde. Por tanto, la postergación de subas de la tarifa de UTE no fue tal porque se realizaron, como siempre –al igual que en el resto de las empresas que ajustan anualmente–, a principios del año 2013. Esos ajustes son conocidos y no hubo ninguna postergación respecto al calendario previsto. 
En cuanto a los acuerdos de precios con los supermercados o con otro actor que intervenga decididamente en la formación de precios, quiero decir que vamos a seguir aprovechando ese buen clima que existe entre algunos integrantes del sector privado, relevantes en la formación de precios, y el Gobierno, para ayudar –en momentos en que se pueda hacerlo– cuando se den circunstancias similares a las que teníamos a fines de 2012.
Ahora bien, quiero decir algo que no tiene que ver con la pregunta decimosexta, pero sí con alguna consulta y ciertos calificativos utilizados por el señor Senador Amorín. Creo que la consulta acerca de si se va a repetir en diciembre de 2013, lo realizado –agrego yo, por primera vez– en diciembre de 2012 adquiere relevancia si se refiere al comportamiento del plan especial de UTE para rebajar las tarifas, condicionado a una reducción en el consumo en los momentos en que los costos de producción de energía eléctrica son más elevados, esto es, en los meses pico, que generalmente son a mitad de año. Aquí quiero ser contundente: cuando UTE diseñó este instrumento no lo hizo pensando en el año 2012, sino que lo hizo pensando en una política que trata de influir sobre la estacionalidad en el consumo y premia –como en otros planes que tiene la empresa– con beneficios en los precios a quienes contribuyen en este proceso de suavización. Debo decir, además, que estas medidas están inspiradas en la propia naturaleza del negocio que administra una empresa de distribución y generación de energía eléctrica. Mitigar los picos en los momentos de alto consumo es muy importante y muy conveniente económicamente para la empresa, porque debe producir siempre la cantidad que se le demande para que la red funcione y el servicio no se interrumpa abruptamente. Entonces, este tipo de actitudes y de planes se ha multiplicado en las empresas de energía eléctrica, tanto a nivel nacional como internacional. La tarifa inteligente es un ejemplo, porque tiene la misma lógica de aplicación. Esta lógica se complementa y se extiende, en este caso, a una lógica mensual que la empresa entendió conveniente. Y se va a repetir y lo único que va a implicar es un cambio en el perfil estacional del comportamiento de la tarifa de la empresa eléctrica, como ocurre toda vez que se quiere hacer algo positivo en esta materia.
SEÑOR AMORÍN.- ¿Me permite una interrupción, señor Ministro?
SEÑOR MINISTRO.- Primero voy a contestar todas las preguntas y cuando termine, con mucho gusto le concederé la interrupción.
SEÑOR PRESIDENTE.- Si el señor Senador quiere contestar una alusión, le concederemos la palabra cuando el señor Ministro termine su exposición.
SEÑOR AMORÍN.- De acuerdo.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Ministro.
SEÑOR MINISTRO.- Señor Presidente: creo que utilizar términos tales como “maquillaje o artificios” para calificar estas medidas no tiene el más mínimo fundamento. Por esa razón, en una instancia como esta es importante tratar de aclarar los conceptos. Ni se maquilló el dato de inflación ni hubo ningún artificio; lo que hubo fue un argumento conceptual para desplegar esta política.
La pregunta decimoséptima dice lo siguiente: “¿Estima el señor Ministro que el congelamiento de alquileres o el control de precios es una medida que se vaya a aplicar en el Uruguay en los próximos dos años?” La respuesta es que no está previsto hacer uso de este tipo de acciones. Ahora bien, estamos preocupados –y esto seguramente requerirá iniciativa legal– por el hecho de que mayoritariamente en el mercado los precios de los alquileres se están ajustando por la evolución de la Unidad Reajustable de Alquileres, que actualmente está creciendo por encima de la inflación, habida cuenta de que es en esos niveles que están creciendo los salarios. Pensamos que esto tiene que ser subsanado en beneficio de los inquilinos y atendiendo debidamente las repercusiones que sobre la inflación puedan tener mecanismos de indexación que pertenecen al pasado. El legislador fue muy inteligente al establecer que el mecanismo de ajuste de los alquileres estuviera alineado con los salarios; claro, eso era así porque los salarios caían todo el tiempo. Entonces, cuando los salarios tendencialmente caían, era lógica esta preocupación; pero hoy no sucede lo mismo. Como decía, este es un tema que requerirá de una iniciativa legal, que, adelantamos, haremos llegar al Parlamento en los próximos meses.
La pregunta decimoctava dice lo siguiente: “Cree el señor Ministro que exclusivamente con el congelamiento del crédito del Banco de la República y el aumento de los encajes marginales es suficiente para reducir el crecimiento de los precios? ¿No debería además sumarse una contención del gasto público?”. Creemos sinceramente que estas preguntas han sido debidamente evacuadas. De todos modos, una vez más voy a decir que el mecanicismo entre la evolución del gasto y la situación de la inflación son también de esas cosas que hemos tratado de dejar claras explicando que en la complejidad de las presiones que están actuando sobre la formación de precios en la economía, no es bueno reducir todo a un solo factor. Que la política fiscal ha hecho su contribución y la seguirá haciendo, ¡por supuesto que sí! Creo que esa es la respuesta que espera el Senador interpelante que surja de nuestra parte.
La pregunta decimonovena dice lo siguiente: “¿Qué medidas piensa adoptar el Poder Ejecutivo para revertir esta situación de pérdida de competitividad?”. Pensamos que hemos explicado y analizado suficientemente qué es lo que estamos haciendo en este sentido. Ejercer las responsabilidades de la política económica es plantearse permanentemente problemas nuevos, situaciones nuevas y tratar de dar soluciones o el mejor tratamiento posible a ellos. Por lo tanto, esta no es una ocasión en la que tengamos que anunciar medidas, sino que más bien hay que expresar que la actitud con la que nos hemos comportado, la sensibilidad y la atención que hemos tenido para atender la realidad del sector exportador, continúa estando presente y seguirá orientando nuestras acciones.
La pregunta vigésima dice: “¿Señor Ministro: a su juicio existe atraso cambiario en estos momentos en nuestro país? De existir, ¿qué medidas tomará para terminar con el mismo?”. Sobre este punto creo haber dado múltiples respuestas que ayudan a entender de qué manera la competitividad está siendo afectada por una serie de factores y por eso debo decir que no creo que haya atraso cambiario. Pero esto no es la negación de ninguna realidad, que es muy obvia para muchos. También hay que reconocer que el sector exportador preferiría que el tipo de cambio real fuera mucho más alto –esto es así–; los jubilados, que las jubilaciones fueran más altas; los asalariados, que los salarios fueran más altos, del mismo modo que los tenedores de Títulos públicos desearían que las tasas de interés fueran más altas. El hecho de que haya sectores que se vean beneficiados por una medida, a nuestro entender no es justificativo de la conveniencia o de la existencia de desequilibrios que merezcan ser atendidos. Insisto: la actitud del equipo económico durante estos dos Gobiernos jamás ha sido la de tapar el sol con la mano. Si en algún momento se plantearan dificultades o existieran evidencias sobre la necesidad de perfeccionar el uso de los instrumentos, lo haremos; nosotros no endiosamos ni elevamos a la categoría de intocable a ninguno de esos instrumentos. Si resultan necesarios, los vamos a manejar y lo vamos a hacer con responsabilidad y no porque algún sector específico de la economía entienda que merece nuestra atención prioritaria y especializada. Manejar la política económica es arbitrar entre el interés general y un conjunto de intereses específicos; si uno trata de atenderlos todos y de a uno, probablemente terminará perjudicando y negando la propia lógica del interés general.
La pregunta vigesimoprimera dice: “¿Entiende el señor Ministro que la excesiva sectorización del Partido de Gobierno puede influir en la política fiscal y provocar un aumento del déficit?”. Quiero recordar que he formado parte de los dos Gobiernos que lleva el Frente Amplio: durante el anterior, cuando las responsabilidades del Ministro de Economía y Finanzas fueron asumidas por el hoy Vicepresidente de la República; y, en este, ocupando yo el cargo de Ministro. Debo ser contundente en este tema: desde el Poder Ejecutivo, desde nuestra fuerza política y desde nuestra bancada parlamentaria ha habido, sistemáticamente y de manera continua, un respaldo, una sintonía y un grado tal de compromiso con la política fiscal en particular y con la política fiscal y sus versiones presupuestales que yo quiero destacar y reconocer. El grado de compromiso de todo el Gobierno y de la fuerza política que lo respalda con la política fiscal ha sido permanente y continuo.
La última pregunta, vigesimosegunda, dice lo siguiente: “¿Entiende el señor Ministro que la actuación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto en los últimos tiempos, en especial anunciando cambios tributarios, afectó la institucionalidad de la conducción económica? ¿Cómo espera solucionarlo?”. Imagino que eso de “¿Cómo espera solucionarlo?” debe ser contestado si yo creyera que afectó; pero como no creo que eso haya ocurrido, no tengo que mencionar ninguna forma de solucionarlo. Quiero aclarar, sí, que la estrategia económica, la política económica, como el resto de las políticas, representan a todo el Gobierno; representan a todo el Gobierno del Frente Amplio. Precisamente, este Gobierno del Frente Amplio se ha construido sobre la base del compromiso con objetivos fundamentales, pero después de procesar discusiones. En el Frente Amplio no hay pensamiento único; en nuestro Gobierno hay apertura y análisis permanente. No creo –imagino que tampoco lo piensa ninguno de nuestros compañeros– que la discusión, la iniciativa o la propuesta de ideas sobre diversos temas signifique un menoscabo para la actividad de ninguno de los Ministerios. Si así fuera, muchas de las intervenciones que hemos tenido en políticas que afectan a otros Ministerios podrían haber sido vistas de un modo diferente de como las vieron nuestros compañeros: como un intento de ayudar a aportar y a construir conjuntamente.
Muchas gracias.
SEÑOR AMORÍN.- Pido la palabra para contestar una alusión.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.
SEÑOR AMORÍN.- Señor Presidente: procedo a contestar porque me da la sensación de que el señor Ministro estaba molesto o enojado por algún calificativo, seguramente empleado por mí. Quiero reiterar lo que dije para que quede claro.
Concretamente, señalé que en el mes de diciembre se tomaron algunas medidas para evitar que, ese mes, la inflación fuera la que debió haber sido. Dos de esas medidas fueron bastante claras: un plan de UTE –que ahora me entero que va a ser para los diciembres de toda la vida– y un acuerdo con los supermercados. Esto que vi yo, lo vieron todos los analistas económicos del país que dijeron algo bastante claro: se aguanta en diciembre, pero salta en enero y en febrero. Eso fue lo que sucedió; no pasó otra cosa que eso. Esto que vi yo, también lo percibió COFE, que se quejó con entusiasmo frente al Gobierno porque ese número tenía que ver con una cantidad de cosas que a ellos les importaban; esto que veo yo, lo van a ver miles y miles de personas, que van a empezar a pagar el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas por el manejo de la inflación en el mes de diciembre. Se trata, entonces, de un hecho constatado. No lo dije para enojar al señor Ministro, sino porque se trata de algo que ocurrió.
Finalmente, quiero hacer una puntualización que considero importante. El señor Ministro dijo, con verdad y con razón, que los dos Gobiernos del Frente Amplio, cuando comenzaron, no hicieron ajustes fiscales. Y no hicieron ajuste fiscal en 2005 porque recibieron el Gobierno de tal forma que no fue necesario; si bien el señor Vicepresidente de la República fue generoso al reconocerlo en el año 2005, el señor Ministro no lo fue en el día de hoy.

5) SOLICITUDES DE LICENCIA E INTEGRACIÓN
DEL CUERPO
SEÑOR PRESIDENTE.- Léase una solicitud de licencia.
(Se lee:)
SEÑOR PROSECRETARIO (Miguel Sejas).- “Montevideo, 3 de abril de 2013.
Sr. Presidente de la Cámara de Senadores
Cr. Danilo Astori
De mi mayor consideración:
    Por intermedio de la presente solicito al Cuerpo se me otorgue licencia por motivos personales por el día de la fecha, y se convoque a mi suplente correspondiente.
    Sin otro particular, le saluda muy atentamente,
         Carlos Baráibar
           Senador”
SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.
(Se vota:)
–22 en 24. Afirmativa.
Se comunica que los señores Alejandro Echeverría, Héctor Lescano, Gustavo Guarino, Humberto Ruocco y Felipe Michelini han presentado notas de desistimiento informando que, por esta vez, no aceptan la convocatoria a integrar el Cuerpo, por lo que queda convocado el señor Antonio Gallicchio, a quien ya se ha tomado la promesa de estilo.
SEÑOR VIERA.- Pido la palabra para una cuestión de orden.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.
SEÑOR VIERA.- La bancada del Partido Colorado solicita un cuarto intermedio de treinta minutos.
SEÑOR PRESIDENTE.- Es una moción que no admite discusión.
Se va a votar.
(Se vota:)
–23 en 24. Afirmativa.
El Senado pasa a cuarto intermedio por treinta minutos.
(Así se hace. Es la hora 16 y 23 minutos)

(Vueltos a Sala)
6) LLAMADO A SALA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA
Y FINANZAS, ECONOMISTA FERNANDO LORENZO
SEÑOR PRESIDENTE.- Habiendo número, continúa la sesión.
(Es la hora 17 y 2 minutos)
–Retomando el tema objeto de la convocatoria, tiene la palabra el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Gracias señor Presidente.
Agradezco al señor Ministro y al señor Presidente del Banco Central del Uruguay por el tiempo que nos han dispensado. Lamento que el espíritu con el que iniciamos esta sesión no haya sido compartido y que se haya empezado a mirar hacia atrás y a decir qué hizo el Frente Amplio y qué no hizo el otro, eligiendo años con los cuales hacer comparaciones: sí con el 2001 y no con 1998. Esa no era la idea. Creo que no es un buen espectáculo para la ciudadanía que quienes estamos al frente de Partidos y de Ministerios nos peleemos, no por los problemas, sino para ver quién lo hizo mejor, en una lucha de sordos porque, obviamente, uno dice que lo hizo bien y el otro dice que lo hizo mal, con lo que no estamos agregando nada. Ese no es el espíritu con que planteamos esta interpelación y lamentamos que no se haya comprendido así, al punto que hoy terminamos hablando de los controles de las AFAP en el Banco Central del Uruguay.
Voy a resistir la tentación de empezar a discutir “para atrás”; me parece que no es bueno hacerlo. Solamente quiero hacer una aclaración, una suerte de controversia genérica, como a veces hacemos los abogados: no acepto todas las cosas que se han dicho, y solamente para elevar el debate en esta Casa –y llevarlo al nivel que creo que debemos tener– es que no voy a entrar en esa discusión.
Voy a pasar directamente a los temas.
Hace mucho tiempo se decía que es fundamental la calidad de la información económica. Jesús Lizcano Álvarez, Profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid, España, hacía referencia a la importancia que tienen los datos económicos y su manejo, así como a la necesidad –tema al que hizo mención el señor Ministro en algún momento de la sesión– de tener toda la información arriba de la mesa.
Se nos dijo que parte del déficit se explicaba, por ejemplo, porque hubo que pagar cuentas heredadas del Gobierno anterior al 2005, por los juicios contra el viejo Banco Comercial que iniciaron cuatro bancos. No se dijo todo lo que se tenía que decir, y explicar el desvío en el déficit fiscal sin tener en cuenta y poner sobre la mesa toda la información, creo que no hace bien a la calidad del debate.
Yo leí en la prensa que en esa reunión de enero, cuando el señor Ministro –según se informa– hizo conocer los datos del déficit con preocupación y pidió austeridad, les solicitó a sus legisladores que pasaran la factura de ese juicio de US$ 120:000.000 a la oposición. ¡Seguimos pasándonos factura! Pero además, esa factura a la que se hizo referencia el otro día en la Asamblea General no es tal, porque se dice la mitad de las cosas; se da la mitad de la información. Ese juicio fue transado en abril de 2011 para ser pagado, después de determinadas operativas, en el 2012. O sea que mal podía sorprender y explicar un desvío del déficit fiscal previsto si ya en abril de 2011 había un juicio transado que se iba a pagar en 2012. Así que esta no es una explicación sensata. Además, señor Presidente –estoy seguro de que usted recuerda–, parte de eso ya se había cobrado, y otra parte se cobró el año pasado. ¡Hay que mostrar las cifras del debe y las del haber; no ocultarlas, y menos azuzar a los legisladores, aunque por suerte parece que solamente uno salió a esgrimirlo contra la oposición!
Señor Presidente: en los años 2005 y 2006 existieron ingresos por la venta del Nuevo Banco Comercial por casi US$ 70:000.000 y, como había una cláusula que disponía que si se volvía a vender el Nuevo Banco Comercial, el Estado volvía a cobrar, en el 2012 le ingresaron US$ 70:000.000 más. Esto, más los US$ 10:000.000 o US$ 15:000.000 que había cobrado antes, da una cifra de US$ 155:000.000. O sea que hubo que pagar una cuenta de US$ 120:000.000, pero entraron US$ 155:000.000. Se me podrá decir: “¿Sabe qué pasa? Cuando hay un ingreso se computa en ese año y no se puede pasar para el siguiente”. Bueno, los últimos US$ 70:000.000 entraron el año pasado –los otros ingresaron antes– y, además, si había una contingencia –como el juicio–, era necesario tenerla en cuenta. Y antes de azuzar para que se vaya contra la oposición, o culparla de esas herencias, creo que sería bueno, para tener un mejor debate, dar toda la información.
Seguramente el señor Presidente recuerda que el bróker que quería vender el Nuevo Banco Comercial fue a ver al economista Alfie en febrero de 2005, quien dijo: “Yo no voy a vender un banco cuando me estoy yendo. Hablen con el nuevo Ministro”. Le pasó todo y la operación se hizo.
También se miró para atrás con el tema del déficit en la inversión energética. Recuerdo lo que hizo el entonces Ministro Villar, quien dejó pronta la licitación   –aunque sin asignar, porque nos estábamos yendo– para la Central de Ciclo Combinado en Punta del Tigre, tema que fue retomado ahora, ocho años después. Si hiciéramos cálculos sobre la falta de inversión, nos daríamos cuenta de que todos hemos hecho algunas cosas bien y otras cosas mal. Dije que no iba a mirar para atrás, que no iba a asignar culpas y, al final del día, a uno lo terminan arrastrando a esas peleas en las que no quiere entrar porque duelen.
Cuando escuchaba al señor Ministro y al señor Presidente del Banco Central del Uruguay recordé aquella novela de Stevenson, “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, novela que amplifica el problema del trastorno disociativo de la personalidad: en el día era Jekyll y, en la noche, Hyde. Ahora el equipo económico vuelve a decir lo que dijo en ACDE en diciembre del año pasado: que está todo bien, que no hay ningún problema y que todo es muy bueno; vuelve a ser el doctor Jekyll.
Nosotros quisimos aportar, quisimos ayudar, y no se entendió.
Aquí tenemos las declaraciones que el señor Ministro de Economía y Finanzas hizo al diario La República el pasado 2 de febrero –cuando era Mr. Hyde–, solicitando a los legisladores del Frente Amplio cuidar el déficit fiscal y las cuentas macroeconómicas, y mantener la estabilidad en dichas cuentas. Dijo que la situación macroeconómica del país estaba al límite, solicitó austeridad en el manejo de los recursos y explicó a qué se debían los números en rojo. Estas palabras no son mías. Son las palabras del señor Ministro, que llegaron a nosotros –legisladores de la oposición– responsablemente; nos parecía que necesitaba ayuda, que ese reclamo era prudente, necesario, y que ese pedido de austeridad debía ser acompañado. Realmente, un 2,8% de déficit es una cifra significativa. Pero hoy volvió el Ministro de diciembre, Hyde, el que nos dice que no es un problema. Me pregunto: ¿es una piedra libre para la Rendición de Cuentas? ¿Por qué se está dejando de lado el pedido de austeridad y la situación macroeconómica de la que se alertó en enero? Acá hay algo inexplicable: se cumplieron todas las previsiones que se habían hecho, menos la del déficit. ¡Suerte que se cumplieron! ¡Suerte que se cumplieron!
Hoy se nos dijo que año a año se acorta la brecha que nos separa del Primer Mundo. Creo que los legisladores del oficialismo están tomando nota para empezar a hacer sus pedidos en la Rendición de Cuentas de este año.
Señor Presidente: reitero que nuestra intención fue ayudar, decir: “Si hay un problema, queremos acompañar al Ministerio que lo está expresando”. Y así fue que iniciamos esta interpelación.
Lo mismo hicimos cuando se envió el primer proyecto de ley de Pluna. ¿Recuerda, señor Presidente, que aquí advertimos que los aviones no valían US$ 130:000.000 o US$ 137:000.000, y les dijimos que no pusieran esa base? ¡Cuánto nos habríamos ahorrado en tiempo y en titulares en los diarios, si se hubiera escuchado esa advertencia que se realizó a tiempo, antes de que se hiciera la macana! Ahora tenemos la misma intención –quizás no comprendida– de querer ayudar. No queremos que se materialice el problema; no queremos que haya un remate y nadie se presente, o se presente un señor de Cosmo y terminemos con los líos de los avales. Queremos anticiparnos a decirles que va a salir mal. Ahora nos estamos anticipando a decirles que hay algunos problemas; no son graves –lo repetimos una y otra vez–; no es una alarma, son datos e informes a los que hay que prestar atención.
Se nos dice que no hay atraso cambiario, que el problema de la productividad no está ligado exclusivamente al valor de la moneda y que estamos muy bien. Estoy de acuerdo con que el atraso cambiario no se puede medir solamente por el tipo de cambio, pero si ese componente empieza a modificarse, debe ser tenido en cuenta.
Si queremos hablar de competitividad global, podemos apelar al índice del World Economic Forum, que toma en cuenta 111 elementos; aquí venimos cayendo sistemáticamente y hoy ocupamos la posición 75 o 74 a nivel mundial.
Queremos advertir de esto antes de que ocurra, para poder ayudar con medidas y acciones concretas. Nos llama la atención el hecho de que el Ministro no quiera dar sus estimaciones, pero lo respetamos. Estoy seguro de que debe tener sus propias valoraciones y quizá quiera discutirlas con su equipo, pero hay algunas que son para cosas que están sucediendo hoy; entonces, no hay que proyectarlas, hay que tenerlas.
Nos llama la atención, también, no que el señor Ministro nos contradiga a nosotros, sino que lo contradiga al señor Presidente del Senado. No fuimos nosotros quienes dijimos que se había perdido la capacidad de observar y controlar el gasto en las empresas públicas. Parece que el Ministro de Economía no coincide con esto; dice que no son sus potestades.
El señor Ministro expresa que no puede opinar acerca de si Ancap tiene una política de gastos que excede la capacidad de la empresa, porque el Ministerio de Economía solamente aprueba el gasto. ¿Cómo es posible que aprueben un gasto sin saber si excede las posibilidades de la empresa? ¿Qué hacen, entonces? ¿Es una mera oficina que pone un sello y nada más, sin analizar si excede sus posibilidades? ¿En base a qué se aprueba el gasto? No analizar si el gasto excede las posibilidades de la empresa es una omisión. Contrario sensu, puede decirse que si excede las posibilidades de la empresa, el Ministerio de Economía no se pronuncia, no dice nada.
No fuimos nosotros quienes propusimos un ajuste fiscal; eso salió del propio Ministerio de Economía, aunque después fue desmentido. Pedimos que no se nos acuse de estar hablando de esas cosas, cuando la propuesta salió del Ministerio de Economía y, por suerte, hoy se ha dicho que no se está pensando en ello.
Es muy bueno que se ratifique que se va a bajar el IVA dos puntos; es positivo que se diga que en este período de Gobierno se va a cumplir con esa propuesta. Pero se está acabando el tiempo, queda cada vez menos. Obviamente, si eso se aprueba faltando tres meses para entregar el Gobierno, en realidad no va a tener mucho efecto en este período.
Creo que el Senador Amorín ha contestado claramente sobre el tema de UTE.
