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Quo Vadis? Hacia una necesaria renovación ideólogica

 

Compañeros y compañeras, bienvenidos a este primer activo del Frente Líber Seregni a tres años de nuestra fundación. Hemos realizado durante el transcurso de estos tres años diversas actividades con distintos formatos y objetivos, procurando, en todas esas oportunidades, intercambiar reflexiones con quienes nos han acompañado. Pero este es un activo de militantes del Frente Líber Seregni, o sea, una etapa en la que ya, a esta altura, tenemos que ingresar. Y estamos entendiendo la palabra “activo” en el sentido más tradicional de la izquierda uruguaya, esto es, una presentación de un informe que aspiramos a que se discuta, de modo que ello signifique  un punto de partida para todo un plan de actividades que estamos pretendiendo lanzar desde hoy y del cual hablaremos más adelante.


Por otra parte, quiero hacer una especial referencia a la satisfacción que sentimos al recibir hoy a compañeros y compañeras de todo el país, lo que constituye una novedad en el Frente Líber Seregni. Estamos haciendo un activo de alcance nacional como corresponde a un proyecto político que pretende tener, obviamente, dicha cobertura. Celebro entonces que estemos iniciando esta nueva etapa de nuestro proyecto de acumulación política que, como ya dijimos el 31 de agosto de 2009 al constituirnos, no se agota en la competencia electoral.  Me gustaría saludar a todos ustedes, uno por uno, identificándolos y señalando sus presencias en este encuentro. Como obviamente no puedo hacerlo,  quiero que me permitan decirles que, a lo largo de estos tres años, desde las distintas fuerzas que integran el Frente Líber Seregni, hemos trabajado con avances, con retrocesos, transitando por un camino que no ha sido ni fácil ni sencillo. Por eso quiero saludar y mencionar especialmente a estos compañeros que hoy están aquí junto a nosotros en esta mesa, representando el esfuerzo colectivo con el que se ha venido encarando el trabajo político del Frente Líber Seregni. En particular, es con ellos que discutimos los conceptos que hoy vamos a compartir con todos ustedes. Hemos trabajado con Rafael y con Fernando, con Rodolfo, el Negro Lescano, Liliam y el Flaco e los Santos, con Enrique Canon y Enrique Pintado.


La finalidad fundamental del informe que queremos presentarles refiere esencialmente a la orientación de nuestra trayectoria política en los tiempos que vendrán, y por eso encabezamos la invitación con la consigna  Quo Vadis, esto es,  hacia dónde vamos, cuál es nuestro rumbo. A su vez, la respuesta a esta pregunta la queremos encarar desde un conjunto de perspectivas que también deseamos anunciar desde ya. Ante todo, y una vez más, mirando lo más lejos posible hacia adelante, pensando en un proyecto nacional con visión estratégica. Por otra parte, proponemos acercarnos a dicho proyecto con un enfoque predominantemente ideológico. Hace mucho tiempo que la izquierda uruguaya -  y en particular,  su mayor creación en la historia política del país, que es el Frente Amplio – se debe un profundo debate de ideas. Es por esta misma razón que otra de las perspectivas desde las que queremos acercarnos a discutir nuestra orientación política, refiere al trabajo conjunto con nuestros compañeros del Frente Amplio. No existe para nosotros un rumbo que no compartamos con ellos. Como proyecto político, es nuestra referencia esencial.

Este es el camino que vamos a recorrer en esta presentación de hoy. No  podemos emprenderlo  sin pasar, previamente, por una rapidísima revista a los cambios que hemos venido verificando últimamente en el mundo, en la región y en el país.  Es que no podemos discutir ideas sin tomar nota de la realidad en la que vivimos.
