Pasar unos días fuera del país permite siempre una perspectiva más distante sobre los procesos políticos y sociales que atraviesa la sociedad uruguaya, valorar más acertadamente las fortalezas y posibilidades del Uruguay.
Si a ello se agrega que en este caso tuve la oportunidad de conocer un país situado en el centro oriente de África, como Uganda, se da una combinación adecuada que permite apreciar y comparar realidades, para regresar con el ánimo retemplado y las ganas de seguir aportando a la construcción de un Uruguay más justo y por ello mejor. Los atentos lectores de Uypress tal vez notaron una breve noticia sobre mi viaje. Diserté en la “6º Asamblea de Parlamentarios sobre la Corte Penal Internacional y el Estado de Derecho” que se realizó en Kampala, la capital de Uganda. Esta reunión se realizó como preparatoria y en el marco de la Primera Conferencia de Estados Partes de Revisión del Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional. En estos días la Conferencia está finalizando y se espera que concluya con la incorporación de los mecanismos para que el crimen de agresión – incorporado al Estatuto- pueda ser objeto de consideración por la Corte Penal Internacional. Se trata de seguir fortaleciendo la acción de la comunidad internacional, dándole los medios para que tenga mejor capacidad para perseguir a los autores de los delitos más graves como son el genocidio, los crímenes de guerra y de lesa humanidad. Si la Conferencia finaliza como se espera, se incluirá entre ellos la agresión. La Corte Penal Internacional interviene en aquellos casos en que los estados no puedan o no quieran ejercer su pretensión punitiva de castigar estos graves crímenes. Se trata en definitiva de continuar profundizando la lucha contra la impunidad de la que fueron hitos los juicios de Nuremberg, Tokio, Rwanda y la Ex Yugoslavia, a nivel internacional. Es imperioso fortalecer esta lucha también en los niveles nacionales. Lamentablemente, el Uruguay tiene todavía una “asignatura pendiente” al mantener vigente la ley mamarracho, la ley de caducidad 15.848, verdadera afrenta a nuestra historia y a nuestra dignidad como país. No dejaremos de recorrer todos los caminos institucionales hasta erradicarla de nuestro ordenamiento jurídico. En democracia no puede aceptarse la existencia de ciudadanos de primera y de segunda clase. Rebela a nuestra conciencia que los delitos más repugnantes, como la desaparición forzada y la tortura, queden impunes por la existencia de una ley incompatible con nuestra Constitución y las normas internacionales ratificadas por el Uruguay. La convocatoria la semana próxima, por parte del Presidente del Frente Amplio –como lo estableció la Mesa Política - a una reunión de expertos de todos los sectores de la fuerza política es altamente esperanzadora sobre la posibilidad de lograr consensos y definir a partir de ellos un plan de acción en este área fundamental para recuperar plenamente la dignidad de la República. Más allá de ese abordaje jurídico de protección de la persona humana en sus derechos fundamentales, en la lucha contra la impunidad alienta el núcleo esencial del proyecto de izquierda, pues no es concebible concretar la aspiración de construir un país productivo, en el marco del estado de derecho garante de todas las libertades, orientado a la realización de los valores de justicia e igualdad, si al mismo tiempo subsisten normas que, como, la de impunidad, son patente ejemplo del privilegio y la desigualdad. Eliminar la indigencia, bajar la pobreza, reducir la desigualdad en la distribución del ingreso tienen otro sentido si conjuntamente con ello se recupera plenamente el concepto de que todos somos iguales ante la ley y de que, por consiguiente, no existen conductas delictivas, y menos aún gravísimas, que pueden quedar al margen de la sanción penal legalmente prevista. Desde otro punto de vista, debo confesar que Uganda, como realidad, como país, como muestra (por limitada que sea) de la realidad africana, me impactó. La combinación de bellezas naturales extraordinarias, realmente únicas, con altísimos índices de pobreza y pauperización de grandes masas, realidad enraizada en el legado colonial y en casi medio siglo de difícil desarrollo político e institucional, así como la presencia de clanes, tribus y etnias ancestrales, produce una polifonía cultural difícil de asimilar rápidamente desde nuestra visión de uruguayo medio y aún de sudamericano. Pese a sus pocos años de vida como país independiente, Uganda con sus más de treinta y dos millones de habitantes, sus treinta y cinco idiomas, en un territorio un poco más extenso al de nuestro país, refleja descarnadamente las contradicciones del mundo global y la injusta distribución del ingreso a nivel mundial. Como toda África, el pueblo ugandés muestra al extranjero de forma afable y respetuosa, con ánimo alegre y descontracturado su pasado de esclavitud, colonización y apartheid, su presente de pobreza, explotación y adversidad, su esfuerzo por alcanzar un futuro de esperanza, paz y prosperidad. En definitiva, este breve viaje, me lleva a identificar cada vez mejor nuestras fortalezas como país y por ello, a redoblar la esperanza de que es posible llegar a ese país de primera, ese Uruguay para todos que es nuestro objetivo político. Diputado Felipe Michelini