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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

"Elecciones V"- Artículo de Felipe Michelini

El viernes pasado a las 24 horas finalizó el plazo para la presentación de las listas en todas las juntas electorales del país. Todo el conjunto de tareas para la confección y el registro de las mismas para la elección interna, imponen una especial atención.

Figurar en un partido en estas elecciones tiene consecuencias políticas y jurídicas para quienes integran las nóminas. El proceso es una situación de estrés para todos los partidos y sus sectores, aumentado porque la semana de turismo estaba cerca de la finalización del plazo y el 1º de Mayo como día inmediato anterior.

Sin embargo, todo el movimiento en esta etapa genera una situación en todos los partidos de llenar las sedes partidarias, de reencuentro con compañeros, de ratificación de las lealtades  y los  compromisos asumidos. En estas jornadas, a pesar del nerviosismo de poder cumplir con los plazos, se genera el ambiente para hablar, dialogar y reencontrarse  entre los militantes.

Los temas son variados. Se recuerdan anécdotas, historias y personajes. Análisis de coyuntura, pronósticos de más largo plazo, juicios categóricos de cómo serán los resultados de estas elecciones, las de octubre y las departamentales.  No faltan obviamente las referencias a los recientes resultados deportivos y las especulaciones del próximo mundial.

Diálogos sin apuro. Recrea una saludable costumbre que los uruguayos teníamos. Justo es reconocerlo que aún se mantiene en muchos pueblos del interior. La vida moderna con la saturación de información instantánea y global, la múltiple oferta de espectáculos a través de los medios de comunicación, más un creciente individualismo y profundización de la estratificación social, han sido todos factores que han desplazado definitivamente, a esa especial forma de intercambio característica de la sociedad uruguaya.

La "tertulia del Soracabana" es necesario explicarla a las nuevas generaciones. La política tal como se practicaba también, pues presenta características similares y responden a otra época. Siento que hay un divorcio entre las generaciones que ejercen las responsabilidades a todo nivel y las que están asumiendo mayoría de edad para ejercerlas.

Sería un error identificarlo como un problema de los jóvenes. Estos no son insensibles a las realidades de su entorno ni a la suerte del destino colectivo. El movimiento sindical, las organizaciones de la sociedad civil en múltiples facetas muestran que los jóvenes uruguayos sienten, se conmueven y se movilizan.

Lo que ocurre, desde mi punto de vista, es la dificultad de los que hoy tenemos responsabilidades políticas de trasmitir que ciertos abordajes a la construcción colectiva de los asuntos que nos conciernen a todos, son necesarios e insustituibles.

Formo parte de una generación, a la que algunos denominan la del 83, que se integró activamente a la vida cívica en la lucha por las libertades conculcadas, la reivindicación  de la democracia como sistema de convivencia y exigir límites al poder del Estado. La marca de la dictadura y del terrorismo de estado, es clave para entender a esta generación. Ésta se vincula en primera instancia con la del 68, de rebeldía juvenil y exigencia de justicia social, la de exigir lo imposible, que tiene como antecedentes, la lucha del movimiento estudiantil y obrero del año 1958, en una sociedad estancada y en crisis, en una lucha frontal por la distribución del ingreso bastante decaído por cierto.

Generaciones muy diferentes.  Más allá de generalizaciones, las tres tenían en común que eran parte del mundo bipolar que surgió luego de la segunda guerra mundial. La división en dos bloques, luego de la derrota del nazi fascismo, que pugnaban por la hegemonía y detentaban la capacidad del armamento nuclear, lo que llevó en el marco de la descolonización a conflictos de baja intensidad en África, Asia y América Latina.