Así, no es posible desconocer que después de la enorme crisis del socialismo real, el capitalismo maduro exhibe la más grande y profunda conmoción de toda su historia contemporánea, con consecuencias extraordinariamente graves para la gente, tanto en los Estados Unidos como  en los países de Europa. Entre ellas, cabe destacar la caída del empleo, el empobrecimiento, y el deterioro en las condiciones esenciales de vida de altas proporciones de la población. Por otro lado, también durante los últimos años, se ha verificado la emergencia de países muy conocidos, pero con una potencia económica y una influencia mundial novedosas. Estoy pensando en la China, en la India, así como   también en Rusia y por qué no en Brasil. Han demostrado que pueden ser nuevos factores de regulación y equilibrio a escala mundial y ello tuvo mucho que ver con los  países de la América Latina y el Caribe que, en términos generales, tuvieron una trayectoria diferente a la que cabía esperar a priori en tiempos de profunda crisis del capitalismo maduro. Durante el lapso al que nos estamos refiriendo, muchos países de la región crecieron sostenidamente, al tiempo que aumentó la calidad de sus políticas públicas, particularmente en el terreno económico. Quedaron atrás  desequilibrios crónicos como los del pasado, especialmente la inflación, el resultado negativo de las cuentas públicas, la inestabilidad permanente. Hubo combate a la corrupción en muchos países de la región y una significativa reducción en los niveles de pobreza y de indigencia, no obstante la persistencia de una muy injusta distribución del ingreso.
En cambio, no podemos hacer un balance positivo de la evolución que ha tenido el proyecto de integración del que somos parte, esto es el MERCOSUR. SI tuviera que utilizar solamente dos palabras para calificar la experiencia reciente del bloque diría: deterioro institucional. Ello significa  muchas cosas. Para empezar, el incumplimiento de las normas básicas que acordamos con nuestros socios. Significa también la inexistencia o la inoperancia permanente de mecanismos de solución de diferendos, de controversias. Supone abrir un cauce para que el propio proyecto transite hacia situaciones absolutamente  contradictorias con el contenido y el espíritu de los tratados fundacionales. A todo ello habría que agregar  una enorme dificultad para llevar adelante un enfoque como el que Uruguay defiende, que es el de regionalismo abierto. Este enfoque se apoya en dos factores fundamentales. El primero es el de promover una cooperación integral y profunda en la región a favor de la cual discriminamos, esto es la  que - además de pertenecer naturalmente a ella – elegimos como plataforma de apertura al mundo. No se trata solamente de comprar y vender con facilidades. Se trata también de realizar acuerdos productivos, científicos, culturales, diseño de políticas comunes, acceso concertado a los organismos multilaterales, promoción y protección de los derechos humanos. El otro factor es el de, apoyándonos en esa plataforma, mejorar nuestra inserción internacional más allá de la región, con niveles de protección moderados y una firme disposición a realizar, con flexibilidad, acuerdos con otros bloques y países. El funcionamiento del MERCOSUR durante los últimos años ha obstaculizado claramente el papel a cumplir por los dos factores referidos y ha impedido que Uruguay practicara su estrategia de regionalismo abierto, aspecto clave de nuestro proyecto nacional.

Repasemos rápidamente lo que ocurrió en el Uruguay. Pasaron muchas cosas importantes, si tomamos por ejemplo como punto de referencia el epicentro temporal de la crisis más grave que vivió el país últimamente, que fue la  de 2002.  Han transcurrido diez años, de los cuales, durante siete  y medio ha gobernado el Frente Amplio, que hoy tiene todo el derecho del mundo a hacer su propio relato sobre lo que ha ocurrido en el período mencionado. Tiene ese derecho, no sólo porque está obligado a dirigirse con la mayor claridad y precisión posible a nuestros compatriotas, sino porque la derecha está construyendo su propio relato al respecto. Y como ustedes podrán imaginar, compañeros y compañeras, es radicalmente distinto al nuestro. Como si estuviéramos hablando de dos realidades absolutamente diferentes.
Acá tenemos dos posibilidades para hacer el nuestro como parte de este informe. Una, consiste en recurrir a un conjunto de indicadores, predominantemente cuantitativos, que suministran evidencia acerca de situaciones y evoluciones que entendemos son muy relevantes. La otra posibilidad es la de concentrarnos en los grandes significados y tendencias de lo que ha ocurrido. Yo voy a elegir hoy el segundo camino. Y al comenzar a recorrerlo, lo primero que tenemos que pensar es que si no hubiéramos gestado cambios importantes en nuestra sociedad, no estaríamos hoy aquí preguntándonos cómo seguir y – en especial – con cual orientación hacerlo. No nos habríamos convocado para pensar con visión prospectiva y estratégica, o sea, una nueva etapa de desarrollo de nuestro proyecto nacional. En segundo lugar, quiero decir que no podemos asumirnos nosotros mismos como hijos de una crisis sino como constructores de resultados positivos para los uruguayos. No estamos aquí por la debacle de 2002 y porque por esa razón el pueblo uruguayo decidió que gobernara el Frente.  No voy a desconocer la influencia electoral  de la crisis, pero llegamos adonde llegamos e hicimos lo que hicimos porque estamos transformando al país, lo que se puede verificar clara y ampliamente en los resultados positivos que han generado las políticas públicas que se pusieron en práctica.


