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¿Cómo responden los uruguayos?

La remoción del Presidente Lugo en nuestra hermana República de Paraguay, el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, la liquidación de PLUNA S.A., el conflicto municipal con su impacto en la recolección de residuos, el debate sobre el proyecto de legalización del comercio de la marihuana, se precipitaron todos de una sola vez. En mi caso el efecto fue más rotundo aún, pues me encontraba en el exterior y a mi regreso -a pesar de la tecnología, seguir desde lejos no es lo mismo que vivirlo- me enfrenté al impacto de los hechos reales y pude percibir con claridad la intensidad de la desorientación e inquietud que por un tema u otro, vive la ciudadanía.

Estos hechos ya de por sí mismos desplazan a otros positivos y gratificantes, que se constata a diario en nuestro país desde el descenso del desempleo, pasando por la disminución de la pobreza y la mejora en la distribución del ingreso o terminando en la equidad en el acceso digital a través del plan Ceibal. Todos cambios en relación a anteriores gobiernos, que producto de las políticas progresistas, han venido para quedarse.

Permítanme los lectores un paréntesis personal. Viajé para participar en una conferencia de expertos, en la Facultad de Derecho de la New York University. El tema de la misma era el crimen de agresión, más conocida como la enmienda Kampala, que tipifica ese delito internacional dentro del Estatuto de Roma que ya contempla los crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad.

Asimismo, en ocasión del inicio de las deliberaciones de la conferencia internacional sobre el Comercio de Armas, el Consejo Directivo de la Acción Mundial de Parlamentarios (PGA por su sigla en inglés) que integro, hizo entrega en forma personal en sencilla ceremonia, al Sr. Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki - moon, de una declaración con más de dos mil firmas de parlamentarios de todo el mundo, incluidos varios colegas uruguayos de todos los partidos, apoyando la sanción de un tratado sobre el tema. PGA colabora con decenas de organizaciones para concretar una convención que regule la transferencia y el traslado de armas de fuego, incluyendo las ligeras y livianas. La falta de normas de esta naturaleza tiene graves consecuencias para la vida de millones de personas que ven amenazados o vulnerados sus derechos a la vida, a la libertad y a la integridad personal.

Pero volviendo al tema a que me refería, es decir el hecho de recibir ese impacto de noticias y novedades políticas de un solo golpe, ese cúmulo de hechos que conmovieron a la opinión pública en tan breves días, me ha hecho reflexionar sobre cuál es su común denominador, si existe, o si hechos tan diversos tienen un mismo hilo conductor. Me excuso en esta oportunidad de analizar todos o alguno de los temas en cuestión, pues lo que me interesa hoy es intentar una reflexión sobre cómo los uruguayos en general y en particular los ciudadanos de izquierda abordan estas situaciones.

Todos los problemas mencionados se caracterizan por su enorme complejidad, por su permanencia en el tiempo, la diversidad de factores y componentes técnicos y políticos que inciden sobre ellos. Obviamente todos son trascendentes, en una u otra medida, por las importantes consecuencias que tienen en la vida de las personas, ya sea por su proyección regional, nacional o montevideana.

¿Cómo responden los uruguayos a estos problemas? Muchos se preocupan, se informan y tratan de generar su opinión. En cambio, en algunos casos y es los que me quiero referir pues me parece que son un número importante, muestran una sensación de apatía que los lleva a desinteresarse de estos problemas, o de cualquier otro, refugiándose en "a mí no me compete ni me interesa". A lo más emitirán un comentario superficial, del tipo de de que siempre fue así o que alguien (no se sabe si por arte de magia), en algún momento lo arreglará.

En otros casos se constata la crítica radical a las autoridades que supuestamente deben ocuparse del tema, sin reparar la complejidad de las situaciones o sumando a un problema la existencia de otros aunque no tengan vinculación entre ellos.

Por último, hay también un acostumbramiento y al mismo tiempo descreimiento de que se pueda mejorar algo en algún momento, porque la vida transcurre sin que se pueda influir sobre los hechos que ocurren.

Estas actitudes reflejan a mi entender el divorcio existente entre la idea de que los habitantes de este país integramos una comunidad, expresión de la fractura social que en algún momento se ha producido en la sociedad uruguaya. A mi entender como una directa consecuencia de las políticas neoliberales de la década de los años noventa, profundizada por la mayor crisis económica y social vivida en el país en el año 2002. Esa idea consiste en el desinterés por la sociedad, en que lo colectivo no importa, en que lo único que interesa es el individuo en si mismo, aislado, viviendo según una lógica de autosatisfacción derivada de un consumo exponencial, según las reglas de una sociedad de mercado en que el único valor es el del dinero.

Muchos de los fenómenos de violencia y de la intolerancia en la convivencia social se explican por esta ruptura de la idea de una vida en comunidad y la falta de empatía por el otro. Para revertirlos se necesitan instituciones robustas y de calidad que permitan encauzar la acción del Estado en el marco de las normas. Todo lo que se diga y haga debilitando las instituciones, en definitiva erosiona la posibilidad de concretar los cambios que el Frente Amplio lleva adelante para alcanzar una sociedad sin privilegios ni impunidades. Es con dolor que constatamos que la erosión institucional surge, muchas más veces de las que quisiéramos, de compañeros con altas responsabilidades de gobierno, al confundir un día y otro también a una ciudadanía ávida de entender el rumbo de la acción gubernamental.

Constatado este hecho, se convierte en un primer paso ineludible para reflexionar sobre los discursos y las prácticas de la política en general y de la izquierda en particular en el país de hoy. Hay que asumir que el desinterés, la crítica irreflexiva, el escepticismo, la indiferencia, son todos factores que llevan a la apatía, la desesperanza, la desmovilización. No es posible un país que promueva la justicia social con una visión superadora del status quo si una ciudadanía anestesiada se aísla de la acción y la movilización política asumiendo una actitud puramente individualista. Es necesario tener claro que esos fenómenos sociales, si se consolidan, son factores que conspiran contra el proyecto de país que los progresistas impulsamos, de justicia social, libertades, trabajo y producción, en el marco de la Constitución y la ley.

Por ello creemos que las primeras acciones que la Compañera Mónica Xavier, como Presidenta del Frente Amplio, ha realizado constituyen un acierto cualitativamente importante. Reflejan la elección del 27 de mayo pasado, un nuevo punto de partida en la acción de la izquierda. Esas acciones, como las de revitalizar la Mesa Política, afirmar las Comisiones del Plenario Nacional, la construcción del diálogo con todos, apuntan a motivar y movilizar a los miles de ciudadanos que sienten, aspiran y desean ver al Frente Amplio como la izquierda histórica uruguaya, conduciendo los cambios. Y al mismo tiempo, desean y necesitan que comience a brindar claridad y seguridad en el camino a seguir en estos próximos años. Seriedad, responsabilidad y consistencia son factores básicos para avanzar en el camino de las transformaciones.

 

Fuente: Uy Press