En este continente, el proceso de la revolución cubana fue la máxima expresión de ese conflicto, que entre otras cosas significó el apoyo de los Estados Unidos a todas las dictaduras que tuvieran el signo contrario, en especial la instaurada contra el gobierno legítimo de Allende en Chile, liderada por el funesto personaje criminal de Pinochet. La realidad internacional nos imponía debates, aún en plena dictadura, sobre el mundo dominado por la guerra fría en el que vivíamos. La invasión de Afganistán, la revolución nicaragüense y el conflicto centroamericano, la deuda externa, el plan de desmilitarización de Gorbachov, eran algunas de las polémicas con las que convivimos. A las generaciones que estaban naciendo a fines del los ochenta, que hoy son veinteañeros, les es muy difícil imaginarse ese mundo, que al final, en el marco del colapso del socialismo real, proclamaba la supuesta victoria del capitalismo.

Hoy la realidad es muy diferente.  Pero no quiere decir que se haya acabado la confrontación ideológica, sino que se expresa en cada lugar de forma distinta. Se acepta el status quo del mundo en que prima el capital como un hecho de la naturaleza o se le cuestiona y se le buscan alternativas. Me encuentro obviamente entre los segundos sin renegar de las banderas históricas de la izquierda nacional y de sus tradiciones gloriosas. Años de luchas con inmensos sacrificios, de enormes aciertos, como también desde la actual perspectiva con errores. De todas formas, ¿qué quiere decir ser de izquierda hoy?  ¿Cómo es posible ubicarse en esta coyuntura, dejando de lado los aspectos emotivos y no racionales de una definición  política?

En Uruguay son muy claras las opciones: se apoya el proceso iniciado por el Frente Amplio en el 2005 en el primer gobierno progresista de Tabaré Vázquez o se prefieren las políticas conservadoras de los partidos de derecha implementadas entre los años 1985 y el 2005, que llevaron adelante Sanguinetti, Lacalle y Batlle.

Por lo pronto un primer abordaje es reconocer que existen razonamientos que se ubican de un lado del espectro político que se contraponen. Esta línea de pensamiento no significa sostener que el primero de marzo del 2005 hubo un proceso fundacional que vino a sustituir todo lo hecho anteriormente. Nada de eso. Los gobiernos del Frente Amplio han establecido prioridades diferentes a los anteriores gobiernos, identificó formas de hacer superadoras de lo que se hacía, se impulsaron una serie de cambios que ponen un fuerte énfasis en el desarrollo de nuestra sociedad con equidad en el marco del respeto de los derechos y libertades de todos, que permite generar oportunidades para la gran mayoría de los uruguayos.

Una de esas diferencias es el programa común explicitado en el 2004, el 2009 y ahora en el 2014. Esta es una diferencia fundamental por su método pues se realizó a través de una masiva discusión y participación de bases y sectores. El Frente Amplio ha resuelto en su Congreso, que es su máximo órgano, su programa. La elección interna resolverá, tan sólo, quien será su candidato a la Presidencia de la República, si el Cro. Tabaré Vázquez o la Cra. Constanza Moreira.

Los partidos de derecha aún no tienen un programa común pues lo están decidiendo a través de la elección interna por la puja de poder de sus principales candidatos. La dirimen ahora y la ajustarán en el improbable caso que logren triunfar en octubre.

En clave de elecciones, el sistema actual es mejor que el que regía anteriormente a 1999. En el  anterior existía la posibilidad y vaya si era aprovechada, para los llamados "lemas permanentes", históricamente los blancos y colorados, de presentar directamente sin instancia previa un número ilimitado de candidatos a Presidente de la República. Esta práctica habilitaba a sumar votos entre opciones no ya distintas, sino diametralmente opuestas y confrontadas, sin la existencia de un programa común.

La diferencia lo es también por su contenido. Pues algo es seguro: las propuestas de Bordaberry, Lacalle y Larrañaga no tienen ni los énfasis ni las prioridades que hacemos los progresistas. Al contrario, más allá de lo que sus más connotados intelectuales escriban, con buena o mala pluma, las diferencias están en cuánto y en qué más se oponen y en que tanto restaurarán las medidas implementadas por el Frente Amplio. No hay lugar a la confusión: si la ciudadanía prefiere a los partidos de derecha, ¡tendrá iniciativas y acciones de derecha!

