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El poder del Estado.

Por ello, el que en su labor se mantengan una serie de tradiciones, resulta para muchos, extraño. Estas tradiciones, cuyo respeto y práctica podrían aparecer a priori innecesarios, contribuyen a la calidad de nuestras instituciones democráticas y por ende a la vida de todos los uruguayos. Una de esas tradiciones es la de autorizar la realización de sesiones extraordinarias, en general para conmemoración o reconocimiento sobre temas o hechos específicos. Así cada una de las cámaras o la Asamblea General permiten evocarlos desde el presente en su significación histórica, haciéndolos interesantes y relevantes para las actuales generaciones.

Este tipo de sesiones tienen un componente en general menos confrontativo y más reflexivo, que las sesiones ordinarias. En éstas, como es natural, se plantea el debate, a veces teñido de acritud entre el oficialismo y la oposición. Así ocurre y así debe ocurrir en todos los auténticos parlamentos del mundo, en que están representadas opiniones y propuestas diferentes sobre el futuro del país, cuando se trata de resolver puntualmente sobre la conveniencia, oportunidad o mérito de un proyecto de ley o sobre la acción de gobierno en curso.

En las sesiones de homenaje, en cambio, los legisladores se permiten una mirada de más largo aliento sin las ataduras de la coyuntura política concreta. Así sucedió con la sesión especial de la Cámara de Representantes sobre el "Centenario de la Introducción del básquetbol en el Uruguay" el día martes 4 de setiembre próximo pasado.

El tema de la sesión fue una interesante excusa para poder mirar desde el siglo XXI procesos políticos y sociales de enorme profundidad, que ocurrieron hace tan sólo cien años. En mi caso, sirvió para reflexionar sobre el deporte y la importancia de éste en la construcción de valores. También me permitió ubicar con perspectiva la edificación de políticas públicas y la acción de gobierno en ese campo. Como no podía ser de otra manera, la evocación permitió dejar lugar a la emoción en el recuerdo de mi experiencia personal con esta disciplina deportiva tan íntimamente vinculada a miles de uruguayos.

En cuanto al deporte y los valores, intuyo que la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) y el profesor Hopkins, que fueron quienes introdujeron el básquetbol como disciplina deportiva en nuestro país, no previeron el impacto que tendría ese hecho. No era obvio a priori, que se diera la conexión con la sociedad. La práctica masiva del deporte en general sólo puede desarrollarse en base a un sustento social de relevancia. En la sociedad uruguaya el básquetbol está vinculado a una red familiar y de aficionados que desinteresadamente dan sustento y apoyo a los clubes de barrio e instituciones deportivas en todo el país. Ello representa de por sí, el valor de la solidaridad, connatural a la actividad deportiva que nos enaltece como sociedad e integra nuestra identidad.

Más allá de la disciplina deportiva de que se trate, la práctica del deporte trasciende a ella. La posibilidad del ejercicio físico como actividad masiva ha sido un fenómeno civilizador extremadamente importante, en tanto está directamente vinculada a la salud física y mental de la población y a su calidad de vida. Se sostiene que disponer de tiempo y condiciones adecuadas para ello, ha devenido en derecho.


Asimismo, los deportistas en general y en especial los hombres y mujeres de alto rendimiento y alta competencia tienen sobre sus hombros también una alta responsabilidad como promotores de valores positivos. Éstos se reflejan en el ideal olímpico, con la promoción de la paz, de la tolerancia hacia el otro, de competir de acuerdo a las reglas de la sana competencia deportiva y la buena fe, de la igualdad, de la no discriminación, en fin, de valores que apuntan al desarrollo integral del ser humano en dignidad y derechos, pero que también suponen deberes. La afirmación de estos valores hace que el deporte sea consustancial a la construcción de una cultura de paz que erradique todo comportamiento xenofóbico, racista e intolerante.

En todo momento esos valores promovidos por el deporte son fundamentales, pero más ahora que en muchos aspectos debe reconocerse que se atraviesa una crisis de la convivencia social. Esta situación nos interpela como pueblo todo y también a la izquierda política. Es notorio que todos los indicadores económicos y sociales demuestran los enormes avances que se han logrado, impensables para muchos tan sólo unos años atrás. Pero el aumento de la capacidad de consumo y las posibilidades que surgen al vivir en un país con la desocupación más baja de su historia, ha llevado a un primer plano otros problemas y ha mostrado que muchas veces la sensibilidad social no va necesariamente, en la dirección que uno desearía.

Los problemas con la seguridad ciudadana, el alto índice de personas privadas de libertad, los casos lacerantes y frecuentes de violencia doméstica, la presentación descarnada de las noticas en los medios de comunicación, la desproporción de varias acciones sindicales que terminan perjudicando claramente a los más necesitados, el individualismo desintegrador, el consumismo estéril, la insensibilidad general ante el otro, en particular sobre niños, niñas y adolescentes, entre otros ejemplos posibles, muestran la crisis de valores por la que atraviesa nuestra convivencia.

