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DOCUMENTOS Y DECLARACIONES

"Elecciones"- artículo de Felipe Michelini. (publicado por Agencia Uy Press)

Su actitud, talante e integridad fueron una luz, aún en las noches más oscuras, para todos aquellos que nos identificamos con la libertad y la justicia. Mandela mantuvo siempre la dignidad en las condiciones más difíciles de reclusión, pero nunca renunció a sus convicciones y a su fe en aunar voluntades para superar la injusticia y el statu quo. Hoy ante la inmensidad de su legado, parece que todos lo comprendieron. No fue así. Muchos se pusieron del lado de la dignidad de la gente y de la justicia y lo respaldaron. Otros -muchos de ellos poderosos, incluido el Departamento de Estado de Estados Unidos, ¡calificándolo como terrorista hasta el 2008!- miraron para el costado y apostaron al régimen del apartheid pues les convenía en su lógica comercial, política o ideológica. Mandela descansa en su tierra, en el corazón de su pueblo y sus ideas de justicia y libertad seguirán siendo una antorcha para todos los luchadores por la justicia.

Entre los hechos políticos, vale la pena detenerse en los actos electorales de nuestro continente. No solo como políticos sino también como ciudadanos. América se ha acostumbrado a votar en forma periódica y regular en procesos electorales que tienen además de supervisión interna, observación internacional y regional. Es bueno resaltarlo. Pues ha pasado la época en que nuestra región era un crisol de dictaduras en las que la legitimidad del gobierno dependía de las internas militares auspiciadas por el Departamento de Estado de Estados Unidos en una perversa interpretación de la Doctrina Monroe, de América para los estadounidenses. Otras veces las elecciones eran simplemente una farsa. En el marco de la doctrina de seguridad nacional y el impulso de las políticas de apertura económica y expoliación de nuestros recursos materiales, en la década del setenta devinieron esas dictaduras en terrorismo de estado.

Es obvio que votar cada cierto período no es suficiente. No solo de votar vive la gente. No hay duda, en cambio lo importante que es participar en un sistema de elección democrática sobre la base de una persona, un voto, que permita al pueblo elegir sus representantes y si no les gusta, eventualmente cambiarlos. Pero es importante recordar -en especial para los más jóvenes - que el derecho cívico de ser elector y ser electo, que costó muchas luchas ha sido una de las conquistas populares, más importantes que se fue afianzando en el siglo XX, y que en ellas no hay vuelta atrás.

Si la clave es la plena vigencia de los derechos humanos, la existencia de elecciones cívicas en ciertas condiciones es una garantía para el conjunto de derechos de la persona humana. Es cierto que la democracia conlleva a veces contradicciones con los derechos humanos, pero ello es intrínseco a la compleja articulación de derechos y deberes en sociedades tan complejas como las que vivimos en este primer cuarto del siglo XXI.

Observemos el panorama que nos deja el 2013. Hace tan solo unos pocos días, sobresale el triunfo contundente, claro e inequívoco de Michelle Bachelet en la segunda vuelta. Este resultado la ubica a partir de marzo próximo como jefa de estado y presidenta de nuestro pueblo hermano de Chile. La Nueva Mayoría que la llevó al triunfo, ha conquistado una base social y política muy trascendente que pone a Chile en el desafío de transformarse para generar mayor equidad y oportunidades a su pueblo. Sus principales objetivos son educación y salud, sin perjuicio de la búsqueda de mejores esquemas institucionales que hagan de la sociedad chilena una más democrática y participativa. Es a cuarenta años también una reivindicación de Salvador Allende en su búsqueda de un Chile más igualitario para toda su gente, a través de las vías pacíficas y democráticas.

Casi en forma concomitante, en Venezuela hubo elecciones de Alcaldes, pocos meses después que hubiese una elección presidencial en las que triunfó el Gran Polo Patriótico, liderado por Nicolás Maduro que sustituyó al fallecido Hugo Chávez. Todo muestra que hay un desarrollo democrático vigoroso en el momento del ejercicio del voto. La elección se produce en momentos muy difíciles para el pueblo venezolano en la que hay una situación económica y política muy delicada, pero que les permite de todas formas expresarse sin cortapisas y mirados los resultados, da la impresión que el sistema político en su conjunto ha sido fortalecido pues todos los involucrados pueden señalar victorias parciales, que no sean empañadas por otras derrotas. Sin perjuicio de ello, la concreción de la hermana República Bolivariana de Venezuela de denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica ha sido una mala noticia y una pésima señal para los que creemos que el Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos ha sido un avance civilizatorio de nuestra región en defensa de las víctimas y sus familiares.

En Colombia, asistimos a procesos muy complejos. Por una parte la negociación para la paz del Estado colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esta es impulsada fuertemente por el Presidente Santos que se refleja en la concreción de conversaciones en Cuba, apoyando ese proceso con Noruega. Por otro lado la reacción a toda salida negociada para una paz estable y duradera, liderada por el ex Presidente Uribe. Este solo visualiza  la vía militar y el exterminio del enemigo, que no parece probable en el mediano plazo. En ese marco, la reciente decisión del Procurador Alejando Ordoñez, de destituir al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro, genera una situación insólita. La resolución se debe solamente a razones de gestión, no a hechos delictivos ni siquiera de quedarse con dineros públicos. Se le acusa de afectar la economía de libre mercado al crear una empresa del municipio para recolectar residuos, casi ridículo si no fuese que se destituiría sin apelación ni juicio, a quien fue democráticamente electo hace un año por la mayoría de los bogotanos. Decisión que de hacerse efectiva, cuestiona seriamente la vigencia plena del sistema democrático en Colombia y muestra que a miles de colombianos, por una simple decisión administrativa, se les priva el derecho de elegir. Más grave aún interpela todo el proceso de paz, pues habilita a que se cuestione de buena fe la posibilidad futura de la participación política de miembros de la guerrilla en la vida institucional colombiana. Aún está en el recuerdo el asesinato de tres candidatos presidenciales de la ex guerrilla en la década del noventa y la persecución con más de cinco mil militantes de izquierda asesinados, desaparecidos y exiliados. En los primeros meses del año próximo, en las elecciones para el Congreso se podrá analizar si las tendencias hacia la paz triunfan y se fortalecen, o si en cambio, prevalecen las que priorizan la guerra y la confrontación.