En cuanto al congelamiento de los alquileres y el control de los productos de la canasta básica, cabe recordar que fue una propuesta del Partido Comunista –no nuestra–; por eso preguntamos al respecto. Se nos responde que no y se nos dice que hoy en día los alquileres están reajustando por el Índice Medio de Salarios –que se me corrija si no entendí bien–, pero lo cierto es que la Unidad Reajustable de Alquileres no tiene en cuenta solamente el Índice Medio de Salarios, sino también el Índice de Precios al Consumo, reajustando por el más bajo de los dos. O sea que la ley que se está proponiendo no es necesaria. Además, el problema más grande en los reajustes de alquileres se da en la contratación o recontratación, y creo que se agravó cuando se incorporó el Impuesto a la Renta a los alquileres, pues, lógicamente los propietarios se lo trasladaron a los inquilinos. Entonces, si queremos atacar el problema del precio de los alquileres, habría que apuntar en ese sentido: el impuesto.
SEÑOR SOLARI.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR SOLARI.- Señor Presidente: he pedido una interrupción al Senador interpelante porque, si bien acordamos no ir hacia atrás, en su exposición inicial el señor Ministro hizo una afirmación que no puedo dejar pasar sin compartir una reflexión.
El señor Ministro mencionó que a partir del Gobierno del Frente Amplio –que, como dijo, integró, tanto el primero como el segundo– se cambió el paradigma y pasó a haber crecimiento con redistribución, como si nunca antes lo hubiera habido. Esa es una falta de consideración –por decirlo en forma diplomática– hacia un Partido que ha implementado las políticas sociales más importantes del país, como es el Partido Colorado, que prestó atención al crecimiento, y más atención aún a la situación social y a la redistribución. Tal vez por eso se explica ese largo período de estancamiento al que se refirió el Ministro como si hubiera sido todo homogéneo, cuando en realidad no lo fue, y esto lo sabemos todos, tanto él como los señores Senadores. En esa línea de razonamiento, concluyó diciendo una cosa que sencillamente no es cierta: que la redistribución ha mejorado anualmente en forma consecutiva durante los últimos seis años. Eso no es así, porque en el Uruguay el Índice de Gini no mejoró en los últimos seis años en forma consecutiva con respecto al año anterior; es más, según las fuentes que tenemos –excepto la del INE–, en 2010 alcanzó el nivel que tenía en el año 2000. Según el PNUD, en 2000 el Índice de Gini en Uruguay era 0.444 y en 2010 era 0.453. Es decir que hoy la desigualdad se ubica en un punto más alto que en el año 2000, si bien es verdad que en el medio subió y después bajó. Ciertamente, el Índice de Gini es un índice de distribución muy grosero, ya que toma cantidad de personas de un lado contra cantidad de ingresos del otro y así sucesivamente, y para que hubiera una distribución perfecta el valor debería ser de 1, pero eso no significa que no haya habido problemas en los indicadores sociales durante los Gobiernos del Frente Amplio. En dos oportunidades, durante el Gobierno del doctor Vázquez y durante el Gobierno del señor Mujica, la mortalidad infantil aumentó, en los mismos puntos porcentuales y en igual magnitud, con respecto al año anterior. Es más, dado que partimos de una base menor, en realidad en el año 2007 aumentó respecto a 2006: en 2006 la mortalidad infantil fue de 10,6 por mil nacidos vivos y en 2007 fue de 12,1. Además, en el año 2011 aumentó con respecto al año 2010: en 2010 fue de 7,7 y en 2011 fue de 8,9. Pero si el Índice de Gini con respecto a los ingresos, y la mortalidad infantil con respecto a la salud son indicadores muy parciales, podemos tomar un indicador mucho más comprensivo de la situación social, como es el Índice de Desarrollo Humano. En lo que respecta a este indicador, en el año 2000 Uruguay ocupaba el lugar 28 en el mundo, mientras que hoy ocupa el lugar 51. En el ínterin se produjo un cierto aumento –como ocurrió también en el caso de otros indicadores–, pero no demasiado importante, y también hubo alguna desmejora; de manera que en este sentido hubo desmejoras y estancamientos durante los dos Gobiernos del Frente Amplio.
Entonces, señor Presidente, a fin de mantener el nivel de esta interpelación pediría que no tratemos de apelar a argumentos fáciles basados en cifras que no son reales, porque eso no ayuda a entendernos ni a prever cómo podemos cooperar para tener una mejor política económica y social.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Gracias, señor Presidente.
Estábamos hablando del reajuste de los alquileres. El literal C) del artículo 15 de la Ley n.º 15.154 establece: “El coeficiente de reajuste por el que se multiplicarán los precios de los arrendamientos, será el que corresponda a la menor de las variaciones previstas en los literales precedentes”. Cabe aclarar que los literales precedentes refieren al IPC y a la URA. O sea que no solamente es libre pactarlo sino que, además, ello no es necesario, porque la ley ya prevé que se va a aplicar el más bajo de los dos.
En su contestación a la pregunta número diecinueve, el señor Ministro dijo que aquí no va a anunciar medidas para revertir la situación de pérdida de competitividad. Ahora bien, yo me pregunto: ¿si no es el Senado de la República un lugar donde se pueda anunciar medidas, dónde se las podría anunciar? No sé; ¿tal vez en la Cámara de Industrias, o en alguna otra entidad? Aquí están los representantes del pueblo; por lo tanto, creo que este es un buen lugar para anunciar y comunicar por dónde va el camino para revertir la situación de pérdida de competitividad.
El Ministro fue muy concluyente al decir que, a su entender, la excesiva sectorización del Partido de Gobierno no puede influir, o no ha influido, en la política fiscal y menos aún puede provocar un aumento del déficit, ratificando que él ha integrado los dos Gobiernos, etcétera. Tengo aquí un estudio del año 2002, en el cual se hace referencia muy especialmente a algunos conceptos nuevos en la economía política y se destaca que, en los últimos tiempos, los déficits presupuestales no son una mera consecuencia del desempeño de variables económicas, sino que a estas se suman y se han sumado factores de orden político institucional, que explican la existencia de déficits fiscales. Se estudia en particular el caso uruguayo y se concluye que la evidencia no permite rechazar la existencia de ciclos electorales oportunistas, pero también se dice que uno de los motivos más grandes del aumento de déficits fiscales es el excesivo fraccionamiento de los partidos de gobierno. Este estudio fue realizado por los economistas Diego Aboal, Fernando Lorenzo y Gabriel Oddone.
Nos sorprende un poco, también, la respuesta que da a la pregunta número veintidós, porque ha habido reclamos públicos, desde el propio sector del señor Ministro, sobre la conducción económica paralela y los problemas que se han creado por las iniciativas tributarias que se están presentando, un día sí y otro también, por quienes no son los encargados constitucionales de hacerlo. Nosotros dijimos públicamente que queríamos ayudar y respaldar al señor Ministro porque creemos que no se puede conducir la economía con un equipo paralelo que propone cosas fuera de la unicidad. Sin embargo, el señor Ministro dice que eso no es así, que eso no sucede y que no hay problemas. Hacemos votos para que así sea.
Nos llamó la atención cuando el señor Ministro dijo que no hay atraso cambiario, que no existen problemas con la productividad y la competitividad. En realidad, no dijo exactamente eso sino que manifestó que esta situación no se podía medir solamente por los cambios y el valor de la moneda. Pero, después, afirmó que no había atraso cambiario. Si no hay atraso cambiario ni problemas de competitividad, ¿por qué se gastan US$ 800:000.000 en subsidios al sector exportador? ¡Los estamos tirando!
Se nos dice que los inversores siguen llegando y apostando al país. ¿Quién? ¿Cosmo? ¿López Mena?
Ahora se anuncia que va a ingresar al Parlamento un nuevo Impuesto al Patrimonio. Lo estamos esperando, señor Presidente, para ver cómo solucionan la cláusula que le firmaron a la empresa Montes del Plata exonerándola del pago de este Impuesto; hablamos de 250.000 hectáreas.
Pienso que, además, se ha planteado una falsa oposición porque parecería que en el Uruguay algunos tienen la exclusividad en el objetivo de reducir la pobreza, aumentar la igualdad de oportunidades y mejorar los indicadores sociales. Parecería que son los únicos que quieren alcanzar ese objetivo, pero me pregunto, ¿hay alguien en nuestro país, de cualquier partido, el que sea, Partido Nacional, Partido Independiente, Frente Amplio o Partido Colorado, que no quiera reducir la pobreza, aumentar la igualdad de oportunidades y mejorar los indicadores sociales? ¿Cómo se puede decir eso? Podemos discutir sobre cuáles son los mejores instrumentos para lograr ese objetivo, sí; algunos pensarán que pueden lograrlo con más asistencialismo, otros plantearemos que con más educación y políticas vinculadas a los valores y la familia, pero el objetivo es compartido. Me parece que no podemos dejar pasar esas cosas.
En cuanto a los temas más específicos, valoramos el reconocimiento que se ha realizado –es la primera vez que lo escucho, aunque algo había leído en un mensaje remitido en 2010, aunque no tan concreto– sobre el costo que tienen, para todos los uruguayos, las reservas que se han ido adquiriendo durante este tiempo. Hoy se habló de alrededor de US$ 500:000.000 por año, pero pienso que es más; por lo menos, nuestros números finos dan una cifra mayor; en todo caso, eso no importa porque US$ 500:000.000 o US$ 723:000.000 es mucha plata. Este punto nos preocupa. Pero también nos preocupa el reconocimiento que hizo el Presidente del Banco Central en el sentido de que está emitiendo deuda en Letras de Regulación Monetaria, quedándose con dólares con una tasa casi nula, y que eso es bueno. En mi opinión, es peligroso porque, según se dijo, se había logrado bajar la tasa del 6% al 1,8%, pero no; en todo caso, habrá logrado bajar la tasa del 18% o 19% al 12% u 11%. Dicho de otra manera, si al 9% de la UI, que es la inflación, se suman 2 puntos en la baja del dólar, estamos en el 11%, más 6 puntos de la tasa y el efecto arrastre, estamos en el 17% o el 18%. Luego, si bajamos la tasa en 4 o 5 puntos, igualmente vamos a estar en el 11% o 13%. O sea que, en realidad, actualmente estamos pagando tasas en dólares –hay Letras al 6% en UI– del 17% o 18% para tener dólares por los cuales nos pagan casi cero. Reitero: estamos hablando de US$ 500:000.000 por año que, es obvio, no pagamos, sino que lo cargamos a la deuda. Para decirlo en forma gráfica y que la gente lo entienda: es algo parecido al caso de un asalariado que decide pagar todos sus gastos con tarjeta de crédito y depositar su sueldo en una cuenta a plazo fijo en un banco. Pero, por el plazo fijo no le pagan casi nada y la tarjeta corre todos los meses. Tarjetazo. Esa persona mira su cuenta en el banco y piensa que tiene mucha plata, pero cuando ve la deuda de la tarjeta se da cuenta de que debe mucho también. Puede pensar que, de todos modos, tiene plata en el banco por si la necesita, pero si sigue aumentando la deuda llegará un momento que no la va a poder pagar. Ese es un problema que, reitero, lo advertimos en 2010; lo venimos siguiendo y sabemos que nos costó US$ 723:000.000 el año pasado. Es mucha plata.
De modo que, al igual que con la tarjeta de crédito, salir de esto es muy difícil, porque ya estamos en esa etapa en que si decidimos liquidar la deuda y pagar se debe poner plata arriba y se comprometen los ingresos futuros. En este caso todavía es peor porque si se va a liquidar, ¿ponemos pesos, sacamos dólares? ¿Cómo lo hacemos? Por eso, a mi juicio, habría que parar la operativa ya y de a poquito –con cuidado, no de golpe– empezar a bajar la que tiene la tasa del 6%.
Nos preocupa, además, porque en el mundo nunca hubo tanta expansión monetaria como hoy. Creo que estamos jugados a que en el día de mañana la cotización del dólar aumente de nuevo y, en consecuencia –como nos regimos por esta moneda–, a pagar los pesos y terminar así esa situación. Esto es peligroso, y más para un país.
Las tasas de interés de referencia de los principales Bancos Centrales de los países desarrollados se encuentran hoy en niveles excepcionalmente bajos, manteniéndose casi negativa en términos reales. Por ende, hay una abundancia enorme de fondos para países emergentes, y pagando estas tasas de interés, habrá una gran inversión en el Uruguay, porque ¡claro! ¿quién no va a invertir a un interés del 18% en dólares? ¿Quién no va a comprar Letras de Regulación Monetaria con el equivalente al 18% en dólares? ¡Ojo! Todos sabemos lo que pasa: los últimos que entran, después son los que tienen problemas.
También tenemos precios excepcionales de exportación. Se comparó los precios agropecuarios con los de la década de los setenta, pero de esta comparación surge algo muy conveniente. El señor Ministro ha manifestado que los precios de los productos agropecuarios no son buenos, que son semejantes a los de la década de los setenta, por lo que cabe suponer que no estarán pensando en seguir poniéndole impuestos al sector agropecuario; si esto es verdad, supongo que no estarán pensando en una medida de ese tipo.
La abundancia de fondos para los países emergentes y los precios de exportación terminan en la apreciación de nuestra moneda, y después de haber escuchado al señor Ministro vamos a dar la visión de nuestro equipo de trabajo sobre lo que está sucediendo. En la propia región están pasando cosas similares: Colombia, Perú, México y Chile, en promedio, experimentaron una apreciación de su moneda próxima al 10% en el 2012; en otras latitudes ocurre algo parecido: Australia y Nueva Zelanda experimentaron en el último trienio una apreciación de su moneda que promedialmente ascendió al 15%. Ninguna administración puede evitar que este fenómeno ocurra. ¡Digámoslo! ¡Aceptémoslo! Lo que sí se puede hacer es atemperar su impacto, que es el tema sobre el que quisimos venir a hablar hoy y quizás no se comprendió. ¿Cómo se atempera o cómo se está atemperando el impacto de esto? En Chile, por ejemplo, la expansión del gasto público se llevó a cabo a una tasa inferior que la correspondiente al crecimiento del Producto Interno Bruto. Chile siempre es un ejemplo.
Generalmente, la mayor disciplina fiscal es complementada con medidas macro prudenciales, que ponen límites a la exposición de moneda extranjera que tengan las instituciones bancarias. Claro que en lugar de atemperarlo como hacen algunos, también se puede exacerbar la apreciación de la moneda y ese es nuestro caso. Si en el contexto que se acaba de mencionar, de abundante liquidez internacional y de tasas muy bajas en el mundo, se asiste simultáneamente a una política fiscal expansiva –una política del Banco Central que fija su tasa de referencia en niveles elevados en términos de su rendimiento en dólares, que estimula la entrada de capitales y el cambio de portafolio de los residentes, bancos, fondos y personas– y se tiene un tipo de cambio flexible, tenemos un coctel explosivo que admite un único resultado posible: la afectación del tipo de cambio nominal y la depresión del tipo de cambio real. Nunca los índices de competitividad que releva el Banco Central estuvieron en niveles tan bajos como ahora. Será por esto o será por alguno de los otros 108 factores, pero está pasando. Nosotros visualizamos este porque estamos seguro de que los mencionados –como la estabilidad institucional, etcétera–, no pueden estar afectándolo.
En síntesis, el peso uruguayo se ha apreciado mucho más que la moneda o, mejor dicho, que la canasta de monedas de los países con quienes mantenemos mayor vínculo de comercio de bienes y servicios.
Hay otra forma de constatar el deterioro de la competitividad: analizando cómo se refleja en la producción y en el comercio exterior. El último informe del Banco Central del Uruguay sobre el nivel de actividad correspondiente al cuarto trimestre y a todo el año 2012, da cuenta de la desaceleración de la industria manufacturera durante 2012 y en particular en el último trimestre, donde se observó una contracción en varias ramas industriales. No voy a profundizar en este punto; simplemente señalo, entre otras, la producción de jarabes, de concentrados, de arroz, de productos de la molinería, de caucho, de plástico, etcétera. Es que, como revelan los índices, cuanto más trabajo se requiera para producir una unidad, menos competitivos somos; cuanto más trabajo le agregamos, menos competitividad tenemos, y ese es un motivo de preocupación para las propias autoridades porque, si no, ¿por qué están comprando dólares? ¿Solamente para hacer reservas? Se nos dice que no es para fijar un piso para los exportadores. Quizás no me expresé bien, pero todos nos acordamos cuando el Presidente de la República, siendo Ministro de Ganadería, nos decía que si el dólar bajaba a 24, se iba. ¡Algo debe tener que ver! Tal vez algún colega del Senado pueda coincidir conmigo.
El Banco Central interviene en el mercado cambiario para evitar que caiga la cotización del dólar. Así lo informa la prensa semanalmente cuando dice: “El Banco Central tuvo que salir a comprar dólares para evitar la caída del dólar”. Sin embargo, ahora parece que no, que es para constituir reservas pagando estos intereses. Entonces, para evitar que la inflación se dispare ¿qué hace el Banco Central? Aumenta la Tasa de Política Monetaria, que hoy es de 9.25. La última vez no lo hizo, creo que con buen criterio; yo no soy de los que piden llevarla al 16.
Pero el Banco Central actúa solo; reitero, solo. Cuando preguntamos cuáles son las medidas del Ministerio, nos encontramos con que prácticamente son insignificantes. El Banco actúa sin ayuda de otras políticas: ni fiscal ni de ingresos. Por cierto, compadezco al Presidente del Banco Central, porque lunes y jueves tiene que atender la inflación, y martes, miércoles y viernes, tratar de que no caiga la cotización del dólar. La verdad, parece un malabarista de esos que están en las esquinas. ¡Es formidable! ¡Sí, señor Presidente, formidable, pero es necesario ayudarlo! Por supuesto, hay que ayudarlo a partir de la política fiscal y del gasto, tal como lo ha dicho el señor Presidente, y coincido. Esa prudencia macroeconómica sobre la que se manifiesta una y otra vez, contra otras voces de su Partido, es el camino sensato. Discutiremos y pelearemos, señor Presidente, por una cantidad de temas, pero no por esto, porque la macroeconomía es la base, el marco sobre el cual puede desarrollarse un país; y tenemos que cuidarlo.
Más allá de ciertas lógicas, de no opinar y de la lealtad del señor Ministro hacia su Partido, todos sabemos que en el fondo ese es el tema que está presente: algunos quieren gastar de más y ponen en riesgo la estabilidad macroeconómica; otros, más cercanos al enfoque de los partidos de la oposición, por suerte, señor Presidente –observe lo que le estoy diciendo–, piden prudencia, austeridad, control. Es lo que hay que hacer. Por eso, ¡insista, señor Ministro! ¡Escuche al Vicepresidente de la República! ¡Hágalo! ¡Juéguesela! Sé que hoy no lo va a decir.
SEÑOR PRESIDENTE.- Señor Senador: le solicito que se dirija a la Mesa.
SEÑOR BORDABERRY.- Discúlpeme, señor Presidente. Terminé refiriéndome a su persona y hablándole al señor Ministro, al revés de lo que tengo que hacer.
SEÑOR PRESIDENTE.- Se lo digo porque le estaba dando instrucciones al señor Ministro.
Puede continuar el señor miembro interpelante.
SEÑOR BORDABERRY.- La calificadora Fitch –la que nos ha dado, creo que tardíamente, el investment grade, que todos celebramos– destacó que la política monetaria tiene limitada efectividad, dada la alta dolarización y el bajo nivel de intermediación financiera. Es que las altas tasas de política monetaria, combinadas con tasas en dólares prácticamente nulas, como vimos, provocan el cambio de portafolio de los inversores residentes y el ingreso de capitales, que empujan la desdolarización, pero no a la pesificación, sino la “uificación”, y todo esto estimula la apreciación del peso. Entonces, el Banco Central queda atrapado en su laberinto. Aumenta la tasa de política monetaria y se aprecia el peso; como se aprecia el peso, se compran dólares, y para comprar dólares, se emiten pesos. Para evitar la inflación, se emiten Letras de Regulación Monetaria que, según el plazo, rinden entre 9% y 10,8% anual en pesos, pero todos sabemos que en dólares es mucho más. Al final del día, el Banco Central tiene más dólares con rendimiento casi nulo, pero debe más pesos, que es como deber muchos más dólares. Entonces, se descapitaliza y nos viene a pedir que autoricemos su capitalización. Hace no mucho tiempo aprobamos una autorización en ese sentido por US$ 250:000.000 o US$ 300:000.000. En ese momento, cuando dijimos esto, se nos respondió que al Banco Central nunca se lo había capitalizado; puede ser, pero de algún lado tiene que salir ese déficit de US$ 500:000.000 o US$ 700:000.000, ese punto del PBI que nos cuesta esta operativa. ¡Un punto de PBI nos cuesta US$ 500:000.000!
Es decir que estamos asistiendo a una política de muy discutible efectividad, que deprime el tipo de cambio y afecta la competitividad y que cuesta mucho dinero. ¿Por qué? Porque la política fiscal se desentiende del asunto, no hace su aporte. Y al desatender el problema, o sea, al mantener un actitud militante de aumentar el gasto primario por encima del PBI a lo largo de varios años, se deteriora la competitividad y esto afecta seriamente el país productivo. Así, al final del día, ¿quiénes son los beneficiarios de estas inconsistencias? Los bancos y aquellas instituciones que tranquilamente compran Letras con rendimientos espectaculares. ¿Cómo es esto? Castigamos al aparato productivo con un tipo de cambio bajo y les damos un gran rendimiento a los bancos y a los inversores. ¿Dónde quedó aquel modelo alternativo que apuntalaría al Uruguay productivo en detrimento de la patria financiera? Vive y lucha esa patria financiera.
Por eso es que hoy queríamos hablar, también, de actuar con más decisión en el área fiscal. “La realidad termina ganando siempre”, dice mi amigo, el economista Alfie. Cuando las circunstancias cambien, podemos tener que encarar algún aterrizaje forzoso. Es mejor anticiparse a ellas y no seguir acumulando daños colaterales.
Hay circunstancias excepcionales asociadas a la fase del ciclo. Es muy difícil determinar qué porción de los ingresos tributarios se debe al momento del ciclo económico en el que estamos, con un exceso de consumo interno que todos vemos. Es el consumo interno el que ha estado bancando la economía en los últimos tiempos. Todos sabemos que los ingresos fiscales amplifican el ciclo económico, pero lo amplifican para bien y para mal; crecen más que proporcionalmente en relación al crecimiento del PBI, pero también decrecen más que proporcionalmente en la fase contractiva del PBI.
En ese auge que estamos viviendo, acompañado generalmente por la apreciación de la moneda doméstica, por un peso que vale más y un dólar que vale menos, ¿qué es lo que sucede? Cosas lógicas: crecen las importaciones. Esto es lo que algunos llaman “la economía de la pasta base”. Dicen que el que consume pasta base de entrada se siente muy bien, percibe una gran euforia y enseguida quiere consumir más, y se termina destruyendo. Si baja el dólar, si se aprecia el peso, crecen las importaciones, porque los televisores plasma, etcétera, son más baratos. Entonces, nos sentimos bien. Se recaudan más aranceles, el IVA más el anticipo del IVA, 28% de IVA en la aduana, es decir, todo lo que se recauda cuando hay una importación. Luego aumenta el consumo de los bienes gravados, de nuevo hay más recaudación y todos nos sentimos mejor. Pero todos sabemos lo que ocurre: si nos pasamos importando y no producimos, llega un momento en que eso se termina. ¡Ya lo vivimos! Por eso hay que tener cautela. Sin embargo, no se entiende conveniente esa cautela; se gasta todo. Teníamos un superávit primario; ya no lo tenemos. Por primera vez en la última década no tenemos superávit primario.
SEÑOR PASQUET.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR PASQUET.- Mi interrupción va a ser muy breve y va a estar referida al punto que está desarrollando el señor Senador Bordaberry, que tiene que ver con el déficit fiscal.
