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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

Homenaje en Cámara al Sr. Enrique Rodríguez Fabregat. Exposición a cargo del Dip. Felipe Michelini

 
SEÑOR MICHELINI.- Señor Presidente: permítaseme agradecer a la bancada del Frente Amplio por haber habilitado ante este Cuerpo el homenaje a Enrique Rodríguez Fabregat y, naturalmente, también al conjunto de los colegas.
Este homenaje se hace a 118 años del nacimiento de Enrique Rodríguez Fabregat y a 37 años de su fallecimiento, cuando tenía 81 años; a 80 años de lo que fue un hecho clave en la historia y en las peripecias de la persona que estamos homenajeando: la dictadura de Terra, con el asesinato de Julio César Grauert y la entrega de Baltasar Brum; a 40 años de la dictadura militar, devenida en terrorismo de Estado, del año 1973.
Es en ese contexto que quiero mencionar lo multifacético del profesor Enrique Rodríguez Fabregat, la riqueza de la trayectoria de su vida. Si cualquiera de nosotros hubiese logrado en un porcentaje mínimo alguna de las responsabilidades, de los honores, de las tareas asignadas a él por la República, se sentiría honrado y satisfecho.
Enrique Rodríguez Fabregat fue maestro y profesor en nuestro país, tanto de Secundaria como de la Escuela Industrial y de la Universidad de la República, pero también con una proyección internacional, en Brasil, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos de América, especialmente, en la Universidad de Columbia. Además, fue periodista de prensa radial y televisiva, y en sus últimos años, en su exilio en Buenos Aires, fue corresponsal de "Prensa Latina".
Fue investigador, escritor y ensayista. Su obra, "El hombre que no quiso ser rey", fue premiada en nuestro país. Escribió "Pasión y Crónica del Amazonas", "Abraham Lincoln, el Emancipador", "El Cantar del Mio Cid", y una obra de cabecera que marca de alguna manera su vivencia fundamental: "Batlle y Ordóñez, El Reformador".
Fue político; Diputado Departamental o, como se lo denomina ahora, Edil; fue Representante nacional por cuatro Períodos; fue Senador, Ministro, miembro del Consejo Nacional de Gobierno y Embajador de la República Oriental del Uruguay durante prácticamente catorce años ante la Organización de Naciones Unidas, y también ante Austria y México.
Como Embajador, tuvo un papel relevante en la creación del Estado de Israel. Tejió, como buen político, como un actor clave en la acción política, lo que fue después la Resolución Nº 181, de Naciones Unidas, del 29 de noviembre de 1947, que permitió la creación del Estado de Israel.
Advierta, señor Presidente, que nuestro actual Embajador, el doctor José Luis Cancela, al fundamentar la posición uruguaya sobre el tema Palestina, lo citó textualmente, y sus palabras tienen tanto valor hoy como hace décadas. Decía Rodríguez Fabregat en ese discurso memorable ante la Organización de Naciones Unidas: "Ambos pueblos están maduros para la independencia. No estamos aquí para dar lecciones de organización a dos pueblos en su infancia, dos pueblos cuyos destinos están comenzando. El esfuerzo judío en Palestina es, en muchos aspectos, ejemplar. Y la habilidad de los árabes de forjar su propio destino a través de su trabajo, su iniciativa y su coraje es demostrado no solo por sus logros personales, sino también por su pasado glorioso. Aquellos de nosotros que estamos votando esta Resolución no estamos votando en contra de ninguno de estos dos pueblos, de ninguno de estos dos sectores de la realidad social en Palestina. Estamos votando a favor de ambos, de su progreso, de su desarrollo cívico, del avance dentro de la comunidad de naciones".
Además, Rodríguez Fabregat fue un impulsor de la justicia social. Hay que releer sus palabras, ya como Diputado, en los momentos previos al golpe de Estado, con relación al trabajo de los migrantes, a dar derechos a estas personas que venían de una situación de tragedia en el continente europeo e intentaban encontrar un espacio en estas tierras para forjar un futuro de paz y prosperidad.
Fue un avanzado en la idea de los derechos del niño. En  1927, señor Presidente  escribió la "Tabla de los Derechos del Niño". Sólo leeré los últimos dos párrafos, que van en la lógica de la protección de la infancia. ¡Qué importante, en estos tiempos en que muchas veces se intenta criminalizar y denostar a la infancia y a la juventud!
Esta Tabla fue presentada en junio de 1927, en ocasión de la inauguración del Instituto Interamericano del Niño, una iniciativa continental que auguraba lo que después sería la iniciativa universal del Fondo de Naciones Unidas para los Derechos de la Infancia. Decía Rodríguez Fabregat en el punto 9: "Derecho a la alegría. Reconocimiento sin retaceos de este derecho, en la vida familiar sin angustia económica, en la escuela activa en el seno de la naturaleza, en la educación sin artificios, en la mesa con pan, en el hogar con lumbre. Derecho al aire y la luz, a la tierra en que se siembra, al fuego que calienta y al agua que purifica. Derecho a ser niño para ser hombre, a formar con cuerpo sano y alma limpia los obreros de la libertad, los arquitectos de la conciencia del mundo".
