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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

Entrevista a Fernando Lorenzo. “Tiene mucha vigencia la diferencia entre izquierda y derecha”

Fernando Lorenzo es ministro de Economía y Finanzas “hasta el último día del mandato del presidente Mujica” si este así lo dispone. Con 53 años, casado desde 1986 con la psicóloga Magdalena Nantes, con quien tiene dos hijos (Facundo, de 14 años y Graciana, de 11), filatelista, con diez años de estudios en el exterior (en Francia y España), desgranó conceptos sobre economía, el consumo, la situación del país y las perspectivas

 

El país ¿está bien? ¿Estamos mejor que nunca?

El país ha estado atravesando en los últimos años por una fase inédita en lo que refiere a una expansión económica muy alta y además, agregado a ese fuerte proceso de crecimiento económico, se han producido mejoras generalizadas en muchos indicadores sociales. Se trata de una etapa jalonada por la compatibilidad entre el crecimiento económico y avances en la justicia distributiva, en la que se registran las tasas de crecimiento más altas desde que se llevan estadísticas sistemáticas de las cuentas nacionales.

¿Desde cuándo es eso?

Desde 1955. Estos últimos ocho o nueve años conforman el período más prolongado de crecimiento de la economía. Es un crecimiento superior al registrado históricamente en el país, pero además, muy superior al de nuestros principales socios comerciales, al de las economías avanzadas y en general, superior al conjunto de Latinoamérica. Estamos en una fase donde se dice que se termina con lo que se llamó, durante muchos años, la fase del declive comparativo respecto a otros países. Se produce además, por primera vez, un proceso de acortamiento de distancias en el ingreso per cápita respecto a los países avanzados.

Desde la oposición se sostiene que venimos con viento de cola y por ello se han registrado esos desempeños. Desde tu punto de vista, ¿qué hay de cierto en ello y qué de mérito de la gestión del gobierno?

Desde que el Frente Amplio llegó al gobierno, hemos atravesado fases de la economía internacional y regional muy diferentes. Tuvimos una primera etapa en que la economía internacional creció a buen ritmo, entre los años 2005 y mediados de 2008; a partir de finales de 2008 y con los acontecimientos de Lehman Brothers y la crisis financiera iniciada en Estados Unidos con su propagación a nivel internacional, vivimos un año y medio de una situación económica internacional muy negativa. En esa situación negativa, Uruguay continuó creciendo. A partir de 2010 asistimos a una recuperación del crecimiento a nivel internacional, que nuestro país no solo acompañó sino que tuvo un mejor desempeño que el promedio de los países. Por tanto, podemos decir que hubo, en estos años, fases en las que Uruguay tuvo un comportamiento claramente diferente a la economía internacional, particularmente durante la crisis. Lo que sí hay es un aprovechamiento formidable por parte de la economía uruguaya de unas circunstancias internacionales que ofrecían oportunidades. Más allá de calificar al contexto internacional y la situación que vivimos como un escenario de viento de cola, podemos decir que es una etapa en la que, en un contexto en que en determinado momento se ofrecieron oportunidades, Uruguay las pudo aprovechar. Cuando se logra aprovechar estas circunstancias es porque hay un alineamiento en clave positiva de la orientación de las políticas públicas y una actitud de los actores económicos que propician el aprovechamiento efectivo.¿Se creció con bases sólidas?

Uruguay creció muy fuertemente, pero lo hizo con buenos fundamentos. Lo hizo en una situación equilibrada desde el punto de vista macroeconómico; en una situación de previsibilidad, credibilidad y consistencia de sus políticas. Pero simultáneamente, estamos en una fase inéditamente importante en materia de inversión productiva. Estos últimos, han sido años en los que Uruguay, por primera vez, empieza a tener condiciones de acumulación del capital y de expansión de la inversión productiva compatibles con sostener niveles de crecimiento como los que hemos tenido y estamos teniendo en estos momentos.