Es muy importante en esto la valoración que se haga del fenómeno. En las últimas semanas hemos escuchado reiteradamente a calificados voceros del oficialismo, de la bancada de Gobierno, restarle importancia al tema del déficit fiscal y decir que no importa mucho porque es menor que el tolerado por Maastricht, por ejemplo, que es del 3%. También se ha dicho que no tiene mucho que ver con la inflación y que, desde ese punto de vista, tampoco merece ser considerado muy atentamente. Y más todavía: hemos escuchado decir a esos calificados integrantes de la bancada de Gobierno, que quienes se preocupan por el déficit fiscal en realidad son neoliberales que quieren un Estado mínimo y que es solamente desde esa perspectiva ideológica que resulta relevante la cuestión del déficit. Por lo tanto, si uno no es neoliberal, si no es partidario del Estado mínimo, puede seguir gastando, porque no habría ningún problema.
Nosotros no pensamos de ese modo, señor Presidente; no somos neoliberales ni partidarios del Estado mínimo, pero de cualquier manera pensamos que es conveniente la prudencia macroeconómica, que tantas veces ha sido exaltada por otros integrantes del Partido de Gobierno.
En realidad, no es nuestra opinión la que importa en estos temas; importa mucho más la opinión del equipo económico y de su conductor. ¿El déficit fiscal debe preocupar solo a los neoliberales partidarios del Estado mínimo, o el señor Ministro de Economía y Finanzas piensa de otra manera y entiende, también, que hay que cuidar el déficit fiscal? Porque esas son como las bases conceptuales de la cuestión. Si empezamos por decir que un determinado fenómeno no es relevante, salvo para quienes piensen de una manera notoriamente contraria a como piensa la fuerza política de Gobierno, entonces está de más extendernos acá acerca del déficit fiscal, porque no importa; solo los neoliberales se preocupan por el tema, que no tiene nada que ver con la inflación. Ahora bien, si pensamos de otra manera, creo que esa luz amarilla merece otra consideración.
Pero vuelvo a lo que decía recién: no importa lo que pensemos nosotros sobre esto; importa la concepción de quien orienta la gestión económica del país.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Señor Presidente: estamos hablando de algunas consecuencias de lo que nos está sucediendo.
Teníamos superávit primario y, por primera vez en la última década, ya no lo tenemos. Como vimos hoy de mañana, el conjunto de las empresas públicas mantiene un déficit que se verá aumentado violentamente este año. No quiero volver a hablar de Antel Arena, pero realmente nos preocupan ese tipo de cosas, así como nos preocupan los gastos desmedidos y el descontrol que hay en Ancap. Sumemos votos para que se retome el control sobre esas cosas y para que el Ministerio de Economía y Finanzas no solamente apruebe un gasto, sino que lo evalúe, que vea si está por encima de las posibilidades de la empresa pública y, si lo está, que no lo apruebe y que controle. De no ser así, quienes tienen el deber de observar esas conductas, que lo hagan. Estoy seguro de que nuestra preocupación es la de todos.
Mantenemos una diferencia menor –creo que no vale la pena entrar en debate– sobre los resultados del Banco de Seguros del Estado que, según la información que tenemos, han dado una utilidad de US$ 18:500.000, pero parece que se hace figurar como una utilidad mayor. Quizá sea una cuestión de criterio, porque se computa como resultado positivo la constitución de un fondo para hacer frente a futuras obligaciones. Esas cosas, si no se explican, dan la sensación de que los números no son exactamente lo que pensamos que tienen que ser, y nos llama la atención.
Los egresos primarios del Gobierno Central, Banco de Previsión Social e inversiones de empresas públicas, crecieron 13,8% en términos reales en el año móvil cerrado en enero de 2013. Todos los componentes de Gastos, señor Presidente, aumentaron más que el Producto Interno Bruto. También aumentaron las transferencias y sobre esto no le podemos decir nada al Gobierno ni al señor Ministro porque, obviamente, aquí hay leyes y normas que hay que cumplir. Lo que sí podemos decir es que, tanto el Gobierno Central como el Banco de Previsión Social, mantienen un ritmo de crecimiento del gasto que explica, en buena medida, el deterioro fiscal, más allá del encarecimiento de las tarifas de UTE, que reconocemos que fue consecuencia del sobrecosto energético asociado a la sequía que enfrentó.
Resistiremos la tentación de contestar aquella afirmación referida a que en materia de generación eléctrica no se hizo nada en el pasado. Sentimos un gran respeto por el contador Federico Slinger, quien fuera un gran profesional que elaboró un muy buen plan en lo que tiene que ver con el desarrollo y la integración, que creo que fracasó porque, en definitiva, hizo lo mismo que todo el país: confió en el Mercosur, confió en los países de la región y confió en Argentina. La integración energética era nuestra apuesta y la del contador Slinger –yo era un chiquilín en aquél entonces–, pero ¡claro! nunca iba a pensar que Argentina iba a hacer lo que hizo. Slinger también confió en el Mercosur y nunca pensó que Argentina nos iba a cobrar lo que nos cobró por concepto de peaje de energía. También respetamos al Ministro Villar y a tantos más que mucho trabajaron y que han sido agredidos gratuitamente con esa afirmación del señor Presidente del Banco Central del Uruguay de que en materia de generación energética no se hizo nada en el pasado.
Me parece muy importante tener un poco de humildad. Hay que bajarse del pedestal y reconocer que a veces uno hace las cosas bien y otras veces las hace mal; que a veces las cosas se pueden hacer de una mejor manera; que pueden ser dichas de otra forma. Hay que darse cuenta de que, quizá, otros también hicieron cosas bien, así como también pudieron haber hecho otras mal, como estoy seguro que se deben estar haciendo hoy. No es buena compañía en el camino la soberbia; no es bueno agraviar a los que tanto hicieron por el país; no es buena esa contundencia en el juicio del otro; eso es malo. No es propio de nosotros, los uruguayos, hacerlo. Busquemos los puntos que nos unen, busquemos los puntos en los cuales estamos de acuerdo, como por ejemplo la generación energética, sin lugar a dudas. ¿O vamos a empezar a decir que aquel no hizo nada, que vos demoraste esto, que yo hice esto otro, que yo voy a hacer esto y lo voy a hacer mejor? No.
Cuando nos referimos a las previsiones para el año 2012, obviamente tenemos que hablar de ese espacio fiscal de US$ 140:000.000. En las previsiones realizadas para el año 2012, había un déficit fiscal de US$ 648:000.000, que finalmente fue de US$ 1.300:000.000, o sea, el doble. Esto nos trae preocupaciones que esperamos que el señor Ministro las tenga en cuenta.
La primera preocupación tiene que ver con el mantenimiento de la tendencia de aumento del gasto por encima del aumento del ingreso. Es una tendencia a la que hay que prestarle atención y tratar de revertir. El debate que se lee en los diarios no nos permite ser muy optimistas, porque es el debate que se ve en la propia interna del Partido de Gobierno. Con la expansión fiscal prevista, como vimos, aumentan, además, los gastos más rígidos a la baja. Entonces, la estructura del gasto público creciente colabora con el deterioro de la competitividad e impulsa el incremento de los precios de bienes no transables.
SEÑOR ABREU.- ¿Me permite una interrupción, señor Senador?
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR ABREU.- Señor Presidente: agradezco la interrupción.
Estaba fuera de Sala por razones circunstanciales y no escuché la apreciación en lo referente a la energía; en otro momento lo podemos discutir y lo haremos en profundidad porque, de tanto repetir determinadas cosas, parece que se hacen verdad.
Quiero decir que en materia de generación de energía no solo se incumplió muchísimo, no solo sufrimos enormes dificultades, sino que, además, determinados actores políticos pusieron grandes obstáculos. El único referéndum público que perdió el Frente Amplio fue el que tuvo que ver con la generación de energía. Esta se liberó, y no entiendo cómo no insisten en eso.
He seguido con atención todo lo que el señor Ministro de Economía y Finanzas ha manifestado en una extensa exposición –que me pareció muy buena– y debo decir que todos los instrumentos que el señero Ministro ha puesto arriba de la mesa diciendo que han favorecido a la economía del Uruguay, fueron votados en contra por el Frente Amplio: la Ley Forestal, la Ley de Zonas Francas, la Ley de Inversiones, la Ley de Puertos…
(Intervención del señor Senador Michelini que no se escucha)
–Pido al señor Presidente que me ampare en el uso de la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Por favor, señor Senador Michelini.
Puede continuar, señor Senador Abreu.
SEÑOR ABREU.- Señor Presidente: todos esos instrumentos –que se enumeraban muy bien– que el señor Ministro cree que han facilitado la inversión, fueron votados en contra por el Frente Amplio, y a pesar de las mayorías que hoy tiene, no ha derogado uno solo. Estoy esperando que derogue la Ley de Puertos, la Ley de Zonas Francas, la Ley Forestal y la Ley de Concesiones. Eso, de alguna manera, nos acompaña.
Quiero hacer referencia, también, a un tema largamente discutido y es el que tiene que ver con la competitividad. Las teorías y los economistas podrán hacer muchas precisiones, pero sé que la devaluación brasileña de 1999 y 2000 nos llevó a que de los US$ 1.000:000.000 que exportábamos a Brasil, bajáramos a US$500:000.000. Podrán decir que esto fue multicausal, pero yo digo que se trató de una devaluación inconsulta –realizada en la más clara violación de la coordinación macroeconómica– del principal socio del Mercosur. Eso fue un problema de tipo de cambio. Hoy también tenemos dificultades.
Escuchamos todo lo que se dijo sobre la competitividad y, por supuesto, compartimos la idea de que influyen varios elementos, no sólo el tipo de cambio. Incluso se debe tomar en cuenta el Índice de Competitividad Global, que se está manejando desde el año 2006 y que compone más de 110 variables organizadas en doce pilares, representando cada uno un área considerada como factor determinante de la competitividad. Ahora bien, en la revista especializada de la Cámara de Industrias se dice: “Uruguay aún se encuentra en la mitad de la tabla. Sin embargo, en el último año se destaca una caída sensible en el ranking (luego de un proceso de sucesiva mejora), alcanzando un puesto similar al del año 2008”. Y después de expresar “En los hechos estamos en los últimos lugares del ranking en materia laboral, y lo que es más, el país perdió varias posiciones en el último registro”, concluye –yo no me voy a poner a discutir, se discute con los economistas que trabajan para determinados sectores– diciendo: “En síntesis, en materia de competitividad, Uruguay muestra niveles de tipo de cambio real históricamente bajos, que afecta a muchos sectores industriales, en particular a los que no tienen la compensación suficiente por la vía del aumento de precios de venta. También respecto a la región se comenzó a registrar un desalineamiento de precios relativos que, de persistir, podría traer aparejado dificultades competitivas para sectores que orientan sus colocaciones a la región y eventuales movimientos bruscos del tipo de cambio en el futuro para ajustar tal desequilibrio. Del lado de los factores estructurales vinculados a la competitividad de la economía, las señales no son alentadoras, porque se nota cierto desmejoramiento o estancamiento en la evolución de los indicadores que miden la calidad del clima de negocios”.
(Suena el timbre indicador del tiempo)
–Solicito una nueva interrupción, señor Senador.
SEÑOR BORDABERRY.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir nuevamente el señor Senador Abreu.
SEÑOR ABREU.- Uno busca asesoramientos, y un economista reconocido por todos, estudioso, al que ahora se le reclama que nunca se subió a un arado, nos dice: “¿Qué nos dejó eso al cierre del 2012? Una economía a tres velocidades: una en la que las actividades fuertemente integradas al mercado internacional –como la del sector agrícola, la de los frigoríficos, la del sector maderero, y toda la logística que rodea estos sectores– siguieron creciendo a tasas aceleradas, porque sus precios están tonificados”, aun cuando se han reducido los márgenes. Luego continúa diciendo: “Velocidad dos: tenemos una industria manufacturera altamente expuesta a la región, muy intensiva en mano de obra, que recibió un golpe importante. El golpe de las imposiciones” –argentinas y brasileñas– “de la desaceleración argentina y brasileña, del abaratamiento argentino y brasileño”. Obviamente, si no estoy mal orientado, se refiere a la apreciación de las monedas. Y continúa: “¿Qué tenemos entonces? Una industria manufacturera que registró en 2012 –cuando uno excluye la refinería, las plantas de celulosa, los frigoríficos y la rama de alimentos que incluye a Pepsico en Colonia, cuatro ramas fuertemente conectadas con el mundo–. (...) un proceso de contracción prácticamente a lo largo de todo el año, pero sobre todo muy agudo en la segunda mitad de 2012. (...). Por eso los sectores autopartistas, textiles, algunos laboratorios, algunos productos químicos, trabajan con dificultades”, y yo agrego: con las dificultades y con las soluciones que se le quieren aportar desde el punto de vista de sus subsidios y todo lo que se ha enumerado como parte del gasto público para tratar de hacerle recuperar la competitividad.
Luego dice: “Y, tercera velocidad, un mercado interno que hasta el cuarto trimestre acompañó, con un consumo muy tonificado, básicamente porque (...) el salario real venía creciendo 3.5% y la tasa de desempleo es muy baja.
Sin embargo, (…) dado que las industrias que están en dificultades desde hace seis meses no tienen mecanismos de corrección de su rentabilidad por el lado de los precios (...), es muy probable que estén resolviendo parte de sus dificultades bajando costos vía desempleo. Un dato que se insinuó en setiembre y luego se corrigió, pero que se volvió a insinuar en enero, cuando el empleo mostró una contracción. (...).
El riesgo para el 2013” –dice el economista, que integra una consultora que ha tenido un acercamiento muy claro, y absolutamente legítimo, con el Gobierno en muchos aspectos– “es que haya un contagio del sector regional (la industria uruguaya altamente expuesta a la región) hacia el mercado interno, vía tasa de desempleo en el sector industrial, que es intenso en mano de obra. Si eso ocurre, la economía va a transitar, a lo largo del 2013, de un crecimiento del 4% a uno del orden del 3%, continuando con la desaceleración cíclica”.
Más adelante expresa: “¿Cuál es el escenario que el país enfrenta? Uruguay tiene todas las señales de alerta prendidas” –este es un poco el motivo de la convocatoria y de por qué la acompañamos– “como para saber que de la era de los astros todos alineados a su favor va a pasar a una era en la cual va a haber astros que van a seguir alineados a su favor, pero van a haber otros que no lo están”.
Y fíjense también lo que dice: “la inflación está en 9% y ya llegará el momento en que ceda. ¿Cuándo? Cuando la tasa de desempleo se eleve un poco, cuando los salarios se moderen”.
Hay que tener coraje para decir esto, máxime cuando es un economista muy cercano al Gobierno y que ha sido uno de los principales asesores.
Él dice: “Estamos 20% caros en dólares respecto de Brasil (...). El tipo de cambio real bilateral con EEUU es el más caro de los últimos 10 años. Podemos esperar que el ajuste se produzca cuando Uruguay reciba un shock externo o podemos gestionarlo activamente”.
Y, en cuanto a qué cosas debería hacer el Uruguay, se pregunta si debe atender la inflación, la distribución del ingreso o sostener el crecimiento. Él dice –y nosotros coincidimos– que alguien debe decir cuál es la prioridad, sin descuidar los equilibrios macroeconómicos. Priorizó el aumento del gasto público social, la continuidad de la recomposición salarial y de la mejora del poder adquisitivo de las familias, por encima de la estabilidad intertemporal macroeconómica. Se pregunta en qué situación nos dejó y responde que con una inflación alta, un encarecimiento en dólares significativo y un deterioro fiscal.
Aclaro que no soy yo el que está opinando.
Después de esta larga exposición, trato de buscar algo que aporte alguien con el que no necesariamente estamos en la misma sintonía. Sí quiero decir que esto demuestra, más allá de todos los esfuerzos, que aquí no hay simplismos, que lo que hay es un análisis de los que saben de estos temas y, por estar en el ámbito de las ciencias sociales, tienen visiones diferentes. Por eso también vivimos de la discrepancia. Lo cierto es que la soberbia de los economistas tendría que tener una vacuna que todavía no hemos descubierto. Eso es muy importante, señor Presidente, porque es lo que nos va a permitir recorrer el camino con humildad y contribuir a que el país esté, más allá de la próxima elección, apostando a las próximas generaciones con una economía sana y no con una división y un enfrentamiento tan claro –aunque se quiera disimular– entre uno, dos o la cantidad que sea de equipos económicos, sin perjuicio de las observaciones e interpretaciones que hace un conocido analista político del Frente Amplio, al que no voy a nombrar para no darle un protagonismo que no se merece.
Muchas gracias, señor Senador y señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Estoy terminando, señor Presidente.
Voy a hacer algunas puntualizaciones, para no dejarlas pasar. Fui tomando notas de las respuestas del señor Ministro y quiero hacer algunas aclaraciones y preguntas.
El señor Ministro dijo que UTE absorbió costos que, de no haberlo hecho, habrían significado la duplicación de las tarifas. En realidad, duplicar las tarifas parece mucho, porque el organismo tiene un ingreso por bienes y servicios de US$ 1.900:000.000, a lo que se le agregaría un monto similar, y estoy seguro de que no es lo que se quiso decir.
También dijo que no se había podido hacer una emisión de bonos a comienzos de 2005, pero eso no fue porque no se tuviera financiamiento. De hecho se habían emitido bonos en pesos desde octubre de 2003 con gran aceptación y quedaron fondos disponibles para el presupuesto del servicio de deuda hasta fines de 2005. Creo que las dudas de los agentes eran otras, eran las seguridades que el nuevo Gobierno iba a dar o no iba a dar. Por suerte, señor Presidente, todo anduvo bien.
Se habló de los crecimientos que hubo desde el año 1955 y ¡vaya si hablar de los crecimientos del año 1955 es ir para atrás! Desde 1985 hasta 1998 hubo un crecimiento de 3.25%, y en el medio, una inestabilidad regional.
Quizás no se interpretaron nuestras palabras y el señor Ministro no entendió bien lo que dijimos acerca de los motivos de este crecimiento excepcional, estos diez años de crecimiento de la economía uruguaya: quisimos ser generosos, quisimos no dejar a nadie afuera. Repasé lo que tenía escrito y supongo que fue lo que dije. Señalé que el crecimiento estuvo motivado por muchas cosas por todos conocidas. Ese crecimiento no es mérito de uno ni de otro, sino de todos, de algunos más, y con seguridad del que estuvo más tiempo en el Gobierno. Si uno está siete años en el Gobierno es más responsable que el que estuvo tres. ¡No hay problema! Si esto es un torneo para reconocer quién es el mejor, ¡adelante, hace rato que dejé de pelear por esas cosas! También mencioné los elementos que todos habían reconocido, incluso usted, señor Presidente: el manejo prolijo de la salida de la crisis, el marco externo y la baja de las tasas. Hasta hice referencia al acierto de la oficina del Ministerio de Economía y Finanzas que maneja y negocia la deuda, y nombré expresamente a la excelente profesional que está allí –que he seguido muchas veces en declaraciones–, que me parece muy pero muy buena, porque es de esas personas que, a veces, no se ven y que hacen un excelente trabajo.
Además, si se va a decir que las condiciones externas no han tenido nada que ver con el crecimiento, quiero señalar que no se trata de decir que el crecimiento se debe a las condiciones externas para quitarle méritos al que está trabajando en el país. Uno valora lo que significan las condiciones externas en el crecimiento de la economía y hay que prestarles atención, porque si cambian pueden afectar de forma negativa. Pero si las condiciones externas no incidieron en la recuperación, no entiendo por qué el Presidente de la República a cada rato dice que se acabó el viento de cola.
Volvimos a hablar del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional del año 2005. ¡Por favor, no hablemos más del Fondo Monetario Internacional, el default, los pedidos, y todas esas cosas!
Reiteramos nuestra preocupación por el descontrol en las empresas públicas. Al respecto, hacemos un llamado y vamos a presentar una moción, señor Presidente, para que el Poder Ejecutivo cumpla con sus facultades constitucionales y el Senado lo exhorte a celebrar el control sobre las empresas públicas. Creemos que es un elemento que bien manejado por el Ministerio de Economía y Finanzas podrá ser un buen aporte para el futuro del país.
Con respecto a la inflación, pensamos que el señor Ministro y el señor Presidente del Banco Central han dado explicaciones bastante razonables de lo que está sucediendo. Asimismo, nos alegramos de que hayan ratificado que es el principal problema macroeconómico que el Uruguay tiene, que la estabilidad de precios es uno de los objetivos más valorados y que es muy bueno que el país haya entendido la importancia de ese tema. Quizás, cuando vamos a las causas es cuando tenemos más diferencias. Hacemos votos para que quienes tengan a su cargo el combate a la inflación sean efectivamente apoyados.
Por último, señor Presidente, quiero referirme a una alarma a la que no se le está prestando debida atención, y es lo que está pasando en la República Argentina. Se ha expresado que ha sido un logro que se hayan bajado las exportaciones al 5%, y yo creo que es un logro bajar la dependencia con Argentina. Pero no deberíamos decir que es un logro bajarlas al 5% al costo de cerrar fábricas, de mandar gente para la casa, de afectar, en especial, lo poco que quedaba de la industria textil en el país. No ha sido un logro haber bajado las exportaciones al 5%, sino una necesidad.
Vamos a presentar tres mociones, señor Presidente, que son positivas, valorando el combate a la inflación, el control de las empresas públicas y lo que dijo el Ministro acerca de que son muy buenos los Tratados de libre comercio, como los que se celebraron con Israel, con México y el que ojalá se hubiera celebrado con Estados Unidos.
También quiero hacer un llamado para que se le preste atención a lo que está pasando con la competitividad que, además, es lo que ha dicho el señor Ministro de Industria, Energía y Minería. Cuando hoy hablamos de la competitividad y del atraso cambiario, hicimos nuestras las declaraciones del señor Ministro de Industria, Energía y Minería que, evidentemente, debe estar teniendo una orientación económica distinta que la que tiene el equipo que conduce la economía.
Hacemos votos para que no tengamos que recurrir a las interpelaciones, sino que alcance con las convocatorias a las Comisiones o a Comisión General para tener un intercambio tan rico como el que hemos tenido hoy.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas.
SEÑOR MINISTRO.- Voy a tratar de responder a las consideraciones y reflexiones que realiza el Senador interpelante, reconociendo que voy a referirme a un conjunto de temas que he logrado condensar como aquellos de los que he comprendido la pregunta y soy capaz de dar una respuesta. Reconozco que si ocurre alguna omisión es porque no entendí la pregunta, el razonamiento o la consideración, y esto fue algo que me pasó muchas veces. Por lo tanto, pido disculpas de antemano si algunas de las partes de los razonamientos que se consideran medulares de ser respondidos no forman parte de lo que van a ser las consideraciones y reflexiones que voy a tratar de trasmitir.
Al principio de mi intervención hice mía la consideración que hizo el miembro interpelante con respecto a que teníamos que discutir sobre temas importantes de la economía –que son importantes para el país– y sobre sus fundamentos. Creo que no hubo, señor Presidente, ninguna referencia histórica al pasado o a la evidencia acumulada en años recientes o en años más remotos, que no estuvieran inspiradas en un interés de entender aspectos que fueran medulares para descubrir los fundamentos que son relevantes para evaluar las políticas hoy. Quiero dejar expresa constancia de ello porque esa fue mi intención y estoy seguro que así fue entendido por cualquiera que haya escuchado las referencias que hice.
En segundo lugar, quiero realizar una consideración muy especial. Creo no haber dicho –ni puede inferirse de mis palabras, señor Presidente– que no hay ningún problema en la sociedad o en la economía uruguaya. Eso no lo dije y no puede deducirse de mis palabras que eso haya formado parte siquiera de la línea argumental en la que, en todo caso, estuvimos preocupados en señalar problemas e identificarlos como tales, mirándolos en forma conjunta y entendiendo los dilemas de política que se le plantean a quien enfrenta la resolución no de uno, sino de la totalidad de los problemas planteados. En la economía uruguaya, en la sociedad uruguaya, están pendientes de resolución un conjunto de problemas relativamente amplios, cuya resolución es crucial para el futuro, sobre todo, cuando uno tiene una mirada de largo plazo.
Por otra parte, dije que estábamos en un proceso de transformación, no que se habían hecho todas las transformaciones; es más, cada vez que me referí a los procesos de cambio, señalé que estaban en curso o hablé de su continuidad. En ningún momento los analice como dados o culminados porque, además, no reflejaría mi forma de entender la situación en la que nos encontramos y los desafíos que tenemos por delante.
