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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

"De perfilismos y giros a la izquierda". Artículo del Senador Rafael Michelini

El 23 y 24 de noviembre se realizará nuestro VI Congreso Extraordinario del Frente Amplio. En esa instancia, importante para el país, si las hay, se estará resolviendo el programa de la organización política, que casi con seguridad si trabajamos y actuamos inteligentemente, va a asumir la responsabilidad de gobernar el Uruguay los próximos cinco años.

Este momento es una gran oportunidad para expresar en forma clara la unidad de la izquierda, respetando su diversidad.

Pero, el Congreso se enfrenta a varios desafíos. El primero de ellos es lograr que el programa que se apruebe “no sea más de lo mismo ni una carta a los Reyes Magos” al decir de nuestro candidato a la Presidencia de la Republica, Tabaré Vázquez. Otro de esos desafíos es que nuestro programa, luego de traducido al lenguaje común de los uruguayos, los convenza de que vamos por el buen camino de las transformaciones, y los seduzca para que nos acompañen a seguir construyendo ese Uruguay de bienestar, trabajo, derechos e igualdad que es nuestro objetivo y al que, paso a paso, nos vamos acercando.

El Congreso por su importancia puede generar situaciones propicias para que una vez más la derecha intente erosionarnos. Por ejemplo, pueden aparecer los perfilismos naturales, en algún sentido, artificiales en otro. Perfilismos en que de alguna manera hemos caído todos alguna vez. Perfilismos de compañeros o de sectores, que ven en el Congreso un gran escenario para debatir y amplificar sus propuestas ante la opinión pública. En muchos casos, están dispuestos a estampar esos proyectos en el programa, sin analizar cómo incidirán en nuestra estrategia electoral y en la gestión del próximo gobierno.

Para una fuerza política que se propone gobernar otros cinco años respondiendo a las aspiraciones de la ciudadanía, no sería muy alentador el hecho que la mecánica del Congreso reúna mayorías circunstanciales, aprobando iniciativas que no han sido estudiadas en profundidad, por más que sean alentadas por la especial sensibilidad que tenemos los frenteamplistas por alcanzar la igualdad en todos los órdenes.

Con estas afirmaciones no pretendo invalidar de ninguna forma nuestros procedimientos y nuestro Congreso. Advierto los peligros para que todos tomemos conciencia de lo que podría pasar en la realidad.

Así como nadie en la izquierda admitiría un caudillismo en el que “se debe hacer sí o sí lo que el líder decide”, y por ello optamos por construir colectivamente programas que sean la matriz rectora de nuestros gobiernos, tampoco nadie quiere que nos rija un programa aprobado por el impulso de sensibilidades precipitadas o consignas facilistas.

Este fenómeno es un peligro en el que todos podemos caer. Muchas veces un sector, un Comité, una Coordinadora o aún una Departamental, asumen una iniciativa y la llevan adelante sin analizar a fondo su contenido o sus consecuencias y los sectores o partidos van detrás de esas propuestas, aunque sepan que terminarán jugando en contra de todo el FA. Es el efecto “dominó”.

Nadie quiere quedar en una postura políticamente incómoda, que algunos podrían aprovechar para tildar como “de derecha”. Ese efecto dominó opera sobre los militantes pero también sobre los partidos o sectores del FA llevándolos en algunos casos hasta diluir o desdoblar sus posiciones en algunos temas para “zafar” de la presión que en el Congreso se les genera.

Por eso la expresión del supuesto “giro a la izquierda”, es muy infeliz. Porque hace referencia a un supuesto cambio que nos llevaría a ser algo que en realidad ya sentimos y sabemos que somos: la izquierda. Parecería que los inventores de tal eslogan lo han hecho con objetivos políticos sectoriales, y sin reflexionar sobre sus implicaciones políticas.

¿Se quiere decir que los dos gobiernos del Frente Amplio, encabezados por Tabaré Vázquez y José Mujica no han sido gobiernos de izquierda?

Me pregunto, como seguramente lo hacen muchos frenteamplistas, entonces ¿haber reducido la cifra de 1.200.000 ciudadanos que vivían en la pobreza cuando llegamos al poder a menos de 300.000 hoy, no es de izquierda? ¿Reducir la cantidad de uruguayos en la indigencia de 140.000 a 13.000, no será de izquierda?

¿Aprobar decenas de leyes de protección a los trabajadores, convocar los Consejos de Salarios, recuperar y aumentar el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, no serán medidas de izquierda? ¿Bajar el desempleo del 20% al 6% no es de izquierda?

¿Luchar contra la impunidad y entrar a los cuarteles para buscar los restos de los desaparecidos, no es de izquierda? ¿Desarrollar una agenda de derechos que es la más avanzada de América Latina, no es de izquierda? ¿Tener los índices de distribución del ingreso más igualitarios en América Latina no ha sido obra de gobiernos de izquierda? ¿La reforma de la salud es una reforma de derecha?

El efecto “dominó” o los perfilismos pueden darse en nuestro Congreso. Si eso ocurre (y siendo realistas debemos admitir que esa posibilidad existe, e incluso es alta), el proyecto colectivo de la izquierda uruguaya será lesionado y no beneficiará ni siquiera a algún interés sectorial, pues si el Frente Amplio pierde, pierde el pueblo uruguayo.

Estamos a tiempo de que prime la unidad y el sentido de cooperación entre frenteamplistas. Tenemos que cerrarle la puerta a la derecha que ya ha comprado entradas para una fiesta que no es la suya. Está en nosotros y sobre todo en los sectores, organizaciones y partidos políticos, que son los que interactúan más colectivamente, que el VI Congreso sea una fiesta de la izquierda y de la ciudadanía toda, el primer paso que confirme que vamos, seguros, hacia un tercer gobierno progresista.