Los dirigentes políticos, la izquierda incluida y entre ellos parlamentarios y funcionarios de alta jerarquía, no hemos podido excluirnos lamentablemente, de este proceso. Se reproducen así en la confrontación política, los esquemas de intolerancia y muchas veces la forma de expresar nuestras naturales diferencias alienta la violencia verbal que termina justificando la apatía social y el individualismo. El documento sobre "Estrategia por la Vida y la Convivencia" es una excelente base para avanzar en la discusión sobre qué necesitamos para recobrar calidad de vida en materia de seguridad ciudadana, pero no es suficiente. Toda sociedad necesita plantearse objetivos nacionales de gran importancia y proponerse los esfuerzos que los harán alcanzables en un futuro cercano, afirmando su identidad nacional.

Percibo una gran oportunidad en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, a celebrarse en el año 2016. La participación de los atletas uruguayos podría definirse como objetivo y movilizar un esfuerzo nacional. Esto permitiría a los uruguayos asumir objetivos comunes y hacer un esfuerzo entre todos para que nuestra representación llegue en la mejor forma posible a estos, los primeros juegos que se hacen en el sur de nuestro continente. La propuesta no se propone para asegurar la obtención de medallas o resultados deportivos, siempre tan difíciles de alcanzar. Su objetivo central debe ser promover los deportes para todos, resaltar los valores olímpicos que los sustentan y afirmarnos como comunidad nacional. Todo ello a su vez, tiene raíces en las mejores tradiciones que vienen desde décadas pasadas, como la introducción del básquetbol, un siglo atrás, lo demuestra.

Es una ocasión única. Aprovechemos el impulso que ha dado a todas las disciplinas deportivas el desarrollo de los juegos en Londres y que ha tenido a todos los uruguayos como espectadores. Tiempo hay, se necesita voluntad política, paciencia y contracción al trabajo. Cada uno desde el lugar que ocupa. Todos, desde los ámbitos institucionales públicos y privados con las responsabilidades que ya se ejercen. Así trazar planes, definir metas y fijar objetivos. Luego realizar lo necesario para llegar a ellos en tiempo y forma.


Por otra parte, la sesión de conmemoración de la introducción del básquetbol, como adelanté, me hizo reflexionar sobre las políticas públicas y la acción de gobierno. La gran mayoría de los parlamentarios que hicieron uso de la palabra en esa sesión, resaltaron la sinergia positiva que tuvo la iniciativa de la sociedad civil de importar un deporte y la acción pública al instalar plazas de deportes en todo el país así como crear la Comisión Nacional de Educación Física. Estas últimas resultado de las entusiastas iniciativas y las políticas del gobierno de Batlle y Ordoñez.

Es obvio que nuestro país de aquel entonces, es muy diferente al de hoy. Pero sin embargo este ejemplo histórico, en relación a un hecho puntual, es un buen ejercicio para enseñarnos cómo abordar y ubicarnos respecto al proceso de reformas que los progresistas queremos llevar adelante. Pues se percibe actualmente en muchos compañeros de izquierda de todas las horas una desorientación, en el mejor de los casos, sobre las políticas progresistas a seguir, y en algunos casos, los peores, una franca desilusión por el accionar del gobierno. Analizar en perspectiva es siempre un buen ejercicio para identificar si estamos bien encaminados, pues de nada sirve que tengamos las velas desplegadas y haya fuerte viento que nos impulse, si desconocemos el rumbo.

Toda política de reformas que aspire a permanecer no puede improvisarse. No se puede pretender refundarla cada cinco años. Necesita gradualidad y espacio temporal para evaluar si los resultados buscados se concretan. Asimismo deben contar con el mayor respaldo político y social posible, y para la izquierda y los progresistas, ello significa dialogar y construir alianzas con los sectores sociales y productivos que posibilitaron la acumulación para llegar al gobierno no en una, sino en dos oportunidades.

El proceso de reforma se refleja en una nueva institucionalidad. Ésta en su faz social y jurídica ampara, contiene, promueve y protege a los cambios de las futuras oscilaciones y coyunturas políticas y sociales al efecto de lograr que sea consistente y perdurable en el tiempo. Todo ello debe ser acompañado con una política de comunicación que resalte las virtudes y que mitigue las resistencias a los cambios.

A dos años y medio de haber asumido el segundo gobierno progresista, los nuevoespacistas somos fieles cumplidores de los compromisos asumidos en el 2009, cómo lógico corolario de la continuidad del gobierno transformador iniciado en el 2005.

