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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

Documento Político. XI Congreso Nacional del Nuevo Espacio. 2013.

La oposición ha iniciado su campaña electoral. En algunos casos, como el de Montevideo, esa
campaña abarca también, desde ya, la elección departamental. Esto supone movimientos políticos,
tanto a nivel de los partidos opositores como en sus internas, que incluso llegan hasta la tentativa de
conformar un nuevo partido para disputar el gobierno municipal de Montevideo. Día a día la derecha
emite, con la entusiasta colaboración de la gran mayoría de los medios, continuos mensajes negativos
destinados a impactar en la opinión pública. La creciente agresividad de esta campaña deja en
evidencia la desesperación por recuperar el poder y los procedimientos a que recurrirá para alcanzar
ese objetivo.
Para el Nuevo Espacio, como para las demás fuerzas frentistas, el adelantamiento de la campaña
electoral por parte de los partidos conservadores indica la necesidad de comenzar a prepararnos para
luchar y vencer nuevamente en una contienda democrática de la que depende el futuro del país. En el
caso del Frente Amplio la necesidad de situarnos en esa realidad no disminuye, sino que se acumula,
con nuestra irrenunciable responsabilidad como partido de gobierno, un gobierno al que deberemos
seguir apoyando en su gestión y en su impulso al cambio progresista, de acuerdo a su programa,
hasta el 1° de marzo del 2015, sin que nada nos distraiga de esa tarea.
Por ello nuestra situación ante la campaña electoral es compleja y requiere un análisis serio y
detenido. Las campañas electorales forman parte esencial de la democracia. Definir desde ya nuestras
posiciones básicas en la instancia electoral que se avecina ayudará a los nuevoespacistas a prestar su
mejor contribución a la continuidad del ciclo de gobiernos progresistas.
Podemos y debemos ganar nuevamente, en primera vuelta, con mayoría parlamentaria.
Digámoslo claramente: debemos volver a ganar, antes que nada, para evitar el retorno al poder de
los partidos tradicionales. Necesitamos un nuevo triunfo electoral y un tercer período de gobierno
progresista no solamente para consolidar y seguir impulsando el cambio hacia un país mejor y más
justo, proceso que está lejos de haber terminado, sino para evitar que los partidos que gobernaron el
Uruguay durante 170 años retornen al poder e impongan la restauración del pasado. Una
restauración que sería catastrófica para todos los avances sociales y económicos concretados
desde el 2005. Un retorno que significaría volver a una historia ya conocida de estancamiento
económico, debilitamiento sistemático del papel del estado, fractura de la cohesión social por los
altos niveles de indigencia y pobreza, desconocimiento de los derechos humanos, redistribución
regresiva del ingreso, cierre de fábricas, no convocatoria de los consejos de salarios, alta inflación,
quiebras bancarias, paupérrimas asignaciones presupuestales para educación, salud y seguridad,
clientelismo y corrupción política. Un país cuyo declive económico y social se simbolizaba
perfectamente en los esqueletos de los grandes edificios públicos paralizados durante décadas. Un
pasado con el que los uruguayos resolvieron romper en octubre de 2004.
Lo que desespera a la oposición es que hoy siguen abiertas todas las posibilidades para un nuevo
triunfo electoral progresista. No solo porque podemos presentar el mejor candidato, Tabaré
Vázquez, sino porque nuestra plataforma electoral, nuestras propuestas, estarán avaladas por todo lo
positivo que hemos hecho en estos dos períodos, y en consecuencia, harán creíble todo lo que
estamos en condiciones de hacer para seguir avanzando hacia una sociedad mejor, si la ciudadanía
nos reitera su confianza política. Esa posibilidad de un nuevo triunfo electoral aparece claramente
señalada en todas las encuestas de opinión pública.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que el resultado electoral está asegurado.
La política es esencialmente contingente. En política nada es inexorable que ocurra. No solamente
porque la realidad puede cambiar y cambia de continuo a través de acontecimientos que muchas
veces ni siquiera podemos prever, sino porque esa realidad, que no está predeterminada por ninguna
ley, se construye cada día en el seno de la sociedad a través de innumerables opciones que toman las
personas, las familias y los grupos en su vida diaria, sometidos a la influencia constante de los
hechos y de los mensajes que se les hacen llegar sobre ellos.