El tercer punto sobre el que quiero ser preciso es el siguiente. En varias oportunidades –no ocurre solo en esta interpelación; se da con bastante frecuencia– apelamos a dar como verdades trascendidos de prensa. Quiero ser sincero. Me he encontrado con entrecomillados de declaraciones que me son atribuidas y que yo no hice; y no digo que eso haya ocurrido una, dos, tres o cuatro veces. Por tanto, trascendidos de prensa que involucren los dichos de otros, por favor, no los pongan entre comillas. Y no voy a hacer referencia a los trascendidos de prensa porque un trascendido de prensa es eso y que se haga cargo de él o de la declaración quien tiene que hacerlo. Creo que el Ministro de Economía y Finanzas no está llamado a responder todos los trascendidos de prensa, ni todas las consideraciones realizadas por cualquier actor político o cualquier analista político acerca de la realidad económica del país; considero que esa no es la función del Ministro de Economía y Finanzas. Quiero ser preciso: creo que la función es conducir la política económica, escuchar todo lo que se dice, analizarlo, ver su pertinencia, y hacer de todo ese análisis –el propio y el ajeno– ingredientes útiles para la toma de decisiones, pero sin ninguna soberbia. No es necesario para alguien que recurre al análisis permanentemente –y creo haberlo hecho en forma permanente– ser adjudicatario de adjetivos como la “soberbia”, cuando simplemente trato de formular un análisis. Es más, ni siquiera dije que eran verdades absolutas. Mi propuesta fue realizar análisis en cada una de las áreas sobre las que fui consultado por el Senador interpelante.
También quiero hacer un comentario muy preciso y breve. Los criterios de la contabilidad pública deben ser entendidos para valorar las formas en que impactan, las distintas cosas que ocurren, sobre los resultados de las cuentas públicas. No es que a mí me guste, señor Presidente, ni se trata de algo a lo que le encuentre racionalidad desde el punto de vista profesional; seguro que la tiene, pero yo no soy capaz de entenderla. Una operación como la venta del Banco Comercial, ya sea que se trate de la plata que se recibió instantáneamente o de la que estaba en acciones preferidas que más tarde fueron recuperadas, no se registra como ingreso. Déjenme ser preciso en esto. Los manuales de contabilidad pública que se utilizan en la contabilidad fiscal –insisto que me puede parecer algo difícil de entender, pero nosotros seguimos un manual de contabilidad internacional–, dicen que eso no se registra como ingreso. Sin embargo, cuando la erogación específica se realiza es un gasto circunstancial y puntual; aunque las dos estén calzadas, aunque una sea igual a la otra o una mayor o menor. Insisto en que para buena parte de quienes escuchan estas consideraciones les puede resultar tan extraño como a mí que esos sean los criterios de contabilidad. Yo hubiera estado mucho más tranquilo de registrar un ingreso equivalente al gasto y no tener que dar esta explicación, pero el problema es que eso no ocurrió. Lo que no vale decir es que registré el gasto y el ingreso y que estoy faltando a la verdad diciendo que registro solo eso y hablo solo del gasto; lo que ocurre es que el ingreso no lo pude registrar. Si hubiera registrado ese ingreso, no hubiera hecho ninguna consideración relativa al gasto extraordinario; solo es gasto extraordinario porque los criterios de contabilización y registro son los que son.
Por otra parte, quisiera hacer una referencia porque parece que dije algo que no dije; en cierto sentido el señor Senador interpelante señaló que hubo omisión de alguien en el Poder Ejecutivo. El Ministerio de Economía y Finanzas tiene dos atribuciones con relación a las empresas públicas. Una de ellas es aprobar los presupuestos y eso no es un acto mecánico, no se trata de poner un sello; cuando nos compete aprobar los presupuestos de algunas empresas públicas lo hacemos y, para ello, analizamos, opinamos y evaluamos su conveniencia. El problema es que los presupuestos no son la ejecución presupuestal. La segunda herramienta que tiene el Ministerio de Economía y Finanzas para seguir la ejecución de lo pertinente a las empresas públicas es lo que se denomina el programa financiero de Gobierno; sobre ese programa está apoyado el presupuesto pero no es él. Esa es una responsabilidad específica del Ministerio de Economía y Finanzas y, a la luz del presupuesto, se acuerda con las empresas públicas. No hay ninguna omisión, nos sentimos confortablemente ubicados, tanto en la toma de resoluciones presupuestales como en la relación que mantenemos con las empresas en términos del programa financiero de Gobierno. Por supuesto que el presupuesto es una instancia de discusión y análisis de conveniencia, y el programa financiero es un momento de restricciones porque en los presupuestos hay aprobadas muchas cosas que no tienen espacio de ser ejecutadas. Eso es diferente a lo que ocurre en el Presupuesto Nacional: las empresas públicas tienen habilitaciones presupuestales que, a veces, van más allá de lo que son los espacios…
SEÑOR MICHELINI.- ¡Hacen preguntas y no escuchan! ¡El que pregunta, que escuche; que escuche el interpelante porque no lo está haciendo! ¡Hace preguntas, dice que va a ayudar, pero no escucha!
(Campana de orden)
(Interrupciones)
SEÑOR PRESIDENTE.- Vamos a retomar el orden de la sesión.
Señores Senadores, les ruego colaboración para que esta sesión continúe por el curso que debe tener y solicito que disminuyan los murmullos en Sala.
Puede proseguir el señor Ministro.
(Campana de orden)
(Interrupciones)
–La Presidencia dispone un cuarto intermedio de diez minutos para ver si somos capaces de retomar el orden.
(Así se hace. Es la hora 18 y 39 minutos)

(Vueltos a Sala)
­–Habiendo número, continúa la sesión.
(Es la hora 18 y 49 minutos)
–Supongo que estamos en condiciones de continuar con la sesión con el orden y el respeto que todos nos debemos.
Tiene la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas.
SEÑOR MINISTRO.- Muchas gracias, señor Presidente.
El señor miembro interpelante, Senador Bordaberry, hacía referencia –e incluso daba lectura– a algunas de las conclusiones que resultan de un análisis histórico de largo plazo. En ese trabajo se analizaban aspectos vinculados al comportamiento de la política fiscal y variables de índole política que influyen sobre la política fiscal y sobre las conductas que son inducidas desde la política y que tienen repercusiones fiscales. Participé de ese estudio como coautor junto a Diego Aboal y Gabriel Oddone, y fue publicado en un libro que editó el propio Aboal. Si mal no recuerdo, en ese trabajo se utilizó información correspondiente a los cuatro primeros períodos constitucionales posteriores a la finalización de la dictadura en Uruguay.
Con relación a las conclusiones, mi experiencia y formación en estadística me hacen ser siempre muy cuidadoso en el sentido de que cuando uno extrae conclusiones en un período muestral determinado jamás debe extrapolar mecánicamente al futuro las conclusiones de ese trabajo empírico. ¿Por qué? Porque cuando uno incorpora datos posteriores, es probable que las hipótesis que confrontó con otro conjunto de datos ya dejen de verificarse. Entonces, me parece que la referencia…
SEÑOR BORDABERRY.- ¿Me permite una interrupción?
SEÑOR MINISTRO.- Sí, señor Senador.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR BORDABERRY.- Señor Presidente: probablemente el señor Ministro tenga el trabajo a que hice referencia, pero si es necesario puedo entregarlo. No abarca cuatro períodos de gobierno, sino que va desde 1925 hasta el año 2000. La verdad es que ese trabajo comprende un período muy extenso y considero que es muy profundo y muy bueno. Realmente, a mí me sirvió mucho porque me hizo pensar de una forma distinta en materia de política económica y de economía política.
Gracias, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar en el uso de la palabra el señor Ministro de Economía y Finanzas.
SEÑOR MINISTRO.- Me ha pasado en varias oportunidades en el desarrollo de la interpelación: he dicho que se trata de un trabajo de largo plazo respecto a cuatro períodos desde el restablecimiento de la democracia; contiene 80 años de información. Sobre la base de información de largo plazo es que se pueden extraer condiciones relativas a la evidencia empírica condensada durante el período de análisis.
Los trabajos de ese tipo se realizan con el propósito de entender cosas que ocurrieron y no se deben extrapolar mecánicamente hacia eventos o circunstancias todavía no ocurridos. Créame, señor Presidente, que un trabajo de esa naturaleza no tiene ninguna pretensión –ni puede tenerla– de establecer predicciones mecánicas. Al menos, quien fue el autor no trató de establecer ninguna predicción mecánica hacia el futuro, aunque sí advierte sobre un hecho que operó en la historia uruguaya y es que la fragmentación en la forma de ejercicio de los gobiernos, secularmente, en Uruguay tuvo implicaciones fiscales cíclicas y en términos de las conductas y las prudencias fiscales.
Puedo asegurar que no ha habido desde mucho tiempo hasta esta fecha una conducción fiscal tan lejana a la pugna que plantea la fragmentación política como en estos dos últimos períodos de gobierno, dicho esto en términos fiscales. Esta es mi opinión y, por tanto, careciendo de un argumento similar al que tratamos de exponer en ese trabajo, me temo que es más dudoso todavía que se pueda hacer esa reflexión mecánica hacia el futuro. Ahora bien, créanme que el fraccionamiento y la puja en materia política pueden tener implicaciones fiscales. Sí, las pueden tener y eso es lo que tratamos de poner en evidencia, pero no se puede decir mecánicamente que eso ha ocurrido o, al menos recalco que del trabajo que realicé –en coautoría con otros dos queridos colegas– ello no se deduce rápidamente.
Quisiera hacer una mención especial a algo que expresó el señor Senador interpelante en cuanto a que año tras año pedimos autorización al Parlamento para la capitalización del Banco Central del Uruguay. Eso no es cierto porque de acuerdo con su nueva Ley Orgánica lo que corresponde es que en ocasión de cada año finalizado se proceda a la capitalización necesaria para asegurar los requerimientos patrimoniales que la institución debe tener. La autorización ya la tenemos aprobada en la ley que rige la organización del Banco Central del Uruguay desde –creo– hace cuatro años.
También quiero plantear una pequeña consideración –insisto en que pude no haber entendido parte de la preocupación o de la argumentación realizada por el señor Senador interpelante– que tiene que ver con qué implica que haya tasas en las que se emiten Títulos públicos en unidades indexadas y tasas que se pagan en moneda nominal. Las tasas indexadas contemplan la inflación más el rendimiento en UI –hablo del rendimiento real– y las tasas nominales incluyen todo junto. Quiere decir que una tasa nominal del 10% con una inflación de 8% implica una tasa en UI de 2%.  El caso es que esta situación, en la que se emiten simultáneamente Letras o Títulos públicos en unidades indexadas –y cuya rentabilidad también se expresa en unidades indexadas– o en moneda nacional no indexada, tiene consecuencias contables absolutamente diferentes. Quisiera detenerme un momento para aclarar y explicar esto con el fin de que se entienda que en la forma de contabilización, en uno y otro caso, se adoptan criterios diametralmente opuestos. Cuando se emiten Títulos en unidades indexadas lo que se incluye en la partida de intereses es sólo la tasa real, mientras que la inflación queda en el principal de la deuda porque se indexa, se ajusta por inflación. Por su parte, cuando se emiten Títulos en moneda nacional lo que ocurre es que la partida de intereses tiene dos partes: la tasa de interés real y una amortización por inflación del capital. Este híbrido, señor Presidente, debería tener una solución contable única y hay países donde, precisamente, la hay para el tratamiento de las dos situaciones. Me parece absolutamente razonable que, cuando estemos en presencia de convivencia de tasas en unidades indexadas y moneda nacional, el criterio contable acordado fuera uno solo, que se decidiera o no actuar como ocurre contablemente cuando la emisión es en unidades indexadas o cuando es en moneda nacional. La convivencia de los dos sistemas lo que hace es confundir porque detrás de la partida de intereses que paga el Banco Central, hay una parte que es amortización del capital y esto, reitero, plantea confusión. Creo que esta es la mejor reflexión que puedo aportar de algo que sería bueno que resolviéramos, es decir, cuál de los dos criterios es más adecuado.
¿Cuál es la diferencia entre los dos? Si eligiéramos tratar la deuda en moneda nacional como si fuera en UI, tendríamos una partida de intereses mucho menor y una deuda mayor. Por el contrario, si decidiéramos utilizar el criterio para toda la deuda en moneda nacional, tendríamos una partida de intereses mucho mayor pero estaríamos amortizando capital todos los años.
Simplemente quería decir esto, señor Presidente, para clarificar el tema porque si no se plantea una suerte de confusión sobre cuáles son las implicaciones de una y otra opción. Conviven las dos y hay países donde este tema está resuelto.
No estoy seguro de haber respondido exactamente a la preocupación del señor Senador interpelante respecto a este tema –insisto–, pero es el mejor comentario que puedo realizar sobre esta cuestión.
Permítame, señor Presidente, hacer un comentario más. Todo el mundo conoce bien el señoreaje o el impuesto inflacionario que se cobra sobre los saldos monetarios, la base monetaria o cualquier agregado monetario que sea un pasivo nominal del Banco Central del Uruguay. Todo el mundo repite: la inflación es un impuesto. Estamos de acuerdo, pero el problema es que también se cobra el señoreaje sobre los Títulos en moneda nacional, se pagan los intereses y no se registran como ingresos. Esta es la realidad: es un pasivo del Banco Central, en moneda nacional, cuyo valor real se deprecia porque hay una parte que se está amortizando en la tasa en moneda nacional, igual que cualquier otro pasivo monetario. Esto es así. Nosotros vinimos a esta sesión predispuestos a aportar elementos de análisis y este lo es, por lo que debería llevar a la preocupación, por las cifras fiscales, a cambiar de naturaleza. Estamos discutiendo sobre contabilidad y no sobre hechos profundos, claros y nítidos desde el punto de vista sustantivo de la trayectoria de la deuda y del resultado fiscal.
Quiero hablar sobre un tema que ha sido planteado varias veces por el señor Senador interpelante y tiene que ver con el costo de la intervención en el mercado de cambios, con la acumulación de reservas y con las operaciones que se realizan para atemperar los procesos de apreciación, con las presiones sobre la apreciación de nuestra moneda. Hay que ordenar la secuencia de hechos para entender en qué consiste la operativa. En primer lugar, la decisión de intervención es con el propósito de amortiguar o moderar las presiones de apreciación; esa es la motivación. El resultado es la acumulación de reservas, y no hay una decisión para acumular reservas voluntarias. Créame, señor Presidente, que dudo de que el Banco Central haya realizado el proceso de acumulación de reservas bajo el criterio de que necesitaba más reservas. Lo hizo porque entendió la necesidad de equilibrar aspectos macroeconómicos que son fundamentales para el normal funcionamiento de la producción –de las decisiones de producción– y de la trayectoria del nivel de actividad para influir sobre variables que podrían plantear dificultades a algunas empresas para competir en los mercados externos. Es la lógica causal motivada por evitar una sobreapreciación de la moneda. Retirarse de esta operativa sería agravar problemas macroeconómicos que están latentes en la economía uruguaya. Mientras haya presiones provocadas por el ingreso de capitales y por los procesos de desdolarización de activos en la moneda uruguaya, lamentablemente, tendremos que entender –no aceptar– que la opción de mínimo costo elegida por el Gobierno es aceptar el costo de US$ 500:000.000 o US$ 723:000.000 que implica mantener un stock de reservas de bajo rendimiento. Es el resultado específico que tiende a proteger la producción y los equilibrios macroeconómicos fundamentales que pretendemos realizar.
Para mí esto trata de ser la forma de ordenar lo que estamos haciendo y las implicaciones que ello tiene. Curiosamente –y traté de decir esto en mi presentación– todos los años registramos este costo del 1.1% de PIB, o sea, entre US$ 500:000.000 y US$ 723:000.000; eso es lo que cuesta mantener esta conducta. El costo de desarmar esta política gradual o rápidamente mientras exista el mismo tipo de presiones, sinceramente, creo que sería descabellado. Quiero ser sincero: no contaría con la mínima consideración. Imagínense un stock de US$ 14.000:000.000 de reservas que lo deshacemos. ¿Y en dónde lo deshacemos? En el mercado de cambios. Estaríamos haciendo todo lo contrario de lo que inspira la política que hoy aplicamos. Esta sería mi respuesta a la consideración que se realiza sobre esto. Este es un costo que tiene una ventaja: está explicitado. En mi presentación traté de decir que hay costos latentes y que por el hecho de que no estén explicitados no quiere decir que no existan. Pero cuando un costo se explicita hay que agradecer que sea así porque lo peor es tener en los balances, en los stocks, en los activos y en los pasivos, riesgos potenciales que impliquen pérdidas potenciales importantes de las que ni siquiera somos conscientes. Este es un fenómeno nuevo. ¿Por qué es nuevo? Porque la tradición en Uruguay era que el Banco Central operaba en moneda extranjera en actividades activas y pasivas. Tenía sus reservas y sus pasivos, sus deudas, en dólares. Esta es una novedad. Entendamos que este es un cambio de estructura que explicita un costo que antes no lo veíamos  –¡por supuesto!– hasta que lo vimos; y lo vimos en dos oportunidades: en las crisis de 1982 y de 2002. Lo que ahora se hace es decir: “ahí está”; “mírenlo”; “sepan cuánto es”. Permítanos explicitar que ese resultado está asumido como una realidad desde el punto de vista de la política económica y que, al menos hasta este momento, la aceptamos sin mayores dificultades.
El señor Senador interpelante dijo algo muy cierto, incluso trató de solidarizarse con las posiciones –diría– no de este Ministro de Economía y Finanzas, sino con los Ministros de Hacienda o de Economía de cualquier parte. Dijo: “Todos quieren gastar más”. Sí; pero eso no me pasa solamente en el Ministerio sino en mi casa. Le ocurre a cualquiera que tenga que administrar un presupuesto, porque todos quieren gastar más. Por lo tanto, un Ministro de Economía y Finanzas vive y convive con esta situación y no se afecta por el hecho de que haya una tensión entre quienes quieren gastar más y las restricciones que hay que imponer producto de la moderación y la prudencia con las que se debe actuar. Todos quieren gastar más. ¿Cómo vamos a pensar que áreas sustantivas del Estado que cubren necesidades fundamentales de la población no aspiren a ampliar su capacidad de acción? ¿Cómo vamos a pensar que eso no está latente en cada una de las partidas del Presupuesto? ¿Cómo vamos a pensar que los jubilados no aspiran a recibir mejores jubilaciones? ¿Cómo vamos a pensar que los empresarios no quieren tener más apoyo del que tienen? Este es un problema natural, que no debe tensionar en absoluto a quien asume responsabilidades en un Ministerio de Economía y Finanzas. Es de diseño: le toca al Ministerio de Economía y Finanzas ser el custodio de las restricciones, la factibilidad y la sustentabilidad de los procesos que se financian con recursos públicos. Eso es inherente a nuestra función. Por lo tanto –diría–, lo vivimos con naturalidad y sin más drama que aceptar que hay que discutir mucho para fijar la restricción y después para administrarla, lo que no es nada fácil.
Hay una cuestión sobre el aporte de la política fiscal a la inflación. Creí, sinceramente, que había dado respuesta desde distintos ángulos al aporte efectivo de la política fiscal en este período y a la labor común que tenemos entre el Banco Central del Uruguay y el resto del Poder Ejecutivo en asegurar la estabilidad de precios.
Permítanme dar un paso más ya que ese conjunto de aportes que hemos hecho y que se han expresado de múltiples maneras no se considera suficiente. Creo que está absolutamente sobredimensionada la relación directa entre el resultado fiscal en nuestro país y el comportamiento de la inflación. Creo, sinceramente, que está sobredimensionada, aunque esto no quiere decir que cualquier resultado fiscal y cualquier forma de financiamiento del mismo no tengan implicaciones sobre la inflación, pero cuando uno sobredimensiona la influencia de un factor es porque por alguna razón le interesa sobredimensionarlo; quizás sea para ponerlo en el centro de la discusión. Sinceramente, creo que desde el punto de vista técnico, del más estricto análisis de lo que está ocurriendo en la formación de precios, atribuirle a la política fiscal un papel sobredimensionado en las presiones inflacionarias es de difícil sustentación en nuestro país.
Quisiera dar un paso más. Hay países que tienen situaciones fiscales similares a las de Chile, como Perú y Colombia, que están enfrentando procesos parecidos a los que afronta nuestro país. Tanto el Presidente del Banco Central como quien habla tratamos de expresarles que no consideren que estamos en una isla de especificidades porque somos parte de un conjunto de países que enfrentan dilemas, situaciones y presiones similares.
El señor Senador interpelante hizo referencia a la tarifa de UTE y a un problema cuantitativo. Escuchando su intervención, en varias oportunidades me ocurrió que expresé algo y no fui entendido, por lo que voy a volver a repetirlo exactamente como lo dije. Señalé que cubrir en ese momento el impacto sobre el costo energético no cubierto por la tarifa en el primer semestre del año 2012 hubiera implicado una duplicación de la tarifa. Creo haber dicho exactamente esto. Voy a hacer la cuenta. De la recaudación anual que mencionaba el señor Senador interpelante, hágase la mitad porque es la mitad del año, y agréguesele al costo efectivo sobre UTE la utilización del Fondo Energético. Se podrá apreciar que si bien la cifra puede ser un poquito superior o inferior a la duplicación, la envergadura del ajuste de tarifas que era necesario en ese momento para cubrir lo que había pasado era del orden que estoy mencionando. Eso fue lo que dije y lo reafirmo porque me parece que uso la misma aritmética que proponía el señor Senador interpelante. Me referí a lo ocurrido en el primer semestre y el ajuste de tarifas necesario si hubiéramos tratado de compensarlo en ese semestre.
A cuenta de que hayan quedado pendientes otros temas sobre los que no me expreso porque seguramente no comprendí la naturaleza de la cuestión planteada, quiero hacer una reflexión sobre un aspecto de lo que decía el señor Senador Solari porque pareció desconfiar de mi afirmación con respecto al comportamiento del índice de desigualdad más frecuentemente utilizado para medir la justicia distributiva en nuestros países.
En pocos días o semanas, el INE va a divulgar los nuevos datos correspondientes al cierre de 2012 y seguramente publicará la serie de indicadores del Índice de Gini correspondiente a un período extenso. Por lo tanto, únicamente voy a remitirme a estadísticas oficiales que seguramente en los próximos días o semanas van a ser divulgadas.
Muchas gracias.


7) SOLICITUDES DE LICENCIA E INTEGRACIÓN
DEL CUERPO
SEÑOR PRESIDENTE.- Léase una solicitud de licencia.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “Montevideo, 3 de abril de 2013.
Señor Presidente de la
Cámara de Senadores
Cr. Danilo Astori
Presente.
A través de la presente solicito al Cuerpo me conceda licencia al amparo del artículo 1.º de la Ley n.º 17.827, de 14 de setiembre de 2004, por motivos personales por el día 5 de abril.
Sin otro particular, saluda al señor Presidente muy atentamente
Tabaré Viera Duarte
Senador”
SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.
(Se vota:)
–23 en 25. Afirmativa.
Se comunica que el señor Eduardo Malaquina ha presentado nota de desistimiento, informando que por esta vez no acepta la convocatoria a integrar el Cuerpo, por lo que queda convocado el señor Wilson Sanabria, a quien ya se ha tomado la promesa de estilo.


8) LLAMADO A SALA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA
Y FINANZAS, ECONOMISTA FERNANDO LORENZO
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con el tema en discusión, tiene la palabra el señor Senador Saravia.
SEÑOR SARAVIA.- Señor Presidente: después de largas horas de sesión y, sobre todo, de una muy larga exposición del señor Ministro y del Presidente del Banco Central, en términos generales –porque se profundizó solo en algunos temas–, por algunos aspectos que hacen a la base de la interpelación propuesta por el señor Senador Bordaberry, se nos genera una mayor preocupación por la situación económica del país.
En realidad, las respuestas del señor Ministro nos dejan más dudas que certezas a futuro. En ese sentido, la idea de la sesión de hoy era que el Ministerio de Economía y Finanzas aportara claridad acerca de algunos temas, básicamente sobre la inflación, la política cambiaria y, sobre todo, lo que tiene que ver con el déficit fiscal y algunos elementos de la política macroeconómica.