Días atrás se produjo un enfrentamiento bastante fuerte con las cámaras empresariales, a raíz de un documento que presentaron, muy crítico respecto a la gestión económica del gobierno. El presidente de la Cámara de Industrias pide un dólar a 24 pesos para poder ser competitivos; se pinta un panorama bastante negro por parte de ciertos sectores. ¿Hacia dónde vamos?

Esto merece dos órdenes de comentarios. Uno, tiene que ver con el contenido y la oportunidad en que se da a conocer el documento de las gremiales empresariales. El contenido del documento dista bastante de ser técnico o un trabajo de aporte; es un trabajo de posicionamiento político. En el mismo, las gremiales empresariales fijan posición sobre un conjunto de aspectos de las políticas públicas. Creo que es una toma de posición injustamente crítica con lo que ha ocurrido y está ocurriendo en la economía del país. El documento, que tiene algo más de 40 páginas, como el video que se divulgó en conjunto, tratan de apoyarse en dos conceptos que están muy alejados de la realidad: en primer lugar, trata de trabajar la idea de que la situación económica y sus fundamentos son de fragilidad; y ese calificativo de "fragilidad" no representa en absoluto ni la situación actual ni las perspectivas. Intenta  poner en tela de juicio algo que está en la base misma de lo que está ocurriendo en la economía, que es una fase de la misma y de la sociedad uruguaya, cargada de confianza. Esa confianza se retroalimenta para reducir vulnerabilidades, y viceversa. El documento decide identificar la fragilidad en varios aspectos, pero centra la crítica en vulnerabilidades que provendrían del campo fiscal y básicamente trata de cuestionar lo que yo creo ha sido el proceso de reducción de vulnerabilidades más importante en la historia de nuestro país. Si uno repasa todas las fuentes de vulnerabilidad y fragilidad que tenía la economía uruguaya ocho años atrás y las compara con cualquier indicador que se decida, respecto a esa situación de partida, podrá apreciar que estamos en un proceso continuo, sistemático y generalizado de reducción de las mismas.

Te habías referido a dos órdenes de comentarios respecto a la posición de las gremiales empresariales.

Sí; el segundo concepto que las gremiales trataron de subrayar es que estamos en una etapa de retroceso.

¿No es así?

No, para nada. Ahí hay una gran distancia entre lo que es afirmar que estamos en una etapa de retroceso y lo que son las percepciones desde el propio mundo empresarial y desde la sociedad en su conjunto. Nadie califica a esta etapa, encabezada por los gobiernos del Frente Amplio, como de retroceso.

¿En ningún aspecto?

Ni en lo económico, ni en lo social, ni en lo que se refiere al ejercicio de derechos y a la reducción de vulnerabilidades y el aprovechamiento de oportunidades. Estamos en etapas de avances.

Pero ¿no ves peligro de ingresar en una etapa de retroceso?

Los peligros estarían vinculados a que, efectivamente, los factores que han estado explicando el comportamiento reciente de nuestro país se revirtieran. Podría suceder si se debilitara el proceso de inversión productiva, si se cuestionara la capacidad de continuar expandiéndose en sectores clave; si los factores que han estado verdaderamente en el fundamento de estas mejoras recientes cambiaran, obviamente podríamos entrar en una etapa de pérdida de dinamismo.

¿No de retroceso?

Entrar en una etapa de retroceso es otra cosa. La pérdida de dinamismo, su reducción, no es lo mismo que el retroceso. Que Uruguay haya crecido a tasas muy elevadas, cercanas al 6% anual, durante un largo período, y que hoy esté en condiciones de crecer a tasas cercanas al 4% anual, como está ocurriendo, difícilmente pueda caracterizarse como retroceso. Es una etapa en la cual se consolida una capacidad de expansión, más moderada que la reciente, sí, pero para entrar en una etapa de retroceso, tenemos que remitirnos a momentos en los cuales realmente ocurrieron esos fenómenos en nuestra historia económica y social.

¿Cuáles serían?