Desde otra perspectiva en este repaso de significados y tendencias, comprobemos que ya hace años que no se discute la viabilidad del Uruguay. No es un tema de debate público porque ha venido creciendo una conciencia colectiva acerca del indiscutible potencial que tiene el país para acceder a niveles crecientes de desarrollo económico y social, así como las posibilidades ciertas de aprovecharlo con la puesta en práctica de un conjunto de instrumentos coherentes con los objetivos que se persiguen. Está creciendo la confianza en el Uruguay y en su futuro.


Quiero compartir con ustedes la importancia que tiene que el Frente Amplio haya demostrado, en la práctica, que la construcción de igualdad de derechos y oportunidades puede ser condición de la política económica y no su mero subproducto. Durante los siete años y medio de gobierno frenteamplista, el diseño de la política económica estuvo al servicio de ese gran objetivo de igualdad y no al revés.
A la manera de una verdadera síntesis sustancial de estos significados y tendencias, tenemos que apreciar que el estado colectivo de ánimo se ha elevado. Tres son los canales fundamentales a través de los cuales se ha alimentado este proceso. El primero es el fortalecimiento de la cultura del trabajo, que ha constituido y seguirá constituyendo una piedra angular del  diseño de nuestras políticas públicas. Esa cultura del trabajo refiere a la sociedad en su conjunto. El segundo es la responsabilidad social, actitud que hemos venido promoviendo a nivel de la ciudadanía en su conjunto y muy en especial en el ámbito empresarial. Y la tercera es el radicalismo democrático en todos los órdenes de la vida.

Les decía hace algunos minutos que la oposición tiene otro relato. En primer lugar, intenta trasmitir la loca idea de que pusimos en vigencia la misma política económica que los partidos tradicionales practicaron en el país mientras estuvieron en el gobierno. No pierden una sola oportunidad para señalar, para escribir, para fundamentar, que nuestra política económica es la misma de antes. En segundo lugar, ocultan u opacan todos los avances en materia de protección social y finalmente le caen con mucha dureza a lo que ellos llaman la gestión del gobierno.
Vayamos por partes. El hecho de que acá hay una continuidad de la política económica es insostenible. No manejamos un solo instrumento de la política económica de la manera en que colorados y blancos lo hicieron. Para empezar, nuestras diferencias en materia de política fiscal son abismales, tanto si observamos los gastos como los ingresos públicos. La composición del gasto es incomparable y en el área de los ingresos, basta tener en cuenta la profunda transformación que realizamos en el sistema tributario. Manejamos la política financiera y de deuda con criterios diametralmente opuestos. Lo mismo se puede decir de las políticas monetaria, cambiaria,  y comercial. Y así podríamos seguir.  No hay un solo instrumento de política económica que manejemos igual. Ni uno. Y por supuesto,  están los resultados, esos que no estamos analizando ahora porque he elegido otro enfoque para trasmitir esta idea, pero que nos eximen de mayores comentarios.
Por otra parte, ante una situación de este tipo, quisiera señalarles que en el discurso de la derecha yo no veo absolutamente ninguna propuesta y el día que se acuerdan de hacer una incurren en contradicciones insanables. Voy a elegir un ejemplo de hace pocas horas. Un sector de un partido de la derecha elige como propuesta fundamental eliminar el impuesto a la renta de las personas físicas, base fundamental del actual sistema tributario, ese que según ellos integra la misma política económica que se practicó en el pasado.


