La campaña electoral frenteamplista, de cara a las internas del próximo 28 de junio, ha entrado en su fase más intensa de despliegue público. Para el Frente Amplio, no es sólo un proceso electoral para determinar el candidato que los frenteamplistas prefieren. Constituye una gran oportunidad para promover los resultados de su gestión de gobierno, expandir su mensaje político y su apoyo electoral, camino a un nuevo triunfo en octubre.
Pero también, después de muchos amagues, pensábamos que este proceso electoral interno sería la oportunidad, para conocer la propuesta alternativa de aquellos compañeros que tantas veces sostuvieron con firmeza, que había otra manera, otro camino y otras apuestas posibles, que nos conducirían a transformaciones más profundas y mejores resultados que los obtenidos por nuestro gobierno.
Qué mejor ocasión que esta campaña, para conocer ahora sí, las propuestas y líneas de acción, coherentes con esas afirmaciones. “Hay otra política económica”, para avanzar más profundamente hacia “el verdadero país productivo”, se afirmó con insistencia por compañeros que marcaban públicamente sus diferencias con lo ensayado por nuestra gestión en ambas esferas, mientras reclamaban cambios de orientación, a un equipo económico que se consideraba dogmático y carente de apertura. “Perdí con Harvard”, fue el título memorable de un episodio que ejemplificó la disconformidad y la decepción, del ayer Ministro de Ganadería, hoy senador y candidato, José Mujica.
Poco después, otros compañeros menos metafóricos, decidieron elevar la apuesta y catalogaron a nuestro gobierno como “un gobierno en disputa”, protagonizando uno de los excesos políticos más expresivos del período. Avanzando en el terreno de lo insólito, también auspiciaron y apoyaron a nivel sindical, una serie de movilizaciones y paros contra la política del propio gobierno que integraban e integran, con responsabilidades de nivel ministerial. Quizás como demostración de esa forma particular de entender la unidad política y la unidad de acción frenteamplista, que sólo parece lesionarse mediante las opiniones de lo demás, pero jamás a partir de las actitudes, las contradicciones y los bochornos propios.
La denominada, con calor unitario, como “la política económica de Astori”, pese a ser asumida como propia y sistemáticamente defendida por el Presidente Tabaré Vázquez, siguió siendo el objeto preferido de los cuestionamientos internos publicados en la prensa, que por fortuna, jamás rozaron a otros ministros en ámbitos de gran relevancia productiva.
El entusiasmo crítico se fue diluyendo, en la medida que la conducción del equipo de políticos y profesionales frenteamplistas egresados de nuestra Facultad de Ciencias Económicas, ahora erigida como sucursal uruguaya de Harvard, comenzó a exhibir los mejores resultados de nuestra economía en los últimos 80 años. El crecimiento, la inversión, la evolución del empleo, la reducción de la pobreza, el presupuesto para la educación, el gasto social más elevado de toda la historia y otros resultados, fueron disipando dudas, eslóganes y calificativos de mal gusto.
Y allí se terminó el “gobierno en disputa”, se apagaron los fuegos artificiales y comenzó la verdadera disputa, la disputa dentro de la izquierda por el futuro gobierno.
Y se terminó aquello de la “política económica de Astori”, ya que sus resultados pasaron a encabezar todas las listas de los principales logros de nuestro gobierno, como patrimonio colectivo y conquista de todo el Frente Amplio. Resultados alcanzados a partir de la estabilidad y la construcción de una fuerte y extendida confianza en nuestra economía, cuyas claves aún no han sido del todo incorporadas por el criterio político de algunos compañeros.
Quizás de allí provenga el grado de subestimación, con que se manejan públicamente algunos temas como el del secreto bancario. Si el compañero Mujica tenía desde hacía tiempo, observaciones para hacer sobre el secreto bancario y sus inconveniencias para el país y si tenía propuestas para realizar sobre el tema, ¿por qué no lo hizo mucho antes? ¿por qué no se lo planteó en privado al Ministro de Economía de su propio gobierno? ¿Si había un dictamen de un organismo internacional que perjudicaba al país, no debía cerrar filas junto a su gobierno? ¿Por qué darle tribuna, darle prensa, darle caudal electoral y no darle pelota al Presidente?
La tendencia a improvisar es un vicio que permite licencias demasiado amplias. La idea de que toda la banca debería ser pública, la propuesta de utilizar los fondos de ahorro previsional administrados por las Afaps, generaron preocupación y reacciones negativas. ¿Estos temas no merecerían un tratamiento más cuidadoso, fuera del entorno de una campaña electoral? ¿No se deberían analizar con nuestros compañeros en el Ejecutivo? Máxime cuando ni siquiera están incluidos en el Programa del Frente Amplio, el que aprobamos en el mismo Congreso que apoyó mayoritariamente la candidatura del compañero Mujica.
Tenemos un gobierno del Frente Amplio que entre todos construimos, cuya gestión nos ha llenado de orgullo. Sus resultados han sido producto de la confianza que ha sabido inspirar, de la seriedad de sus opiniones, de la cautela de sus movimientos, de la coherencia en sus políticas, de la responsabilidad de sus decisiones, de su solvencia técnica, de la certeza y seguridad de su rumbo. Sería bueno tenerlo en cuenta y aprender de esta experiencia, porque para ir a más, para subir la apuesta, hay que tener mucho de todas esas cosas, que no se compran en la farmacia.