No hemos cambiado. Hoy en el marco del Frente Líber Seregni, con la frente alta y con la dignidad que inspira nuestro accionar en la mejor tradición de la izquierda nacional, democrática y libertaria, estamos trabajando codo a codo con todos los frenteamplistas. La conducción de la Presidente del Frente Amplio, la compañera Senadora Mónica Xavier, nos alienta para afirmar y consolidar los cambios y promover que los valores de la solidaridad, justicia y libertad prevalezcan a través de las ideas de la izquierda.

Seguimos siendo los mismos. Radicales en la defensa de la Constitución, de la ley, de las instituciones, de los derechos humanos y el estado de derecho. Trabajando por los cambios en el marco de los procesos políticos y electorales, buscando el convencimiento de la ciudadanía acerca de la virtud de nuestras propuestas. Todo ello dirigido a construir un mundo justo, con igualdad de oportunidades y disfrute de las libertades para todos. Un mundo necesariamente próspero, donde la riqueza generada es distribuida con justicia y es posible satisfacer el humano y legítimo deseo de bienestar y progreso de personas y familias. Ello es así por nuestras definiciones ideológicas pero también por la experiencia concreta y tangible de que cuando faltan las libertades, en cualquier nivel, es la población más débil y más vulnerable, la que más sufre y más se perjudica.

Esto hace que afirmemos decididamente que en el Uruguay de hoy -con las restricciones del presente- construir la igualdad de oportunidades y la equidad, solo se puede continuar haciendo con gobiernos del Frente Amplio. Estas políticas públicas son las que permitieron prácticamente erradicar la indigencia, bajar la pobreza, reducir la desigualdad, en el marco de un país productivo y basado en el respeto a las libertades de todos.

Nuestra acción no nos inhibe de imaginar, pensar y soñar en una sociedad futura diferente a la actual. En la cual las relaciones humanas no se basen exclusivamente en el mercado, la propiedad del gran capital y el crecimiento exponencial del consumo. Estos, visualizados como factores únicos y excluyentes del "progreso" y del ascenso social determinan que sean los pobres, los desposeídos y los marginados los utilizados como variable de "ajuste" de la sociedad, como lo han demostrado las políticas neoliberales utilizadas en nuestro continente y las "soluciones" qu se proponen para la crisis económica en Europa y Estados Unidos.

Por ello no estamos preocupados en las etiquetas. En estos tiempos en que muchos se preocupan por establecer si son depositarios de un cierto "ADN batllista" o si efectivamente su accionar refleja los ideales de Batlle y Ordoñez, nosotros nos concentramos en cómo profundizar y consolidar los cambios para que sea realidad el mandato artiguista de "que los más infelices sean los más privilegiados", "si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y la de la provincia", condición ésta generalmente no tan recordada como aquél.

En tanto otros se desvelan por afirmar su identidad y determinar, según su particular criterio si están más acá o más allá en la izquierda, los nuevo espacistas somos conscientes de nuestra pertenencia a una corriente histórica en la vida del país. En el acierto o en el error, nos inspiramos en los hombres y mujeres que más allá de su época, de manera pacífica, constante y sacrificada se comprometieron con el cambio social gradual, obtenido por la vía electoral y democrática, mediante propuestas de soluciones viables en bien de las grandes mayorías. Nuestro presente y nuestro futuro se vinculan a esos protagonistas de nuestra fermental historia.

Nuestra acción es un homenaje permanente a todos ellos y en especial a quienes fueron verdaderos tribunos del pueblo. En ese camino hemos transitado y así seguiremos sin vergüenza alguna de la gradualidad en el proceso del cambio y de los logros del gobierno.

Al efecto de finalizar y regresando al inicio de este artículo, la sesión de homenaje de la introducción del básquetbol al Uruguay, confieso que la misma me emocionó. Ésta revivió mis emociones como hincha e integrante de la batucada del Faro de Punta Carretas durante mi niñez donde mi padre era dirigente, en uno de los deportes más emocionantes hasta ahora inventados. Me trajo a la memoria cuando jugué luciendo los colores del glorioso albimarrón de Bohemios y del heroico Miramar de la calle Santiago Gadea. Me situó en perspectiva paterna, de la grata tarea de seguir al Pato de Villa Biarritz donde mi hijo ha iniciado la aventura de jugar en las divisiones inferiores.

Todo ello sumado al privilegio de participar del homenaje al club deportivo dónde realizo ejercicio físico, la ACJ, institución centenaria que tanto le ha aportado al país y seguramente lo seguirá haciendo, que junto al Profesor Hopkins, introdujeron hace cien años, el básquetbol al Uruguay.

Por último y no por ello menos importante, fue una satisfacción evocar y homenajear a los campeones olímpicos de Helsinki en 1952, de Melbourne en 1956, de Los Ángeles en 1984 y del Mundial de Montevideo en 1967, ejemplificando en ellos a todos los deportistas y en particular a todos los basquetbolistas, que han hecho vibrar a generaciones de uruguayos con su talento, su dedicación y su entrega.

 

Diputado Felipe Michelini

Fuente: Uy Press