En el punto 10 finalizaba diciendo: "La suma de estos derechos del niño forma el derecho integral: derecho a la vida. De su reconocimiento y su observancia depende la grandeza de los pueblos. En la salud, la alegría, la formación sin trabas de los niños para la cultura, para el trabajo, para la libertad y la cooperación reposan los valores del destino del hombre en una etapa nueva de la historia".
Esta trayectoria polifacética de docente, periodista, investigador, escritor, político, diplomático y emprendedor sería suficiente para rendir homenaje a este hombre que falleció en noviembre de 1976, sin honores de ningún tipo, porque la dictadura y el régimen de la época se los negaron. Era un hombre que se merecía los honores, pero los liberticidas no reparaban en

absoluto en las contribuciones a la patria. Increíblemente, hasta bien avanzado el período democrático, los servicios de inteligencia seguían reportando y mantenían la carpeta abierta de don Enrique Rodríguez Fabregat.
Me permitirá la Cámara dar a esto un toque un poco más amplio y no simplemente hacer un inventario escritural de los aportes de este ciudadano con mayúscula, de este maragato, de este montevideano, de este oriental por definición pero ciudadano del mundo, que fue producto del Batllismo y, paradójicamente, también protagonista de sus lides. Nació en 1895, se educó y creció en ese Uruguay que debatía profundamente las innovaciones de un país que cambiaba, que se enfrentaba a una transformación muy profunda en sus aspectos institucionales, laborales, sociales y del papel del Estado.
En esa acción, desempeñó un activismo radical en defensa de sus ideas, junto con el liderazgo de Batlle y Ordoñez y en su especial y particular interpretación junto con Julio César Grauert y el grupo que lideró  tómese nota de su nombre, señor Presidente : Acción Revolucionaria Batllista de Izquierda. En esa acción de protagonismo lo sorprendió el golpe de Estado de Terra, que instaló la dictadura en el país y que, como bien él expresaba, no era simplemente un problema de libertades y de constituciones, sino que era una acción reaccionaria de intentar retrasar el reloj de la historia en los avances sociales.
Ese personaje, con esa brillantez intelectual y esas capacidades, también fue testigo y protagonista de lo que en Uruguay se esbozaba y se miraba, el avance del fascismo en la República española y en Italia, y del nazismo en Europa. Claramente, Rodríguez Fabregat no dudó y supo de qué lado estaban sus solidaridades y qué papel debía cumplir el país en la materia.
Asimismo, desde esa perspectiva de batllismo radical y de hombre de Estado, colaboró, primero, con Tomás Berreta, y después, con Luis Batlle, en la inserción internacional del país, del Uruguay de puertas abiertas, promoviendo la paz, la resolución pacífica de los conflictos, la plena vigencia de los derechos humanos, con un Estado uruguayo que impulsara la paz como forma de conducción de las grandes y pequeñas potencias.
También fue testigo y protagonista de la decadencia política en el país, del conflicto social y de la lucha distributiva. En ese sentido, no dudó dónde estaban sus lealtades y fue fundador del Frente Amplio, en la tradición de Grauert y de Zavala Muñiz, representada en su momento por la doctora Alba Roballo. Allí lo sorprendió la dictadura del año 1973, y otra vez al exilio. Era un hombre mayor, de más de setenta años y ¡vaya si en la década del setenta podía ser considerado un adulto mayor, como se dice ahora!
Esta intervención no trata de atribuir responsabilidades ni de identificar a quién le correspondía estar en dónde, pero sí quiero señalar que este hombre, con todos los oropeles, méritos, distinciones y prestigios, podría haber hecho una sola guiñada al régimen militar para tener un lugar confortable donde vivir con su familia y sus nietos. Sin embargo, prefirió el camino de la dignidad y de la dificultad.
Permítaseme invocar un breve párrafo del pensamiento de Enrique Rodríguez Fabregat en el libro "Batlle y Ordóñez, El Reformador", una obra monumental. Finalizando el libro, expone su pensamiento y dice: "El que cree que domina porque tiene todas las fuerzas del Poder en las manos solo para mandar, no tiene desde que lo piensa ni una sombra de dominación sobre un centímetro de nada. Esto no lo comprendió el gobernante de 1933". Y yo agrego que no lo comprendieron los dictadores del setenta y tres en adelante.
Continúa diciendo: "Se gobierna, no para que los pueblos retrocedan, sino para que los pueblos avancen. No para que las repúblicas declinen, sino para que prosperen. No para defraudar su anhelo de justicia, sino para consagrarle valores. No para mandar oprimiendo, sino para libertar trabajando. No para acallar la angustia multitudinaria, sino para ofrecerle los anchos cauces del derecho social por tantos siglos maltratado". En definitiva, ese era el pensamiento de Rodríguez Fabregat.