Lo previo al año 2002, y lo que ocurrió posteriormente a la crisis de 2002, eso es una etapa de gran retroceso económico, demostrable a través del análisis de cualquier conjunto de variables o indicadores. Lo que ocurrió en lo anterior y posterior a la ruptura de la "tablita" en 1982 y el quiebre del esquema de política macroeconómica que desplegó la dictadura, eso sí, también fue un momento de enormes retrocesos económicos y sociales. Los precedentes son dos episodios en los cuales, a mi entender, el concepto de retroceso se encuentra en el epicentro del diagnóstico. Estamos muy lejos de situaciones de ese tipo. Pero especialmente, para que ocurrieran retrocesos de esa magnitud, tendrían que suceder acontecimientos bien distintos a los que están ocurriendo. En la economía y en la sociedad. Los fundamentos propios de las políticas que se aplican y de las decisiones que están tomando los distintos actores relevantes de la economía, hacen pensar que ese tipo de fenómenos son de baja probabilidad.

Desde la propia izquierda también hay sectores con visiones críticas hacia la política económica. Incluso dentro del propio Frente Amplio, con planteos de hacer énfasis en otras cosas que en las que se hace. Se habla de que hay dos equipos económicos, uno en el Ministerio y otro en la Torre Ejecutiva. ¿Hay dos equipos económicos; existen dos visiones dentro del gobierno respecto a cómo debe orientarse la política económica?

La orientación general de la política económica, desde la llegada del Frente Amplio al gobierno, ha sido compartida por la integralidad de la fuerza política y por la totalidad del gobierno. La izquierda practica -afortunadamente, a mi entender- una actitud crítica, de aspirar a ir a más, que lógicamente impregna todos los debates sobre la orientación de las políticas. En particular, con aspectos que tienen que ver con la política económica. El hecho de que existan matices o aproximaciones diferentes, no quiere decir que haya dos enfoques distintos. La izquierda ha restaurado el vínculo virtuoso entre crecimiento y justicia distributiva, ha generado y recobrado la confianza en el trabajo de los uruguayos, ha establecido un marco de políticas serias y sustentables. Todos en el Frente Amplio aspiramos a que las mejoras que están ocurriendo se prolonguen y sean cada vez más importantes. El espíritu crítico en la izquierda hace que propiciemos el debate, discutamos profundamente y mostremos ese justo equilibrio entre el orgullo de lo que estamos realizando y esa imprescindible visión de que queda mucho por recorrer. Seguimos siendo un país y una sociedad que tienen mucho para mejorar. 

¿Ves como cierto que Uruguay tenga chances de acercarse a ser un país desarrollado?

Lo que es cierto es que, en nuestra historia contemporánea, estamos por primera vez transitando una etapa en la que se acortan las distancias entre las sociedades que han alcanzado mayor nivel de desarrollo económico y social con nuestro país. Después de un largo proceso de deterioro de nuestra posición relativa en el contexto internacional ahora asistimos a una etapa de acortamiento de distancias. Si Uruguay y otros países de la región logran sostener procesos de crecimiento similares a los que hemos tenido estos últimos años, es probable que acortemos aún más las distancias respecto a sociedades que hoy son más desarrolladas. El concepto de desarrollo es relativo. Lo que está ocurriendo es que Uruguay está avanzando en materia de desarrollo.

¿En qué basás eso?

Los distintos aspectos que se tienen en cuenta para medir si uno se mueve en dirección hacia mayores niveles de desarrollo, se están moviendo todos en esa dirección.

¿Cuáles?

En lo social,  en lo institucional, en el funcionamiento de la economía, en lo que se refiere a la reducción de vulnerabilidades y el ejercicio de derechos, la satisfacción de necesidades. Es un conjunto muy amplio de cosas lo que engloba el concepto de desarrollo; no se trata meramente de que el ingreso per cápita del país se parezca cada vez más al de los países denominados desarrollados. El tema es más amplio, más conceptual, y tiene muchas más facetas que las que tienen que ver estrictamente con una visión economicista y reduccionista de que el único problema es la distancia entre el ingreso per cápita de Uruguay respecto a los principales países avanzados. El concepto de desarrollo engloba más ámbitos de la vida en sociedad que los que se registran a través de las mediciones del PBI.

