COMISIÓN BALANCE Y PERSPECTIVA DE LA FUERZA POLÍTICA APORTES PUNTUALES A LA ELABORACIÓN DEL DOCUMENTO.
LA FUERZA POLÍTICA Y UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA.
Cualquier observador político podría convenir que atravesamos un período histórico, con un entorno político y social, sumamente favorable para el crecimiento de nuestra fuerza, para la expansión de nuestros valores y de nuestro punto de vista, la elevación del liderazgo político del Frente Amplio, el desarrollo de nuestro perfil público de acumulación y de nuestra implantación en el escenario de la sociedad uruguaya.
Un período histórico, que encuentra a nuestra fuerza política ocupando la responsabilidad del gobierno nacional, con mayorías propias a nivel parlamentario, fruto de una acumulación política sin precedentes en el conjunto de la ciudadanía, que mantiene niveles de aprobación muy importantes en la opinión pública y que ha sido capaz de generar el momento de mayor reconocimiento de la izquierda como expresión de la idea de cambio y de construcción de futuro en nuestra sociedad.
Ese escenario favorable, supone una oportunidad histórica para el Frente Amplio. Representa la gran oportunidad de desarrollar la acción transformadora de nuestro gobierno, pero también y fundamentalmente de consolidar y desarrollar aún más la implantación y el liderazgo político e ideológico del Frente Amplio en la sociedad uruguaya. Construir el consenso ciudadano y la plataforma social que soporte un proyecto de cambio sostenido, acumulativo, que marque una etapa de inflexión en la historia política uruguaya: un ciclo de sucesivos gobiernos del Frente Amplio, para profundizar las trasformaciones sociales, la construcción de un Uruguay desarrollado económica y socialmente.
Sin embargo, frente a esta gran oportunidad, nuestro presente nos reporta una singular paradoja. El accionar de nuestra fuerza política, no cuenta con la vitalidad y la dinámica necesarias. Lejos de ello, el trabajo organizado de los frenteamplistas denota cierto decaimiento, nuestra capacidad de movilización y articulación con la sociedad aparece deprimida, el mensaje político se dispersa en énfasis sectoriales, la fuerza política pierde protagonismo.
Caemos además, en la trampa que mil veces anunciamos que no incurriríamos, esa de la que sobran ejemplos, donde la agenda, la lógica y los contenidos de la acción del gobierno, relegan o directamente sustituyen, la agenda, la lógica y los contenidos de la acción de la fuerza política, desnaturalizando su accionar prioritario.
Nuestras confusiones y carencias determinan la dimensión de esta paradoja, pero se trata de un proceso para nada inexorable, que es pasible de comenzar a revertir si existe voluntad y acuerdos políticos, si se operan decisiones con contenidos de corrección superando el atajo fútil de la componenda.
Sacudirnos, reaccionar cuanto antes y hacer los ajustes de enfoque y funcionamiento político, depende de nuestras propias decisiones y resulta un imperativo para aprovechar correctamente nuestra gran oportunidad.
TRES ÁMBITOS DISTINTOS, TRES PODERES, UN SOLO FRENTE AMPLIO
Actualmente y para nuestro privilegio, el Frente Amplio despliega su accionar en tres distintos ámbitos de trabajo político, que a pesar de se perfectamente discernibles, la propia dinámica de nuestras tareas y discusiones, hace que sus fronteras sean delgadas.
Esos tres ámbitos de desempeño, tienen naturalezas distintas, lógicas y ritmos diferentes, pero particularmente, los compañeros allí dispuestos y sus rutinas de discusión y ejecución, conforman tres poderes frenteamplistas, cuya complementación, alineación y equilibrio, en el marco de sus autonomías relativas y de sus naturales tensiones, determinan el grado del éxito de nuestro trabajo compartido.
Pero sobre todo, el máximo desarrollo de la finalidad y acción operativa, en el ámbito específico y natural, de cada uno de estos tres poderes, debe ser el desafío y la búsqueda constante, comprendiendo que la contradicción, superposición, penetración excesiva o duplicación entre los mismos, más allá de las mejores intenciones, supone un perjuicio colectivo, pérdida de eficacia y energías en el propio desempeño de cada uno.