¿Por qué digo que me voy con mayor preocupación? En definitiva, no tengo cuatro o cinco horas para hablar como lo hizo el señor Ministro, sino que cuento con un tiempo corto, por lo que me voy a centrar en los dos puntos que considero claves. Quiero dejar sentadas las diferencias que tenemos en algunos aspectos de la política económica y, si se entiende oportuno, escuchar una explicación al respecto o, por lo menos, alguna reflexión sobre estos temas.
¿Por qué hablo de preocupación? En realidad, hoy estamos todos aquí porque existe una preocupación en general sobre la política macroeconómica, la política tributaria y la política comercial, así como también sobre la competitividad, el atraso cambiario y la inflación. En general, los actores sociales están preocupados por estas cosas. Los actores económicos, luego de esta sesión, tendrán que orejear mucho para tomar decisiones económicas. Quizás algunos que nunca pagaron una quincena no lo perciban, pero hoy hay una preocupación generalizada en el aparato productivo nacional, en los exportadores y en la población en general por el tema de la inflación. Incluso, el propio Gobierno ha manifestado que está preocupado por estos temas; de lo contrario, no tomaría determinadas medidas económicas que no compartimos porque no solucionan el tema. En definitiva, el Gobierno ha anunciado una preocupación.
Asimismo, otras voces del Poder Ejecutivo han marcado distancia con la línea económica. La semana pasada, el economista Frugoni, integrante de la OPP, discrepó con la línea llevada adelante en determinada política económica que apuntó a la rebaja en la renuncia fiscal de las grandes empresas multinacionales para ayudar con el déficit. En concreto, decía claramente que si estamos muy atados a determinados factores económicos que solucionarían solo las inversiones extranjeras algo se está haciendo mal. Esto se puede compartir o no, pero existe una preocupación general en el propio Gobierno e, incluso, el señor Presidente ha dicho que se ha terminado el viento a favor.
Después de escuchar larga y atentamente al señor Ministro y al Presidente del Banco Central, recordé lo que sucedió en la economía del país en determinados momentos. En el discurso se repitieron las mismas recetas que en el pasado nos llevaron a crisis muy dolorosas para el país, recetas que se criticaban como neoliberales y que hoy son aplicadas y básicamente provienen del Consenso de Washington. Ahí radica mi preocupación porque hoy la situación económica es diferente a la del año 2002 y a la de 1982, cuando se rompió “la tablita”, pero las recetas van por el mismo camino. Reitero que esa es la preocupación que me genera, por lo que en líneas generales –como muchos– hoy me voy a ir esperando que el Ministerio dé determinadas señales o corrija la línea económica en otro sentido, tal como lo han propuesto otros economistas de izquierda que estos días han hablado sobre algunos de esos temas.
Por lo tanto, la preocupación se me plantea por haber escuchado estos días lo mismo que como Presidente de la Mesa Coordinadora en la década de los noventa y en la crisis de 2002. No se puede decir y reiterar tan livianamente que el atraso cambiario no afecta las exportaciones. Tenemos una relación de caída permanente desde 2008 en la diferencia entre las exportaciones y las importaciones que afecta la economía del país. Eso es, justamente, producto del favoritismo de una política cambiaria. Hoy el atraso cambiario es del 25%. El Banco Central ha dicho –no yo– que hay un atraso cambiario, una inflación en dólares o como se le quiera llamar que es más alta que la registrada en el período transcurrido hasta la crisis de 2002.
Por otro lado, hay una fuerte suba en los costos básicos en dólares en el Uruguay. Quiero focalizar mi exposición en los que, a mi entender, son los dos temas centrales de la interpelación y manifestar mis diferencias con la política cambiaria y con otro elemento gravoso para la economía del país, porque se ha hablado de competitividad pero no de rentabilidad. Se ha dicho que el atraso cambiario afecta la competitividad con Brasil en un 14% y también con Argentina en cierto porcentaje, así como que los efectos de su dólar blue a $ 9 se hacen insostenibles para Uruguay. Se han mencionado todos esos elementos, pero no se ha hablado del tema central que generó la crisis que comenzó en 1999 y la quiebra de 15.000 productores agropecuarios, que hoy está presente. Me refiero al atraso cambiario que afecta la rentabilidad de las empresas agropecuarias, sobre todo las pequeñas y medianas porque las de mayor escala –que tienen otro sistema, otra estructura de rentabilidad y una diversificación en la producción– enjuagan de otra manera sus costos fijos y móviles. A ese tema también me voy a referir, porque es una de las preocupaciones que tenemos, que está presente y que cada día hace más daño en la economía del sector agropecuario y del sector productivo nacional, agravando lógicamente los costos de la competitividad. No hay que olvidar que el 14% del sector agropecuario interviene en el Producto Bruto Interno y que solo la industria cárnica, sin contar la cadena exportadora de carne, tiene más de 20.000 puestos de trabajo, con muy buena calidad de sueldos y capacidad de producción de valor agregado, y que de ahí para atrás hay un encadenamiento de miles de puestos de trabajo. Lógicamente, ahí hay una afectación de la moneda en los costos fijos de las empresas que se va a ver reflejada este año porque las empresas frigoríficas están anunciando que van a mandar gente al seguro de paro pues los costos las están matando debido al bajo precio del dólar y a que les cuesta enjuagar los costos fijos.
Por otro lado, el Ministerio de Economía y Finanzas, preocupado por la inflación –comparto su preocupación, pero no las medidas adoptadas y venimos alertándolos desde el año pasado–, que es la enemiga central de los salarios, ha actuado permanentemente sobre ese fenómeno basado en una política monetarista que, en definitiva, ata al Gobierno y genera una contradicción entre la caída del dólar, la competitividad, la rentabilidad y la inflación. Esto sucede porque, al no haber hecho la tan prometida Reforma del Estado por competitividad y rendimiento en los ajustes de los salarios y seguir midiéndolos por la inflación, lamentablemente tiene que apretar el cinturón por el lado de la moneda. El Gobierno ha innovado en este tema porque ha endurecido mucho más la política cambiaria en los últimos tiempos, subiendo –contrariamente a lo que está haciendo Brasil en este sentido– las tasas de regulación monetaria de algo más del 7% al 9,25% el 28 de diciembre –Día de los Inocentes– de 2012 para todos los inocentes que creemos en las políticas económicas. Con ese 9,25% a que subió la tasa de referencia, lógicamente la consecuencia –así se aplica– hubiera sido endurecer la política monetaria, tratar de encarecer el crédito y sacar pesos de plaza, pero el Poder Ejecutivo no quiso dejar caer la moneda y salió a comprar dólares. Lo hizo como nunca, porque se habló de que había comprado US$ 500:000.000 en el Período anterior, pero ahora compró más de US$ 700:000.000 en noventa días. Cuando alertamos sobre esto, el propio Presidente de la Asamblea General y del Senado salió a decir públicamente que esto era circunstancial, pero no lo era porque ese proceso continúa. Indudablemente, esto puede funcionar en una economía de moneda única como la de Brasil, pero en una de moneda doble termina siendo inocuo porque, en realidad, no ha logrado mostrar resultados. La lógica sería que al presionar la tasa de referencia y la caída del dólar se terminara frenando la inflación, pero no fue así ya que igual siguió creciendo después que dejaron de aplicar las medidas con UTE –entre otras– para controlar el tema inflacionario.
El endurecimiento de la política monetaria con la suba de la tasa trae como consecuencia la caída del valor del dólar. Ahora bien, se aplica como única medida de política monetarista sin acompañarla con políticas fiscales ni salariales que la ayudarían generando una baja en el tipo de cambio y más atraso cambiario; a esta altura estamos hablando de un 25%. En los últimos años del primer Gobierno del Frente Amplio y de 2004 en adelante, la caída del tipo de cambio ha alcanzado el 16%. En la Fiesta del Arroz de 2006 y 2007, el entonces Ministro Mujica dijo que si el dólar bajaba de $ 26 se iba del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Bueno, tendrá que irse de la Presidencia de la República porque el precio del dólar está a $ 18.
Esta es la historia habitual de los últimos tiempos, lo que ha generado la crisis en el sector agropecuario y su brutal sobreendeudamiento en la década de los noventa. Hoy se empiezan a ver señales de ese tipo. Además, contradictoriamente, no escuché que el Ministerio dijera nada en Sala en el sentido de frenar el crédito al consumo, que hoy supera los US$ 2.000:000.000; incluso, el propio Banco de la República incentiva las tarjetas de crédito para el consumo de los menores de edad. Por otro lado, no se incentiva el crédito productivo porque, en definitiva, es el más caro de la región si se lo compara con las medidas que están tomando Brasil y otros países.
Por lo tanto, las medidas tomadas sobre el tipo de cambio no han generado los efectos que pretendían lograr el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central, sino que han hecho caer la tasa de cambio y han afectado la competitividad y la rentabilidad de las empresas agropecuarias. Además, ha seguido creciendo la inflación, ignorando a la gente de menores ingresos. Esa es la realidad.
En este período la caída de la competitividad alcanza los niveles más altos. ¿A quiénes beneficiaron las medidas tomadas en estos últimos tiempos? Lógicamente, hay perdedores y ganadores. Los beneficiados han sido los inversores especuladores de corto plazo, los capitales “golondrina”, porque si alguno tiene dólares baratos que se están deteriorando y cuyo valor quizás caiga más, seguramente se los tira por la cabeza al Banco Central y se hace de Letras de Regulación Monetaria. Sabido es que el Banco Central, para no dejar caer el dólar, terminó tirando un montón de pesos a la plaza para hacerse de los dólares y logró un efecto contrario al que pretendía. Por lo tanto, tuvo que esterilizar moneda, con una Letra de Regulación Monetaria pagada a más del 10%. Ganan los especuladores. ¿Quién pierde? El contribuyente porque, sin lugar a dudas, va a tener que pagar con déficit fiscal, en el correr del año, con los intereses que fije el Banco Central y el Ministerio de Economía y Finanzas. Así que esas tasas de interés la va a pagar la sociedad en su conjunto con más déficit fiscal. Eso es lo que no compartimos.
Por otro lado, esto, que no ha logrado controlar la inflación, trae como consecuencia que se agrave la situación de la estructura productiva del país, sobre todo del pequeño y mediano productor y de la pequeña y mediana industria, y también, sin ningún lugar a dudas, la competitividad de los sectores exportadores. Los últimos informes de la Cámara de Exportadores del Uruguay son muy claros en ese sentido.
Quiero referirme a este tema, porque no se ha tocado y es un aspecto clave, pues trajo como consecuencia las dos crisis más grandes del sector agropecuario en la historia del Uruguay: la de 1982 y la de 1999, y después la crisis del 2002. Porque cuando quiebra el motorcito de arranque que es el sector agropecuario, quiebra el país. Todavía seguimos viviendo del pasto transformado; no hemos inventado otra cosa. Capaz que algún día encontramos petróleo; todo bárbaro pero, por ahora, vivimos del pasto transformado.
Entonces, hoy, producir un kilo de carne en el Uruguay cuesta tres veces más que a fines de los noventa y principios del 2000, cuando gritábamos como locos con el famoso atraso cambiario. Como consecuencia de ello, vino el sobreendeudamiento, porque para generar más rentabilidad y compensar el atraso cambiario, el sector se endeudó para agregar tecnología. Además, cuesta tres veces más producir un kilo de carne porque el gasoil hoy, en el Uruguay, si lo comparamos con los precios de la época, cuesta el doble. También cuesta tres veces más la tonelada de fertilizante, y hay que tomar en cuenta los costos tecnológicos agregados a la producción, porque los mercados internacionales que ha ganado el Uruguay –¡y bienvenidos sean!– a través de la trazabilidad, de la cuota 481 –es decir, la cuota de carne europea– y los mercados de alta calidad como el de Corea –en el que vamos a entrar próximamente– han exigido, por ejemplo, dentición incompleta, marmolado y penetración de grasa, lo cual trae como consecuencia que para engordar un kilo de carne, no alcance solo con hacerlo a pasto –como se hacía en la década del noventa–, a praderas convencionales o a avenas de invierno; ahora hay que agregar granos y tecnología, lo que implica incrementar costos. Actualmente, el gasoil en Uruguay cuesta un 50% más que en Brasil y un 100% más que en Argentina. Asimismo, el costo familiar es el doble, porque eso se debe trasladar tanto a la familia como a la empresa. Cualquiera que hoy cruce la frontera para un lado o para el otro, puede comprobar que llena un carrito de supermercado con US$ 120 mientras, que en el Uruguay no le alcanza con US$ 300. Eso mismo pasa con el combustible y con un montón de cosas. Esa es la realidad de nuestro país.
Entonces, quien comienza a sufrir esta política económica neoliberal que está aplicando este Gobierno es justamente la estructura productiva básica del país, que está representada por los treinta y siete mil productores agropecuarios de los que tanto se preocupa y habla el Presidente de la República. Creemos que, justamente, el Presidente de la República tendría que preocuparse por el atraso cambiario que fue el que mató a los treinta y siete mil productores agropecuarios en las décadas del ochenta y del noventa, y que ahora los comienza a dañar; y hay tiempo. Que no se diga que no es una política del Consenso de Washington, porque lo es; es la receta. Es el discurso del pasado; no se puede decir que esta es una política de izquierda, porque es una política de derecha –vamos a decir la verdad–, de derecha conservadora, que va por el camino que nos hizo daño.
Quiero decir esto en el Senado de la República porque, más acá o más allá, en dos o tres años esto va a explotar. Porque se agrega otro elemento que hasta ahora nadie ha mencionado. ¿Qué pasa, señor Presidente, con la burbuja inmobiliaria que se está gestando en el Uruguay? Me refiero a la bancarización creciente del sector inmobiliario, con costos de US$ 3.000 ó US$ 4.000 el metro cuadrado de construcción. ¡Barbaridad! ¡Ni en Nueva York cuesta eso! ¿Qué pasó en Estados Unidos? Recuerdo a un Senador, compañero de este Senado –que ahora no está acá–, que siempre hablaba de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos, que finalmente terminó explotando –tenía razón– al igual que en España. Actualmente ese elemento se agrega a la economía. Podrán decir que no, pero es la realidad. Además, hay muchos economistas de izquierda que están hablando de este tema y los hemos escuchado permanentemente.
Quisiera saber por qué el Ministerio de Economía y Finanzas no se ha enfocado en otro tipo de medidas. Creo que se pueden tomar medidas económicas para controlar la inflación, pero lógicamente en ello va a existir una contradicción entre un pensamiento filosófico de la economía y el otro. Si tomamos la inflación por la demanda global, se pueden adoptar medidas económicas –que están planteadas por otros economistas y que pueden ser escuchadas– en relación con el gasto superfluo del Estado, el gasto corriente y el crédito productivo. Incentivar la producción, tratando de ocupar la mano de obra que no está ocupada en trabajos de mayor calidad –previa calificación–, puede ayudar a bajar la inflación. No he visto eso en el Uruguay. En general, ha aumentado muchísimo la ocupación, pero la mayor parte es trabajo chatarra o de baja calidad técnica. Acá hay otro problema en la economía, que trae como consecuencia la caída de competitividad a nivel mundial –que cayó en los últimos tiempos cuatro o cinco puntos–: me refiero a la baja calidad de la educación. Eso es parte de la política económica; no solo son estos números. Justamente, la caída de la competitividad internacional del Uruguay se debe a que no está generando mano de obra altamente calificada. ¿Por qué? Porque la educación en nuestro país es un desastre, a pesar de los US$ 2.500:000.000 que se invirtieron.
Por el otro lado, están los gastos del Estado; se gasta horriblemente mal: es un desastre ASSE, el Ministerio del Interior. Es un desastre cómo se está gastando. ¿No es hora, como dice el señor Ministro, de ajustar el cinturón? Bueno, comencemos a reordenar ese gasto, a recortar gastos superfluos en cargos de confianza y en Direcciones que se crearon en los distintos Ministerios. Tal vez haya que hacerle caso a Frugoni y tengamos que recortar la devolución fiscal a las grandes multinacionales. No veo que se vaya a cumplir con la baja de dos puntos del IVA. No me imagino que la población crea ese verso. Bajaron un 0.8 % a las tarjetas de crédito, y con la pérdida del margen fiscal, van a precisar ese dinero, porque un punto de IVA, si no me equivoco, equivale a US$ 160:000.000; de lo contrario, tendrán que recortar en políticas sociales o realizar un ajuste fiscal. Ese puede ser el camino que estén pensando tomar, porque alguien lo sugirió.
Estos eran los elementos que se plantearon en el llamado a Sala y, la verdad, señor Presidente y señor Ministro, no veo una señal diferente a los viejos modelos neoliberales del pasado, desde Végh Villegas al presente. Esa es una realidad constante, que muchos economistas la están mencionando. Me pregunto por qué, para incentivar la competitividad, no se utiliza la herramienta extraordinaria de la reforma tributaria, bajando las escalas y yendo por la distribución de utilidades. De esta forma, se recorta la renuncia fiscal a las grandes multinacionales, porque existen renuncias fiscales de todo tipo y calibre por la ley de inversiones; hay un montón para recortar, porque se trata de renuncias fiscales que no son necesarias. Eso no va a correr a ninguna inversión extranjera. ¡Bienvenidas sean las inversiones extranjeras, siempre y cuando le sirvan al país y no solamente a ellas! No las van a correr. Eso es un verso. Si estamos subordinados a las grandes inversiones extranjeras, es porque algo estamos haciendo mal por el otro lado. Precisamente, una de las cosas que se mencionaron acá, es que determinadas cosas se pagan con esa inversión extranjera.
Hay que rebajar el costo de la energía –hoy se habló mucho de la energía– porque básicamente con los costos fijos que tenemos en el sector productivo nacional, cada día le será más gravoso al sector agropecuario producir con calidad. Si ingresamos en la noria –como ocurrió en la década del noventa– de solicitar créditos caros para poder comprar más tecnología, vamos a comenzar otra vez el proceso de sobreendeudamiento, que ya sabemos en qué termina. Por lo tanto, hay tiempo para frenar ese proceso, cambiar, aplicar algunas políticas adicionales en ese sentido y buscar espacios diferentes en lo que tiene que ver con el control de la inflación, que todos compartimos se debe controlar. Lo que no comparto –y en gran medida– es que esta sea la línea deseada, porque no ha logrado los resultados esperados y porque ha provocado un gran problema en la competitividad del Uruguay.
Hay otro elemento que está hoy arriba de la mesa –que lo mencioné al pasar, aunque aquí no se ha nombrado mucho–, que también integra el problema del costo actual de las empresas agropecuarias, que se irá incrementando con el tiempo. Eso significará un costo adicional para producir en el Uruguay porque es una situación generada por el ingreso de alta tecnología en nuestro país, producto de la situación económica en la Argentina –es decir, de un modelo económico diferente al nuestro–, que subsidia el cambio y el combustible a través de las detracciones. Estas famosas detracciones trajeron la explosión agrícola al Uruguay lo que a su vez produjo un deterioro permanente en nuestros suelos. Hoy el 45% de los suelos uruguayos –según los informes del Ministerio respectivo–, están afectados de una u otra manera por la degradación. El 60% de ese 45% del suelo está afectado por cultivos intensivos y por el uso intensivo de glifosato. Al respecto, acá no se está haciendo nada para recuperar esos suelos. En cierto momento, votamos en el Parlamento la Ley de Uso y Conservación de los Suelos y de las Aguas, donde se mejoró notoriamente la ley de 1982 en cuanto a aplicar multas mucho más grandes, pero técnicamente no se está haciendo nada en el Uruguay. Eso significará un costo agregado a la producción en los próximos años, que no se está tomando en cuenta, que justamente consiste en revertir una política de deterioro de los suelos. Creo que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca no está pensando en eso y tampoco se ha agregado a los costos futuros de las empresas agropecuarias, pues se debe sumar al costo del combustible, de la energía, de los aportes, de los salarios, al atraso cambiario y a todos los elementos que agravan el costo de rentabilidad de la empresa, sobre todo del productor que tiene baja escala y no tiene diversificación de matriz productiva. Los productores agrícolas uruguayos, nacionales, van a sufrir esta situación, porque los grandes pools de negocios que arriendan campos, explotan los suelos que después habrá que recuperar. El día que en Argentina cambie el viento para el otro lado, se plantará allá porque las tierras argentinas producen el doble que las nuestras. Estos son elementos que están arriba de la mesa y que queríamos mencionar.
SEÑOR PRESIDENTE.- Ha llegado a la Mesa una moción para que se prorrogue el tiempo de que dispone el orador.
(Se vota:)
–21 en 22. Afirmativa.
Puede continuar el señor Senador Saravia.
SEÑOR SARAVIA.- Señor Presidente: estas expresiones no son solo para criticar sino también para aportar elementos que están surgiendo hoy en la economía del país, que queríamos volcar en estos breves minutos.
Este es otro elemento que hace al costo, que se agrega hoy –como dijimos– al atraso cambiario y que se va a sumar en los próximos meses y en los próximos años. Por lo tanto, sería bueno –mencionamos al Ministerio de Economía y Finanzas, pero también podemos citar al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca– que el Ministerio de Ganadería obviara tanta burocracia interna que tiene y fuera más efectivo en el control de la degradación de los suelos, porque eso significará un costo adicional, no solo para las empresas que deberá aplicarlo, sino para el país entero, lo que va a agravar, sobre todo, los recursos económicos del país.
No se ha aludido a otros elementos que se han volcado pero que están en la preocupación de todos. Quiero expresar al Senado, y en este caso al señor Ministro, una preocupación que tengo –al igual que lo manifestaron el miembro interpelante y otros actores sociales– y que no puedo dejar de mencionar: la pérdida de confianza de los ahorristas nacionales. Lo digo porque el último año creció más de un 9% la colocación de dineros de uruguayos en el exterior y, si no me equivoco –capaz que el señor Ministro me puede corregir–, andamos en US$ 8.000:000.000 ó US$ 9.000:000.000 de ahorro de los uruguayos en el exterior. Si esto creció un 10% en el último año, quiere decir que en ese período empezó a generarse la preocupación en todos los actores económicos y sociales del Uruguay.
Por lo tanto, bienvenido sea el llamado a Sala al señor Ministro, a quien le agradecemos, así como también al señor Presidente del Banco Central y a sus asesores, –a quienes nadie mencionó porque solo agradecieron al Ministro–, aunque no intervinieron mucho, por la participación en este tema.
Seguimos sosteniendo que hay desequilibrio dinámico en esta economía y que esta inflación en dólares se hace insostenible para cualquier economía que pretenda crecer o que quiera solamente sustentarse. Esto es imposible, más aún en un país altamente dependiente de sus exportaciones, que todavía vive en un 80% de lo que exporta y del turismo, que también hay que considerar.
En ese sentido, voy a discrepar con algunos que dijeron “no miremos a los argentinos”. El año pasado vinieron tres millones de turistas, de los cuales el 70% fueron argentinos. Los que gastaron más son los de media caña argentina y, por lo tanto, hay que mirar a la Argentina y tratar de equilibrar la situación de alguna manera. Creo que se hace insostenible hoy para Uruguay ese cambio blue, que pienso no resistirá más allá de las elecciones; lo aguantarán para poder ganar las elecciones, pero va a explotar y de alguna manera tendrán que llevar el tipo de cambio oficial al paralelo. Ese es otro elemento, señor Presidente y señor Ministro, que creo debe estar en la preocupación de todos nosotros. No dudo que esté en la preocupación del Ministerio, porque Argentina es un mercado importante para el Uruguay. En los últimos tiempos hemos tenido serias dificultades con ese país, sobre todo por medidas económicas que entiendo no se toman contra nosotros; simplemente hacen a una política económica diferente a la nuestra. Entonces, por esa situación económica que maneja Argentina, tomó determinadas medidas que nos han afectado notoriamente y esta, lógicamente, nos va a afectar. Esa pérdida de competitividad y esa baja de costos, diferentes a los nuestros, también afectará a los costos agrícolas en el Uruguay, porque si nosotros mantenemos estos altos valores para producir, mientras el precio de la soja esté por donde esté, mientras el precio de los trigos esté por dónde está, fenómeno, pero no hay que olvidarse de que el año pasado la sequía de Estados Unidos llevó el maíz a más de US$ 300 la tonelada y el trigo también al doble, pero hoy ese país y Canadá tendrán una extraordinaria cosecha. Por lo tanto, esa cosecha que se proyecta para este año llevará los precios internacionales de los granos –sobre todo del maíz y del trigo– a los precios históricos, que para el maíz es de US$ 140 o US$ 150 y no de US$ 300. En consecuencia, repito, los costos internos que tengamos para producir van a afectar en el futuro. Con relación a la soja se prevé una caída del 25% en el precio de referencia, mientras que el valor de la carne en Brasil, Paraguay y Argentina ya cayó un 25% por debajo del precio de la nuestra. Por lo tanto, la industria frigorífica, con los altos costos que ha supuesto el atraso cambiario, va a ajustar a la baja, habrá menos rentabilidad en el sector agropecuario y, como sucede en general, todo esto llevará gente al seguro de paro. Si no se puede compensar la baja del ganado, si los mercados de afuera cinchan y tienen que pagar precios altos por él, lógicamente tendrán que ajustar regulando la faena. ¿Y cuál será la consecuencia? Gente en el seguro de paro.