Sin embargo, se sostiene que seguimos siendo un país bastante desigual.

Entre los países de Latinoamérica, somos el menos desigual. Si nos comparamos con los países que han avanzado más en materia de desarrollo, nos encontramos entre países que todavía tienen niveles de desigualdad muy superiores a los que debe aspirar un país que avanza en sus niveles de desarrollo. Por eso es tan importante que el proceso de expansión económica y mejoras en lo que se refiere a niveles de desigualdad, vayan juntos.

¿Y se avanza en esa dirección?

Sí. Eso es lo que ha ocurrido en estos últimos años. Estamos asistiendo, por primera vez en muchísimos años, a una fase de expansión económica sustantiva y de mejoras distributivas de una consistencia y de una permanencia muy importante. Somos el país de la región, que siendo ya un país más igual que el resto, es el que más ha avanzado en la reducción de la desigualdad. Ha ocurrido un caso bien importante de reducción de la desigualdad en Brasil, pero ella es inferior a la reducción que se produjo en Uruguay. Siendo un país mucho menos desigual que Brasil, hemos avanzado más que ningún otro país en este proceso. Podemos decir que somos uno de los ejemplos de compatibilidad entre expansión económica, aprovechamiento de oportunidades y que estas se distribuyan más equitativamente que en otros ámbitos de la región.

Sin embargo, da la sensación de que no estamos avanzando mucho en ese concepto amplio del desarrollo al que hacías referencia, que trasciende a las meras cifras del crecimiento del PBI y la renta per cápita. Me refiero, por ejemplo, a la educación, donde además se está poniendo mucho dinero.

Difícilmente, el proceso de avance en términos de desarrollo sea posible sin que, desde los ámbitos de la educación y la formación de los recursos humanos, ocurran aportes muy importantes.

Parecería que el proceso productivo avanza mucho más rápido que la capacidad del país de alimentarlo.

No es posible imaginar un proceso de crecimiento económico sistemático, de mejoras en la productividad y de avances distributivos que no esté necesariamente apoyado sobre un sistema de educación, formación y calificación de los recursos humanos muy eficaz, o mucho más eficaz que el que tenemos en estos momentos. No es un problema exclusivamente de dotación de recursos y de priorización en materia de recursos públicos. Es un asunto de corrección entre ese esfuerzo, que es indispensable, y la forma en que esos recursos dan como resultado lo que necesitamos que aporte el proceso de educación: mejores niveles de capital humano, mejores capacidades de los ciudadanos y ciudadanas para poder hacer, no solo su aporte a la economía y al crecimiento económico, sino también su realización como seres humanos. No hay forma de compatibilizar crecimiento y justicia distributiva sin que la polea de la educación y la capacitación tire muy fuerte.

Tú, no como persona sino como lo que representás, y tu ministerio, siempre son blancos de los reclamos más importantes. A veces hay reclamos muy fuertes; está el conflicto en la enseñanza, en la salud. Hace poco ingresaron al Ministerio y te insultaron fuertemente. ¿Cómo te pega eso? ¿Qué sentís en esos momentos: bronca, desilusión, frustración?

Para quienes trabajamos aquí, en el Ministerio de Economía y Finanzas, quienes tenemos responsabilidades políticas, es perfectamente normal que haya una tensión entre lo que es el rol institucional y político que tiene el ministerio, y lo que son las aspiraciones y demandas desde muchos ámbitos de la sociedad. Nos toca administrar, en pos del bienestar colectivo, la escasez de recursos en lo que es el esfuerzo, que se entiende por parte de muchos actores de la sociedad debe realizarse para que el progreso económico y social pueda ocurrir. Es natural que exista esa tensión; es inherente a quien le corresponde en la lógica institucional administrar recursos escasos. A lo que sí aspira cualquier responsable político es a que esa tensión se administre en el marco democrático y civilizado, partiendo de la base de que, el esfuerzo que se está haciendo es, también de nuestra parte, de compromiso con los procesos de fortalecimiento. La mejor forma de aportar al proceso de transformaciones es hacer que las mismas sean duraderas, y estas no existen si están apoyadas sobre debilidades o vulnerabilidades en sus fuentes de financiamiento. Cuando asignamos como prioridad la educación, tenemos claro que debemos asegurar que dicha prioridad se mantiene como concepto político y financiero hoy, y que es capaz de sostenerse el año próximo y los siguientes. Los resultados de estos procesos, necesariamente se ven en el tiempo. ¿Cómo se siente alguien cuando percibe injusticia en la forma en que es valorado? Nunca es grato eso. Pero no es ese el caso; que haya  episodios circunstanciales en los cuales algunos actores de la sociedad se movilizan en torno a sus intereses, pero lo hacen de un modo que no es compatible con el normal funcionamiento de nuestra sociedad, simplemente son cosas que ocurren y no nos tensionan demasiado.