En estos momentos de aguas apacibles en la vida política, de aguas calmas, de cierta tranquilidad en que el debate de la acción política se da en la palabra y en la acción cívica, en el marco de una sociedad democrática que exige y vela por el cumplimiento de los derechos y de las institucionalidades, creo que este mensaje de Rodríguez Fabregat, respaldado por su conducta inquebrantable, es para quienes se incorporan a la lucha política en el sentido de que no vale todo, que no alcanza con buscar los mejores fines, sino que también importan los medios, que la acción política no es una suma de carguitos o cargazos para autorreferenciarse en el logro personal, sino que la acción política tiene sentido si en definitiva sirve para ese republicanismo radical que practicaba Rodríguez Fabregat, de servir a la gente y a su pueblo.
Además, la creencia de que el statu quo beneficia a los más débiles es profundamente equivocada; el statu quo siempre beneficia a los más poderosos.
Para finalizar, quiero decir que este hombre fue distinguido por la Junta Departamental y el Gobierno Departamental, que designaron con su nombre la plazoleta en la avenida Francisco Navarro, cerca del Estadio Centenario, en la que hay una piedra que resume una frase oportuna y pertinente del pensamiento de este intelectual de nuestra política, de nuestra sociedad, de nuestra República.
Además  ahora mirando al señor Diputado Orrico, me hizo recordar , la iniciativa emprendedora de Rodríguez Fabregat logró la Casa de las Artes, el antecedente inmediato de la Comedia Nacional. Era un hombre que encontraba un elemento liberador no solamente en la acción política y en el pensamiento sino también en la acción de la cultura. En esa plazoleta, en ese monolito, está la frase de Enrique Rodríguez Fabregat que dice: "Somos nuestra memoria".
Por lo tanto, creo que esta Cámara ha hecho muy bien en darse un espacio  naturalmente, con la humildad de las palabras que he trasmitido  ante esta inmensidad de obra política e intelectual, de que somos nuestra memoria y tenemos que recordar.
Hace pocos días, en el Museo de la Memoria, organizado por este, la Asociación amigas y amigos del Museo de la Memoria y la Fundación Zelmar Michelini, se le tributaba homenaje a Julio César Grauert con integrantes de todos los partidos del espectro político nacional.
En ese sentido, nos parece clave, si el país tiene que honrar de alguna forma a aquellos que dieron todo por la democracia y la libertad, encontrar los caminos a fin de lograr los grandes consensos nacionales para que no nos vuelva a pasar nunca más lo que nos sucedió en los años 1933 y 1973.
Voy a contar una anécdota del tiempo en que yo era un chiquilín y fui a un acto de un comité barrial del Frente Amplio, en el Buceo, en el año 1971. Había muy pocas personas. Y allí con entusiasmo, devoción y el espíritu alto, estaba Rodríguez Fabregat haciendo uso de la palabra. Aquel que había sido actor y protagonista de la creación del Estado de Israel, que había desempeñado los cargos más importantes, no renunciaba a tener una audiencia de un país que ya había cambiado, que naturalmente no era el de las luchas políticas de Batlle y Ordóñez; ya la mujer votaba, ya había derechos y había una escuela pública que se había afianzado; ya había sindicatos y, más allá de la crisis política que vivía el país, había cosas perdurables en la República que, en definitiva, este hombre de setenta años estaba reflejando en un pasado del que era más testigo que protagonista. Pero estaba en el diálogo. Entonces, yo creo que esto también honra a todos los políticos del país que no renuncian a ese diálogo directo con la ciudadanía y están en contacto permanente, a los efectos de expresar cada uno su verdad y su palabra para hacer de esto una democracia viva y no simplemente una democracia de ritual.
Termino, señor Presidente, lo que ha sido un homenaje sincero, con palabras del propio Rodríguez Fabregat, a quien honramos su memoria. En las últimas páginas de esa obra maravillosa denominada "Batlle y Ordónez, el reformador", que dedicaba a los que luchan y mueren en el frente universal de la democracia, homenajeaba a quien había sido su inspirador, a quien había sido su mentor, a quien le había dado el espíritu de la lucha hasta último momento: a don José Batlle y Ordóñez. En su discurso póstumo  porque él lo hizo en su calidad de Ministro de Instrucción Pública , terminaba Rodríguez Fabregat, honrando la memoria de quien se fue, diciéndole: "Hombre de América fue. Y obrero y mensajero del pensamiento nuevo. Y su esencia y su pasión integran la ronda universal del progreso humano".
Enrique Rodríguez Fabregat: estás como hombre de América, como obrero y mensajero del pensamiento nuevo y tu esencia y pasión integran la ronda universal del progreso humano, en la memoria de nuestro pueblo.
Muchas gracias.