En Argentina, también hubo elecciones. En agosto las internas primarias, simultaneas y abiertas para las siguientes legislativas de octubre. Al estar la Sra. Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en reposo por razones de salud, quedó fuera de la palestra pública y la contienda quedó entre los diversos actores que pujan por posicionarse de cara a las elecciones del 2015. La Argentina recuperó hace treinta años su sistema democrático y desde entonces, no sin dificultad ha ido fortaleciendo el mismo y no ha sucumbido a los golpes y dictaduras militares, incluyendo la última que devino en terrorismo de estado.  Hoy los argentinos tienen una diversidad de opciones políticas que se reflejan en la composición del parlamento y el gobierno de las provincias y en las que conviven las más variadas apuestas ideológicas.  Se percibe sí un cierto nivel de intolerancia y radicalización extrema, pero seguramente ello no pasará a mayores pues a nadie conviene un descarrilamiento de las instituciones. 

En Paraguay, en las elecciones de abril triunfó Horacio Cartes, sustituyendo al Vicepresidente Franco luego del golpe de estado realizado al Presidente Lugo. Ese proceso tuvo una directa relación con la región y el relacionamiento dentro del MERCOSUR. Se regulariza de esta manera y en esta última semana, con la aceptación de este país del ingreso de Venezuela al bloque regional y la plena reinserción de Paraguay a éste.

En Ecuador, en febrero de este año fue reelecto el Presidente Correa con una mayoría abrumadora que hizo innecesaria la convocatoria a la segunda vuelta electoral, afirmando la llamada "revolución ciudadana" que impulsa el mandatario.

En Perú, hubo elecciones complementarias de regidores de Lima en el marco de un gran ausentismo electoral, sin perjuicio de volver a plantearse las contradicciones de la sociedad peruana de un fujimorismo que aún mantiene su fuerte presencia en el sistema político.

En Honduras, lamentablemente no se termina de consolidar el proceso democrático. Las elecciones han sido fuertemente cuestionadas y el ambiente de crisis política continúa en la sociedad hondureña, que se suma a la violencia que sufre nuestro país hermano. La impugnación por parte del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), que acabó segundo de acuerdo el escrutinio oficial, es una demostración de la fragilidad de la situación. Deberemos seguir con atención este proceso, pues en nada es positivo para Honduras ni para la región.

Más al norte, en la ciudad de Nueva York triunfó el candidato demócrata Bill De Blasio. Llega con una agenda de derechos para los sectores más postergados de la ciudad, entre ellos miles de latinos inmigrantes e indocumentados. Una plataforma que nos recuerda que detrás de Nueva York, ciudad maravillosa y majestuosa, existe un pueblo trabajador con muchas carencias que no logran despegar y generar oportunidades de progreso. Los índices en salud, vivienda y educación de los habitantes más vulnerables de los cinco distritos son similares a los del tercer mundo y entre ellos los de origen hispano tienen una muy alta incidencia.

Según el portal "América Latina Vota" nos espera un calendario electoral intenso en el próximo año. En febrero elecciones presidenciales en El Salvador y presidenciales y legislativas en Costa Rica. Hay que sumarle las legislativas de marzo en Colombia y en mayo las presidenciales y legislativas en Panamá, las legislativas en República Dominicana y las presidenciales en Colombia. En junio las internas de nuestro país. En octubre las presidenciales y legislativas en Bolivia, Brasil y Uruguay.

Así estamos. En nuestro país, la oposición se empecina en realizar discursos apocalípticos y de alegato del avance de fuerzas más izquierdistas, buscando destruir la institucionalidad republicana, la tradición y el derecho. Vaya como nota al pie, que no ha sido precisamente la izquierda promotora, actora o cómplice de las dos dictaduras que sufrió el Uruguay en el siglo XX, sino justamente enemiga acérrima de los liberticidas. A pesar de esa oposición cerril y sin cuartel de los dirigentes blancos y colorados, seguimos avanzando en la buena senda. Se trata  de afirmar y consolidar un proyecto inclusivo basado en el trabajo de los uruguayos y uruguayas, con pleno respeto de las libertades, derechos y garantías para todos. La decisión del Congreso del Frente Amplio de postular a Tabaré Vázquez como candidato a Presidente ha sido una excelente  noticia. No solo para los frenteamplistas, sino para todos los uruguayos. Lo vamos a votar en junio para consolidar el triunfo en primera vuelta en octubre. Poder así, gritar en voz en cuello, ¡festejen uruguayos, festejen! Para ello será necesario redoblar el esfuerzo y el compromiso, pues el destino y la felicidad de nuestro pueblo, está tan solo en ¡nuestras propias manos, inteligencia, esfuerzo y corazón!