En notas anteriores sobre este tema escribíamos y describíamos sobre la Alimentación de los Trabajadores, y la importancia que este tema ha adquirido a nivel mundial, al punto que la misma OIT ha contratado a un experto que investigó sobre el asunto y cuyo trabajo fue edificado en el año 2006 con el título “Alimentación en el Trabajo”. Mirando hacia nuestro país hemos encontrado algunos datos sobre una investigación realizada por el Instituto “Cuesta Duarte” del Pit CNT que vieran la luz en una nota del diario El Observador en Marzo de este año 2008. Entre lo que conocemos de la investigación sabemos que las familias de menores ingresos gastan más de la mitad de su presupuesto en alimentos, se debe tener en cuenta que se eligieron los trabajadores que ganaban un salario mínimo nacional. Otro aspecto que llamó la atención de los investigadores es que los encuestados revelaban un bajo nivel educativo, al punto que la mayoría no habían terminado el ciclo básico. Entre otras cosas la mayoría de los entrevistados no utilizaban el transporte público para concurrir a su trabajo, por el precio del boleto (13.5 pesos).
Se trasladaban en bicicleta o caminando. No utilizan para sus hijos las guarderías o la educación pre-escolar, sino que los mismos quedan al cuidado de familiares a cambio de alguna compensación por ejemplo un surtido de comida. Tampoco en materia de esparcimiento tienen ningún gasto y en todo caso utilizan para distraerse los servicios públicos (plazas, parques) u otros espectáculos gratuitos, cómo el carnaval. Para incrementar sus ingresos la mayor parte de estos trabajadores recurren a “changas” los fines de semana, vender productos por catálogos o realizar todas las horas extras que se le presentan para complementar el sueldo. Es decir que, la gente de menores recursos gasta más de la mitad de los mismos para alimentarse y es la que más energía consume para realizar sus tareas laborales ya que no utiliza vehículos de transporte público, sino que se transporta con lo que llamaríamos “tracción a sangre”, bicicletas o caminata, y además sobre trabaja todo lo que puede para poder vivir algo mejor. Es difícil luego, pedirle buenos niveles de rendimiento o responsabilidad a los mismos cuando seguramente su nivel energético debe ser bajo, producto de una alimentación necesariamente limitada y una actividad física mayor, sumada a una acumulación de horas de trabajo para estirar en algo el salario. Es por esta razón entonces, que hay que empezar a pensar en incluir el tema de la alimentación en la agenda de las discusiones entre trabajadores, empresarios y el gobierno, como un ítem. de primordial importancia.
Diputado Jorge Pozzi