La coyuntura que se ha ido instalando desde ya por lo menos seis años, es que la macro economía funciona, a pesar del constante llamado a la crisis desde la derecha.  Los principales índices que la miden son auspiciosos. La mayor y más profunda crisis económica y social que se profundizó con la implementación de las políticas neoliberales del lacallismo de los noventa y se agravó con la radicalidad del equipo de la coalición blanca y colorada liderada por Jorge Batlle al inicio del siglo XXI, es en el mejor de los casos una pesadilla ya pasada. La campaña electoral presenta entonces, una particularidad: el empleo y la situación económica no es parte de la preocupación principal e inmediata de los uruguayos.

Entre otras cosas, porque el líder de la izquierda uruguaya, Dr. Tabaré Vázquez ha ratificado la conducción económica y al equipo de Astori, Lorenzo y Bergara que desde hace una década, tienen la responsabilidad de conducir nuestros destinos en tan delicada materia.

A quienes no tenemos una formación en economía, la sobriedad del razonamiento económico siempre provoca un cierto escozor, porque estamos convencidos que no todo se reduce a lo económico. Pero la solvencia de quienes han tenido la responsabilidad de la conducción, han mostrado que es perfectamente posible poner "el pensamiento económico" a trabajar por los objetivos sociales y no al revés, como lo expresa la derecha política. La premisa era crecer y desarrollarse para luego eventualmente repartir, es decir que la torta creciera pues allí habría posibilidad de distribución. ¿Si no crecía? Que siguiera todo igual.

La propuesta del Frente Amplio tiene el propósito del desarrollo productivo, sustentable e innovador. Crecer y distribuir; distribuir y crecer. Esa diferencia es la que explica que la mayoría de las medidas de los dos gobiernos del Frente hayan sido combatidas militantemente por los partidos tradicionales, en todas sus instancias ya sean parlamentarias, a través de los medios de comunicación, de las corporaciones, del empresariado. Siempre pregonando que nos encontramos en la mayor de las catástrofes o lisa y llanamente en el apocalipsis.

En materia económica los partidos de derecha no pueden decir nada distinto de lo que la izquierda dice y hace. Nuestro gobierno demuestra con todos los índices reconocidos nacional e internacionalmente sus éxitos. La oposición habla de la seguridad y de la educación apelando a las preocupaciones de los uruguayos y uruguayas. Éstas, por cierto, son legítimas, válidas y oportunas.

Es bueno compararse con uno mismo cuanto se trata de estándares de bienestar. Vivimos en una sociedad más compleja que la de hace unas décadas. Tampoco hemos asimilado la profundidad de los daños causados por la dictadura militar como por las políticas  neoliberales implementadas por dos décadas, que erosionaron nuestro sector productivo y pauperización fuertemente los sectores más vulnerables de nuestra población. Ese deterioro y tal estancamiento han impactado en materia de educación y seguridad.

Hoy se habla de educación cómo un factor esencial. Vaya que celebramos que así se acepte. La educación es antes que nada formación en valores para vivir en una sociedad democrática en la que construimos ciudadanía. Ello pasa por centrar los procesos educativos en los estudiantes, fortaleciendo el papel de los docentes. Este proceso se va desarrollando en el tiempo, sus resultados no se obtienen de un día para otro. No se forma un docente fácilmente, más teniendo en cuenta que la educación hoy está llamada a desempeñar roles sociales mucho más complejos que los que tenía que atender hace cincuenta años. No hay recetas mágicas por cierto, como lo dice y pretende la oposición. Propuestas que dicen tener, pero no  las pusieron en práctica durante los veinte años que ejercieron las responsabilidades del gobierno.