Estas son las preocupaciones que queríamos plantear, además de decir claramente que no compartimos el camino que se está tomando en este tema; esperamos una reacción, que se emitan señales claras que hoy no se están viendo.
Muchas gracias al señor Presidente, al señor Ministro y a quienes lo acompañan, y a todos los integrantes del Cuerpo por escucharnos.
SEÑOR TAJAM.- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor Senador.
SEÑOR TAJAM.- Señor Presidente: la verdad es que será muy difícil decir algo importante luego de lo que expresaron los compañeros de Gobierno, el señor Ministro de Economía y Finanzas y el señor Presidente del Banco Central. Creo que ellos hicieron una brillante exposición sobre los temas planteados, que fueron definidos por el miembro interpelante como tres luces encendidas en un tablero: déficit fiscal, inflación y competitividad, tema este que fue delineado en el entorno de la cuestión cambiaria.
Queremos hacer unas breves reflexiones sobre algunas cuestiones referidas al entorno de estas cuestiones en la marcha de la economía actual para ver si anteriormente se dieron situaciones similares, si las explicaciones tienen un carácter estructural y si esto que se está planteando como problemática –tal como se ha dicho aquí– puede llevar a crisis como las ocurridas en 1982 o en 2002. Me parece que es grave decir algo así hoy, no solo porque está totalmente alejado de la realidad sino porque se está invocando demonios, por decirlo de alguna manera.
En cuanto al primero, sobre el crecimiento económico hay que decir que desde el último trimestre anualizado de 2010 se ubicó en un 8,9% anual. De ahí en adelante se verifica una desaceleración anual en cada uno de los trimestres. Así, en el tercer trimestre de 2012 se alcanzó el 3,7%, el registro mínimo, mientras que en el último se verificó un crecimiento anualizado del 3,94%. Es el momento en el que se quiebra esa tendencia de desaceleración; tendencia que yo llamo de desaceleración económica de ese período –y que, agrego, por suerte da una señal de quiebre– pero que para otros, fundamentalmente del Ministerio, es converger al crecimiento potencial de hoy, lo que creemos que está bien. ¿Qué quiere decir crecimiento potencial de hoy? Que estamos teniendo en cuenta la infraestructura de hoy, la oferta energética de hoy, los temas ocupacionales y las capacidades de hoy, el Estado de hoy, etcétera. Esto es lo que tenemos que transformar para incrementar ese crecimiento potencial y que no se nos quede en ese casi 4%; ello es posible, puesto que ya tuvimos uno superior.
Indudablemente, se necesitan mayores inversiones en estos temas de infraestructura; ya se están haciendo, pero habrá más. ¿Por qué lo menciono? Porque el tema del déficit tiene relación con todo esto. Hemos tenido que hacer inversiones y gastos para mantener esta ruta, este camino, pero para intentar un nivel superior –como decía el señor Ministro– y disminuir la brecha con el mundo desarrollado, no tenemos otra opción que seguir así. Es probable que no logremos conseguir toda la inversión privada para sortear esas limitaciones. Por lo tanto, tal vez en no mucho tiempo tengamos alguna otra interpelación por el tema del déficit.
Esto en cuanto a la marcha de la economía de hoy.
Hay otras cuestiones positivas, como el hecho de que se desacelera el endeudamiento público; aquí se manejó el dato del 26% de la deuda pública neta…
(Campana de orden)
SEÑOR PRESIDENTE.- Por favor, la Mesa solicita a los señores Senadores que disminuyan el volumen de los murmullos.
Muchas gracias.
Puede continuar el señor Senador Tajam.
SEÑOR TAJAM.- Gracias, señor Presidente.
Voy a ser breve porque ya estamos todos cansados, pero quiero referirme al contexto de las luces que se mencionaron.
Como decía, también se desaceleró el endeudamiento público y el mercado interno se ha vuelto una de las variables más relevantes para explicar el crecimiento económico. Creo recordar que se señalaba que hay un equilibrio entre los componentes del crecimiento: exportaciones, formación bruta de capital y mercado interno. En consecuencia, no podemos hablar solamente del tema exportaciones cuando nos referimos al tipo de cambio.
Por otra parte, los indicadores sociales siguen mejorando: la pobreza bajó al 13%; la indigencia al 0,5%; seguramente, de acuerdo con las expectativas, el índice Gini será menor al 0,40%; y los salarios han seguido creciendo pese a esta luz roja de la inflación que a veces se menciona. Reitero que los salarios siguen creciendo, al mismo ritmo que permitió recuperar el salario real de antes de 2002; hasta diciembre del año pasado se produjo un 4,2% de recuperación. No obstante, es cierto que ha habido una mengua que puede explicarse en una adaptación a esta desaceleración, pero aunque todavía es muy temprano para decirlo, los salarios van a seguir creciendo. Veremos después cuál ha sido la evolución anterior frente a situaciones similares.
Otro aspecto importante es que se alcanzó la más alta tasa de inversión productiva.
Con todo esto no estamos queriendo decir que no le demos importancia a esas luces, pero lo cierto es que están enmarcadas en una situación de crecimiento y distribución –lo venimos planteando desde hace algunos años– que no se ha detenido. A nuestro juicio, eso es lo principal.
En segundo lugar, ¿estas luces se prendieron alguna otra vez en el correr de estos dos Gobiernos del Frente Amplio? ¡Claro que sí! Lo hicieron en el año 2008, cuando el IPC se ubicaba en el 9,2%, y también en el 2007, cuando alcanzó el 8,5%. Los salarios se recuperaron, la pobreza disminuyó, fueron años de políticas heterodoxas en materia de inflación, ¡claro que sí!; hubo acuerdo de precios, fue la época del “asado del Pepe”. Pero supimos manejar esas políticas cuando se encendieron luces de este tipo en el marco de la ruta que nos habíamos fijado.
Quiero recordar también que el PIB estaba desacelerándose durante aquella minicrisis del 2009, cuando desembarcaron en el país algunas de las principales consecuencias de la crisis internacional. El déficit 2008-2009 también fue importante para aquellos momentos: se ubicó en casi un 2%. Ahora bien, debo señalar que sus componentes no eran estructurales, que no teníamos que verlos como una problemática más grave de lo que realmente era. Como sucede también ahora.
El problema del tipo de cambio nos ha venido acompañando en todo este tiempo, fundamentalmente, a partir de que Estados Unidos –como bien se explicó aquí– recurrió al tema de su moneda para pasarle al resto del mundo una parte del costo de su crisis. Anteriormente ya se habían encendido estas luces y supimos sortear el inconveniente. Repito que no queremos decir que esto no importe; por el contrario, aquí se señaló enfáticamente que estas problemáticas sí importan –¡y vaya si importarán!–, porque ya se explicaron los costos que tienen.
En tercer lugar, que quiero explicar tiene que ver con los problemas estructurales. Aquí se dijo que eran componentes transitorios, que eran cuestiones que la realidad no puede cambiar, pero nosotros pudimos hacerlo, porque esta política económica ha sido una parte fundamental de lo que ha pasado en este país. Obviamente, hemos tenido una inserción internacional muy beneficiosa, pero la política económica interna ha sido decisiva en esto. Claro que el costo para mantener la competitividad está dentro de este déficit que hace que se prenda una luz; es cierto que este déficit tiene importancia, pero también lo es que tiene componentes de los otros problemas, fundamentalmente en lo que hace a la competitividad.
Aquí se dijo que el dólar es un problema; ninguno de nosotros dijo que no lo fuera y tan así es, que se explicaron las políticas que se llevan adelante para solucionarlo. Incluso, creo que se llegó a afirmar que podía llegar a $14. El costo para mantener la competitividad es uno de los elementos fundamentales que explican el déficit. De ahí que la interacción de las políticas con respecto al dólar y la interacción de las políticas con respecto a la cuestión energética hayan estado dirigidas a un componente importante: defender a los consumidores y a las empresas.
También quiero referirme al tema de las comunicaciones. Estaba leyendo que la inversión que ha hecho el país en esta materia lo ha posicionado en un lugar muy bueno a nivel mundial. Aquí se ha dicho que hay permanentes subsidios a la industria manufacturera, que entiendo forman parte del déficit. No es posible ver cada uno de estos temas por separado; hay que verlos entrelazados en la política que se está llevando adelante. El problema de la competitividad es una parte de ese déficit; tal como está siendo enfrentado, no supone componentes transitorios, no son componentes estructurales los que están definiendo ese déficit. Como aquí se explicó, el déficit estructural fue mucho menor a las cifras que todos los días vemos publicadas.
En cuarto lugar, es difícil escuchar que se diga que estas tres luces nos pueden llevar hacia una crisis parecida a la de 1982 o a la de 2002, porque el Uruguay de hoy no tiene nada que ver con lo que era en esos años. Hoy el país no es plaza financiera; hoy no se desarrolla alrededor de una plaza financiera. No lo está endeudando una plaza financiera; no estamos rentabilizando el capital financiero especulativo que antes venía y que se podía ir rápidamente, como se fue. Hoy tenemos otros capitales invirtiendo en el país. Tal vez ese sea otro problema a futuro, pero no va a ser un problema que nos lleve a una crisis como la de 1982 o la de 2002, porque esa plaza financiera ya no existe y tampoco existe aquel sistema financiero sin control. El endeudamiento interno del sector productivo tampoco está presente; por el contrario, continuamente se está invirtiendo y no hay manifestaciones de ese endeudamiento. No está presente el tipo de cambio administrado o el tipo de cambio fijo, que fue uno de los factores fundamentales para desencadenar la crisis; no está presente la dolarización del país ni el endeudamiento totalmente dolarizado, y no está presente el crecimiento sin distribución como hubo en aquellos años. La distribución a la que hacíamos referencia recién fue la que introdujo un tercer elemento para equilibrar y darle sustentabilidad en el futuro al crecimiento en este país, es decir, al mercado interno. Ninguno de todos esos elementos está presente, así que considero que en este momento no tiene ningún sentido agitar esos demonios.
Esos eran los cuatro puntos que queríamos mencionar sintéticamente para tratar de agregar algo a lo que muy bien explicaron el señor Ministro y el Presidente del Banco Central del Uruguay. Sin duda que este equipo económico tiene la alta responsabilidad de que estemos lejos, muy lejos de una situación de ese tipo.
SEÑOR FERNÁNDEZ.- ¿Me permite una interrupción?
SEÑOR TAJAM.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador Fernández.
SEÑOR FERNÁNDEZ.- La verdad es que en la mañana de hoy, cuando comenzó la interpelación, me embargó una sensación que fue cambiando a lo largo del día. Al principio escuché al miembro interpelante y pensé que estábamos frente a algo distinto, porque comenzó reconociendo todo lo que estos dos Gobiernos frenteamplistas han realizado hasta el momento y manifestó que había temas que le preocupaban y que quería ayudar a que se resolvieran. La verdad es que hasta el momento me ha quedado la duda sobre cuáles son esos aspectos que quiere ayudar a resolver, tomando en cuenta, por supuesto, que tenemos un Gobierno con una política económica, social, industrial, agropecuaria y energética, por cierto, muy distinta a las de antaño y de no tan antaño.
Voy a leer algunas cifras de la Dirección Nacional de Industrias que refieren a la evolución de las exportaciones y el crecimiento, por rama, de la industria. Se trata de una información oficial, que puede comprobar quien quiera, y no de un documento privado, que hay ver si se puede comprobar. Ese informe señala que el total exportado durante el 2012 ascendió los US$ 8.751:000.000, cifra que es un 9% superior a la registrada en 2011 –con estos números, parecería que entre 2011 y 2012 se creció– y que, si se incluyen las zonas francas, las exportaciones uruguayas ascienden a US$ 9.830:000.000.
Luego se detallan los principales productos exportados durante 2012. En esta ocasión voy a dejar de lado los primarios en función de que se dice que hay que tomarlos con mucho cuidado, a pesar de que eso es algo que debería haberse hecho desde que el país es país. Además, aquí se agregaron otros productos que son muy importantes.
Si consideramos específicamente las exportaciones industriales, los sectores principales son los siguientes: los productos alimenticios y bebidas representan el 43% de las exportaciones y experimentaron un crecimiento de 4% con respecto al año anterior; las sustancias y productos químicos representan el 21% y crecieron un 8% con respecto a 2011; la madera y subproductos representan el 8% del total exportado y exhibieron una caída de un 18%. Es decir que las exportaciones aumentaron –lo que vemos es un país que sigue creciendo–, a diferencia de lo que perciben otros distinguidos legisladores, a quienes les parece que están bajando, aunque es cierto que en los primeros dos meses de este año se registró una caída del 4,5% con respecto al mismo período de 2012.
Por otra parte, el informe del Ministerio de Industria, Energía y Minería señala que las exportaciones industriales experimentaron un crecimiento de 5,9% durante los dos primeros meses del corriente año.
Señor Presidente: creo que el avión que mencionó el señor Senador Bordaberry lo sentimos de manera distinta, quizás por la forma como vibra, o vaya a saber por qué. Cuando fueron Gobierno, se les explicó durante muchos años…
(Interrupción del señor Senador Saravia que no se escucha)
–Cuando el señor Senador Saravia hizo uso de la palabra lo escuché con detenimiento, por lo que le solicito que me respete en el uso de la palabra.
Durante muchos años les dijimos que el avión que ellos comandaban cuando eran Gobierno se caía.
(Suena el timbre indicador de tiempo)
¿Me permite una nueva interrupción, señor Senador Tajam?
SEÑOR TAJAM.- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir nuevamente el señor Senador Fernández.
SEÑOR FERNÁNDEZ.- Muchas gracias.
Insisto: se lo dijimos varias veces, y se les cayó. El tema no radica en establecer a quién se le cayó o no; lo cierto es que sufrió mucho el país y la gente. Entonces, quien habla, y creo que también el Poder Ejecutivo y el equipo económico del Gobierno estamos dispuestos a escuchar lo que se nos quiera decir para ayudar, pero sin mirar permanentemente hacia atrás, aunque debemos tener en cuenta las distintas experiencias.
El miembro interpelante se refirió a la austeridad, y personalmente me pone nervioso que se hable de eso porque me recuerda los consejos que brinda la Unión Europa a los distintos países, que implican ajuste fiscal, apretar a los de abajo y poner miles de millones de euros en los bancos, recetas todas que ya conocimos.
Con humildad queremos plantear que es verdad que las empresas públicas se deben controlar, y nos parece bien que se piense que requieren un control mayor. Ahora bien, ¿de qué control nos hablan? ¿A qué se refieren con controlar? Aquí se planteó que Ancap tiene un determinado déficit, pero no debemos olvidar las inversiones del Ente, en qué medida modernizó su planta y cuánto invierte en sustitución de energía en Alur. Ahora bien: si cuando eran Gobierno ese control significó US$ 200:000.000 de pérdidas como consecuencia del famoso negocio en Argentina, ¿a cuánto más hubiera ascendido esa cifra si no controlaban? También están los millones de dólares que se perdieron tras las consecutivas refinanciaciones que el Banco de la República dio a la industria frigorífica hace muchos años, cosa que actualmente no sucede.
Entonces, no se trata de cobrar viejas cuentas, sino de recordar. Creo que se requiere un poco de humildad; hay que reconocer lo que se hizo y, entonces sí, ayudar a los otros a salir. Me parece que todos queremos que el país y su gente estén mejor, y desde mi punto de vista, la gente está viviendo mucho mejor. Por supuesto que falta mucho por hacer, pero vamos a exigir cada vez más al equipo económico y a todo el Gobierno, porque, en realidad, el Gobierno es un solo: es el equipo económico, pero también es el Ministerio de Industria, Energía y Minería, y es el Mides, que viene ayudando con políticas sociales como nunca antes hubo en el país. Por eso insisto en que somos un Gobierno único aunque, por supuesto, con nuestras posiciones, nuestros planteos y nuestras discusiones.
Por otra parte, felicito al Gobierno por el acuerdo alcanzado para que 160 trabajadores del Bandes ingresen a la banca estatal, sin perder un peso y sin poner un peso, a diferencia de lo que se hacía antes con respecto a los banqueros que vaciaban los bancos.
Quiero decir que en toda esta sesión no pude sentir un intento de ayuda por parte del interpelante. Lo que hubo fue, simplemente, una confrontación de ideas y de planteos, lo que me parece muy importante, pero a partir de las brillantes explicaciones del Ministro y del Presidente del Banco Central quedaron en claro las cifras con las que se maneja el país y cómo estamos saliendo adelante.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor Senador Tajam.
SEÑOR TAJAM.- He finalizado, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE.- Continuando con la lista de oradores, tiene la palabra la señora Senadora Piñeyrúa.
SEÑORA PIÑEYRÚA.- Señor Presidente: luego de escuchar las exposiciones del miembro interpelante y las respuestas del señor Ministro de Economía y Finanzas y del Presidente del Banco Central creo que es oportuno plantear brevemente algunos temas que no fueron objeto de debate en el día de hoy e insistir sobre otros que merecen mayor atención dada su trascendencia. Cuando se elaboró el Presupuesto quinquenal del actual Gobierno, aprobado después por el Parlamento, se tomó como base un escenario macroeconómico nacional e internacional extraordinariamente favorable para el Uruguay. En ese momento, y en instancias posteriores, el Partido Nacional criticó la metodología seguida por el Gobierno, no sólo porque a nuestro juicio las proyecciones eran excesivamente optimistas, sino porque se basaban en supuestos que nos parecían poco realistas y con escaso sustento técnico.
Dos aspectos fueron criticados, y esas críticas las mantenemos al día de hoy, a la luz de lo que aquí se ha dicho. Se criticó –y criticamos– la tasa de crecimiento de largo plazo pronosticada por el Gobierno y el no considerar la existencia de ciclos económicos. La tasa de crecimiento de la economía uruguaya supuesta por el Gobierno para sus cálculos fue del 4%, es decir, el doble de su tendencia histórica. No hay elementos de juicio científicos que permitan afirmar que el Uruguay ha ingresado en una senda de crecimiento que le permita duplicar su tendencia histórica, y el suponerlo, naturalmente, lleva a una sobreestimación del producto potencial, de la recaudación y también de los ingresos del Estado. En oportunidad de presentar el Presupuesto, el Ministro explicó cuáles eran los fundamentos de esta tasa de crecimiento a largo plazo, que suponía lo siguiente: el crecimiento armónico entre la producción de bienes comercializables y no comercializables, un crecimiento armónico entre la evolución de la demanda interna y las exportaciones, un pronunciado dinamismo de la inversión productiva –al respecto dijo que ese era uno de los rasgos distintivos del proceso económico reciente y de las perspectivas futuras de nuestra economía–, equilibrios macroeconómicos estables y sustentables, reducida vulnerabilidad financiera y exportaciones diversificadas por destino. Lo que anunció el Ministro en aquel momento pueden ser las causas del excepcional crecimiento que tuvo el Uruguay, que se ubicó en el entorno del 6% en el período comprendido entre 2003 y 2011. No obstante, eso no explica que se haya quebrado la tendencia histórica basada en factores mucho más estructurales que no han cambiado en la economía uruguaya y sobre los que, repito, ha habido escasas modificaciones. Por lo tanto, estos argumentos no justifican la proyección de largo plazo de crecimientos del 4%.
En la misma ocasión nos dijo que sus proyecciones eran prudentes y realistas: prudentes cuanto más nos alejamos en el tiempo y realistas sobre el escenario de que se está en condiciones de aportar información cuantitativa y cualitativa especialmente procesada para la elaboración de sus proyecciones. Recuerdo que en aquel momento, el Diputado Bonilla, que también es economista, presentó un pedido de informes que nunca fue respondido, en el cual preguntaba cuál es el modelo econométrico estadístico que utiliza el Gobierno para realizar las proyecciones macroeconómicas y en qué fundamentan esta proyección de la tasa de crecimiento de largo plazo. Precisamente, en el día de hoy, al sostener esa proyección, el señor Ministro habló de diversas instancias técnicas que la justifican, pero no explicitó cuáles son, lo que habría sido muy bueno.
(Ocupa la Presidencia el señor AlfredoSolari)
–Con los datos de crecimiento de 2012 y el proyectado para 2013, queda claro que el 4% no es la nueva tendencia de largo plazo de la economía uruguaya, ya que será menor en condiciones económicas internacionales desfavorables. Por el contrario, queda claro que no se aprovechó la excepcional bonanza económica que por suerte acompañó al Uruguay durante todo este tiempo para realizar las reformas fundamentales que sí podrían haber puesto a nuestro país en un nuevo sendero de crecimiento. En oportunidad de presentar la Ley de Presupuesto, el Ministro dijo que la propuesta presupuestal y la orientación de la política fiscal tienen que trabajar por la recomposición del balance fiscal, en la medida que se pretende que la política fiscal continúe siendo una herramienta al servicio de intereses mayores y que se tenga la posibilidad de reaccionar cuando sea necesario con las herramientas de que ella dispone. Según dijo, eso sólo es posible si en los momentos en los que es necesario usar la herramienta fiscal se está en condiciones de hacerlo, y se está en condiciones de hacerlo cuando se tiene una situación fiscal sólida y un nivel reducido y mitigado de deuda pública. Sin embargo, desde ese momento, el otro aspecto criticable fue, precisamente, la planificación fiscal del período, que no consideró la existencia y la fase del ciclo económico en que se encontraba nuestro país. El Gobierno no tuvo en cuenta que en una fase expansiva del ciclo económico –como la que atravesábamos en ese momento– se deben tener déficits fiscales menores –lo ideal es tener superávits; eso habría sido lo lógico, dado el nivel de crecimiento– y, de esta manera, el gasto público juega un papel estabilizador de la economía, y no como en la actualidad, que es un factor que exacerba el sentido del ciclo económico.
El Ministro, en un debate que tuvimos en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes, dijo que la política fiscal es neutra, y yo pienso que eso no es cierto.
El hecho de que la economía crezca en forma excepcional y el gasto aumente de forma similar no significa que la política fiscal sea neutra; por el contrario, quiere decir que es fuertemente expansiva, como han señalado muchos de los economistas serios de este país.
En lo personal, hubiera deseado que el Ministro explicara si considera la posibilidad de que se produzca un cambio en la fase del ciclo económico que vivimos y qué medidas tenía pensado plantear en el caso de que esa eventualidad existiera. De su exposición del día de hoy parecería deducirse que no hay posibilidad de que esto ocurra, lo que debería justificar, ya que resulta altamente preocupante. Es cierto que el ciclo económico no es la única variable a tener en cuenta al revisar las cuentas fiscales, pero no hacerlo puede ser suicida. Si a esto le agregamos que la deuda pública se ha duplicado desde 2005 al día de hoy, y pasó de US$ 13.717:000.000 en 2006 a US$ 27.900:000.000 en 2012, al punto que el propio Ministro –lo leí en las versiones taquigráficas– decía que nuestra deuda pública es elevada y, además, que el déficit fiscal ha ido constantemente en aumento, vemos que se han cometido errores serios. El Partido Nacional lo ha venido denunciando desde la instancia presupuestal hasta el presente sin éxito y los resultados están a la vista. El aumento del gasto ha empujado la inflación hacia arriba y no se ha ahorrado nada para cuando llegue la época de vacas flacas, además de que la situación fiscal es bastante delicada. Así lo afirmó –a pesar de que el Ministro dijo que nadie había manifestado tal cosa– el Jefe de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas, economista Andrés Masoller.