La acción del ejecutivo y su agenda marcan el ritmo, es rápido, cambiante, confronta, negocia, decide, anuncia, ejecuta, genera opinión, continuos hechos y nuevos escenarios, sus discusiones internas, preocupan, inquietan, afectan definiciones que no eran ni tan profundas ni tan permanentes, reflexiona, decide, coordina en un gabinete ministerial que se reúne en un Consejo de Ministros.
Nuestra acción legislativa le sigue el pulso, muchos parlamentarios, a tiempo completo, se distribuyen las tareas en múltiples comisiones en simetría con las carteras del ejecutivo y también imponen sus tiempos, su control y sus contenidos, sus propias y muy numerosas iniciativas, su agenda, sus discusiones, generan opinión, reflexiona, decide y coordina en su bancada y en sus sectores parlamentarios, sus matices y diferencias internas preocupan, afectan, crean distintos escenarios de discusión.
La fuerza política, cuyo escenario natural no es ejecutivo ni parlamentario, no es especialista, no está a tiempo completo, no trabaja por carteras ejecutando decisiones específicas, no está en el lugar ni cuenta con toda la información cotidianamente, tiene ritmos y tiempos distintos, su escenario natural es la sociedad civil, su cometido principal: comunicar y articular con ella, promover, sostener nuestro proyecto político, incrementar la base de apoyo, la opinión favorable a nuestra tarea de gobierno, a nuestro papel transformador.
No puede asumir como tarea principal, el contralor, la corrección o el seguimiento permanente de la acción de gobierno, pues la misma en exhaustividad le es inabordable, pues su especialidad y disposición orgánica obedecen a otro campo de acción. Si en eso incurre, la dinámica y la especificidad de la tarea de gobierno, la atrapará, absorberá sus tiempos, le implicará desgastes, confusión y la distanciará de su campo de acción natural, de su prioridad como fuerza política, deprimirá sus mejores energías.
La fuerza política debe supervisar el cumplimiento de los grandes lineamientos, evaluar los resultados, generar objetivos y propuestas hacia el futuro, y además, debe profundizar su rol social de promoción de los principales logros del gobierno, sensibilizar y allanar el camino en la sociedad para el despliegue de nuestra acción transformadora, debe hacer la propaganda continua de nuestras propuestas y conquistas, debe crecer continuamente como organización aglutinante. No debe aceptar de ninguna manera un rol pasivo, subordinado, estéril, a la sombra de un gobierno que ocupa el centro del escenario nacional.
Debe crear y recrear continuamente su propio escenario, su vida propia, que surge de su propio plan político, de su propia agenda de actividades, de su programación de reuniones, de una profusa actividad de discusión y comunicación con la sociedad civil, de su elaboración, de sus encuentros, sus campañas de promoción temáticas, de su constante iniciativa política y de sus actividades de encuentro ciudadano.
Hay un gobierno, ejecutivo y legislativo, que debe desarrollar su acción y definir sus asuntos, en sus ámbitos, con flexibilidad y pragmatismo, sin derramar sus diferencias o sus continuas necesidades de perfil sectorial sobre la mesa de la fuerza política, debe mejorar sus tiempos en la toma de decisiones, debería evitar los continuos y gastados desmarques para la tribuna, sus integrantes deberían acompañar mejor el esfuerzo de la fuerza política en su llegada a la base de la sociedad, ponerse al servicio para comunicar y apoyar en el trabajo de base.
Hay un solo Frente Amplio, que debe resolver el mejor desarrollo de su accionar en los tres ámbitos, la complementación y el equilibrio de sus poderes, el mejor aprovechamiento de sus capacidades que están determinadas por la naturaleza y características de su campo natural de expresión.
Ya pasaron 30 meses, tenemos un camino recorrido y un aprendizaje realizado, hemos ido ajustando nuestro funcionamiento, pero falta mucho más, hay que ir a más, actuar con inteligencia y redoblar la acción más profundamente unitaria a nivel de los tres ámbitos descritos.
4 ÁREAS PROBLEMA - 4 CAPÍTULOS A RESOLVER.
1) LA CONDUCCIÓN POLÍTICA.