Entonces, compañeros y compañeras, es un discurso que se desmorona solo y absolutamente. Y además de dejar en evidencia este hecho, tenemos que complementar esta reflexión con el análisis de las consecuencias que tendría lo que podemos llamar la restauración del proyecto de la derecha. Porque, en rigor, el objetivo de dicho proyecto es la reconquista del poder  para restaurar experiencias de gobierno que lamentablemente hemos conocido y padecido. Con respecto a esta afirmación, les pido simplemente que recuerden la mediocridad histórica que durante los gobiernos de los partidos tradicionales exhibió el Uruguay en materia de inversión y crecimiento. Les voy a pedir que recuerden el tremendo endeudamiento del país, las empresas y las familias. Les voy a pedir que recuerden los desequilibrios crónicos en las cuentas públicas y  la inflación constante y a altos niveles. Les voy a pedir que recuerden las quiebras bancarias y el monumental costo que eso tuvo para el país. Les voy a pedir que tengan en cuenta la caída del empleo, la pérdida de la defensa de los derechos de los trabajadores, las restricciones presupuestales permanentes para las condiciones esenciales de vida  de la población, como la salud y la educación. Y, por supuesto, como conclusión inexorable de esta realidad, no olvidemos los niveles de pobreza, de indigencia, de desigualdad, que alcanzaron niveles incomparablemente altos antes de que el Frente Amplio llegara al poder.


Todo eso es la restauración, esto es, las consecuencias que tendría el retorno de la derecha al gobierno. Es al servicio de este objetivo que se tergiversa o directamente  se ocultan los cambios indiscutibles que ha experimentado la realidad nacional en beneficio de nuestros compatriotas, especialmente los más necesitados de tener una vida digna.
No está en nuestro ánimo  convocar a la complacencia con todo lo que hemos hecho, omitiendo toda   autocrítica. Debemos tenerla y, sobre todo, considerar las grandes tareas pendientes a encarar durante los treinta meses que le restan al actual  gobierno. En este sentido, menciono el desafío impresionante que tenemos en materia de infraestructura. No exagero con el adjetivo. La inversión y el trabajo a realizar son de niveles altísimos y muy complejos,  y van a exigir lo mejor de nuestros esfuerzos. Estoy pensando en la energía, en los transportes, en las comunicaciones, en los puertos.
Tenemos que elevar la calidad de la gestión, esa en la que se basa la crítica de la derecha. Y tenemos que hacerlo sabiendo que lo que llamamos gestión no es sólo un conjunto de procedimientos, de protocolos de operación,  de intervenciones en la práctica tendientes a asegurar que se cumplan los contenidos de las políticas que se han diseñado. La comunicación es también una parte esencial de esa gestión. Si la política consiste en gran medida en asegurar determinadas conductas de la gente respecto a un conjunto de objetivos previamente definidos, la comunicación con la gente para explicar  hacia dónde vamos, y lo que estamos haciendo es un ingrediente fundamental de la asociación entre gobierno y sociedad y una condición muy importante del éxito que se busca. En el Uruguay actual, la calidad de la gestión – entendida en el sentido que acabo de proponer - importa especialmente en las áreas de la salud, la educación y también la seguridad pública, respecto a las cuales se perciben claramente preocupaciones y aspiraciones legítimas de la población.
Nuestra actitud política seguirá siendo de lealtad  inquebrantable hacia nuestro gobierno y hacia nuestro Presidente de la República, el compañero Pepe Mujica. Y junto con esta lealtad inquebrantable, que supone poner al servicio de esta tarea lo mejor que seamos capaces de brindar en cantidad y en calidad, queremos actuar con mucha fraternidad, con mucha hermandad, bien entendida, con nuestros compañeros del Frente Amplio. Estoy seguro de que no hay compañero en el Frente Amplio que crea que la fraternidad y la hermandad, la tolerancia, el altruismo en política, signifique callar diferencias cuando las tenemos. Tendremos que buscar la mejor manera de expresarlas, porque siempre es posible plantearlas de una manera que no lastime y, al mismo tiempo,  sean fácilmente comprendidas, asimiladas y sobre todo útiles para todos. Vamos a hacer esfuerzos para actuar siempre así.
Por otra parte, en el debate con la derecha no vamos a recorrer el terreno de la irrespetuosidad y el agravio colectivo y personal que han demostrado muchos de sus integrantes. A ese nivel no sabemos trabajar ni queremos hacerlo. Nuestros argumentos referirán siempre a experiencia realizada y evidencia registrada. Siempre como base de un debate serio y respetuoso. Cuando se pierde el respeto en una discusión  se está menospreciando su contenido, concentrando la atención – y de mala manera – en lo adjetivo. En ese terreno nosotros no vamos a entrar jamás.
