Nuevo Espacio - Frente Amplio
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Rafael Michelini - La República

AMPLITUD

Cuánto tiempo le habrá tomado a Zelmar poder convencer a Juan Pablo Terra, de la necesidad de ampliar aquel Frente del Pueblo que habían formado demócrata cristianos y batllistas a fines de 1970, para que incluyera a los comunistas y al resto de las organizaciones de izquierda. Ese acuerdo y esa demostración de amplitud, fue un paso sustancial hacia la fundación del Frente Amplio, el 5 de febrero de 1971. Cuánto esfuerzo le habrá demandado a Rodney Arismendi, convencer a los miembros de su Partido Comunista, de aquel paso tan trascendente.
No era nada fácil hacer política de izquierda, en el país de aquellos tiempos, en los que te jugabas la vida. No fue una tarea simple construir el Frente Amplio, aunque hoy parezca todo tan natural para muchos uruguayos. Enormes y variados obstáculos se tuvieron que sortear, algunos muy complejos. Y se lograron superar, porque existió la capacidad de mirar con elevación, hacia delante. La capacidad de sobreponerse a la adversidad y utilizar una herramienta fundamental e insustituible a la hora de construir unidad en la diversidad: se pensó y se actuó con mucha amplitud, así, destacado con negrita.
Por algo nos llamamos Frente Amplio. No somos ni Frente por la Victoria, ni Frente Revolucionario, ni Frente de los Desposeídos, ni Frente Unido, como en otras experiencias, aquí se llama y se llamará: Frente Amplio. Y aunque quizás para muchos, la palabra amplio, no irradie la misma fuerza o sensación que supo provocar en nuestro proceso fundacional, lo cierto, es que nada hubiera sido posible sin esa capacidad, sin esa característica imprescindible: la amplitud. Esa actitud política, marcó el temperamento y la identidad de la unidad de izquierda que nacía con un ímpetu singular, puesto de manifiesto hasta en su propio nombre.
Los grandes momentos de acumulación que el Frente Amplio fue capaz de generar mucho después, tuvieron como principal factor de gestación, también esa actitud, la amplitud. El Encuentro Progresista, la Nueva Mayoría, son dos ejemplos nítidos de ello. Cada uno a su tiempo, tuvieron como cimiento esa visión, de parte de los compañeros que supieron concebir la mejor forma de tender los puentes que permitieron construir los escenarios de ampliación y crecimiento.
Es que, en ninguna otra parte del mundo, una estructura con características y funcionamiento de coalición y movimiento, ha podido reunir a comunistas y cristianos, a socialistas y batllistas, a blancos y ex guerrilleros, a socialdemócratas, socialistas democráticos, nacionalistas de izquierda y compañeros sin partido, o sea independientes de izquierda y seguir unidos por décadas.
Pero la amplitud, es un concepto a cultivar, un valor a renovar diariamente en la práctica política que lo proyecte como actitud constante. No surge por generación espontánea y no tiene otra garantía que nuestra propia responsabilidad y cuidado. Cada vez que se adopta una resolución política amplia, inclusiva, por consenso, su valor crece y se afirma. Cuando por el contrario, se elige el camino de la imposición, el de las definiciones excluyentes, que no respeten la pluralidad o el consenso básico, la amplitud disminuye y la unidad se erosiona.
En el Frente Amplio, todos podemos creer que nuestra visión particular es la correcta, la mejor respuesta y el mejor camino para nuestra fuerza política. Podemos ceder ante nuestra ansiedad y la tentación de imponer nuestra propuesta a cal y canto. En esos casos y si es que acaso lo logramos, el festejo será muy breve, pues a la vuelta de la esquina, volveremos a comprobar lo que ya ha dictaminado la historia de nuestra izquierda: las victorias por imposición son derrotas para la unidad, la falta de amplitud y de consenso, erosiona a la propia fuerza política.
Todos sabemos que mañana domingo, en el Congreso Zelmar Michelini, cuando el Frente Amplio se aboque a resolver acerca de sus candidaturas, es casi seguro que no habrá consenso y deberemos asumir el camino de las elecciones internas de junio de 2009, como el necesario para poder resolver al respecto. A menos que exista un gesto de enorme generosidad, de esos que sólo en el Frente Amplio se producen, pero que no siempre se ven, todos sabemos que terminaremos definiendo nuestro candidato a presidente en las elecciones internas.
Esperemos que la sabiduría de todos pueda ahorrarnos fricciones y tensiones innecesarias. En esa instancia interna es clave que los líderes propuestos para ser nuestros candidatos, así como los sectores políticos, los comités de base, en fin, todos los frenteamplistas, encontremos la mejor forma de participar y definir, cultivando amplitud y fraternidad. Pues nuestras actitudes y los contenidos con que transitemos por el Congreso y las elecciones internas, deben ser coherentes con nuestro declarado objetivo principal, que es ganar las elecciones de octubre en primera vuelta. De nuestros errores, inflexibilidades o encierros, surgirán nuestros dramas, que serán ruidosamente amplificados y festejados por la derecha. Se necesita mucha amplitud, de la buena, como en los viejos tiempos, para salir fortalecidos de este proceso.
El dilema planteado, es si en el Congreso, o bien se decide autorizar la participación de todos los candidatos en igualdad de condiciones en las próximas elecciones internas, o por el contrario, pese a la falta del consenso más elemental, se decide por 2/3 de votos, designar un candidato "oficial". Este nudo, que se ha ido apretando en las últimas semanas, podría desatarse colectivamente con amplitud. Con el criterio inclusivo y amplio, con el que hemos resuelto buena parte de los problemas del pasado.
Implica comprender que el criterio que mejor resguarda a nuestra fuerza política y a los propios candidatos, es autorizar a que, los que así lo decidan, puedan participar de la elección interna en igualdad de condiciones desde el mismo punto de partida. Pues sin un mínimo consenso, por más estatutario que sea, designar un candidato "oficial" no tiene sentido, no resuelve ni aporta en cuanto al problema planteado.
Quizás alguien pueda creer que logrando un candidato "oficial" se incline la balanza en junio a favor del mismo. Es legítimo que se intente, el estatuto así lo prevé, es posible que existan los votos para ello y hay un candidato excepcional que puede conseguir los 2/3, como lo es el compañero José "Pepe" Mujica. Es así y no descubro nada, el "Pepe" es un gran candidato, al que siempre hemos querido como compañero de una fórmula que encabece Danilo Astori. Pero no creo que le aporte a su propia potencialidad una designación de candidato "oficial", que se obtenga en estas condiciones.
Si hay alguien que no encaja bajo el rótulo de candidato "oficial" es el "Pepe", muy buena parte de su personalidad política la ha generado rompiendo moldes, abriendo puertas, fuera del protocolo, las formalidades y los encasillamientos. Pero si así se va a proceder, a mi juicio, flaco favor le van a hacer. Por supuesto, no está en mis manos, corregir decisiones ajenas. Mi preocupación, es que también es un muy flaco favor para el Frente Amplio. Creo que, en este momento, necesitamos más amplitud. Amplitud de cabeza y de actuación, para no construir encierros, a partir de la letra del estatuto y de las correlaciones puntuales en un escenario interno. Más amplitud es lo que construye mejores decisiones y más unidad. Creo que hoy, debemos recordarlo.

Senador Rafael Michelini

Sábado 13 de diciembre

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