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Rafael Michelini - La República

El Congreso del Frente Amplio

El 25 de agosto pasado los uruguayos conmemoramos un nuevo aniversario de la Declaratoria de nuestra Independencia. En esa misma fecha, los frenteamplistas celebramos también el día del Comité de Base. Fue por ello que, después de mediodía, iniciamos una recorrida por varios comités, de distintos barrios montevideanos, que terminamos en el Chávez Sosa, en Ignacio Núñez y Juan Ortiz. Allí tuvimos una linda reunión y una buena charla con los compañeros acerca de los DDHH y de la anulación de la ley de Caducidad.

Más allá de nuestros argumentos y del apoyo mayoritario que concita la anulación de la ley de impunidad, encontré, una suerte de duda o desconfianza acerca de si, efectivamente, en el próximo Congreso del FA se adoptarían resoluciones con respecto a los temas más discutidos.

Existe el temor que no se quiera discutir o que se interpongan objeciones reglamentarias, para evitar pronunciamientos, si los mismos no están alineados con las políticas del gobierno. Y esa preocupación puede tener sus fundamentos. Las posiciones previas de algunos sectores, que consideraban inconveniente la realización del congreso este año, las advertencias de otros, acerca de no abrir debates u operar decisiones que puedan afectar la imagen del gobierno, o sencillamente, el temor de discutir y resolver de una vez, la anulación de la ley de caducidad, son elementos, que han alimentado esa suspicacia.

Pero hay más. También, se piensa que el congreso, puede constituir para algunos, la oportunidad de marcar perfil electoral y por supuesto, para otros, el ansiado momento y lugar para descargar cuestionamientos a la política económica, esos que se agitan con fuerza en los medios de comunicación, pero que nunca se formalizan en ningún ámbito de gobierno.

La participación, la discusión profunda y abierta de los temas que nos convocan, el valor de nuestros congresos y de nuestras decisiones, representan dimensiones muy importantes para la legitimidad de nuestra fuerza política y para la motivación y el entusiasmo de todos los frenteamplistas. Es necesario que el futuro congreso exprese lo mejor de la reflexión de los militantes junto a sus dirigentes, que sus resoluciones sean el producto de una discusión franca y a fondo. No comparto las sugerencias de algunos, de que para no afectar la marcha del gobierno, conviene no ir muy profundo y minimizar las resoluciones a adoptarse.

Voy por el camino opuesto. Soy partidario de discutir profundamente todo lo concerniente a nuestra actuación como gobierno nacional, porque estoy muy convencido del valor de nuestra obra en el marco de las restricciones y limitaciones que nuestro gobierno debe enfrentar diariamente. Estoy orgulloso de los pasos que hemos dado, que afirman la recuperación nacional que están gestando el desarrollo productivo y nos permiten, gradualmente, avanzar en el camino de la igualdad.

Este congreso del Frente Amplio, seguramente va a expresarse acerca de dos puntos muy importantes: 1) la marcha del gobierno, que algunos reducen al desempeño de su política económica; 2) la iniciativa de anulación de la ley de caducidad, que ha ganado mucho terreno en la discusión política frenteamplista. Una mayoría ostensible está de acuerdo en su anulación, las diferencias surgen frente a la pregunta de ¿cuándo? O sea, la discusión se acota a un tema de oportunidad.

En el primer tema, la marcha del gobierno sería un gran error reducir su discusión al sólo examen de la política económica. Igualmente, nos debemos una buena discusión sobre la misma. Es cierto. Una discusión fundada, responsable, acerca del rumbo y la velocidad de nuestro avance en materia económica, despejando simplismos y frases hechas. Pero ese debate no puede soslayar lo bueno que estamos haciendo en materia de salud, seguridad, educación, vivienda, el país productivo, la lucha contra la pobreza y las políticas laborales. Cada paso que hemos dado, cada reforma hecha o en camino, cada recurso aplicado en esas asignaturas se ha orientado en la dirección correcta: a) apoyar a los que menos tienen; b) fomentar el empleo y la producción.