Decíamos al principio que queremos proponer una construcción estratégica al Frente Amplio en su conjunto. Dediquémonos ahora a esa propuesta porque es la parte de este informe que quiero encarar desde una perspectiva ideológica, lo cual constituye, a nuestro juicio, una tarea pendiente desde hace mucho tiempo para todos los frenteamplistas. No podemos ignorar que han ocurrido cosas importantes en el Frente Amplio. Tenemos nuevas autoridades electas por el pueblo frenteamplista por voto secreto y con amplias posibilidades de participación. Por lo tanto, es un buen punto de partida, y un escenario adecuado para volver a proponer esta discusión de ideas.
Esta reflexión ideológica parte de una aseveración fundamental y relativamente obvia. Hay ideología en toda nuestra acción política. Siempre. Y les digo más, en la gestión también hay ideología, como la hay en la estructura y la organización del Frente Amplio. Déjenme proponerles una pregunta. Todo lo que hemos hecho desde el gobierno, toda esa realidad que repasamos a través de sus tendencias y sus significados, ¿tiene algo que ver con nuestro concepto de la libertad, de la justicia, de la democracia, de la solidaridad, de la honestidad, del altruismo, de la fraternidad, que son valores superiores de la condición humana?  Hay una sola respuesta posible: por supuesto que tiene que ver, y mucho.
Entonces, compañeros y compañeras, a partir de esta respuesta preguntémonos cuáles son las reflexiones esencialmente ideológicas que pueden constituir  una base  para este análisis. Creo que no puede haber otra mejor que la conformada por los valores superiores que acabo de mencionar. Con dos características que  no quiero pasar por alto. En primer lugar, para nosotros en la izquierda, todos estos valores tienen  la misma jerarquía. No hay libertad sin justicia, no hay justicia sin libertad, no hay solidaridad sin justicia y libertad, no hay fraternidad sin tolerancia, respeto y honestidad. O sea, no se puede renunciar total o parcialmente a algunos  para asegurar la vigencia o la solidez de otros.  Y la otra condición que va asociada con esta es que no son producto de las circunstancias.  Son valores permanentes. No se es demócrata porque conviene serlo a determinada altura de la historia. No se postula la libertad porque estamos en condiciones de hacerlo. Son valores de la condición humana que asumen la orientación fundamental cuando, como parte de dicha condición se hace política, lo que significa trazar objetivos, elegir instrumentos, actuar colectivamente, convocar a la sociedad para proponer determinadas conductas y obtener los resultados a los que se aspira.
Compañeros y compañeras, nosotros integramos el sistema político del Uruguay. No hemos llegado en paracaídas a ese sistema; somos parte de él. No somos fundadores del Uruguay actual, que es todo un producto de una larga y rica historia previa a nuestro arribo al gobierno. Y al formar parte del sistema político del Uruguay, también somos parte de la alternancia de los partidos en el poder y así como luchamos para llegar al gobierno, ahora lo hacemos para mantenernos en él.
Desde este punto de vista es fundamental, entonces, asumir el papel que juega el  Frente Amplio en el sistema de partidos uruguayos y lo que significa. Es desde ese sistema que – como ya vimos - trabajamos por construir igualdad de derechos y oportunidades. No temamos por el uso de la palabra “igualdad”. Muchas veces en la izquierda, y partiendo de la base de que los seres humanos somos diferentes, hemos buscado eufemismos para hablar de este tema y fue así que se originó la utilización ocasionalmente intensa  del término “equidad”. Es que cuando hablamos de derechos y oportunidades no hay que temer a usar la palabra igualdad. Porque luchamos por esa igualdad.
Por supuesto que  los primeros y principales desvelos están dirigidos hacia los humildes. Hacia aquellos que todavía están lejos de una vida digna, pero quiero decirles que nosotros trabajamos para toda la sociedad. Obviamente,  queremos que los más pobres, incluyendo por supuesto a todos aquellos que sólo tienen en sus vidas su voluntad y su disposición al trabajo, alcancen lo antes posible las oportunidades para realizarse integralmente como seres humanos.  Pero también apostamos a aquellos que arriesgan, los que crean, los que innovan, los que actúan con responsabilidad social e invierten generando empleo, primera condición fundamental de vida en una sociedad en la que la cultura del trabajo es un cimiento fundamental. Y también trabajamos para lo que solemos llamar los sectores medios de nuestra sociedad. Esos sectores  cuya definición a partir de su nivel de ingresos constituye – a nuestro juicio – un profundo error. Porque ellos se ven a sí mismos como factores fundamentales de equilibrio compatible con la transformación de la sociedad. Esa suerte de estado de ánimo acerca de su papel en la sociedad no sólo no hay que ignorarlo sino que hay que entenderlo, apoyarlo y promoverlo. Son, como muchas veces lo hemos dicho, protagonistas fundamentales en la construcción de cercanías, no obstante la diversidad de los integrantes de la sociedad uruguaya. Y han tenido mucha responsabilidad en la promoción de valores que la sociedad uruguaya aprendió durante mucho tiempo a respetar. Han sido fundamentales propulsores de lo que a veces llamamos, en la práctica, estilo de vida. Un estilo de vida uruguayo, sin un papel relevante de lo que solemos llamar sectores medios, no existe. Nuestra historia lo demuestra.