En democracia, la voluntad de los ciudadanos expresada libremente en el acto electoral es la única y
definitiva encuesta. Hasta que esa voluntad se manifieste en las urnas, solo existen especulaciones.
Bien o mal fundadas, pero especulaciones. Sería no solo ingenuo sino irresponsable descansar en
nuestra militancia confiados a esta altura en encuestas de opinión. Una cosa es que ellas nos
estimulen políticamente. Otra muy distinta es que nos den seguridades. Un triunfo electoral se
construye siempre sobre la base de mucho esfuerzo. Hacia dónde y cómo canalizar esos esfuerzos es
lo que debemos decidir.
Nos enfrentamos a un desafío complejo.
Y por ello es necesario reflexionar, y mucho. No se trata de recurrir mecánicamente a las consignas y
el tipo de campaña ya conocido. Nos enfrentamos a situaciones y fenómenos nuevos. Precisamente
porque somos gobierno y porque nuestra gestión ha comenzado a cambiar nuestra realidad social y
económica.
¿El poder desgasta? Cada vez que se plantea esta cuestión, parece inevitable referirse al sarcástico
comentario de Giulio Andreotti: “Sí, pero desgasta sobre todo a los que no lo tienen”. Sin embargo,
esa posibilidad no puede pasarse por alto. Conviene reflexionar a partir del resultado electoral del
2009. Verificamos así que nuestra fuerza política, luego de un primer gobierno extremadamente
exitoso, cuyo Presidente se retiró con un 70% de opinión pública favorable, logró un nuevo triunfo
electoral, conservando la mayoría parlamentaria. Pero sin embargo, perdió bancas en la Cámara de
Diputados y fue necesario ir a una segunda vuelta para definir la Presidencia de la República.
Fue este resultado la consecuencia natural de un desgaste que produce, inevitablemente, el ejercicio
del poder? O fue la primera manifestación de un fenómeno de opinión pública que se verifica en
sociedades en que se han producido rápidas mejoras en las condiciones sociales y el nivel de vida de
amplios sectores populares?

Ciudadanos cada vez más exigentes. Desde hace tiempo se ha analizado la forma en que pueden
disminuir los niveles de tolerancia ante la desigualdad y en consecuencia puede aumentar la
sensación de frustración política en sectores sociales que, sin embargo, se han beneficiado de
procesos de rápido crecimiento económico y de una elevación sustancial de su nivel de vida. Porque
es a partir de esa mejora, precisamente, que están en condiciones de sensibilizarse y reclamar por
situaciones que antes, absorbidos en la diaria lucha por la subsistencia, no tenían para ellos la misma
relevancia. Si miramos lo ocurrido en Brasil, con decenas de millones de familias que salieron de la
pobreza para acceder a la clase media bajo los gobiernos del PT, verificamos que es ese sector social
el que nutre las enormes manifestaciones de “indignados” que hoy reclaman una mejora de los
servicios públicos y protestan por la corrupción.
Existe una tendencia a considerar las mejoras obtenidas gracias a la gestión del gobierno como algo
natural y esperable. Esa misma mejoría en la situación, al demostrar en los hechos que el cambio es
posible, impulsa las expectativas y el reclamo urgente de más mejoras. Es bueno recordar cuál era la
situación social y económica de la gran mayoría de la población cuando llegamos al gobierno y la
forma en que se ha avanzado desde allí. La memoria del pasado será una parte de la argumentación
a desplegar en la campaña electoral, pero será la parte menos importante. La ciudadanía optará por
continuar con el ciclo de gobiernos progresistas en función de lo que se le proponga para el futuro.
Lo que hemos hecho en el pasado, en todo caso, hará creíble nuestras nuevas propuestas, pero si
éstas no son consistentes y adecuadas a la realidad, a las necesidades y a las expectativas actuales de
nuestro pueblo, aquella evocación surtirá poco efecto.