La propia estrategia de lograr liquidez, defendida por el Gobierno con particular fuerza como un hecho inevitable, es la demostración de que no se tomaron los recaudos necesarios para evitar situaciones críticas y tuvo un costo para el país de un punto del Producto Interno Bruto del año pasado, según dijo el propio Ministro en el día de hoy. Si hay que enfrentar esos costos financieros es porque las finanzas públicas no se cuidaron como correspondía.
(Ocupa la Presidencia el señor Danilo Astori)
–En el fondo, los problemas que enfrenta hoy el país se originan en las ansias de la presente y la pasada Administración de engordar –no de fortalecer sino, repito, de engordar– al Estado a través de millones de dólares en cargos públicos y de planes ineficientes cuyos resultados están a la vista. Nunca se incrementó tanto y tan rápido el gasto público; nunca se hizo tanto para lograr malos resultados como durante la presente Administración. Y que no se nos diga que el gasto aumentó por causa de las políticas sociales y que nosotros las queremos recortar. Las políticas sociales insumen unos cientos de millones de dólares –que no es una cifra despreciable–, pero lo que efectivamente ha aumentado es el gasto corriente, y lo ha hecho de manera procíclica en un momento en que la recaudación crece a tasas superiores a la economía. El Gobierno ha logrado un milagro: gastar a manos llenas recursos de todos los uruguayos, para devolverles peores servicios en salud, en educación, en seguridad y en tantos otros temas que hoy nos afligen tanto.
El señor Ministro tampoco ha logrado explicar con claridad cómo puede ser que, sin haberse producido cambios importantes en el escenario internacional y en un contexto que aún es altamente favorable, hayamos pasado de una economía blindada a una situación delicada. No hay otra explicación posible que la de que se cometieron errores que habían sido advertidos por el Partido Nacional. Esas advertencias no se escucharon por razones políticas ajenas al buen gobierno de la cosa pública.
El Ministro Lorenzo ha escrito interesantes artículos sobre este tema; precisamente, hoy se invocaba uno de ellos, en el que se hablaba del oportunismo de los déficits fiscales y su relación con los ciclos políticos. Él sabe que la actual situación se debe a haber priorizado, en muchos casos, las opciones políticas sobre las técnicas.
El mentado espacio fiscal disponible que el Gobierno cuantificó en el Presupuesto y anunció a tambor batiente fue de $ 22.661:000.000, que resulta de deducir los ingresos comprometidos de los ingresos reales disponibles. Según nos explicó el propio Ministro, no se computaron todos los ingresos comprometidos, ya que había $ 1.055:000.000 que no estaban presupuestados. Nunca más se volvió a hablar del espacio fiscal y nunca más se lo cuantificó. A pesar de que el Ministro ha hablado reiteradamente del manejo cuidadoso y prudente del gasto, este fue aumentando más allá de lo previsto originalmente en las Rendiciones de Cuentas de 2011 y 2012.
Un capítulo aparte merece la insólita fundamentación para aumentar el gasto que se nos dio el año pasado: el ahorro generado por el menor déficit previsto. Como el déficit fiscal de 2011 fue 0,8% del PIB en lugar del 1,1% previsto, se decidió aumentar el gasto en unos US$ 140:000.000, ahorrados –se nos dijo– debido a los factores permanentes. Recuerdo haber preguntado al Ministro sobre el concepto de ahorro, porque me parecía que estábamos gastando más de lo que teníamos, y me contestó que más allá de la terminología que se utilizara, claramente estábamos ante una situación que generaba un desahorro o una necesidad de endeudamiento equivalente a 1,1% puntos del PIB. Y esa necesidad de desahorro o de endeudamiento se redujo a 0,8%. A la distancia entre 1,1% y 0,8% podemos llamarla como se nos ocurra, pero en cualquier caso es menor recurso al endeudamiento o menor recurso al desahorro. Por lo tanto, el concepto de ahorro, desde el punto de vista técnico, es pertinente. El ahorro también es respecto a lo que se tiene programado; esto sucede en el mundo de la empresa y también en el de la familia, donde a veces se prevé un resultado y se obtiene otro. Vale decir que ante un déficit menor al previsto, se incrementó el gasto. Esto es absurdo. Si el Gobierno fuera coherente, en la próxima Rendición de Cuentas debería disminuir el gasto, dado que el déficit fiscal para 2012 fue bastante mayor que el previsto.
A lo largo del año pasado la situación fiscal se deterioró rápidamente, y ello se vio reflejado en las previsiones del Gobierno. En 2010, al momento de tratarse el Presupuesto, se preveía que el déficit fiscal para 2012 –esto se dijo hoy– iba a ser del 1% del PIB; cuando el año pasado se presentó la Rendición de Cuentas de 2011, la previsión se aumentó al 1,7%; más tarde se llegó al 2,2%, para finalizar aún peor: en el 2,8% del PIB. Este fue el peor resultado fiscal desde la crisis de 2002.
Por lo tanto, más allá de las razones esgrimidas por el Ministro sobre el costo energético y otros episodios circunstanciales, es claro que el deterioro fiscal responde a que no se supo prever eventos que debieron tenerse en cuenta en los cálculos realizados.
Además, el frente fiscal se va a ver resentido porque el crecimiento del año 2012 fue menor al esperado: 3.9%, incluso con una disminución en el último trimestre desestacionalizado del 0,1%. Esto implica un menor crecimiento y también una recaudación menor a la esperada en el 2013. Lamentablemente, ello vuelve a demostrar el error en las previsiones de la tasa de crecimiento de largo plazo, con todo lo que ello implica. En las proyecciones que se hagan a futuro deberá tenerse en cuenta un escenario más negativo y será necesario ser mucho más prudente de lo que se ha sido. Nada hay más malo para un país –no solo para su economía, sino también para su sociedad– que tener que enfrentar un cambio de ciclo económico desguarnecido, sin las defensas altas generadas en los momentos de prosperidad.
Me hubiera gustado saber por qué el economista Bergara había estimado, hace muy pocos días, el crecimiento del 2011 en una cifra bastante menor a la finalmente publicada por el Banco Central.
Hoy el señor Ministro explicó que en 2012 el gasto creció un 9,5%; incluso sacando factores que considera coyunturales –es inevitable que existan siempre factores coyunturales que incidan–, el crecimiento fue del 7,5%. Se verifica, entonces, que el gasto crece más que los ingresos y la economía, lo que es especialmente peligroso, más aún cuando –como el Ministro reconoció– ya no creceremos por encima del 4% pronosticado.
Los uruguayos ya hemos padecido las consecuencias de tener que enfrentar períodos difíciles, con déficit fiscal y deuda pública elevada que obligan a tomar medidas de ajuste en el peor momento posible, lo que genera, a su vez, un nuevo impacto negativo, alimentando un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Se dice haber aprendido del pasado y de las recientes experiencias de las economías del Primer Mundo; sin embargo, se actúa como si se desconociera esa realidad. Sería una gran tragedia que nuestro pueblo sufriera las consecuencias sociales que estos fenómenos conllevan por no haber hecho lo que fue posible en momentos de bonanza, como los que por suerte –repito– hemos vivido.
Frente al actual escenario, me hubiera gustado saber qué medidas correctivas piensa aplicar el Gobierno en el presente año y cuáles serán los lineamientos en materia de gasto en la próxima Rendición de Cuentas. Recuerdo haber escuchado al señor Vicepresidente de la República llamar a la prudencia en el gasto en las futuras Rendiciones de Cuentas, mientras que desde algunos otros sectores del Gobierno se ha manejado la posibilidad de aumentar los impuestos. Técnicamente, estamos ante un ajuste fiscal –a pesar de que hoy el señor Ministro lo haya negado–, como lo fueron los que hemos conocido en el pasado.
Aunque no se ha dicho, consecuencia también de la situación fiscal es que el Gobierno no ha cumplido con los compromisos asumidos respecto a la baja de los impuestos que figuraban en el Programa de Gobierno del Frente Amplio. En ocasión de presentar la Ley de Presupuesto, el señor Ministro dijo que las ganancias por eficiencia de las agencias recaudadoras –es decir, la mejora en la recaudación–, que no estaban consideradas en el Presupuesto –hizo esa precisión–, serían destinadas a bajar dos puntos del IVA y a mejorar las deducciones del IRPF. Además, dijo que eso se iba a verificar durante el año 2011. Todo esto consta en las versiones taquigráficas.
El año pasado el Parlamento aprobó la ley que establece la rebaja de dos puntos porcentuales del IVA a las compras realizadas con tarjeta, pero no el descuento general al que se había comprometido en la campaña electoral. Si bien las mejoras en la recaudación se concretaron –es un hecho demostrable–, es claro que el Gobierno no ha logrado cumplir con la deducción de los dos puntos de IVA a las compras realizadas con tarjeta. El Ministro había anunciado que eso se haría en 2011, pero no se logró. A su vez, ya han transcurrido los seis meses de tolerancia que solicitó cuando se discutió en el Parlamento la ley que establece el descuento de estos dos puntos de IVA, y no ha pasado absolutamente nada. Hoy se ha dicho que eso se está instrumentando pero, a mi entender, lo que está pasando es que la situación fiscal no les ha permitido avanzar en ese compromiso electoral que está plasmado en una ley votada por el Parlamento.  
El otro gran tema macroeconómico que actualmente aflige al Uruguay y golpea cotidianamente a los hogares es el aumento de la inflación. Me parece muy bueno que el señor Ministro haya ratificado que esta cuestión constituye una preocupación central del Gobierno, pese a que el señor Presidente de la República, algunos colegas legisladores y economistas de izquierda hayan relativizado su importancia en diversas manifestaciones públicas que han realizado. En este sentido, quiero recordar algunas expresiones que el señor Ministro vertió en el año 2011 y que comparto. Dijo lo siguiente: “Claramente queremos advertir que además de las razones que en general se mencionan, respecto a que la inflación es un impuesto regresivo y que impacta negativamente sobre la distribución del ingreso, la inflación sería capaz de expandir el número de personas que se encuentran bajo las líneas de pobreza y de indigencia. Me parece que esta es una justificación adicional a las que ya de por sí justifican una preocupación y jerarquización importantes de la inflación y de su control”. Esto es así y reitero que comparto la opinión del señor Ministro. Además, recuerdo que ese día él demostró con gráficos y proyecciones la influencia que la inflación podía tener sobre la pobreza y la indigencia; esta es una fundamentación que tengo documentada y muy presente. Era el 12 de julio de 2011. En ese momento se señalaba que para controlar la inflación se estaba recurriendo a la política monetaria, fundamentalmente al aumento de los encajes bancarios, y en otra ocasión también se mencionó la tasa de interés de referencia. En materia de política fiscal se destacó la importancia de la Rendición de Cuentas 2010, como un ejemplo de prudencia y cuidado y, en ese sentido, se hizo mención a la política seguida en materia de precios administrados y tarifas públicas en las que no se habían reflejado los verdaderos costos de producción de estos servicios, lo que generó pérdidas en las empresas públicas. Reitero que esto fue en 2011. ¡Han tenido poca suerte!
Todos sabemos que al cierre de 2012 la cifra del 4% de IPC no reflejó la inflación real, máxime si tenemos en cuenta el plan tarifario de UTE de diciembre y el acuerdo con los supermercados que, básicamente, comprendía productos que se incluyen en la medición de este índice.
También sabemos –y es preocupante– la incapacidad reiterada del Banco Central del Uruguay para lograr cumplir con el objetivo de inflación que fija, lo que hace perder credibilidad frente a los agentes económicos y debilita la propia instrumentación de la política monetaria.
La encuesta de expectativa que realiza el propio Banco Central da cuenta de que nadie piensa que en el 2013 vaya a cumplirse la meta de inflación fijada por esta Institución. En los primeros dos meses del año, el IPC ya acumula prácticamente la mitad del techo del rango objetivo, ubicado entre el 4% y el 6%. De esta forma queda claro que en el presente año nuevamente no se va a cumplir con la meta de inflación fijada.
Es importante tomar medidas tendientes al control de la inflación, no solo por las consecuencias negativas que tiene sobre el sistema económico, sino por las consecuencias que el propio Ministro señaló en la oportunidad a la que me referí antes. Sin embargo, y a pesar de que hoy hemos estado largas horas aquí, no conocemos las medidas que adoptará el Ministerio de Economía y Finanzas. El Banco Central del Uruguay ha tomado previsiones para tratar de controlar la inflación y encauzar este problema –lo que debe ser reconocido–, utilizando todos los instrumentos que tiene a su alcance, en particular, la suba de la tasa de interés de referencia y de los encajes bancarios.
¿Cuáles han sido las consecuencias de la política monetaria seguida por el Banco Central? Ante todo, debemos decir que ha sido notoriamente insuficiente para controlar la inflación. Recién señalamos que en 2011 se hablaba de que la Institución estaba instrumentando estas medidas y, sin embargo, los niveles, en lugar de mejorar, empeoraban. La causa de ello ha sido la política fiscal expansiva acompañada de una política de ingresos no vinculada a la productividad del trabajo. Este es un hecho al que me referiré brevemente más adelante, pues tiene también efectos inflacionarios muy claros. Vale decir que la política monetaria contractiva instrumentada por el Banco Central lucha para bajar la inflación y se enfrenta con una política fiscal y de ingresos expansiva que lleva todas las de perder y acarrea un efecto negativo adicional: pese a las medidas de esterilización instrumentadas por la Institución y a lo que hoy señaló el señor Ministro, el tipo de cambio real se vio afectado fuertemente. Estamos ante una situación que todos conocemos como de atraso cambiario, más allá de que el señor Ministro lo haya negado en el día de hoy. Si uno observa las propias mediciones realizadas por el Banco, podrá advertir que el atraso cambiario acumulado, especialmente en los últimos años, ha sido muy importante –eso no se puede desmentir–, lo que ha afectado severamente al sector exportador y, por tanto, a la economía nacional. Y esto tiene un límite: cuando ya no se afectan simplemente las ganancias, sino que se puede poner en juego –como recién se dijo– la propia viabilidad de importantes sectores de la vida nacional. Justamente, ayer conocíamos los datos que dan cuenta de la caída de las exportaciones.
Reconocidos economistas han observado que para que se pueda controlar la inflación bajando el tipo de cambio, este debería llegar a $ 15, algo notoriamente inadmisible precisamente por los efectos que he señalado. Por lo tanto, un dilema esencial de la actual coyuntura es controlar la inflación sin seguir apelando a una política monetaria contractiva que es ineficaz e ineficiente para lograr el objetivo buscado. Esta evidente y contraproducente contradicción entre la política fiscal, la política de ingreso y la política monetaria no puede continuar, porque pone en juego la seriedad de la política macroeconómica en su conjunto y expone al país a consecuencias negativas que son innecesarias.
El tipo de cambio con un peso apreciado no solo ha contribuido a frenar el crecimiento de los precios, sino que alienta el crecimiento de las importaciones y reduce la competitividad de los bienes y servicios que Uruguay exporta. No solo el tipo de cambio ha influido negativamente en el desempeño de la competitividad del Uruguay; también la dispar evolución de los salarios reales y la productividad del trabajo han desempeñado un papel importante.
En el período 2005-2012 el salario real promedio en el sector privado aumentó un 39,6%, según cifras del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; sin embargo, en un período similar, 2003-2010, la productividad laboral en el sector privado aumentó solo un 7%, según datos de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay.
Contrariamente a lo que señaló hoy el señor Ministro, en el año 2011 la productividad de la industria cayó en un 18,6% –aclaro que estas son las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas–, sin incluir el tema de la refinería de Ancap.
Los salarios aumentaron cinco veces más que la productividad, por lo que los costos laborales por unidad de producto se incrementaron en esa misma proporción y esto, finalmente, llevó a una reducción de la competitividad del sector privado. Un precio apreciado y costos laborales unitarios al alza son los peores enemigos de la competitividad de un país como el nuestro. Mientras esto ocurría, el Gobierno se despreocupó totalmente de fomentar aumentos sostenidos de productividad y competitividad, quizás porque no los considera objetivos prioritarios.
(Suena el timbre indicador de tiempo)
SEÑOR PRESIDENTE.- Disculpe, señora Senadora. Ha llegado a la Mesa una moción para prorrogar el término de que dispone.
Se va a votar.
(Se vota:)
–22 en 23. Afirmativa.
Puede continuar la señora Senadora Piñeyrúa.
SEÑORA PIÑEYRÚA.- Gracias, señor Presidente.
Por último, quiero referirme a dos indicadores que el señor Ministro y, en general, los integrantes del equipo económico y los representantes del oficialismo manejan con mucha frecuencia al hablar de los logros del Gobierno.
El primero de ellos es la distribución del ingreso. He tomado nota de los datos que ha proporcionado el señor Senador Solari, que me parecen interesantes, pero me voy a referir a los publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas, correspondientes a 2011. El año pasado, en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes planteé al señor Ministro una inquietud que hoy voy a dejar sentada también aquí; en aquel momento él no me pudo responder porque no tenía en su poder la información que yo estaba manejando. En concreto, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas muestran que el Índice de Gini cayó en forma permanente durante los tres años previos a 2011, lo que indica una mejora en la distribución del ingreso. Según esta información, los ingresos del primer decil, el de los más pobres, aumentaron en forma muy importante, fundamentalmente en 2011 y en Montevideo, lo que podría explicarse por el incremento del salario mínimo desde enero de ese año, aunque llama la atención el comportamiento tan dispar de los ingresos en el interior del país, a lo que no encuentro explicación.
Pero mucho más difícil de explicar es la razón por la cual disminuye el ingreso promedio del último decil, el de los más ricos, entre 2010 y 2011, sobre todo en el interior, a pesar del aumento del ingreso promedio. En ausencia de cambios tributarios en ese período, lo lógico hubiera sido que el ingreso de ese segmento acompañara el promedio general o aumentara un poco menos que este. Sin embargo, no sabemos por qué fundamento se ha producido esa extraña disminución en ese decil, repito, el de los más ricos. Sería muy bueno conocer este inexplicable fenómeno, porque lo cierto es que la caída del ingreso del decil más rico en el interior contribuye a explicar la disminución de la desigualdad y la caída del Índice de Gini, de lo que ha hecho gala el señor Ministro cuando hizo referencia a este indicador.
El segundo indicador que quiero abordar es el que refiere a la pobreza, cuyo descenso ha sido manejado con insistencia por los representantes del Gobierno y, como no podía ser de otra manera, es un fenómeno del cual me alegro mucho. El cambio que se realizó en 2008 en la forma de medir los ingresos de las personas, imputando el valor de mercado de la cuota mutual financiada por el Fonasa, es poco conocido pero muy relevante, ya que los ingresos son los que determinan si las personas se encuentran por arriba o por debajo de la línea de pobreza. No estoy de acuerdo con este cambio, porque el valor de mercado de la cuota mutual financiada por el Fonasa no es dinero contante y sonante que entre al bolsillo de las personas, y a mi juicio genera una mejora artificiosa de los indicadores de pobreza, máxime cuando se han aumentado fuertemente los colectivos amparados por el Fonasa. Sé que el Ministro no comparte este criterio, pero hay algo que no se puede discutir, y es que el cambio en la forma de medir los ingresos, introducido en 2008, tiene incidencia en los guarismos de pobreza.
En 2008, el Instituto Nacional de Estadísticas brindó los datos resultantes de la aplicación de los dos criterios, es decir, la medición de ingresos con y sin Fonasa, y la diferencia era muy importante. Nunca más lo hizo, por tanto, hasta el día de hoy no sabemos cuáles son los niveles de pobreza medidos de acuerdo con el criterio anterior, que a mi juicio es el mejor porque, como dije antes, el cómputo del valor de mercado de la cuota mutual financiada por el Fonasa en los ingresos de las personas mejora artificiosamente los indicadores de pobreza.
En conclusión, no puede haber dos opiniones. A pesar del optimismo exhibido en el día de hoy, el escenario económico ha cambiado para peor. Creo que sería bueno asumirlo para tomar las medidas correctivas necesarias, que podrían haberse adoptado antes; quizás debieron hacerse otras valoraciones en otro momento.
A mi juicio es importante que se admita que el escenario económico ha cambiado para peor, que no se han logrado mantener los equilibrios mínimos, aun en una época de crecimiento excepcional, y que no se ha aprovechado la bonanza económica –que por suerte ha acompañado a nuestro país– para mejorar la prestación de los servicios públicos y para realizar las reformas imperiosamente necesarias. Habiendo tenido toda la suerte, todos los recursos, todas las herramientas y todos los instrumentos, se ha perdido el tiempo, y lo peor del caso es que nos han hecho perder el tiempo a los uruguayos.
Muchas gracias.
SEÑORA MOREIRA (Constanza).- Pido la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra la señora Senadora.
SEÑORA MOREIRA (Constanza).- Señor Presidente: siendo la última en hacer uso de la palabra, no imagina las presiones que he recibido de mis colegas para que sea lo más breve posible.
Para comenzar, voy a decir que el miembro interpelante reconoció logros y señaló que quería manejar argumentos serios. Su interpelación, que era sobre el déficit y la inflación, derivó en las empresas públicas e incluyó temas como el impacto de la sectorización del Frente Amplio sobre el déficit fiscal, tema al que me voy a referir porque pertenece a mi campo, por cuanto está vinculado al impacto de los factores políticos en la economía.
Quiero hacer una reflexión filosófica, porque lo mío no es la economía. El miembro interpelante planteó que no incursionáramos en una suerte de torneo de vanidades, donde comparáramos quién hizo esto o aquello y quién lo hizo mejor. Muy bien; comparto la idea de que la interpelación no tiene como objeto señalar quién actuó mejor o peor; en realidad, lo que subyace –y resulta evidente de las manifestaciones realizadas– son las diferencias que tenemos sobre proyectos económico-políticos y sobre concepciones de desarrollo general. Las estrategias de orientación general son las que nos dividen entre estatistas, mercantilistas, regulacionistas, desreguladores; intervencionistas versus los liberales. En fin, las diferencias existen. Cualquier encuesta de valores que mida las orientaciones políticas en relación al Estado, al mercado y a la democracia de los parlamentarios, va a demostrar que esas diferencias existen entre nosotros y que son consistentes desde hace décadas. Entonces, hay cosas en las que no nos pondremos de acuerdo, pero no tienen que ver con las cifras, sino que están relacionadas con concepciones de fondo.
Cuando escucho hablar de la necesidad de que se controle la inflación o de propuestas de estabilización, del déficit fiscal y de la austeridad del gasto público, a diferencia del señor Senador Saravia, digo: “¡Zácate! Apareció el Consenso de Washington”. Y me pongo de mal humor, porque pienso al revés.
En la década de los noventa se planteó: “Compañeros: sobre estas cosas nos tenemos que poner de acuerdo en una macroeconomía estable y en las señales a los inversores”. Alguien más dijo: “Poniéndonos de acuerdo sobre estos fundamentos no habrá diferencia entre una política de izquierda y una de derecha”. La izquierda habría capitulado frente a unos preceptos que son sistémicos. Sin embargo, los estudios muestran que aun aceptando los preceptos sistémicos, el déficit fiscal, el superávit primario, etcétera, las diferencias existen y son muy grandes.
Estas diferencias llevan a que no solo nuestro país, sino buena parte de América Latina, haya cambiado de biblioteca. Los méritos que tienen Uruguay, Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador en materia de reducción de la pobreza, de crecimiento, de aumento de la inversión, etcétera, no se deben solamente a un ciclo favorable –porque el mundo no está muy bien–, sino a alguna acción política implementada por estos países. Quiere decir que tiene que haber algún mérito político y que no todo es consecuencia inevitable de externalidades positivas o de un ciclo que nos beneficia. Cuando nos va mal, el problema es del modelo, nuestros errores y el fracaso de cualquier proyecto económico de izquierda, especialmente después del colapso y de las experiencias del socialismo real; pero cuando nos va bien, ¿el mérito no es nuestro? ¿No es un mérito de nuestros proyectos políticos, de que apostamos a los Consejos de Salarios, a la negociación tripartita, al aumento del Salario Mínimo Nacional, a los planes de emergencia y al aumento del gasto en Educación? ¿No será que esto que se llama “gasto” aunque es inversión, es parte del modelo de desarrollo?