Asumir que  trabajamos para toda la sociedad es, sin duda, una reflexión ideológica muy importante, que nos lleva, casi de la mano, a una de las discusiones más entrañables de la izquierda en el terreno ideológico: las relaciones entre lo público y lo privado. Es que no podemos decir que hay discusión ideológica en la izquierda si no nos detenemos a pensar y dilucidar caminos al respecto. Muchas veces señalamos la necesidad de reflexionar acerca de las relaciones entre  Estado y mercado, cuando en realidad deberíamos proponer un debate acerca de la articulación del Estado con la sociedad  en su conjunto. Una parte de esa sociedad es lo que se suele llamar mercado, con una connotación economicista que muchas veces disfraza o tergiversa el sentido que le queremos dar. Pero esta es una discusión fundamental. Y tenemos que decir varias cosas, sobre todo para despejar el escenario y tener una buena discusión.
En primer lugar, sobre esto no hay teorías. No hay elaboraciones válidas en todo tiempo y lugar para que la izquierda, en este caso el Frente Amplio, haga una propuesta para el Uruguay de acuerdo con algún manual. No existen manuales sobre esta materia. Además, cada sociedad tiene su historia, su recorrido, sus características fundamentales. En segundo lugar,  es necesario evitar los maximalismos y sobre todo los estereotipos, que también es posible encontrar en esta discusión. Me refiero a maximalismos como el que supone sostener “no puede haber ningún aspecto importante de la sociedad que no maneje el Estado”, o bien el opuesto: “no se puede dejar en manos del Estado ningún aspecto importante de la sociedad”. Se trata de concepciones que caen solas por una evidencia histórica aplastante a escala mundial.
Pero también hay estereotipos que son más peligrosos, porque son algo más sutiles. Uno típico, nos dice que “todo lo que resuelve el Estado se cumple tal y como lo resolvió el Estado”. Falso. Absolutamente falso. Por otro lado, el que podríamos considerar opuesto, nos señala que “la libre acción de las fuerzas de eso que llamamos mercado conduce siempre al mejor equilibrio para la sociedad”. Falso. Absolutamente falso.
  Además de evitar las posturas extremas y los estereotipos, también hay que eludir las confusiones. Así, se suele confundir público con colectivo y privado con individual. Falso. La realidad lo indica absolutamente. Y se suele incurrir en otras confusiones cuando, por ejemplo, se habla de espacio público como si estuviéramos hablando de sector público y son dos conceptos totalmente diferentes. El concepto de espacio público trasciende al de sector público. Es más, este último es una parte de aquél, que representa a todas las áreas de interés o relevancia para la sociedad considerada en su conjunto. En este sentido, últimamente se percibe, a escala mundial, un deterioro de la concepción Estado-céntrica y una tendencia creciente a considerar el espacio público como una referencia de toda la sociedad y no puramente del Estado. Cada vez se busca con mayor frecuencia el desarrollo de importantes experiencias de interés público fuera del aparato del Estado, de modo de evitar las dificultades fundamentalmente burocráticas que dicho aparato genera.
Nosotros vamos a tener que buscar un camino de reformulación del papel del Estado y sus relaciones con la sociedad en su conjunto despejando, ante todo, los maximalismos, los estereotipos y las confusiones, al tiempo de encarar debates fundamentales que incluso nuestros compañeros del Frente Amplio seguramente nos van a plantear, y está bien que lo hagan, como el  que refiere a nuevos mecanismos de acceso a la propiedad y la explotación de los medios de producción, así como su complemento indispensable, en términos de nuevas relaciones sociales de producción. Esa discusión la debemos tener. Es preciso que busquemos  renovaciones sin etiquetas  previas del tipo “capitalismo con rostro humano”, o “transición al socialismo”, cuyos significados desconocemos en el mundo de hoy. Hay que buscar sin preconceptos, sin prejuicios y sin rechazos a este tema.
