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Javier Cha - La República

¿PREJUICIOS DE QUÉ CLASE?

A continuación el último artículo escrito por Javier Cha...

Hace algunos días, el senador Mujica afirmó que si gana la elección interna, hay jerarcas del actual gobierno que no van a votarlo en octubre. Según Mujica, estas y otras actitudes negativas hacia su figura, surgen a partir de lo que considera “un prejuicio de clase” dentro de la propia izquierda. En otras declaraciones, ya había adelantado juicios en esa línea, cuando trazó una divisoria en la izquierda, entre “terrajas” y “cajetillas”, entre los del “Cerro y los de Malvín”, al tiempo que se proclamó como representante de los pobres, a los que denominó “mis desarrapados”.

Yo no creo que existan “prejuicios de clase” con respecto al candidato oficial, en el Frente Amplio. No los hay con Mujica el candidato, con el Pepe tal cual es o con cualquiera de los dos. Me parece un error, juguetear con juicios que sólo conducen a enojos y desconfianzas. Creo que, como cualquiera de nuestros dirigentes, los compañeros que poseen responsabilidades en el gobierno, preferirían cortarse la mano con un serrucho antes que votar fuera del Frente Amplio.

Lo que ocurre es algo muy distinto y mucho más elemental. Si el compañero Mujica, quisiera explicar la causa de algunas resistencias que despierta dentro de la izquierda, le bastaría con repasar la generosidad de sus excesos de discurso y de ciertas actitudes. De esa manera, no le costaría nada admitir que hasta parecen ser bastante comprensibles.

El Pepe, a veces abusa de la sensibilidad política e intelectual de un contingente importante de ciudadanos de izquierda. Con misteriosa motivación, ha formulado declaraciones que agreden el criterio político y el sentido común de muchos compañeros, que sin ser ningunos exquisitos, conforman un colectivo quizás poco propenso al consumo de simplezas, contradicciones y exotismos.

Es muy fácil darse cuenta. Compruébelo usted mismo. Si descalifica pública y políticamente a los técnicos de su propio partido, declara con desdén o trata peyorativamente a los universitarios, trata de cajetillas a los que no comparten su estilo o su cotidianeidad, si grita ordinarieces en forma gratuita y plantea utopías que nadie puede asegurar si es en broma o en serio, usted va a ver que, seguramente, una porción de sus compañeros, a pesar del cariño que le tienen, lo mirarán con cierto recelo.
Y aunque usted no sea técnico, ni universitario o ni siquiera bachiller, pero es un militante frenteamplista que pertenece a una cultura y a una tradición de izquierda, cimentada en la razón, en la fuerza de sus ideas y en la claridad de su proyecto democrático, donde la consistencia y la responsabilidad en la propuesta, representan aspiraciones y virtudes en su práctica política, es entendible que a veces, sienta como un aplauso en la cara, cuando ve que el personaje mediático suplanta al dirigente político y regala afirmaciones un tanto extravagantes.
¿Cómo deberían sentirse algunos compañeros del ejecutivo, quizás demasiado serios, orgánicos o disciplinados, cuando, frente a un problema suscitado por una arbitraria y desfavorable calificación en contra de nuestro país, con respecto al secreto tributario, el candidato oficial se pasó una semana gritando en los medios: “el secreto bancario es una joda”, “todo eso es una joda” y “es una joda descomunal”, en vez de respaldar y cerrar filas junto a su propio gobierno?
¿Cómo deberían interpretar, los jóvenes frenteamplistas que promueven una política que no criminalice ni reprima a los consumidores de drogas, las declaraciones de: “al que se pichicatea hay que agarrarlo del forro, meterlo en una colonia y sacarle el vicio a prepo“, o “los que se drogan son enfermos que terminan delinquiendo”, sobre los que el “Estado debería intervenir”? ¿Eso es una contribución seria al debate?

Hasta compañeros ya bien curtidos caen presa del desconcierto, al tratar de entender cuál es el modelo que se propone para el Uruguay del futuro. ¿Es Suecia, Nueva Zelanda o la sociedad de los Kung San? Tenemos dificultades para poder integrar a la socialdemocracia nórdica, al capitalismo liberal progresista y al exotismo tribal del Kalahari en un mismo cóctel paradigmático.

Habría que bajarle un cambio a las bromas, hay mucha gente que no las entiende. No concibo que en la izquierda existan prejuicios porque el candidato use traje o guayabera, alpargatas o Hush Puppies. No creo que importe, si quiere vivir en una chacra o en Malvín, me da igual que ande en moto, nave o bicicleta, que sea economista o plante boniatos. No representa para mí ningún elemento de calificación relevante, que el candidato haga votos de pobreza o que elija vivir con 20, 30 o 40.000 pesos.

Nada de eso hace más o menos de izquierda a nadie, ni más socialista, ni más sabio, ni siquiera lo hace mejor ciudadano. Nada de eso le asigna a nadie talento, mayor compromiso o mejor capacidad política, no genera mejor visión de estado o capacidad de gobierno.

Despiertan prejuicios, la clase de cosas que decimos, que a veces son un poco irreflexivas. Nadie duda de los valores, la entrega y de las mejores intenciones que poseen todos los compañeros. No hay discriminación ni encono, ni animadversión entre frenteamplistas, nuestros lazos, nuestra unidad, tiene raíces muy profundas y aunque siempre haya algún ofendido o algún calentón en la familia, los abrazos y el mutuo reconocimiento, serán la indudable postal que nos espera la misma noche del 28 de junio.

La preocupación es muy otra. ¿Sabés por qué Pepe? Porque nosotros, morimos por izquierda, es lo mejor de nuestras vidas, nos reímos y aguantamos lo que venga. Pero, hay muchos miles que no sacaron cédula frenteamplista, que no piensan igual, que no tienen partido, no sienten ninguna obligación con nosotros y precisamos que nos voten, porque sin ellos, no ganamos las elecciones en octubre. Son bastante más de cien mil y todavía, no están con nosotros. Ellos razonan distinto, son exigentes, calculadores, leen el balance y también, todas esas cosas que decimos en los diarios. A esos amigos va a haber que convencerlos, usando otros argumentos, no los vamos a traer con canchereadas.

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