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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

Kristallnacht "La bestialidad del mal"- artículo del Dr. Ismael Blanco.

"Ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos”. Heinrich Heine poeta judío-alemán del siglo XIX.

 

Este año se conmemoraron los 75 años de "la noche de los cristales rotos" o  Kristallnacht, un progromo que tuvo lugar durante la noche del 9 y 10 de noviembre de 1938. Fue un acto vandálico propiciado por la cúpula Nazi, inmersa en un siniestro plan de exterminio de todos quienes se opusieran a los intereses de Hitler y a las ideas humanistas y demócratas.

No es por tanto este hecho un episodio aislado, ni  tampoco es un problema del pasado que atañe únicamente al  pueblo judío, por el contrario, se trata de un problema que aún sigue presente e involucra a toda la humanidad.

No debemos olvidar que el régimen Nazi dio muerte a millones de personas, gitanos, comunistas, socialistas, judíos así como a todos aquellos que obstaculizaran su macabro proyecto de conquista y  dominación sin importar el costo que tuviera llevarlo a cabo.

Transcurrieron 75 años y el  problema sigue estando presente.

En este contexto se requiere firmeza en el actuar.

Estos días cobró connotación el juicio que se llevó a cabo en Jerusalén a Adolf Eichmann en la película que pone en escena la visión de  Hannah Arendt, sobreviviente judía de un campo de concentración. Ella, en su libro titulado  "Eichmann en Jerusalén" subtitulado "la banalidad del mal"  analizó el  comportamiento de este criminal Nazi durante el juicio que se llevó a cabo para Juzgar sus crímenes.

Luego de una profunda reflexión concluye que desde su perspectiva Eichmann  realizaba todo con celo y eficiencia, y no había en él ni en sus actos un sentimiento de «bien» o «mal». Para la autora Eichmann no era el «monstruo», el «pozo de maldad» que era considerado por la mayor parte de la prensa. Sus actos  no eran disculpables, ni él inocente, pero a su entender estos actos no fueron realizados porque estuviese dotado de una inmensa capacidad para la crueldad, sino por ser un burócrata, un operario dentro de un sistema basado en los actos de exterminio.

La tesis de Arendt  sostiene que los crímenes más horrendos pueden ser cometidos sin una auténtica intención criminal, sin sadismo o sin un cálculo cínico de costos y beneficios, sino meramente por motivaciones superficiales y por individuos también superficiales.

Nuestro enfoque se ubica en las antípodas de este razonamiento, porque los hechos atroces que llevó a cabo la cúpula del Nacionalsocialismo  no pueden a nuestro entender ser analizados con una perspectiva tan benigna.

Decir que Eichmann era un simple "burócrata" que obedecía órdenes es justificar peligrosamente la teoría de la "obediencia debida", que él  invocó en su defensa durante el juicio y que fue invocada además en el correr de la historia por  muchos violadores de derechos humanos.

Los actos perpetrados por el nazismo son actos injustificables. ¿Pueden ser el genocidio, la tortura generalizada, el esclavismo de los presos políticos actos provenientes de burócratas incapaces de pensar? La humanidad solo se salva cuando construimos justificaciones posibles a lo que podría definirse como "el desvanecimiento del pensamiento". El mal nunca puede ser un no pensamiento, por el contrario es un pensamiento consciente y voluntario del daño, es la expresión de la idea brutal llevada a lo más perverso.

La esperanza de que esos hechos atroces que ocurrieron el 9 de noviembre de 1938 no se vuelvan a repetir movió a los sobrevivientes a seguir  luchando. Pedro Schmoller,  un sobreviviende de la Kristallnach recientemente  declaró " Con mis 93 años encima, es bueno saber que mis recuerdos no desaparecerán cuando no esté más presente en este mundo, y solo así, a través de la memoria mantendrán su vida por algún tiempo más".

Cuando recientemente conocí el campo de concentración de  a Auschwitz, mi retina quedó impregnada del horror  que sufrieron las victimas. Imposible no imaginarlos  al momento de ingresar a ese campo de la muerte.