La actualidad del funcionamiento orgánico de la fuerza política y del desarrollo del conjunto de sus actividades, evidencia, a nuestro juicio, claras insuficiencias en materia de conducción política.
Las mismas se manifiestan en distintos niveles de carencias, que afectan y debilitan el desarrollo y la solidez del trabajo político de nuestra fuerza. Entre ellas podríamos determinar: la falta de objetivos precisos para la etapa, la falta de un plan político de referencia, carencias en materia de iniciativa política, falta de activismo.
El desafío de superar estas marcadas carencias supone abordar con decisión, cambios en el funcionamiento y gestión a nivel de nuestros organismos de conducción, en el armado de sus agendas de discusión, en sus frecuencias de reunión. Plantea la necesidad de renovar y fortalecer el funcionamiento, ajustando las prioridades en materia de conducción en estricta coherencia con las necesidades de la fuerza política y sus objetivos.
La Presidencia
Es necesario fortalecer la presidencia de la fuerza política de manera de garantizar la dinámica, la gestión política, el estímulo y la iniciativa, que su principal papel en la tarea de conducción debe desarrollar.
La presidencia debe tener un papel central en la elaboración y propuesta de un plan político para la fuerza y luego de su aprobación, en su gestión y seguimiento. Debe constituir un continuo promotor de la iniciativa política y de las actividades públicas que le brinden su mayor repercusión social, en el marco del estímulo y el seguimiento de una agenda con una programación definida de las mismas.
Debemos apuntar a consolidar un rol de la presidencia como actor cotidiano del proceso de coordinación y relacionamiento político con los sectores y con los representantes de la bases, que permita mejorar la calidad y la prioridad de nuestra agenda de discusiones, así como la fluidez de los acuerdos políticos que deben gestarse con frecuencia para la mejor adopción de las decisiones de dirección.
Es necesario también resolver la situación planteada en cuanto a la vicepresidencia, para aportar más colaboración y esfuerzo, en la gestión y la dinamización del proceso de conducción, en el marco de un trabajo de equipo, que demanda cambios en sus rutinas y, en ambos casos, una dedicación de tiempo completo, acorde a la jerarquía y complejidad de la tarea.
Pero más allá, de quien ocupe en el futuro la presidencia del FA y la modalidad que la misma adopte, resulta claro que el desarrollo de una gestión exitosa también depende fuertemente del grado de consenso in terno que generemos acerca del rol de la misma en la conducción de la fuerza política.
La Mesa Política y el Plenario Nacional
Es necesario dotar a la Mesa Política de un funcionamiento más ágil, que permita abordar con mayor eficacia la discusión de los temas más importantes de la agenda, evitando la dispersión en temas de rango menor. No es posible mantener un régimen de sesiones de apenas 3 horas por semana, para poder abordar la discusión de los temas, el seguimiento de la coyuntura y proyectar nuestras iniciativas, en tiempos adecuados.
Debemos avanzar hacia un régimen de sesiones distinto, más extenso, con más preparación, que permita una mayor producción en cuanto a reflexión y decisión. Por otra parte, es necesario adoptar, cuanto antes, definiciones en cuanto a la creación del Secretariado y su integración, para contar con un organismo que apoye el trabajo de conducción, resolviendo temas puntuales, operativos y administrativos, muy importantes para el funcionamiento cotidiano y que a su vez, permitiría descongestionar la agenda de la Mesa Política, para el abordaje de los temas que requieren más tiempo y mayor discusión política.
Asimismo, creemos es necesario garantizar otro funcionamiento para nuestro Plenario Nacional, acorde a su importancia en lo que refiere a la conducción de la fuerza política. Debemos cumplir con un calendario de reuniones que respete una frecuencia establecida y que permita avanzar en la discusión y definición de los temas, marcando también etapas de trabajo unificado en materia de iniciativas y actividades de movilización a realizar.
2) LA COALICIÓN – LOS SECTORES POLÍTICOS
Los sectores políticos deben realizar un aporte mucho más significativo al trabajo de conducción, decisión y fortalecimiento de nuestra iniciativa política. Resulta necesario impulsar un proceso de renovación del acuerdo y la relación política entre los sectores, que permita afirmar criterios comunes de trabajo, tanto en las instancias de dirección como en la propia base frenteamplista, para facilitar la renovación de nuestras modalidades de articulación con la sociedad.