¿Y la política económica? También va en esa dirección. No tengo dudas. Y aunque toda obra humana es perfectible, si la medimos por sus resultados la política económica de nuestro gobierno, la que apoyan, sin excepciones, el Presidente y todos los compañeros ministros, con creces, salva el examen.

Tenemos la menor desocupación en décadas, la cifra de personas con ocupación más alta de toda la historia y el nivel más elevado de formalidad conocido en el Uruguay. Ha crecido el salario real, recuperando prácticamente lo perdido en el período anterior. Pero también, han crecido los ingresos de los hogares, ya que reciben, tanto los aumentos de salarios y de pasividades, como los nuevos ingresos, producto de que otros miembros de la familia han conseguido empleo.

Los recursos destinados al Plan de Emergencia han permitido reducir la indigencia casi a cero. Las oportunidades laborales, abren nuevas perspectivas y mejores posibilidades para muchos uruguayos y las cifras muestran que más de 300 mil han logrado salir de la pobreza. Los niveles de inversión real son los más altos en décadas y el país vive, un proceso de industrialización, inimaginable pocos años atrás. Se empieza a materializar, gradualmente, nuestro objetivo compartido de país productivo y desarrollo sostenido. El país ha hecho un gran esfuerzo, nuestro gobierno ha marcado el rumbo, con decisiones correctas, ponderadas y con necesario pragmatismo.

Pero falta muchísimo más y debemos avanzar con mucha fuerza, ya que aún estamos muy lejos de poder satisfacer las necesidades básicas de todos nuestros compatriotas. Lo conseguido, claro está, es sólo el comienzo, pero un comienzo muy auspicioso, si recordamos con claridad y humildad, que arrancamos en la ruina y con enormes precariedades y limitaciones. Que hace apenas 30 meses recibimos un país quebrado, económica y socialmente, producto de las políticas aplicadas durante muchos años, por blancos y colorados. Si recordamos bien ese punto de partida, es muy sencillo percibir cómo ha cambiado el país.

Entonces, esta es una discusión que tenemos que dar con realismo, con visión de proceso, con profundidad, pero con la confianza que brindan nuestros propios resultados. Es una discusión que debemos dar con pragmatismo. Qué cosas logramos en esta primera parte de nuestro gobierno y qué cosas alcanzaremos, en los dos años y medio que restan, qué desafíos nos aguardan para el próximo gobierno del Frente Amplio.

Pero existe otra discusión. Una segunda discusión, bien distinta, pues está directamente instalada en la órbita de los principios: la de anular la ley de caducidad. Razones sobran, hay en exceso y de todo tipo. Existen antecedentes, el Parlamento uruguayo ya ha anulado otras leyes anteriormente. Es una norma groseramente inconstitucional, atropella principios fundamentales de nuestra carta magna. Consagra la impunidad, repudia el valor de la justicia en nuestra sociedad, degrada nuestro sistema democrático, violenta la igualdad de los ciudadanos ante la ley y nuestra propia dignidad nacional. Representa un símbolo de oprobio, de vergüenza, una pesada e inmerecida carga para las nuevas generaciones que no debemos seguir tolerando. ¿Qué estamos esperando?

Hay compañeros legisladores que afirman, que si el congreso del Frente Amplio adoptara una resolución en ese sentido, les desataría las manos, estarían en condiciones de votar, con orgullo, la anulación de la ley de caducidad. Bueno, quizás será la tarea de cada compañero congresal desatar esos nudos que hoy nos impiden anular la impunidad.

En el próximo congreso, debemos estar todos unidos, con pragmatismo sí, reafirmando principios fundamentales también, pero sobre todo, tenemos que salir de ese congreso con entusiasmo, con firmeza y convicción, de que estamos en el buen camino. Eso, seguramente, lo vamos a conseguir, si somos capaces de darnos, entre todos, la oportunidad de una discusión franca, sin temores y con responsabilidad, a la altura de una fuerza política que, quiere y debe seguir transformando este país.

La Republica, Martes 4 de setiembre de 2007.

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