Me detuve en una  foto que muestra a un individuo, un Oficial de la SS, médico de profesión, que en actitud arrogante,  parado al final del andén con total conciencia en su proceder con un  frió movimiento de su dedo índice determinaba quien vivía y quien moría en la cámara de gas.  Entendámonos, quienes morían eran la totalidad de los viejos, las mujeres en su mayoría  y la absoluta totalidad de los niños. En Auschwitz no había lugar para los niños, los niños morían.

Nunca pude apreciar tanto odio y desprecio en una imagen y no existen "razones de tipo administrativo" en tan abominable actuar.

Eichmann era la mano derecha del Reinhard Heyderich- "el carnicero de Praga" por tanto pertenecía a la cúpula del partido Nazi, lo que indica que  tenía  plena conciencia de cada uno de los macabros actos que ejecutó y conocía el alcance de los mismos.

Lo banal de acuerdo a la definición de la Real Academia Española,  es la adjetivación de algo "trivial, común, insustancial" y la banalidad es la cualidad de lo banal.  Los actos que se realizaron por instigación de la cúpula Nazi  no pueden a mi entender ser catalogados de banales.

Fueron el resultado  de la instigación al odio y responden a un programa frío y calculado cuya finalidad fue el exterminio de cualquier exclusión de ideas liberales  democráticas y humanistas.

La Kristallnacht se generó en un acto de conspiración. No fue el primero por cierto. El artífice de las atrocidades que ocurrieron la noche del 9 de noviembre fue Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen Nazi. Lo hizo a través de un breve y premeditado discurso tendiente a alzar al pueblo alemán contra el "Judaísmo Mundial"  transformando la muerte de un diplomático alemán Vom Rath  cometida por un joven en un acto de desesperación dado que su familia había sido desposeída de sus pertenencias y expulsada,   en un acto de conspiración de un pueblo.

La conspiración de la Kristallnacht tiene la misma rubrica macabra que  la quema del  Reichstag ocurrida en 1933, acto que también  fue utilizado en este caso  para justificar el ascenso formal  de Hitler al poder, convalidando de esta forma la erradicación de todo sistema democrático, opositor  al nazismo, atribuyendo el hecho, en forma cobarde  al  comunista holandés Marinus van der Lubbe, acusándolo de haberlo perpetrado, sentencia derogada por el gobierno democrático alemán en el año 2008.

Lo que hizo Goebbels el 9 de noviembre de 1938,  no fue  novedoso sino que  repitió la misma estrategia perversa utilizada en 1933.

Como todo acto de cobardía, sus palabras fueron direccionadas,  presentado ante los ojos del mundo la Kristallnacht como una manifestación espontánea del pueblo alemán cuando en realidad fue el resultado de una maniobra de la cúpula Nazi, que eligió cuidadosamente el día, la hora y el lugar en forma premeditada y alevosa para desencadenar atentados de  sinagogas, roturas de vidrieras de negocios de judíos por toda Alemania y Austria con un alto saldo de heridos en la población judía.

Lo que aconteció durante el dominio del régimen nazi nos prueba que no solo el bien puede ser radical y extremo sino que el mal también lo es.

Arendt nos dice "Tratar de entender no es lo mismo que perdonar" 

Consideramos que  a veces,  tratar de entender ciertos hechos nos conduce a una zona riesgosa del pensamiento en la que no está delimitado el bien  y el  mal, en la que los hombres pueden desvanecerse en una actitud no pensante, sin conciencia, sin voluntad.

Los hechos demuestran que a Hitler lo convalidó el poder económico alemán con conciencia plena de su obrar  al servirse de él.

Poderosos grupos económicos y de empresarios fueron funcionales al régimen.

El capitalismo con Hitler llegó a su más radical expresión, se legalizó la esclavitud en masa. 

No hubo banalidad en el proceder de quienes convalidaron a Hitler sino plena  conciencia en el obrar, lo que prueba que no solo el bien es extremo sino que el mal en sus distintas formas  también lo es. 

"de que sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina" Bertoldt Brecht