Pero la reflexión que debemos encarar no puede agotarse en el Uruguay. También tenemos que evaluar la experiencia que ha venido viviendo el  capitalismo maduro durante los últimos años. Es necesario juzgar este orden internacional plagado de violencia y de injusticia que tenemos hoy en el mundo. Y hay que hacerlo sin aceptar los límites que los dueños del poder internacional nos quieren imponer. Porque ellos también quieren encuadrar nuestra discusión sobre lo que está ocurriendo. Y nosotros debemos profundizarla hasta llegar a los fundamentos esenciales de la crisis que los afecta, entre los que seguramente habremos de referirnos a la codicia sin medida como motor de la historia. No se trata de anunciar la muerte de una formación social. Se trata, en cambio, de aportar rigurosidad a la reflexión ideológica que nos debemos.
Con respecto al Uruguay, compañeros, cuidado con los atajos. Cuidado con querer cortar camino, porque eso nos puede conducir a efectos contradictorios con referencia a aquellos que decimos o creemos honestamente perseguir. Tenemos que hacer un análisis muy preciso de los equilibrios internos existentes entre los cambios que ha venido llevando adelante el Frente Amplio desde el gobierno, para tener muy claras las opciones disponibles acerca de posibles modificaciones o aceleraciones en ciertos campos e instrumentos. Porque muchas veces, procurando un ritmo superior de una determinada evolución se genera un retroceso inevitable, y a veces irreversible, en otros procesos inevitablemente interrelacionados.
Por lo menos tengamos claro, a los efectos de la discusión, cuál es esa gama de opciones. Y esta es una afirmación esencialmente ideológica porque también, a veces, se le quiere poner etiquetas al gobierno del Frente Amplio.  Ello no es buena cosa, porque las etiquetas nublan la mente, no dejan pensar. Predisponen  al que intenta reflexionar. Nosotros tenemos una propuesta al respecto: estamos convencidos de que debemos mantener la orientación de nuestro gobierno porque es la que necesita el país.


Sobre estas bases, tendremos que trabajar mucho en el Frente Amplio, dando continuidad a este nuevo proceso que ya ha comenzado, apostando a generar cada vez más interés, a revitalizar la participación de la militancia frenteamplista, a entusiasmar, para usar una sola palabra. Por supuesto que decir Frente Amplio es hacer referencia una vez más - ahora desde un punto de vista esencialmente partidario - al concepto de equilibrio. El Frente Amplio es, ante todo,   equilibrio. Pero ello no puede querer decir parálisis. El que necesitamos es el equilibrio sustancial de esa diversidad en la unidad que nos ha caracterizado desde que nacimos como fuerza política. Y en este escenario la parálisis se evita de una sola manera: con democracia en todos los ámbitos de la organización y la acción del Frente Amplio. Es esta una actitud que, como decíamos antes, tenemos que adoptar radicalmente y sin caer en una lucha por el poder que no puede ser nunca el alma del trabajo político de la izquierda. Nosotros no podemos hacer política para tener poder.  Queremos tener poder para cambiar la vida de la gente, que eso es lo que marcan la razón de ser, la riquísima trayectoria y el programa del Frente Amplio.
Tendremos que poner un gran acento en la tarea programática, que es el ejemplo más notorio de debate, negociación y acuerdo en materia política. Porque es en el ámbito de la programación política donde tenemos una de las mejores oportunidades para discutir, buscar encuentros y terminar definiendo una posición común con nuestros compañeros. En estas circunstancias, el Frente Líber Seregni se está ocupando de fortalecer su equipo de participación en las tareas programáticas, que siguen conducidas por nuestro compañero Héctor Lescano.