El informe de la Cepal –no del señor Ministro– señala la desaceleración de la economía uruguaya, el aumento del déficit fiscal y de la inflación como los problemas, tal como lo ha referido el miembro interpelante. Ahora bien, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal, dice que en 2013 nos va a ir mucho mejor; no sé, veremos qué sucede. Pero más allá de los errores propios, que sin duda los hay, el informe de la Cepal es claro. Hay un contexto regional que explica la desaceleración y si no empeoramos fue por el consumo interno –aquí a veces demonizado– y por las exportaciones extrarregionales. No voy a hablar de la “herencia maldita” –soy la última oradora y no quiero despertar animadversión alguna–, pero ciertos componentes del déficit externo tienen que ver con que se debió afrontar los compromisos del acuerdo por la crisis bancaria de 2002: US$ 120:000.000; el cierre de Pluna: US$ 30:000.000 –todo figura en el documento de la Cepal; la neutra Cepal–, el sobrecosto energético, que sucede muchas veces –como expresaba quien me antecedió en el uso de la palabra–, y la política monetaria. Pero diez años de crecimiento de la economía, según decía el miembro interpelante, son tres Gobiernos, así que todos somos responsables de ello y el dragón –¡“Sao Jorge” amado!– ha sido derrotado. Pienso que no, que el dragón nos derrotó en su momento, que salimos muy mal heridos y que el crecimiento del año 2003 y 2004 se explica porque después de llegar al fondo solo restaba subir. Pero no recuerdo que en esos años se implementara un plan de emergencia, se incorporara a los trabajadores a las negociaciones colectivas; en definitiva, no recuerdo que se aplicaran esas políticas. ¿A qué me refiero con que el dragón nos derrotó? Emigraron 50.000 personas, la pobreza se triplicó y quebraron muchísimas empresas uruguayas. Nos estamos recuperando. Lo que sí creo es que desde hace cincuenta años no se da un período de nueve años de crecimiento económico sostenido. Eso sí que no se dio, menos a una tasa del 6% y menos por encima del promedio latinoamericano. La última referencia que tenemos data de los años cincuenta; sin embargo, hay diferencias y creo que el modelo de acumulación va cambiando.
En los fundamentos del desarrollo quiero incorporar el crecimiento con distribución del ingreso. Para ello, me baso en que el crecimiento con concentración del ingreso fue la pauta de la América Latina cuando esta creció, aunque hubo desigualdad cuando entró en recesión. Brasil es el ejemplo más claro, pues creció y creció, a veces más y a veces menos, siempre concentrando y solo desconcentró el ingreso a partir del 2000. Es cierto que allí algo tuvo que ver Fernando Henrique Cardoso.
En el caso de Uruguay, la desigualdad se instala en la década de los sesenta y recién se desinstala ahora, es decir, pasaron cincuenta años. También es verdad que el Índice de Gini de 0.45 pasa a uno de 0.398 –5.000 habitantes o más– para el total del país. No nos vamos a poner a discutir sobre cifras, pero la reducción del Índice de Gini es lo más notable, no de los últimos diez o quince años, sino del último medio siglo.
Ahora bien, el crecimiento con distribución del ingreso tiene que ver con política. El hecho de que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres –más o menos eso es lo que significa haber disminuido la desigualdad–, tiene que ver con pura política, con voluntad política, con planes, con participación de los de abajo. En la sociedad nunca hay iguales, sino igualados, y eso se logra con la aplicación de políticas. ¿Qué descubrió el último informe de la Cepal? ¡Me encanta; ahora se hacen reflexiones politológicas mezcladas con las económicas! Cepal descubrió que donde hay más confianza en las instituciones políticas se redujo la desigualdad. Esto significa que la gente, de alguna manera, percibe que hay más justicia social, y al percibir eso siente que la política es más potente. Es decir, se percibe que los políticos hacen algo que cambia los hechos materiales del mundo, que no hacen solamente políticas simbólicas sino también política real. Cuando la gente entiende que hay política real aumenta la confianza en las acciones políticas. Es un círculo virtuoso, porque esto provoca resultados económicos como el optimismo, la confianza a largo plazo, la propensión a contraer créditos a largo plazo, etcétera. Así que la política importa, y mucho cuando de la confianza de los uruguayos se trata. El ego de los brasileños les ha permitido ser siempre los más optimistas de América Latina; recordemos que Charly García decía que la alegría es brasileña, pero podemos decir que nosotros ahora estamos debajo de los brasileños. Yo casi que no lo creo, debe ser un problema de indicadores, pero lo cierto es que así como hay recesión económica, también hay recesión política. El Uruguay salió de un período de recesión política y entró en un período de crecimiento político, en definitiva de crecimiento de las expectativas, de la confianza, etcétera.
La distribución del ingreso también tiene que ver con el crecimiento del empleo y la reducción del desempleo, pero cuando discutimos acá me gustaría que lo hiciéramos sobre cosas que discutíamos hace diez o veinte años, cuando se decía que los problemas del empleo tenían que ver con la rigidez de las normas laborales, la formalización, etcétera, por lo que teníamos que hacer planes de desregulación laboral para aumentar la tasa de empleo. Tuvimos esa discusión durante dos décadas. No digo que lo que se hace ahora se transforme en una teoría estructural de largo plazo; lo que sí sé es que hoy tenemos aumento del empleo, aumento de la formalización del empleo como nunca se ha visto, con aumento del salario real. Quiere decir que sí se puede tener todo junto y no necesitamos desregular y hacer planes de flexibilización laboral para mejorar en términos de empleo. Al mismo tiempo, dar a los trabajadores instrumentos políticos para la negociación colectiva permitió el aumento del salario real, el cual se tradujo en consumo. Es decir: que aquellos que producen sean los que consumen forma parte también de un círculo virtuoso, sobre el que Keynes y otros hablaron en el pasado. Todo eso fue lo que impactó sobre la desigualdad, pero esto no es mercado, sino política.
Respecto a la pobreza, debo señalar que se redujo; existen varias cifras que podemos analizar. Ahora bien, en definitiva, podemos decir, a brocha gorda, que cuando salimos de la dictadura teníamos a cuatro de cada diez uruguayos viviendo en la pobreza. Luego, en los mejores años, que fueron los del Gobierno del Partido Nacional, 1990 a 1994, que fue una buena media década de crecimiento de América Latina, la pobreza se redujo; pero, según los datos que poseo, se redujo al 17%. Después vino la media década perdida de América Latina, entre 1998 y 2002, período en el cual aumentó la pobreza en toda América Latina; específicamente, en el Uruguay pasó a más del 30%. Pues bien, ahora la pobreza se ubica en un 13,7%. Pero lo que sucede con la indigencia es inédito, porque es de 0,5%. Eso es una meta política: el Gobierno se dispuso a terminar con la indigencia. ¿Cómo se hizo? Con planes sociales. En realidad, la explicación de la reducción de la pobreza tiene más que ver con los Consejos de Salarios, con el aumento del salario real, etcétera, pero la explicación de la reducción de la indigencia a cifras de las que nunca se tuvo conocimiento históricamente tiene que ver con política. De hecho, la propia Cepal cuando analiza la reducción de la pobreza dice que el 55% de la variación en la reducción de la pobreza se debe a los cambios en la distribución del ingreso, y el 45% restante se debe al crecimiento. Es decir, no estamos reduciendo la pobreza solo porque crecemos, sino también porque hemos atacado la desigualdad; entonces, todo esto es político. Lo más importante de la reducción de la incidencia de la pobreza es lo que ocurre al respecto en la población infantil. Esto es lo que más impacto tiene para el modelo de desarrollo, porque este requiere capacidades y estas requieren niños sanos y educados. La pobreza infantil hoy está en guarismos menores al 30% y recordemos que tuvimos una pobreza infantil –recordemos a Juan Pablo Terra y sus estudios sobre la pobreza infantil– del 60%, que luego cayó y después volvió a aumentar durante la crisis. Entonces, que el Uruguay haya logrado “blindar” –entre comillas– a los niños, me parece de las cosas más importantes desde el punto de vista del desarrollo.
SEÑOR SOLARI.- ¿Me permite una interrupción, señora Senadora?
SEÑORA MOREIRA (Constanza).- Con mucho gusto.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor Senador.
SEÑOR SOLARI.- Señor Presidente: de ninguna manera voy a entrar a esta hora en un torneo de vanidades, y menos con una Senadora tan inteligente y buena moza como la Senadora Constanza Moreira.     
Simplemente quisiera aportar algunas cifras que refuerzan el argumento que la señora Senadora hace y que, además, ubican el récord histórico en su debido lugar. Tengo aquí las cifras del INE de la evolución de hogares pobres y aclaro que lamentablemente no lo pude hacer por el número de personas pobres. En el año 1986, en el total urbano que se medía en aquel momento, que era de más de cinco mil personas, la cifra de hogares pobres alcanzaba el 38,3%; en 1999 el porcentaje era de 9,7%; en 2003 y 2004 –tienen cifras idénticas–, 29,7%; y en 2011, último año para el cual obtuve datos del INE, el porcentaje alcanzó el 9,8%. Esto quiere decir que el combate a la pobreza desde un nivel más alto o más extenso del problema, que fue el que se heredó del gobierno cívico-militar y el que surgió de la crisis de 2002 y de 2003, se llevó a cabo prácticamente con las mismas herramientas y con la misma eficacia. Por lo tanto, si bien no quería entrar en un torneo de vanidades, me interesaba dejar sentadas las cifras reales.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar la señora Senadora Moreira.
SEÑORA MOREIRA (Constanza).- Señor Presidente: por supuesto que efectivamente la gran caída de la pobreza heredada de la dictadura se produce en el primer período posdemocracia y en ese momento se instalan los Consejos de Salarios y otros instrumentos que luego utilizó la izquierda, porque estos los crea toda una sociedad y más tarde se usan de una forma o de otra. Nuevamente quiero aclarar que no estamos en un torneo de qué es lo que inventamos, porque me parece que algunas cosas se inventaron entre todos y los Consejos de Salarios constituyen una de las herramientas más interesantes que ha tenido este país.
Quiero decir algo sobre la pobreza y los más pobres, y algo que hace honor a O Presidente mais pobre do mundo, es decir, a Mujica. Lo digo en portugués, porque esto fue algo que se emitió en la Red Globo. Esta fama internacional de Mujica y su caracterización como el Presidente más pobre del mundo –obviamente a mí no me gusta que lo llamen así– surge porque el mundo dedujo que este señor iba a mejorar la situación de los más pobres, ya que él los representa. De la misma forma, Lula representaba a un obrero que seseaba y a quien le faltaba un dedo porque había sido metalúrgico. Efectivamente, hay algo que pasa ahora, ahorita, en estos últimos dos o tres años, y es el aumento del ingreso de los hogares más pobres en un 23%. Por supuesto, como dice la señora Senadora Piñeyrúa, lo que más incide en la reducción de la desigualdad es la caída de los ricos, porque eso impacta mucho más que el aumento del ingreso de los pobres. Pero el aumento del ingreso de estos últimos se produjo porque los Consejos de Salarios mantuvieron laudos con incrementos mayores para los trabajadores con salarios más sumergidos. Luego, más políticas, y en ese sentido menciono lo relativo a las trabajadoras domésticas, las ocho horas para el trabajador rural y todas las leyes que protegen al conjunto de los trabajadores pobres, porque la pobreza son los trabajadores pobres y no los marginales. Todas las leyes que protegieron estas actividades en las que se concentraban miles de trabajadores pobres ayudaron, porque si a los pobres se los deja a merced del mercado se vuelven pobrísimos y sin política, sin derechos y sin sindicalización, se transforman en esclavos del mercado, es decir, del poder de compra de estos nuevos amos del capital globalizado. Por lo tanto, la pobreza no se elimina con la economía, sino con política.
Bértola, historiador que escribe sobre historia económica, logró calcular –no me pregunten cómo– el PBI cuando nadie lo hacía, mediante unas cuentas, y realizó una proyección y una simulación del desarrollo humano y económico del Uruguay a lo largo de todo el Siglo XX. Este historiador dice algo simple: no hay desarrollo económico sin industrialización. El mejor período que tuvimos, anterior a este, se produjo en los primeros cuatro o cinco años de la década del noventa y, sin embargo, fue un momento de desindustrialización del país y de caída del empleo público y eso sí tuvo que ver con elecciones y orientaciones generales de política.
En el año 1999, Fernando Filgueira, en el informe de Desarrollo Humano, afirma que ha habido crecimiento, pero que con la situación de desindustrialización y de caída del empleo público el país se deslizaba hacia la desigualdad. ¿Por qué? Porque los trabajadores públicos tienen una pirámide salarial más achatada y los del sector industrial tienen más derechos que los nuevos trabajadores del sector servicios, a donde son arrojados los contingentes de personas con baja calificación relativa. Lo cierto es que Fernando Filgueira tenía razón, porque una buena parte del componente de la desigualdad tuvo que ver con la desindustrialización de la economía, producto de cierta concepción del desarrollo. Ahora bien; en un estudio denominado Estrategia Nacional de Desarrollo y Estructura Productiva realizado por Kreimerman –que nos ha llegado a todos–, se dice que la industria ha aumentado un 40% en seis años. Muy bien, si la industrialización, el valor agregado y la competitividad son parte indispensable de cualquier desarrollo –en ese sentido este debate es importante–, creo que todos podríamos acordar en algunas cosas. La primera de ellas es que la macroeconomía no lo arregla todo, y la segunda es que el gobierno no fija el marco y los privados interactúan, sino que se necesita la interacción entre públicos, privados y academia.
Un tercer aspecto, que quizás no sea compartido por todos, es que el Gobierno sabe más que el mercado y por eso debe incidir en la naturaleza de los actores y en su orientación estratégica. ¿Qué estamos haciendo cuando creamos la Universidad Tecnológica? Estamos creando interacción entre conocimiento y producción, y eso lo votamos todos porque, en realidad, en eso estamos todos de acuerdo. ¿Qué hacemos? Inversión educativa y los resultados de la educación no son un desastre. Es cierto que cada vez se destina más dinero a la educación y los resultados no se corresponden con la inversión masiva que se está haciendo pero, tranquilidad, ya los vamos a ver. Esta planta demora en crecer.
La mejora de los salarios y de los derechos, los convenios entre el Estado y la Universidad de la República y poder retomar el estado de bienestar son componentes de esto que llamaría el nuevo proyecto de desarrollo. ¿Cómo se expresa esto? Hay una relación entre hechos materiales y política, y lo cierto es que Uruguay es el país donde hay mayor confianza en el Gobierno, seguido por Ecuador y a distancia de todos los demás. Esto es algo que afirma el Latinobarómetro, que es una encuesta de opinión pública –neutral y bien hecha– que se hace en América Latina. Por supuesto, nuestro país siempre estuvo en primer lugar en el ranking en cuanto al apoyo a la democracia, continúa haciéndolo y ¿qué muestran las encuestas? Que los uruguayos ya no sienten presión ni angustia por los problemas económicos del país. Se han despreocupado de la inflación; y antes esta ocupaba el primer lugar como problema. Luego ese lugar lo ocupó la desocupación y ahora lo hace la inseguridad. Esto sucede en el Uruguay, pero también en el resto de América Latina. La inseguridad ha empezado a ocupar el primer lugar en el ranking de los problemas porque ya no lo hacen la inflación ni la desocupación.
Me gustaría terminar con una reflexión sobre la sectorización y el déficit fiscal. Esto me encantó porque es un vínculo entre política y economía que raramente se hace, y no sé dónde el señor Senador interpelante encontró ese artículo que, además, está escrito por el señor Ministro y un politólogo. En primer lugar, voy a defender la sectorización de los partidos, que es la cantidad de fracciones que tienen y con las cuales hay que negociar y decidir. Respecto a esto, no hay mucho acuerdo en la academia politológica sobre cómo medirla, porque algunos lo hacen con la cantidad de listas que presentan a las elecciones y cuando se hace así, créanme, estamos muy mal. Cada vez hay más listas y vamos a volver locos a la Corte Electoral y adyacencias. Sin embargo, cuando uno lo mira por la cantidad de fracciones que están representadas en el Parlamento, puede ver que son menos. Mirémonos, señor Presidente. El número de fracciones de los partidos siempre fue alto y esto no lo inventó el Frente Amplio, sino que es un invento del sistema de los Partidos Nacional y Colorado. ¿Cómo lo inventaron? Con la Ley de Lemas; el sistema electoral, más la cultura política, más las candidaturas múltiples a la Presidencia, dieron como resultado la fraccionalización de los partidos, que es estudiada en el mundo entero, porque es una cosa rarísima. ¿Qué tiene de bueno la fraccionalización de los partidos? Que no hay salvación: son muchos partidos, o son pocos partidos divididos internamente. Es un solo espacio, que se divide de una manera o de la otra. ¿La fraccionalización del Frente Amplio le impide gobernar? Esta es una pregunta que trasladaría a los partidos tradicionales. Indudablemente, la fraccionalización de un partido es mucho menos importante que la diferencia que existe entre dos partidos gobernando juntos. Es más difícil gobernar con la coalición de dos partidos, que con un partido solo. E pur si muove. Y más o menos, se ha hecho, porque este gobierno ha sido de coalición hasta que llegó a la situación de partido con mayoría parlamentaria propia, mayoría que antes ningún partido había tenido.
La fraccionalización impacta sobre el déficit fiscal. ¿Qué quiere decir esto? Que como hay más factores para negociar, también hay mayor cantidad de demandas para llevar, y entonces hay una gran tentación de gastar los dineros públicos, dando plata a los empleados públicos, a la Educación, etcétera. ¿Eso está mal? No, porque además de cuidar las cuentas, el Gobierno debe atender a las necesidades, a las preferencias y a la felicidad de sus gobernados. Un gobierno que no atendiera las demandas no tendría ninguna legitimidad política. Hago esta referencia solamente porque me hizo gracia esta relación.
¿Estamos frente a una crisis? Voy a dar una respuesta que puede sonar un poco rara. A mí me parece que el capitalismo no se reproduce si no hay crisis. Quiere decir que blindados contra la crisis no podemos estar. Los números que tenemos, ¿indican crisis? Si consideramos que la mitad del mundo prácticamente se está incendiando, diría que estamos bastante bien. Claro que si tenemos en cuenta la desaceleración, las iniciativas proteccionistas en Argentina y la prudencia de Dilma Rousseff en Brasil, esta circunstancia de estar bastante bien quizás no sea para tirar manteca al techo, pero América Latina bien podría decir a Europa algo que una vez escuché a una brasilera decirle a un argentino: Eu sou vocês amanhã, queriendo significar algo así como: “Ustedes nos miran a nosotros, los brasileros, que somos pobres, desiguales, etcétera, pero van a ver que dentro de un rato van a ser lo mismo que nosotros.” No era que Brasil fuera el pasado; lo que quería decir era que Brasil era el futuro, el futuro negro, por cierto. Entonces, pienso que nosotros podríamos ya haber dicho a los europeos hace tiempo: “Nosotros somos lo que ustedes serán después”. ¿Por qué termino con esta reflexión? No estamos bien, no estamos mal, vamos en el camino.
Es cuanto quería manifestar.
SEÑOR PRESIDENTE.- Tengo entendido que habiendo sido consultados el miembro interpelante, señor Senador Bordaberry, y el señor Ministro de Economía y Finanzas, no estiman necesario volver a hacer uso de la palabra. Si esto es así corresponde pasar a considerar las mociones llegadas a la Mesa, que van a ser tratadas por el orden en que fueron presentadas y obran en poder de todos los señores Senadores y señoras Senadoras desde el momento en que fueron presentadas.
Léase la primera moción.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “Montevideo, 3 de abril de 2013.- El Senado de la República, convocado en sesión extraordinaria a los efectos de recibir información del señor Ministro de Economía y Finanzas, Economista Fernando Lorenzo, relacionada con el déficit fiscal, la evolución de la inflación, la competitividad y el valor del dólar y las consecuencias de la confluencia de visiones en el manejo de la economía nacional, declara que las explicaciones brindadas por el Sr. Ministro así como por el Sr. Presidente del Banco Central del Uruguay, Economista Mario Bergara, han sido satisfactorias, otorgándoles su pleno respaldo”. (Firman los señores Senadores Agazzi, Antognazza, Gallicchio, Morodo, Clavijo, Beramendi, Topolansky, Moreira (Constanza), Nin Novoa, Michelini, Fernández, Obispo, Pintos, Couriel y Tajam).
SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.
  Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.
(Se vota:)
–16 en 29. Afirmativa.
A continuación vamos a considerar tres mociones que llegaron al mismo tiempo a la Mesa y las hemos ordenado de lo general a lo particular, por orden temático.
Léase la primera moción llegada a la Mesa a la hora 18 y 53 minutos.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “Oídas las explicaciones del Sr. Ministro de Economía y Finanzas acerca del déficit fiscal del ejercicio 2012, el Senado de la República exhorta al Poder Ejecutivo a ajustarse a criterios de prudencia al elaborar el próximo proyecto de ley de Rendición de Cuentas”. (Firman los señores Senadores Bordaberry, Pasquet, Solari, Moreira (Carlos), Gallinal, Penadés, Amorín, Viera, Piñeyrúa, Larrañaga y Heber).
SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.
  Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.
(Se vota:)
–13 en 29. Negativa.
Léase la segunda moción llegada a la Mesa a la hora 18 y 53 minutos.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “El Senado de la República declara su beneplácito ante la ratificación por el señor Ministro de Economía y Finanzas del compromiso de bajar dos puntos la tasa básica del Impuesto al Valor Agregado, en el corriente período de gobierno”. (Firman los señores Senadores Bordaberry, Pasquet, Solari, Piñeyrúa, Gallinal, Penadés, Amorín, Viera, Larrañaga, Abreu, Moreira (Carlos) y Heber).
SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.
  Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.
(Se vota:)
–13 en 29. Negativa.
Léase la tercera moción llegada a la Mesa a la hora señalada.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “Atento al déficit de la mayoría de las Empresas Públicas durante el año 2012, y luego de escuchado al señor Ministro de Economía y Finanzas, el Senado de la República exhorta al Poder Ejecutivo a ejercer las facultades que le otorga el art. 197 de la Constitución de la República para poner coto a los gastos excesivos en las empresas públicas”. (Firman los señores Senadores Bordaberry, Pasquet, Solari, Piñeyrúa, Moreira (Carlos), Gallinal, Penadés, Amorín, Viera, Abreu, Larrañaga y Heber).
SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.
  Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.
(Se vota:)
–13 en 29. Negativa.
Léase la quinta moción llegada a la Mesa.
(Se lee:)
SEÑOR SECRETARIO (Gustavo Sánchez Piñeiro).- “El Senado de la República exhorta al Poder Ejecutivo a adoptar las medidas necesarias para evitar el crecimiento de la inflación y su impacto negativo sobre el poder adquisitivo de jubilaciones y salarios”. (Firman los señores Senadores Bordaberry, Pasquet, Piñeyrúa, Penadés, Moreira (Carlos), Solari, Viera, Amorín, Abreu, Larrañaga y Heber).
SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.
  Si no se hace uso de la palabra, se va a votar.
(Se vota:)
–12 en 28. Negativa.

9) LEVANTAMIENTO DE LA SESIÓN
SEÑOR PRESIDENTE.- No habiendo más asuntos, se levanta la sesión.
(Así se hace, a la hora 21 y 27 minutos, presidiendo el señor Danilo Astori y estando presentes los señores Senadores Abreu, Agazzi, Amorín, Antognazza, Beramendi, Bordaberry, Chiruchi, Clavijo, Couriel, Fernández, Gallicchio, Gallinal, Heber, Michelini, Moreira (Carlos), Moreira (Constanza), Morodo, Nin Novoa, Obispo, Pasquet, Penadés, Piñeyrúa, Pintos, Solari, Tajam, Topolansky y Viera).

DANILO ASTORI
Presidente

  Gustavo Sánchez Piñeiro
             Secretario
  Miguel Sejas
  Prosecretario

Adriana Carissimi Canzani
Directora General del Cuerpo de Taquígrafos