Se deben impulsar instancias periódicas de encuentro y discusión de los sectores políticos, para mejorar la coordinación, delimitar correctamente las diferencias y los niveles de acuerdos, que brinde mejores condiciones de debate, un establecimiento de prioridades compartidas y sobre todo, como ya ha sido probado, una mejor fluidez para el abordaje de los temas y la toma de decisiones.
Es imprescindible encarar, en esta nueva etapa, con mucha voluntad, este proceso de fortalecimiento de la relación y el acuerdo entre los sectores políticos. El mismo será de importancia fundamental no solo para vigorizar y agilitar el funcionamiento, sino también para afianzar nuestra unidad en un escenario político que será cada vez más áspero para el trabajo de nuestro gobierno, donde la capacidad de iniciativa y de respuesta de la fuerza política será fundamental en el apoyo de nuestra gestión de gobierno.
3) NUESTRO MOVIMIENTO, LA PARTICIPACIÓN Y EL TRABAJO DE BASE.
Todos conocemos la importancia fundamental que tiene, para nuestra fuerza política, la participación de los frenteamplistas en la base de nuestra organización. Allí donde es imprescindible, en el barrio, en el contacto franco y directo con los vecinos, en el diálogo cotidiano, en las reuniones de cada comité, en las reuniones de la cooperativa, en los grupos de jóvenes, en la murga o en el club, allí hay frenteamplistas, allí hay compañeros, compartiendo e incidiendo, aportando iniciativas, generando ideas, sosteniendo diariamente nuestros ideales, irradiando nuestros valores, construyendo más Frente Amplio.
Es el movimiento ciudadano que expresa la energía y la participación del pueblo frentista, que distingue en nuestro país, a la única fuerza política capaz de generarlo. Los comités de base son una columna central de ese movimiento, centros de reunión, discusión y actividad, base de la presencia organizada del Frente Amplio. Han atravesado diferentes etapas desde la fundación hasta el presente, de resistencia, reconstrucción, oposición y un presente, del FA con la responsabilidad de gobierno nacional. Han sido siempre un punto de referencia central en al vida del FA, que debemos valorar y relanzar hacia el futuro.
La militancia en los Comité de Base ha decaído fuertemente, acompañando el proceso de disminución de la participación, que registran todas las organizaciones tradicionales del movimiento popular. Este fenómeno social nos invita a renovar contenidos, a buscar otras formas de convocatoria y de comunicación con los frenteamplistas y con los ciudadanos en general, a examinar y adecuar nuestras rutinas de trabajo político.
A nuestro juicio debemos discutir cómo dirigir las principales energías de nuestro trabajo militante hacia la comunicación con nuestro entorno social, cómo generar actividades que extremen nuestro contacto y nuestra llegada con el ciudadano común en sus distintos espacios.
Debemos ser concientes de la necesidad de revisar nuestro funcionamiento, para mejorar nuestra convocatoria. Debemos tener en cuenta que la rutina de reunión y discusión semanal de nuestros informes internos, representa una zona de interés muy limitada, que reúne a una pequeña porción de nuestros afiliados.
Se trata del núcleo de compañeros fundamental para el funcionamiento de la fuerza política, pero debemos plantearnos como esenciales las actividades con contenidos mucho más abiertos y atractivos que puedan acercar la máxima cantidad de compañeros. Esto implica pensar fundamentalmente en actividades a desarrollarse fuera del local, rescatando el valor de la organización de jornadas de encuentro, donde se fortalezcan también los contenidos sociales, la expresión cultural, los lazos fraternales entre los frenteamplistas.
A su vez, resulta restrictivo limitar las posibilidades de contacto orgánico con la fuerza política a la participación a través de los Comité de Base. Hay muchos frenteamplistas que no concurren a los comités pero que podrían estar dispuestos a participar y mantener un vínculo mediante otro tipo de instancias y convocatorias basadas en otras afinidades o espacios de identificación. Esto debería tenerse en cuenta en la reflexión de la conducción de la fuerza, con la finalidad de promover otros escenarios de participación frenteamplista. Por ejemplo, se podrían impulsar con mayor asiduidad encuentros de frenteamplistas profesionales, universitarios, trabajadores, pequeños y medianos empresarios, productores agropecuarios, etc. Así como foros de discusión temáticos a través de internet. Esta práctica permitiría acercar las opiniones de todos los frenteamplistas más allá del lugar en el que se encuentren.