Muchas veces hemos dicho, y quiero reiterarlo hoy,  que no podemos caer en la temprana ansiedad electoral típica del Uruguay. La derecha está en eso. Incluso parecería haber verdaderos  torneos internos en los cuales se califica mejor si las críticas al Frente Amplio son más fuertes.  Nosotros no podemos caer en esta distracción. Lo nuestro es gobernar y, al mismo tiempo, contribuir a la renovación del Frente Amplio. No tenemos tiempo para dedicarnos a hacer campaña  electoral. Es más, ello puede ser absolutamente contradictorio con lo que debemos hacer en el gobierno y en el Frente Amplio. Entonces convoco, compañeros y compañeras, a seguir muy concentrados en estas tareas fundamentales, pero esto no quiere decir que no vayamos a sumar firmemente nuestros esfuerzos al servicio de la creación de las mejores condiciones para que el Frente Amplio gane las próximas elecciones.
Compañeros y compañeras, hemos cumplido tres años,  transitando por complejidades y situaciones que han sido muy buenas y otras que nos han costado trabajo y preocupaciones a todos, pero creo que hemos avanzado. Tengamos en cuenta que no se progresa sólo en base a facilidades. Muchas veces, la trayectoria es más sólida cuando también hay que enfrentar dificultades. Las fuerzas que integran este proyecto político no han perdido identidad. El Frente Líber Seregni no se ha creado para que ello ocurra. Creo que está ocurriendo exactamente lo contario. Al tiempo de constituir verdaderos pilares de sustentación del proyecto, las identidades de las fuerzas integrantes se afirman aún más. Son dichas identidades y nuestras historias personales y políticas  las que hacen posible este proyecto de acumulación que ha convocado al Nuevo Espacio, la Alianza Progresista, Banderas de Líber, Asamblea Uruguay y compañeros independientes. Es una suerte de potenciación recíproca. Los integrantes sostienen al colectivo, y este último fortalece a todos aquellos.
 

Para continuar recorriendo este camino es que pretendemos iniciar con este activo la puesta en práctica de un plan de actividades que, para ser consecuentes con nosotros mismos, debe comenzar con un debate ideológico entre nosotros. Como ya vimos, aspiramos a que el presente informe constituya un punto de partida para ese debate. Luego, el plan mencionado supone recorrer todo el país, llegando a  los diferentes departamentos, muchas de sus ciudades importantes, y  tomar contacto con la población y sus organizaciones sociales. No queremos salir a dar línea sino a recoger aspiraciones. Queremos sí llevar un informe como éste, entre otras cosas para que lo critiquen, pero deseamos, sobre todo, escuchar. Salimos a eso. El objetivo a alcanzar es el de organizar a fines del año que viene, un gran encuentro político con énfasis ideológico y  programático.
Estas tareas requieren una mejora de nuestra organización. Entre otras cosas, ello significa ajustar nuestra coordinación  a diferentes niveles – que incluyen desde la conducción de nuestra acción política hasta las tareas operativas cotidianas – y continuar creando agrupaciones de gobierno como las que ya tenemos trabajando en las áreas de salud y educación con equipos de especialistas muy capacitados en sus especialidades. En este sentido, tenemos que seguir incorporando a compañeros y compañeras que están acumulando experiencia de gobierno en diferentes ámbitos y, por esta razón, están en condiciones de realizar aportes muy útiles para enriquecer el diseño y la puesta en práctica de nuestra acción política.
Debemos formar cuadros políticos, porque el hecho de ocupar un cargo, para cualquiera de nosotros, no significa conocer  la materia a la que se refiere el cargo. Nadie nació sabiendo. Por lo tanto, entre todos tenemos que encarar tareas de formación. Todos necesitamos aprender. Todos sin ninguna excepción y sabiendo que se aprende toda la vida. Por otra parte, también tenemos que mejorar la comunicación. Hoy señalaba que la comunicación es parte fundamental de la gestión. Y ello es válido para cualquier organización, especialmente aquellas que – como la nuestra – se dedican a hacer política. Es que tan cierto como que la comunicación es parte importante de la gestión, lo es que no hay actividad política sin comunicación.
Finalmente, quiero convocarlos a hacer política con mucha alma, con mucha pasión. Porque la política sin alma y sin pasión, además de injusta, conduce directamente al fracaso. Convicción y entusiasmo es lo que tendremos que trasmitir a todas nuestras compañeras y nuestros compañeros, y junto a todos ellos desarrollar lo mejor de nuestras contribuciones a esas dos grandes tareas en las que se ha embarcado la izquierda: gobernar de la mejor manera  y renovar profundamente al Frente Amplio.

Gracias compañeras, gracias compañeros