¿Cómo te definirías ideológicamente?

Como una persona de izquierda, que creo haber hecho el recorrido en materia de generación y formación de valores e ideas similar o bastante parecida a lo que puede ser la mayoría de la izquierda. Comparto los valores, las lecturas y las referencias históricas de la inmensa mayoría de la izquierda uruguaya; no siento que haya ninguna excepcionalidad en lo que se refiere a mi aproximación ideológica respecto a los que han sido los orígenes y las referencias culturales e ideológicas de la izquierda.

Bueno, pero eso lo pueden decir todos. Por ejemplo ¿te sentís identificado con la socialdemocracia?

Creo que la izquierda uruguaya tiene una virtud que es haber recogido de distintas vertientes ideológicas cosas que son partes de sus señas de identidad. Desde las corrientes marxistas, socialistas, pasando por las corrientes socialdemócratas y socialcristianas e incluso del progresismo de los partidos tradicionales. El Frente Amplio es una síntesis política de un conjunto de aproximaciones que convergen en un diagnóstico común. La síntesis de estas aproximaciones ideológicas es la mejor respuesta -materializada en lo que es el programa- para enfrentar los problemas de nuestro país.

¿Hay límite entre izquierda y derecha?

¡Sí! Creo que tiene mucha vigencia la diferencia entre izquierda y derecha. Una y otra se aproximan de manera muy distinta a entender cómo se construye el interés general y cuál es el papel que tiene la necesaria compatibilidad entre la igualdad de oportunidades y la de derechos. Creo que la izquierda hace una interpretación bien distinta que la derecha en términos de esa articulación. El espacio de lo colectivo y lo público es mucho más valorado por la izquierda. La derecha es mucho menos crítica respecto a la forma en que la sociedad movida por el interés individual es capaz de hacer un aporte a la vida en sociedad. La izquierda tiene una ubicación mucho más adecuada en lo que se refiere a la resolución de los conflictos que plantea la vida en sociedad. El mundo del trabajo no es solo un lugar donde se consiguen recursos con los cuales satisfacer necesidades; para la izquierda el mundo del trabajo es mucho más que eso. Es donde se plasma el aporte de cada individuo al desarrollo, no solo de la vida en sociedad, sino también de su vida personal. El trabajo y la defensa del esfuerzo que conlleva, son de los aspectos que desde el punto de vista ideológico, tienen más significación. Es muy difícil, sobre todo para la izquierda uruguaya, no tener una necesaria referencia al mundo del trabajo y a los objetivos de sus integrantes, como parte esencial de identificación ideológica. Hay fuerzas políticas en otros países que se identifican como progresistas o de izquierda, y que ya no tienen esa referencia y vinculación ideológica con el mundo del trabajo y del esfuerzo, y lo que representan en términos de construcción de lo colectivo. La izquierda uruguaya tiene ahí señas de identificación propias que la hacen específica. El Frente Amplio es una construcción política formidable, que ha sabido armonizar el concepto de pertenencia diversos y síntesis para la construcción colectiva destinada a la acción política. No es común saber administrar la diversidad con tanta capacidad de síntesis. En el gobierno, el Frente ha demostrado un grado de coherencia y consistencia en el manejo de la iniciativa política muy importante. Y ha jerarquizado el papel de tener mayorías parlamentarias propias.