En este sentido, la fuerza política debería darse los espacios de discusión a efectos de adecuar sus estatutos a la nueva realidad, legitimando a nivel orgánico nuevas formas de participación inclusivas de la mayor cantidad posible de frenteamplistas.
Los jóvenes y su participación en el Frente Amplio
Este es un gran tema que merece ser discutido y analizado en profundidad, sin simplismos y asumiendo de lleno que, actualmente, tenemos graves problemas en cuanto a la integración y participación de los jóvenes en el Frente Amplio y que los mismos no se pueden resolver con un par de acciones, sino con una política institucional decidida y sostenida en el tiempo.
Tenemos una fuerza política cuyos participantes cotidianos tienen un promedio de edad elevado. Hemos sufrido, en la última década un proceso acelerado de retirada de los jóvenes de la militancia activa tanto en la estructura del Frente Amplio como en los sectores políticos que lo integran. Este fenómeno, no abarca sólo el segmento de los más jóvenes, sino que hay un serio déficit de integración a la participación del colectivo que cuenta con menos de 40 años.
El Frente Amplio debe repensar su política y su actitud, en el acercamiento y comunicación con los jóvenes, que paradójicamente, en su enorme mayoría, se reconocen como frenteamplistas y así lo demostraron no sólo con su comportamiento electoral, sino acompañando, en forma multitudinaria, las principales movilizaciones de la pasada campaña electoral.
Lamentablemente, más allá de la preocupación, no se ha observado ningún esfuerzo consistente en materia de iniciativas dirigidas a atacar este grave problema de nuestra fuerza política. El Frente Amplio como tal ha no posee un mensaje y una propuesta dirigida a los jóvenes, no ha incorporado su problemática a la discusión de su conducción, no ha impulsado ninguna agenda de actividades para la promoción de su propuesta hacia los jóvenes.
No alcanza con abrir espacios y realizar llamados genéricos. El Frente Amplio debe integrar y reivindicar como propias la problemática y las propuestas de los jóvenes, emitir señales e iniciativas consistentes y continuas en ese sentido. Debe, además, estar atento las distintas formas de participación de los jóvenes, y proponer espacios acordes con las mismas, generando espacios atractivos, de formación, discusión y recreación que acerquen al joven a la fuerza política, que lo motiven a integrarse, posicionarse, y aportar su visión. De esta manera podremos reconstruir un vínculo y un escenario de participación política juvenil hoy bastante deteriorado y que representa un fuerte cuestionamiento al presente y al futuro de nuestra fuerza política.
La mujer y su participación en la fuerza política
Históricamente la participación de las mujeres en los ámbitos públicos de nuestra sociedad ha sido desigual en relación a la de los hombres.
En el ámbito del mercado de trabajo han enfrentado la desigualdad salarial ante las mismas tareas, así como la barrera invisible o “techo de cristal”, que les obstaculiza o impide el acceso a cargos directivos tanto públicos como privados, situándolas en minoría en este tipo de cargos. Si bien en los últimos tiempos ha habido una mejora en estos aspectos, aún la situación es de desventaja en relación a la de los varones.
La participación política de las mujeres no es una excepción. Si consideramos la participación en cargos de decisión política, nuestro país enfrenta un retraso muy importante en relación al mundo y la región. Desde la restauración democrática hasta el 2005 solo 2 mujeres ocuparon un lugar en el Ejecutivo. Nuestro gobierno ha avanzado en este sentido, y nuestro Ejecutivo incluye a 4 ministras y 2 subsecretarias. Sin embargo, solamente un 11% de la Cámara de Representantes y un 12 % de la Cámara de Senadores, son mujeres.
Esto podría hablar de la baja participación femenina en la fuerza política, sin embargo, como ocurre en el mercado de trabajo con el “techo de cristal”, las mujeres participan activa y valiosamente desde la militancia de base, a la interna de los sectores políticos, en distintos espacios de la sociedad civil, en tareas, muchas veces invisibles, pero que aportan día a día al crecimiento de nuestra fuerza.
