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Rafael Michelini - La República

La izquierda y los cambios

Sísifo es uno de los personajes más astutos y controvertidos de la mitología griega. Fue rey y fundador de Corinto, y era, para algunos autores, el padre del mismísimo Ulises. Su inteligencia le permitía grandes beneficios; sin embargo, su falta de ética le valió la consideración de que era un bandido, un malhechor. Enojado con él, Zeus le envió a Tánatos, la muerte, pero Sísifo, mediante artilugios, logró apresarla. El rapto salvó su vida y consiguió que por un tiempo ningún mortal muriese.

Más tarde, Tánatos fue liberada y Sísifo fue enviado al infierno, pero con nuevos engaños logró volver al mundo y vivir en él hasta la vejez. Finalmente, Zeus ordenó su captura y lo regresó al infierno, donde le fue aplicado un castigo muy cruel. Es así que a Sísifo se le conoce también por su suplicio. Ya viejo y condenado a la ceguera, debía subir, eternamente, una enorme roca a la cima de una montaña. Cuando casi estaba por lograrlo, ésta se le caía y debía volver a empezar. Pensaban los dioses que no había castigo más terrible que el trabajo inútil.

En ocasiones, en largas reuniones internas de nuestra fuerza política, cuando muchos compañeros expresan frecuentemente su insatisfacción con respecto a la labor de nuestro gobierno, la figura de Sísifo y su roca atraviesan mi mente. Para mi asombro, ocurre que no son muchos los compañeros que señalen grandes conquistas del gobierno frenteamplista.

Hay una parte de la izquierda, minoritaria por cierto, que parece ciega al momento de distinguir los logros de la gestión del Frente Amplio. Hay otra parte, más numerosa, que experimenta un cierto sentimiento de frustración, porque piensa que después de tanto luchar los cambios operados no poseen la magnitud de la expectativa. Sienten que la roca se nos cae cuando casi estábamos en la cima.

Para ambos casos, tanto de ceguera como de frustración, me propongo observar con ustedes algunos avances conseguidos hasta ahora por el Frente Amplio en el gobierno, que a mi juicio representan cambios muy visibles y de profundidad muy respetable.

Para empezar, el Plan de Emergencia supuso destinar unos 200 millones de dólares, desde mediados de 2005 hasta finales de 2007, para atender a los sectores más sumergidos. La indigencia, que afecta especialmente a niños y mujeres jóvenes, registró un drástico descenso, acercándose rápidamente a casi cero. La reinstalación de los Consejos de Salarios significó un enorme paso en materia de relaciones laborales y también en aumentos salariales para la totalidad de los trabajadores del país. Niveles de salario real que hoy exhiben una recuperación casi completa de la pérdida ocurrida durante el anterior gobierno. ¿Ambas cosas hubieran sido posibles sin un gobierno de izquierda? Claro que no.

En materia de derechos humanos los avances han sido enormes. Se investigó y se sigue excavando en unidades militares, lo que nadie antes se animó a hacer. Se recuperaron restos, hay civiles, policías y militares presos acusados de desapariciones y muertes en tiempos de la dictadura.

Se duplicaron los recursos asignados para la educación, con respecto a los que se le adjudicaban en el gobierno anterior, y la misma va a recibir unos 1.000 millones de dólares por año al final del período. No hay presupuesto mayor para la educación en toda la historia del país que el que ha dispuesto este gobierno.

A pocos días de iniciar nuestra gestión sorteamos con éxito la crisis financiera de Cofac y afrontamos con responsabilidad la sequía del verano de 2005, que afectó la producción agropecuaria y la generación de energía. Es más, instalamos en tiempo récord la planta de Delta del Tigre como soporte para la generación de energía. Los biocombustibles, el emprendimiento sucro-alcoholero en el norte del país y un gasoil de menor costo para la producción y el transporte, son respuestas efectivas en materia energética que el gobierno está desarrollando.

La reforma tributaria representó un gran cambio del sistema tributario uruguayo y va a cambiar mucho más, incluso, la cabeza de la gente. En materia de salud ya se han aprobado dos leyes al respecto. Los funcionarios públicos ahora tienen su cuota mutual, reivindicación histórica de los trabajadores, y ya está en trámite parlamentario la ley que va incorporar a partir del 1º de enero de 2008 a más de 300 mil niños y adolescentes al sistema mutual, mejorando sustancialmente su atención sanitaria.

Podemos seguir. La Agencia Nacional para la Investigación, la Agencia Nacional de Vivienda, las leyes de Presupuesto, las normas de defensa del consumidor, la ley de humanización del sistema carcelario, las cuatro modificaciones gruesas al Código del Niño, las normas que mejoran el desempeño de los entes autónomos, el proyecto de ley de partidos políticos actualmente en curso, los fueros sindicales, obligaciones con respecto a las tercerizaciones y las leyes sobre derechos humanos. Son todas reformas y avances de este gobierno, que nos parecen de capital importancia.

Faltan aún la reforma de la educación y la reforma en cuanto a defensa nacional. Es cierto. Han demandado un tiempo mayor para su elaboración. Hemos tratado de generar, en ambos casos, una amplia participación, ya que no pueden gestarse dos reformas de esta magnitud de espaldas a la sociedad.

Pero hay un gran cambio que se ha operado en el país que no depende de una única decisión de gobierno ni resulta de un proyecto de reforma en particular. Es el cambio de la realidad económica y fundamentalmente de la realidad social de nuestro Uruguay. Es el cambio sustancial que nos ha permitido tener, en dos años y medio 300.000 pobres menos, el gran paso que han dado en su vida más de 100.000 compatriotas que han superado la indigencia. El que nos permite tener hoy en día la mayor cifra de uruguayos con ocupación de toda nuestra historia y la menor tasa de desempleo en décadas.

Esto no representa ningún exitismo, menos aún una actitud conformista. Es simplemente ser responsable y reconocer la realidad que hemos sabido construir todos juntos. Yo comprendo y comparto la ansiedad. Todos queremos llegar más profundamente y más aprisa. Pero es un profundo error minimizar nuestras propias conquistas, no dar cuenta de los resultados de nuestro propio esfuerzo.

A diferencia del pobre Sísifo, la izquierda todos los días empuja, sube las rocas a la cima de la montaña. Piedra a piedra, paso a paso, como debe ser, modificando así a la propia montaña, cambiándola, para hacerla menos vertical, menos empinada, haciendo más fácil el camino, para poder subirla a mayor velocidad, con rocas cada vez más grandes. Con sumo cuidado, para que no se caigan, el cambio se afiance y puedan seguirlo las nuevas generaciones.

El argelino-francés Albert Camus (1913-1960), filósofo, fundador y director del periódico clandestino Combat en tiempos de la Francia ocupada por los nazis, escribió en 1942 "El mito de Sísifo". Camus afirma que, a pesar del suplicio, de estar ciego y de su terrible condena, igual debemos imaginarnos a un Sísifo dichoso. La dicha de aquel que está al pie de la montaña, dispuesto y confiado de su obra, seguro de su lucha y de poder escalar la montaña una y mil veces.

Lo que hemos hecho es mucho y en los tiempos que políticamente la realidad ha permitido. Así lo entiendo yo y deseo que nuestros hijos así puedan valorarlo. Quiero una izquierda optimista y dichosa, segura de su lucha y de su obra, de poder escalar todos los días, con éxito, nuestra montaña.

La Republica, Martes 28 de agosto de 2007.

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