Esas mayorías, ¿no actuaron como una aplanadora, evitando la discusión?

Si comparáramos la tramitación de leyes en forma rápida, en este período de mayorías parlamentarias del Frente, con otros períodos, nos podríamos llevar alguna sorpresa. Prácticamente no hemos utilizado el recurso de las leyes de urgencia. Las mayorías parlamentarias no han sido limitativas del debate.

El presidente Mujica insiste mucho en sus intervenciones en el tema del consumismo. Fruto de la situación económica, hay un auge del consumo, muchas veces de artículos no precisamente de primera necesidad. ¿Se piensa en eso o se deja librado al mercado, a que pase? ¿Hay idea, en esa perspectiva de desarrollo, de educar en el tipo de consumo?

¿Qué es el consumismo? Podemos decir que es un exceso; pero ¿un exceso relativo a qué? Para eso habría que establecer una especie de estándar: ¿qué no es consumista? No es fácil eso; y es un tema ideológico. La satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, las familias, no todas pasan por las decisiones de consumo. Hay una buena parte de la satisfacción de necesidades y elementos que determinan el estado de bienestar de las personas que dependen de cosas que no necesariamente "se consumen". Por ejemplo, hemos hecho una reforma de la prestación de los servicios de salud que ha apartado del concepto estricto de consumo lo que es el acceso de los ciudadanos a los servicios sanitarios. La importancia de la educación pública en el país, hace que una parte considerable de los servicios que provee el sistema educativo no tengan carácter mercantil y no sean asimilables directamente al consumo. Podríamos extender eso a muchos aspectos que tienen que ver con la satisfacción de necesidades y que no están directamente vinculados a operaciones de compra venta que se realizan dentro del marco de las acciones de consumo. También se puede incluir en el consumo el acceso a bienes culturales, aspectos que distan mucho de ser estrictamente materiales. Es muy difícil pensar el tema del consumo sin incluir cuestiones abstractas. Ahora bien, en toda familia e individuo hay una parte del consumo que está vinculada directamente a la expresión de ciertas preferencias. En eso, a veces ocurren patologías inexplicables, que sí creo que requieren de acción educativa y tratar de entender por qué ocurren. Por ejemplo, a partir de los datos censales y el estudio de la Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), encontramos que hay familias a las que les falta calefacción, o servicios para calentar el agua o incluso hogares en los que no hay acceso a refrigeración y que sin embargo, en esos mismos hogares hay autos, motos, otro tipo de activos y bienes adquiridos que, por alguna razón, esas familias han priorizado. No vincularía esos elementos directamente al concepto de "consumismo"; este tiendo a pensarlo como un alejamiento bastante persistente entre la satisfacción de necesidades más básicas y aquellas que podría llamar necesidades de segundo o tercer orden. Estas inconsistencias no son todas consecuencia del consumismo, sino que representan escalas de preferencias. La discusión de estas cosas muchas veces nos lleva a pensar cuál es el espacio de lo colectivo y cuál el de lo que uno decide individualmente, pero creo que en Uruguay, como en cualquier país, los procesos de avance hacia el desarrollo implican mayores niveles de consumo y de acceso a mayor cantidad y diversidad de bienes y servicios. Esos procesos no siempre son armónicos y sobre ellos se actúa. Las políticas tributarias, por ejemplo, se usan para estimular o desestimular determinado tipo de consumo. Creo que hay que prestarle atención a las trayectorias por las que transitan las decisiones de consumo de las familias. Es un tema donde por lo menos tendremos dos visiones: la aproximación economicista simple va a decir: "dejemos que los seres humanos tomen las decisiones que quieran tomar libremente y no nos pongamos nosotros a evaluar cuáles decisiones deben tomar" y por otro lado, una aproximación que piensa más en lo colectivo y en otras dimensiones del bienestar social, que de algún modo ponen una visión más crítica respecto a esa necesaria compatibilidad entre las estructuras de consumo y lo que son decisiones individuales.