Y cada vez menos interesados en la política. Debemos tener en cuenta que haremos campaña
electoral en momentos en que parece afirmarse el fenómeno de la llamada “desafección por la
política”. Sus causas son múltiples y la incidencia de cada una de ellas sobre nuestra realidad
particular, discutible. Sea por la caída de paradigmas provocada por el derrumbe del socialismo real,
por la modificación de los estilos de vida, con la aparición del consumo como valor fundamental o la
influencia de la televisión o Internet, que muchas veces simplifican y banalizan los mensajes
políticos, asimilados cada vez más a formas de marketing comercial, pero lo cierto es que la
preocupación por lo público ha cedido el lugar a una actitud en que predomina la búsqueda de la
realización individual. A ello se agrega un preocupante desprestigio de la política como actividad y
de quienes la ejercen. Recientes encuestas de opinión reflejan este hecho. Se extiende el
descreimiento en cuanto a la política y una idea bastante generalizada es la de que quienes actuamos
en ella lo hacemos movidos por el deseo de beneficiar intereses personales o de grupo. La
reivindicación de la política como actividad altruista y la necesidad de involucrarse activamente en
ella para asegurar que la gestión de los asuntos públicos se oriente en defensa de los intereses de la
mayoría deberá formar parte esencial de nuestro mensaje.
¿Es posible que l a política pueda volver a enamorar a los jóvenes? Para una fuerza cuyo arma
principal ha sido siempre la movilización militante, el creciente desinterés por la actividad política
plantea una dificultad adicional, agravada por razones generacionales y por la dificultad constatable
para incorporar jóvenes a la actividad militante. En este campo se nos plantea un desafío que no
podemos ignorar. Creemos que nuestra juventud mantiene intacto su potencial de altruismo y
solidaridad, su rebeldía ante la injusticia. Pero esos potenciales se vuelcan hoy fundamentalmente en
la militancia por causas concretas, en general referidas a temas éticos, a libertades y derechos.
Ejemplos: el frustrado proyecto de reforma constitucional sobre juzgamiento de las violaciones de
derechos humanos, la ley sobre salud sexual y reproductiva, el rechazo a la propuesta de rebajar el
límite de la imputabilidad penal, la ley sobre consumo de marihuana, la preocupación por los
problemas medioambientales, la discriminación y otros. En todos estos casos la militancia y la
participación de los jóvenes ha sido y es fundamental.
Corresponde ahora a los partidos y a la fuerza política demostrarles que ese nivel de compromiso no
es suficiente. Que el funcionamiento de un sistema político democrático (y los uruguayos
aprendimos dolorosamente cuánto se pierde cuando se pierde la democracia) requiere que los
ciudadanos se involucren y participen en política. Cuando quienes se guían por el altruismo y la
solidaridad renuncian a hacer política dejan a la sociedad en manos, entonces sí, de quienes solo
buscan el interés personal o el mantenimiento de sus privilegios.
Debemos explicar que la protesta es importante, pero que si no es acompañada del estudio de los
problemas y la propuesta de soluciones factibles y realistas, que puedan canalizarse a través de las
instituciones, terminará disolviéndose sin consecuencias sobre la realidad por más que ésta nos
indigne.
Debemos a brir espacio real a otras formas de participación . No solo debemos reivindicar la política
y el involucramiento en ella. Si queremos incorporar más jóvenes a nuestras filas debemos aceptar
nuevas formas de militancia y de participación, adaptadas a la vida actual. Tenemos que utilizar al
máximo las redes sociales y las nuevas tecnologías, que son las formas de socialización e
información de los jóvenes. Pero sobre todo debemos admitir nuevas formas de participar e incidir,
realmente, en la vida de nuestra organización política, sin que ello suponga que los jóvenes que
quieren hacer política deban pagar el peaje de renunciar a parte importante de su tiempo para asistir a
reuniones interminables en que se discute una y otra vez sobre temas que no convocan a las nuevas
generaciones.
Somos la izquierda, ellos son la derecha La reivindicación de la política debe ser también la
reivindicación de nuestra definición de izquierda. Observada desde otro ángulo, la campaña electoral
pasará también por aquí. Las fuerzas conservadoras necesitan camuflar su verdadero propósito, que
es la restauración y la vuelta al pasado. Nadie quiere ser de derecha en este país. Para ello centrarán
su estrategia argumentando sobre la supuesta pérdida de sentido de los conceptos de izquierda y
derecha en la realidad actual. En el fondo, nos dirán: “eso correspondía en el pasado, pero ahora que
las ideologías han muerto las diferencias no son tantas, todos queremos que el país progrese y lo
único que importa es quien puede administrar o gestionar mejor el estado”.
