Nuevo Espacio - Frente Amplio
ARTICULOS

Rafael Michelini - La República

OBAMA, EL PRESIDENTE Nº44

No nos sorprendió que Barack Hussein Obama, en la recta final, ganara las elecciones de Estados Unidos. Llevaba una ventaja considerable y había sorteado con éxito todas las dificultades, un acumulado lo suficientemente sólido para aventar una posibilidad de derrota a último momento. Nos sorprendió la holgura de la victoria, la participación de los electores, el entusiasmo y el masivo apoyo que logró concitar Obama en el pueblo estadounidense. Una formidable conquista. Desde que comenzó a andar su largo camino hasta el triunfo del martes, el candidato demócrata consiguió despertar una ola de esperanza en el pueblo norteamericano, como no había existido desde la elección que hizo presidente JF Kennedy.
Obama luchó contra todos los obstáculos y los prejuicios. Quién hubiera podido asegurar, algunos años atrás, que aquel joven afrodescendiente, de padres divorciados, con una adolescencia complicada, de segundo nombre Hussein, con un pasado musulmán, que se desempeñaba en su primera legislatura senaturial y que fue de los pocos que se enfrentó a la guerra santa de George W. Bush, fuera a ser el presidente Nº 44 y el primer mandatario negro en la vida de los Estados Unidos.
Los que siguieron paso a paso su campaña, seguramente observaron que el apoyo financiero a la campaña de Obama fue inmenso, pero lo más importante no fue el monto fabuloso que consiguió recaudar, lo más significativo es que se reunió a partir de contribuciones de 5, 10 y 20 dólares que donaron sus votantes. El nivel de adhesión popular y el apoyo de la gente se expresaron en todos los ámbitos de la sociedad. Por supuesto que la tecnología ayudó a recaudar, a comunicar y a participar, pero nada se podía haber logrado si Obama no encarnaba ese liderazgo que el pueblo estaba buscando. "Audacia", "Esperanza", "Cambio", y "SÍ SE PUEDE", fueron los mensajes más reiterados en la campaña de Obama, y los más esperados por todos los corazones de los ciudadanos.
Obama y su futuro gobierno tienen por delante enormes desafíos. Recuperar la autoestima de su pueblo es un requisito fundamental y la victoria, evidentemente, fue un gran paso en esa dirección. Pero también, el reconstruir un liderazgo mundial de Estados Unidos, desdibujado y desacreditado durante los últimos ocho años, a partir de la aplicación de una política internacional donde las únicas herramientas han sido la amenaza, la guerra y la prepotencia. Consolidar la paz, desarrollar una relación política seria, constructiva con la comunidad mundial, salir de ese estado demencial de guerra permanente, resolver el retorno de los soldados a su hogar, es otro de los grandes retos del futuro gobierno.
No va a ser fácil, por supuesto. Asumir desde el vamos la necesidad de remontar la crisis económica en la cual está sumergido EEUU y recuperar la confianza de su gente es una tarea compleja que requerirá mucho esfuerzo y sabiduría. Pero hay un compromiso declarado de Obama que también marca una distancia y una diferencia palmaria con el gobierno republicano actual: la promesa de establecer políticas dirigidas a superar la indigencia, la pobreza y la marginalidad social que afectan a miles de norteamericanos, a pesar de vivir en un país inmensamente rico.
El acceso a la salud está sumamente restringido en EEUU, sus costos son prohibitivos para buena parte de los ciudadanos, que carecen de cobertura generándose un problema social muy grave. El sistema educativo estadounidense requiere de cambios y de políticas destinadas a mejorar su acceso, la calidad y sobre todo a superar la deserción. Son todos temas difíciles de resolver en solo 4 años. ¿Podrá hacerlo Obama? Confiamos en que pueda avanzar en forma importante. Cuenta con lo primero y lo más importante, una gran ola de confianza, de entusiasmo y esperanza de sus propios ciudadanos.
Rosa Parker, aquella mujer negra que en los años sesenta se negó a darle el asiento en el ómnibus a un blanco y que marchó a prisión por ello, todavía está en el recuerdo de todos nosotros. Esa actitud fue uno de los elementos disparadores que logró poner de manifiesto, en toda su dimensión, la injusticia y la increíble discriminación que padecían los negros en Estados Unidos. Aquellas manifestaciones multitudinarias que se generaron en todo Estados Unidos, las grandes marchas de protesta y en favor de los derechos civiles todavía no han cumplido cincuenta años. ¿Cuánto de aquella rebeldía forjó la victoria del martes pasado? ¿Cuánto de aquella lucha por los derechos civiles generó el escenario de triunfo de Obama? ¿Cuánta sangre de mártires, como Martin Luther King, debió correr para que fuera electo el primer presidente negro en EEUU?
La lucha por la libertad, contra las injusticias, contra la discriminación y la exclusión, cualquiera sea, tiene siempre dolores, sufrimientos, pero esa gesta, ese esfuerzo permanente y perseverante, consigue conquistarle al tiempo, también horas de gloria, minutos sublimes de satisfacción, de dignidad y esperanza. Un tiempo para unirse, levantar la cabeza y volver a confiar, para recobrar la energía y retemplar el ánimo, para seguir luchando por nuestros ideales. La victoria del martes fue uno de esos momentos para reafirmarnos y pensar una vez más que el objetivo es posible, que sí, que se puede. Y déjenme gritarlo a todo trapo: Barack Obama es el presidente Nº 44 y el primer mandatario negro de la historia de Estados Unidos.

Senador Rafael Michelini, Nuevo Espacio FA
Sábado 8 de noviembre del 2008.

© 2010 NuevoEspacio.org.uy