Sí me consta lo que se ha hecho y lo que seguiremos haciendo. Mayor presupuesto, más participación de todos los involucrados en la educación pública, mejores docentes, planes más adecuados a las necesidades de los uruguayos, más descentralización, mejor infraestructura. Todo ello, teniendo presente que el gran desafío es el ciclo secundario que presenta el mayor déficit endémico en la materia que tiene el Uruguay. Un sistema educativo que ubique al Ministerio de Educación y Cultura en su papel coordinador y articulador, respetando las autonomías constitucionales que históricamente nuestro país ha desarrollado como factores virtuosos para la articulación de la educación pública con las familias de nuestro país.

El disfrute de la seguridad a la integridad física y moral de la persona y su familia, a la libertad y al goce de la propiedad, son derechos que el Estado debe proteger y garantizar. Hay un reclamo permanente en que se tomen las medidas que prevengan y atenúen los diversos factores que los vulneran. Por cierto que el Estado debe hacerlo en el marco de una sociedad democrática y al mismo tiempo respetuosa de los derechos de todos. Asimismo, en ese marco se debe exigir el cumplimiento de deberes y obligaciones que se tienen para la comunidad.

Por ello el Frente ha planteado la idea del plan de defensa de la vida y de la convivencia,  en una visión más amplia de la exigencia de la seguridad, como un bien absoluto y al mismo tiempo ratificando la autoridad del Estado. La derecha ha abogado de forma constante y permanente en el aumento y agravamiento de penas, de creación de nuevos delitos, de acudir a la respuesta penal como mecanismo excluyente en la consideración de los problemas sociales. El Frente sin renunciar al ejercicio del poder punitivo del estado, que estaba ausente en relación a los terroristas y torturadores, o de los grandes capos del crimen organizado, ha asumido una mirada más abarcativa. Asimismo, ha tenido que hacerse cargo de las consecuencias de que al mismo tiempo que se endurecía la respuesta penal punitiva se dejó todo el sistema carcelario en condiciones de pauperización, de emergencia edilicia, de falta de planes de rehabilitación, de fragilidad del sistema en el cumplimiento de su cometido esencial.

Por ello es que vemos en este contexto como altamente regresivo y retardataria, la iniciativa de reforma constitucional, que pretende ubicar como norma constitucional la regla de juzgar a los jóvenes en conflicto con la ley penal, en idéntica forma que a los adultos según el Código Penal del año 1934. Las declaraciones de las principales autoridades de la Iglesia Católica, como de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay, insospechables de promover el caos, son auspiciosas para hacer naufragar esta iniciativa de reforma constitucional aberrante.

La existencia de una derecha política, que pretende rehuir de las etiquetas, pero se reconoce en sus contenidos, se ve reflejada en la construcción del miedo como factor preponderante en la organización social; en la negación de todo otro factor de distorsión por los cuales un joven asume delinquir; en el olvido de los compromisos internacionales asumidos por el país. Lo anteriormente mencionado constituye una propuesta contraria a toda construcción de ampliación de derechos.

El mensaje a los jóvenes no es solo sobre estos temas, sino sobre todos los que de alguna manera nos interpelan en el sentido de si consolidamos las relaciones de poder solo justificadas por la tradición o si por el contrario trabajamos para la generación de políticas inclusivas y generen otras alternativas.

Pero para ello es necesario participar, debatir, organizarse, juntarse con los que piensan igual para poder enfrentar en el debate democrático, a las propuestas que pregonan la lógica rutinaria de los que detentan el poder del status quo.

El escepticismo, el individualismo a ultranza, el consumismo estéril, son los primeros peligros a sortear para un abordaje de la izquierda. Por cierto, que hay otros que se insertan en las propias filas de la izquierda, como el oportunismo que finge y que se arropa con oropeles de luchas de las que nunca participaron, o del cortoplacismo del exitismo de las luces de los flashes de los medios de comunicación.  Todo lo que sería tema para otra nota. Nadie está a salvo de ello, pero sabemos que la primera tarea es confrontar nuestras ideas y propuestas, nuestros sueños y esperanzas con las de la derecha. Sabemos de nuestras fuerzas y de nuestras energías, para que en  junio votando a Tabaré podamos construir la plataforma de un gran y arrollador triunfo en primera vuelta en octubre próximo.