Por eso será muy importante dejar claro que como señaló Tony Judt: “Esto es simplemente falso.
Los ricos no quieren lo mismo que los pobres. Los que se ganan la vida con su trabajo no quieren lo
mismo que los que viven de dividendos e inversiones. Los que no necesitan servicios públicos –
porque pueden comprar educación, transporte y protección privados- no quieren lo mismo que los
que dependen exclusivamente del sector público…. Las sociedades son complejas y albergan
intereses conflictivos. Afirmar otra cosa – negar las diferencias de clase, riqueza o influencia - no es
más que favorecer unos intereses por encima de otros”.
Existen y existirán diferencias en las ideas y los valores que guían los comportamientos políticosLa
izquierda actúa inspirada por sus valores identitarios básicos: la libertad y la igualdad. Su llegada al
gobierno ha representado un giro decisivo respecto a las políticas seguidas por los gobiernos
anteriores, que se orientan ahora a proteger y beneficiar a los sectores más humildes. Si hoy los
partidos conservadores se desesperan por volver al poder es porque los gobiernos del Frente Amplio
han afectado los intereses a los que sirven y siempre han servido.
Pensar, organizarnos, tensar todas nuestras fuerzas. La complejidad de la campaña electoral en la
que estaremos involucrados dentro de algunos meses se suma a la trascendencia de lo que estará en
juego: nada menos que la reafirmación del proyecto de cambio progresista de nuestra sociedad o el
retroceso hacia la restauración conservadora. La derecha, que ha iniciado su campaña, pondrá todo
su peso para lograrlo. Incluso parecen dispuestos a abandonar sus tradiciones políticas, que
supuestamente tanto representaban para ellos, para unirse en un solo partido e intentar la
reconquista del gobierno municipal de Montevideo.
Su casi absoluto dominio de los medios es utilizado a diario para marcar la agenda de temas en que
procuran centrar la atención de la opinión pública. Son innumerables los ejemplos de cómo pueden
distorsionar la realidad, magnificar las dificultades, minimizar o directamente ocultar los avances,
intentar bloquear nuevos logros, recurrir a la demagogia más grosera o directamente a la mentira
sobre los hechos y las personas del gobierno progresista. Pueden incluso convertirse en portavoces
del radicalismo ultra con tal de dañar al gobierno progresista. No nos quejamos, simplemente
asumimos ese escenario (y su seguro agravamiento a medida que se acerque la elección) para señalar
que nos está mostrando la importancia de lo que está en juego y lo que significaría el retorno de la
derecha al poder del estado. Es de allí que surge un imperativo: pensar las nuevas realidades,
organizarnos, redoblar el esfuerzo, cerrar filas, reforzar la unidad, tensar todas nuestras fuerzas para
culminar exitosamente el segundo gobierno progresista y llevar adelante una campaña electoral que
asegure nuevamente el triunfo.
Ganar, ¿para qué? Ya hemos dicho lo más importante, pero eso no es todo, ni mucho menos. El
Frente Amplio debe obtener una nueva victoria electoral, antes que nada, para evitar la catástrofe
social, económica y política que representaría la restauración conservadora. Pero no podemos
quedarnos allí. No es suficiente con la consigna negativa. Necesitamos definir la idea fuerza que nos
proyecta hacia el futuro, centrarnos en el gran objetivo político alrededor del cual se articularán
coherentemente las propuestas del programa y de la plataforma electoral. Desde nuestro punto de
vista la consigna central que nos moviliza es consolidar los cambios, para seguir avanzando.
 

Hemos hecho mucho, hemos cambiado para mejor.- Estamos orgullosos de lo que hemos
construido en estos años, pacífica y democráticamente, con absoluto respeto de las libertades y las
instituciones que los uruguayos nos hemos dado. Solo un conservador obcecado puede negar que los
dos gobiernos del Frente Amplio han llevado adelante cambios muy importantes, que se han
obtenido mejoras sustanciales en la situación del país y en la calidad de vida de nuestra gente, según
todos los indicadores. En particular de los más necesitados. Y lo hemos hecho no solo por
solidaridad y sensibilidad social, sino como estrategia de desarrollo, demostrando que es posible
crecer y distribuir, porque en realidad solo aquellas sociedades que logran hacer participar a todos
sus miembros de los frutos del progreso son capaces de sostener índices de crecimiento por períodos
prolongados.