El ministro Eduardo Brenta ya anunció que se va a retirar del Ejecutivo para dedicarse a la campaña electoral. Sendic va por el mismo camino. Y por casa ¿cómo andamos?

Yo tengo asumido el compromiso de permanecer en el cargo de ministro de Economía y Finanzas hasta el último día del mandato del presidente Mujica si él entiende que puedo seguir ayudándolo hasta llegar a esa fecha. No tengo ni otro objetivo ni otro conjunto de valoraciones que me hagan considerar ninguna otra alternativa.

Pero, en lo personal, ¿tenés expectativas de aspirar a algún cargo electivo?

Tengo tanta satisfacción de haber sido parte de los dos gobiernos del Frente Amplio y siento que he tenido y tengo el privilegio de ser parte activa de la conducción de este segundo gobierno, que la verdad, no creo que haya ningún otro elemento más gratificante y motivador que continuar haciendo lo que vengo haciendo.

Tu nombre se ha manejado como posible candidato a la Intendencia de Montevideo.

Uno no puede evitar que haya especulaciones, evaluaciones, opiniones. Lo que sí creo, es que hay que remitirse a lo que ha sido, en mi caso, la respuesta sistemática frente a toda vez que se me ha planteado este tipo de cuestiones. Hoy, soy ministro de Economía y Finanzas, tengo un compromiso que no está vinculado a que hay elecciones el año próximo y aspiro a cumplir con el trabajo que el Presidente me pidió que realizara hasta el último día de su mandato.

¿Tiene que ser Tabaré Vázquez el candidato del Frente?

Creo que sí. Tabaré Vázquez representa mucho desde el punto de vista simbólico y político dentro del proceso que llevó a la izquierda al gobierno. Pero lo más importante: quienes priorizamos el mantenimiento y la prolongación de la izquierda en el gobierno, sabemos que es muy importante que las candidaturas que se ofrezcan a los ciudadanos sean las mejores. Creo que Vázquez es el mejor candidato, por muchas razones, pero por sobre todo es quien está en mejores condiciones de asegurar el triunfo. La izquierda uruguaya tiene las tres personalidades políticas más valoradas por la ciudadanía: Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori. Los tres han hecho aportes muy importantes a que estemos en condiciones de decir que el Frente va a continuar. En ellos tres está representada la mejor síntesis de lo que el Frente Amplio representa.

Me dijeron que no manejás.

No sé manejar. Nunca aprendí. No tengo la necesidad de tener auto; me manejo bien con el transporte público. Tengo la suerte de poder manejar mi vida sin necesidad del automóvil.

Fuiste seleccionado de voleibol.

Sí, desde 1977 a 1987.

¿Qué te aportó el voleibol?

Una experiencia preciosa de vida, muchos amigos, conocer lugares. Aprendí además que el deporte competitivo tiene cosas que te aportan mucho: aprendés a ganar y a perder con reglas. Competís con el deseo de vencer, pero cuando perdés, lo hacés en el marco de reglas. Hay que desarrollar el deporte. Parte de avanzar hacia el desarrollo creo que pasa por darle más importancia a las actividades deportivas, culturales y artísticas. Es impensable que el país avance hacia mayores niveles de desarrollo sin que ese conjunto de actividades humanas no ganen en importancia.

Hincha de River Plate.

Hincha de River Plate.

¿Fanático?

La palabra fanático no sé si refleja muy bien lo que soy; soy muy hincha de River y solo hincha de River.

¿Cómo te llevás con el sub secretario Antonelli?

Muy bien; no lo conocía a Alejandro de antes, pero me llevo muy bien. Acá se trabaja, en general, muy bien con todos los compañeros y con Alejandro también.

¿Cuánto ganás mensualmente?

Un ministro gana el mismo sueldo que los parlamentarios; yo termino con algo menos de 100 mil pesos en la mano, sacando todos los aportes que realizan todos los ciudadanos y los que realizamos al Frente Amplio

(Uypress / Daniel Feldman)