Podríamos pensar que la igualdad de género, se logrará gradualmente. Sin embargo, no ha habido gran avance en 216 años que han transcurrido desde que Olympe de Gouges, mujer política, escritora y revolucionaria que defendiera, entre otras reinvindicaciones, los derechos de las mujeres en tiempos de la Revolución Francesa, publicara la “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, reivindicando la igualdad aún para ejercer cargos públicos. Queda claro entonces que en el camino hacia la equidad de género no es suficiente la evolución natural de los hechos, sino que implica acciones específicas.
En este sentido, el Frente Amplio, como la fuerza que representa los valores de izquierda, ha de tomar la equidad de género como una de sus banderas, comprometiéndose en todos los ámbitos y desde todas las acciones, con la construcción de la misma.
Un gran avance sería que nuestra fuerza garantizara determinado porcentaje de participación de mujeres en cargos electivos y de gobierno, así como en la dirigencia del propio Frente Amplio. Debe ser nuestro compromiso, además, generar mecanismos que faciliten y promuevan la militancia femenina. Para que la única diferencia entre los militantes de nuestra fuerza sea la de sus talentos y sus virtudes.
4) MODERNIZAR NUESTRAS HERRAMIENTAS.
Mejorar el funcionamiento y el accionar de nuestra fuerza política hoy, requiere también plantearse la necesidad de modernizar el tipo de herramientas que los frenteamplistas nos damos.
El FA debería darse como herramienta clave una planificación con objetivos claros, cuantificables y medibles. La misma posibilitará la mejora de la gestión así como facilitará el seguimiento y supervisión por parte de los distintos implicados en la fuerza política.
Hemos discutido por mucho tiempo nuestros problemas de comunicación con la ciudadanía, nuestra necesidad de mejorar la llegada de nuestro mensaje y los contenidos de nuestras propuestas al conjunto e los uruguayos. Comos una fuerza que obtuvo más de un millón de votos y realizó una elección interna con cerca de 220.000 participantes. Sin embargo, no contamos con ningún medio de comunicación propio y sabemos que no es por limitaciones financieras.
El FA debe asumir la necesidad de estudiar seriamente la posibilidad de contar con una emisora de radio de alcance nacional que permita ampliar y mejorar su comunicación, establecer un punto de vista y un canal de expresión nítido, plural y accesible para todos los uruguayos.
El FA debe organizar e instrumentar campañas centrales temáticas, de respaldo a la acción de gobierno, pero con una planificación, una inversión y un despliegue de envergadura. Nos referimos a campañas de difusión y propaganda a nivel nacional, planificadas, que incluyan un calendario de actividades sostenido durante 4 o 5 meses, con materiales de apoyo, con actividades de lanzamiento y cierre, con un adecuado respaldo publicitario callejero y de medios. Ir a más plantea ante determinados temas estratégicos, la necesidad de superar lo artesanal y disperso, centralizando con medios apropiados para lograr los mejore impactos.
El FA debe definir con una periodicidad establecida jornadas del Frente Cumple, donde se celebren, por ejemplo, cada 3 meses, reuniones abiertas organizadas por todas las coordinadoras y en las ciudades del interior que se pueda, donde los representantes frenteamplistas en el gobierno realicen un informe político y dialoguen con la ciudadanía.
El FA debe discutir su política de funcionarios políticos rentados, en coherencia con sus necesidades de mayor profesionalización y eficacia en la gestión del funcionamiento de nuestra fuerza política.
El FA debe extremar el desarrollo de sus medios y servicios electrónicos, organizando y gestionando nuestras bases de datos de correo electrónico. Saludamos en esta materia el trabajo que se viene desarrollando para renovar nuestra página Web, brindando un desarrollo de calidad de nuestra herramienta en internet, que representa el sentido de la modernización que queremos impulsar.
Montevideo, 9 de diciembre de 2007.
Documento base elaborado por Javier Chá.
Modificaciones introducidas en Comisión y aprobadas en el Plenario Nacional del 9 de diciembre de 2007.
NUEVO ESPACIO