Los gobiernos progresistas han ampliado y reconocido derechos a los ciudadanos y las ciudadanas,
han universalizado el acceso a servicios básicos como la salud, la seguridad social y las tecnologías
de la información. Han promovido la igualdad de oportunidades, aumentando el gasto público social
en términos reales y en proporciones desconocidas para los gobiernos anteriores.
Hemos hecho realidad el principio de justicia tributaria según el cual deben pagar más quienes ganan
más. Y todo esto al tiempo que se impulsaba el crecimiento de la economía a ritmos que el Uruguay

desconocía desde hace más de medio siglo y tanto en momentos favorables como en medio de
situaciones de crisis internacional, como la que se arrastra desde 2008 hasta ahora. Gracias al
conjunto de políticas económicas, fiscales, sociales e institucionales aplicadas por los gobiernos
progresistas, los ingresos de los hogares son hoy un 50% más altos en términos reales y el Uruguay
es hoy el país latinoamericano con la mejor distribución de la riqueza. Al mismo tiempo, que hemos
obtenido estos resultados, el país está procesando un cambio en su estructura productiva que ha
permitido crear más empleo, mejor remunerado y de mejor calidad. Porque para los gobiernos
frenteamplistas el trabajo está en el centro del Uruguay productivo. El trabajo como fuente de
dignidad y de progreso personal, como expresión de la igualdad de oportunidades.
¿Por qué necesitamos consolidar esos cambios? Porque consolidar es fortalecer, reforzar, arraigar,
dar solidez. Y en una democracia los cambios, por positivos que sean en su inspiración y en sus
primeros resultados, solo se hacen irreversibles en la medida en que la sociedad se apropia de ellos
y se consustancia con su sentido. Esto solo ocurre una vez que esos cambios se han instrumentado y
funcionan plenamente, cuando se ha hecho evidente y sin margen de duda todo su potencial para
mejorar la vida y las oportunidades de las personas. Hasta entonces, el retorno de un gobierno
conservador siempre haría posible la restauración del pasado y pondría en riesgo todo lo que hemos
avanzado.
Tenemos motivos más que sobrados para sentirnos satisfechos por la obra de los dos gobiernos
progresistas. Es absurdo que quienes gestionaron en exclusiva el estado uruguayo durante un siglo y
medio y son únicos responsables de la realidad con que nos encontramos al llegar al gobierno en el
2005 nos critiquen por no haber podido resolver totalmente, ya, los gravísimos problemas que ellos
crearon y nos legaron.
Hemos puesto los cimientos que eran imprescindibles y sobre ellos hemos progresado, y mucho.
Ahora necesitamos reforzarlos y sostenerlos, porque solo así podremos seguir avanzando hacia el
país productivo con justicia social que es nuestro objetivo
Falta camino por recorrer. No debemos tener miedo a admitir que es así. Hay todavía mucho por
hacer. A medida que construimos, surgen nuevos problemas y nuevas posibilidades. No hay un
límite predeterminado que indique hasta donde podemos llegar, siempre que no nos manejemos con
manuales o estereotipos para proponer saltos en el vacío, sino que formulemos propuestas de cambio
concretas y viables, edificadas a partir de esa realidad que hemos comenzado a transformar. Así
podremos delinear nuevos horizontes y convencer a los uruguayos de que es posible transitar el
camino hacia ellos.
Tenemos temas pendientes. Hemos reconocido derechos y hemos invertido recursos como nunca
antes se había hecho. Pero debemos admitir que en algunos casos los grandes aumentos del gasto
público social, la cuantiosa inversión de recursos que la sociedad ha realizado, todavía no han
obtenido, en algunas materias, todos los resultados que se esperaban. El desafío es lograr mayores
niveles de eficiencia en el gasto público, focalizándolo mejor para que produzca todo el efecto
redistributivo que buscamos.
Para la izquierda una primera prioridad tiene que ver con el sistema de educación pública. Todo
nuestro esfuerzo debe volcarse para lograr que funcione como constructor de igualdad, como vía para
la movilidad social ascendente, como generador de ciudadanía. No hay un objetivo más importante
en el panorama del país si deseamos eliminar la brecha social. Es imprescindible y legítimo proponer
que junto a nuevas aportaciones masivas de recursos lleguen los cambios y el compromiso medible
con los resultados.
Los dos gobiernos de izquierda han destinado a la seguridad pública y al sistema carcelario muchos
más recursos que los gobiernos conservadores. Dejemos claro que el delito no llegó con los
gobiernos progresistas y que no ha desaparecido en ninguna sociedad. Tenemos ahora una policía
mucho mejor retribuida, mejor formada, mejor armada y organizada que cuando gobernaban quienes
ahora aprovechan cada delito violento para salir a la búsqueda de votos. Al tiempo que las políticas
sociales se dirigen a eliminar lo que pueden considerarse causas del delito, debemos ratificar nuestro
compromiso con la seguridad pública y nuestra solidaridad con las víctimas. La sociedad uruguaya
debe y puede ganar esta batalla.
El nuevo sistema tributario y el Sistema Nacional Integrado de Salud representan avances
fundamentales hacia nuestros objetivos de justicia social y de progreso. Pero como es lógico cuando
se producen reformas de ese calado, hay aspectos que permanecen pendientes. Debemos introducir
correcciones y ajustes para aumentar su nivel de eficacia y lograr que produzcan todo el impacto
favorable que buscamos al implantarlos.
Por el mismo camino, hacia nuevos horizontes. El objetivo es el de siempre: avanzar gradual y
progresivamente hacia nuevos niveles de justicia, de igualdad de oportunidades, de una más
equitativa distribución de la riqueza.
Para que ello sea posible, tenemos claro que debemos seguir procesando el cambio de las estructuras
productivas que ha posibilitado que la economía crezca en forma equilibrada y sostenida, con el
apoyo de las políticas públicas. Necesitamos prolongar y afirmar ese crecimiento, que se ha
demostrado compatible con la protección del medio ambiente, para continuar avanzando en la
promoción de la cohesión social y la igualdad de oportunidades. El crecimiento económico es vital
para distribuir más y mejor el ingreso nacional sin caer en la estéril puja redistributiva que tanto nos
costó en el pasado, y para asegurar que el proceso sea sostenible e irreversible.
Nada de esto se producirá espontáneamente, como resultado natural del crecimiento económico o por
el libre juego de los mercados. Necesitamos decisiones políticas y decisiones políticas de izquierda,
que al tiempo que fomenten la inversión productiva, impulsen la construcción de las infraestructuras
necesarias, amplíen las cadenas agroindustriales, desarrollen actividades intensivas en conocimiento
y permitan una inserción diversificada en los mercados internacionales, incorporen avances hacia la
igualdad de oportunidades, la redistribución de la riqueza y el desarrollo de otras formas de
propiedad, como la propiedad social.
El fomento y desarrollo de la propiedad social no debe confundirse con estatización ni verse como
salida in extremis para empresas fundidas, sino como una vía importante hacia una sociedad más
justa y democrática. Hemos dado los primeros pasos, pero sin duda serán necesarios muchos más
para afirmar y desarrollar este tipo de emprendimientos, al que asignamos una importancia
fundamental.
En definitiva, lo que hemos realizado y concretado en estos años, así como las perspectivas de futuro
nos permiten afirmar algo: si la ciudadanía opta por continuar avanzando por el camino emprendido
por los gobiernos progresistas, los niños uruguayos nacidos este año llegarán a la mayoría de edad
en un país en que las condiciones de vida de sus habitantes y la distribución de la riqueza nacional
serán equiparables a las que existen hoy en las sociedades más libres, prósperas e igualitarias.
Habrá quienes opinen que es demasiado poco o que proponemos avanzar con demasiada lentitud.

Pero para el Nuevo Espacio, como partido socialista democrático, ese es el camino correcto hacia el
objetivo finalista de una sociedad justa y libre. Avanzamos gradualmente, asumiendo que podemos
equivocarnos y que en ese caso, deberemos rectificar. No hay atajos ni soluciones perfectas que
estén disponibles en un manual. La historia nos enseña que cuanto más perfectas y rápidas sean las
soluciones que se proponen para complejos problemas sociales, más penosas serán las consecuencias
de intentar ponerlas en práctica.
Coincidimos plenamente con lo expresado por Tabaré: “Si algo está meridianamente claro es que
milagros no existen y a los empujones no se avanza “.
Nuestro máximo esfuerzo para contribuir a un nuevo triunfo del Frente Amplio. Para nosotros,
como para todos los sectores frenteamplistas, el imperativo es centrarnos en el apoyo a nuestro
gobierno, asegurando que culmine exitosamente su período. Estamos orgullosos de la gestión que
cumplen nuestros compañeros que participan en el Poder Ejecutivo y están a cargo de resortes
fundamentales de la Administración, así como de los que nos representan en el Parlamento o en las
Intendencias y Juntas Departamentales. Estamos seguros que cualquiera sea su participación en la
futura campaña electoral, cumplirán responsable y eficazmente con las responsabilidades de los
cargos que ocupan.
Como sector político, la obligación de apoyar a nuestro gobierno no excluye la necesidad de
reflexionar sobre la próxima campaña electoral y cómo situarnos ante ella. Los nuevoespacistas
aspiramos a participar en esa campaña con todo nuestro empeño y nuestra capacidad militante.
Nuestro XI Congreso, cuando estamos cumpliendo el vigésimo aniversario de nuestra fundación
como sector político, es la oportunidad adecuada para analizar y definir las bases de nuestra postura
electoral.
Aspiramos a reafirmar al Frente Líber Seregni como nuestra opción estratégica desde la cual aportar
y fortalecer al Frente Amplio. Nos ratificamos plenamente en los propósitos que animaron su
organización y creemos que la realidad ha confirmado que el FLS podía aportar a la continuidad de
los gobiernos frenteamplistas y a los equilibrios internos de la fuerza política una contribución muy
positiva. En el futuro, aspiramos a reforzar y ampliar la organicidad del Frente Líber Seregni, lo que
contribuirá a la elaboración de sus propuestas programáticas y al logro de resultados electorales que
aseguren la presencia de una fuerte bancada de Senadores, así como una mayor presencia de los
candidatos del FLS en la Cámara de Diputados y en los gobiernos municipales, contemplando
adecuadamente cada realidad política departamental.
En el mismo sentido, manifestamos nuestra aspiración de ampliar el arco de convergencias
electorales, tal como ocurriera en la elección interna del Frente Amplio, con el apoyo a la exitosa
candidatura de Mónica Xavier como Presidenta.
El lapso transcurrido desde esa elección hasta hoy nos ha permitido constatar y profundizar las
coincidencias políticas e ideológicas del Nuevo Espacio y la Alianza Progresista, concretadas en la
opción electoral 99738 en las elecciones internas del FA. Contando con el liderazgo de Rafael
Michelini y Oscar de los Santos, respaldados por el aporte de militancias que suman muy valiosos
compañeros de distintos orígenes políticos y de distintas generaciones, estamos convencidos de la
importante contribución de dicho acuerdo al potencial del Frente Líber Seregni, encabezado por el
compañero Danilo Astori, que será de nuevo un factor fundamental en la victoria del Frente Amplio.
Los nuevoespacistas nunca hemos retaceado nuestro esfuerzo y nuestro entusiasmo militante. Si algo
nos caracteriza es la capacidad de bajar a la calle, de conectarnos con la gente, de dar la cara, explicar, dialogar y hacernos responsables de nuestra conducta y nuestros proyectos en todos los ámbitos posibles, en las ferias, en los barrios, en los locales partidarios, en los medios, en los pueblos
y ciudades de todo el país..
Cuando llegue el momento de hacer campaña, allí estaremos, hombro con hombro con todos los
compañeros del Frente Amplio, para trabajar por la victoria electoral que llevará nuevamente a la
Presidencia de la República a Tabaré Vázquez, y nos permitirá seguir construyendoun país mejor y
más justo para todos los uruguayos.

Montevideo, 1 de setiembre de 2013.