Nuevo Espacio - Frente Amplio
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Javier Cha - El Portavoz

LA OPORTUNIDAD HISTORICA

EL SIGUIENTE DOCUMENTO FUE APROBADO POR EL ULTIMO PLENARIO NACIONAL DE NUESTRO SECTOR REALIZADO EN LA CASA DE ANDALUCÍA.

Apuntes para una estrategia política.

UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA

Nunca como en el presente, la izquierda uruguaya tuvo ante sí un panorama tan promisorio para su propia proyección, su crecimiento electoral y para la continuidad y el desarrollo de su proyecto político al frente del gobierno nacional.

El Frente Amplio en el gobierno ha marcado una línea de gestión caracterizada por logros y transformaciones de innegable importancia para la sociedad uruguaya, en el marco de un crecimiento económico y una extendida confianza en el país, como hacía décadas no se registraba.

El éxito del plan de atención a la emergencia social, de las reformas realizadas y la inversión presupuestal realizada en las áreas más sensibles al desarrollo social han sido formidables y sin parangón en la historia moderna de nuestro país. El aumento del salario real, el gran aumento de las plazas de empleo, la negociación colectiva y las leyes laborales aprobadas han marcado profundamente al Uruguay del trabajo, así como el despegue de la producción industrial, el fuerte crecimiento del comercio y principalmente, el enorme desarrollo de toda la actividad agroexportadora en el país.

Este gobierno, ha conseguido instalar un clima de país en crecimiento como paisaje cotidiano de una sociedad que, recobrando el dinamismo perdido hace mucho tiempo, experimenta cambios, progresa y renueva expectativas. El sueño de construir un país desarrollado, que durante generaciones constituyó una esperanza difusa, hoy, al influjo del crecimiento y los cambios, se ha convertido en un horizonte visible, un objetivo estratégico concreto y posible, a partir de un esfuerzo nacional sostenido.

Nuestra actualidad presenta el desafío nítido de continuar afirmando la acción transformadora de nuestro gobierno, terminar con nuestro programa de reformas antes del fin del 2008 y superar ya, cuanto antes, las dificultades internas de nuestra fuerza política y su secuela de atascos e internismo, para lanzar a la ofensiva todas las energías del Frente Amplio y expandir su implantación y liderazgo en todo el país.

Desplegar toda la fuerza de comunicación y movilización del Frente Amplio, difundir al máximo los logros de nuestro gobierno, las transformaciones democráticas en curso, resolver con realismo y responsabilidad nuestro futuro programa y nuestros candidatos, constituye el camino indispensable a recorrer en los próximos meses, cuyo correcto abordaje y decisión, abre las puertas a una oportunidad enorme, histórica.

La gran oportunidad de consolidar un cambio político revolucionario. La oportunidad de generar la voluntad electoral y las mayorías sociales, que abran paso una etapa de inflexión hacia el futuro: la apertura de un ciclo histórico de gobiernos sucesivos del Frente Amplio, para la construcción de un país desarrollado, democrática, económica y socialmente.

Nunca como en el presente, las posibilidades de éxito del Frente Amplio dependieron tanto de sus propias decisiones, de su propia convicción y de la forma en que sea capaz de conducir el proceso político de los próximos 18 meses. Es la gran prueba de madurez para una fuerza política, un gran examen de responsabilidad y de claridad de objetivos, en el que la izquierda uruguaya deberá demostrar los frutos de toda una experiencia acumulada a partir de su unidad en el Frente Amplio.

El Nuevo Espacio deberá aportar sus mejores esfuerzos, asumiendo su responsabilidad y protagonismo en esta etapa crucial para la vida frenteamplista y para el Uruguay del futuro.

CONSTRUIR UN PAÍS DESARROLLADO DEMOCRÁTICA, ECONOMICA Y SOCIALMENTE: UNA SOCIEDAD DE BIENESTAR.

Esta consigna ha dejado de ser una utopía para la izquierda y para el país. Hoy puede ser perfectamente incorporada como un objetivo realista en la perspectiva estratégica de construcción del Uruguay de los próximos 30 años. Hemos generado la posibilidad de pensar el país en progresión, superando el atolladero nacional de asumir nuestro destino como una trayectoria inevitable de caídas y rebotes, de un país que va de crisis en crisis.

El desarrollo es el objetivo por excelencia, pues abre las puertas a la construcción de una sociedad de bienestar, como base indispensable para la búsqueda progresiva y cotidiana de la igualdad de oportunidades, nuestro principio y criterio de orientación permanente. La construcción de una sociedad de bienestar como resultado de un programa de reformas graduales, viables, económicamente realizable, democráticamente radical y sustentable.

Es un proceso de desarrollo de la propia sociedad, que tiene como principales generadores, a su impulso y crecimiento económico y productivo por un lado, y a un Estado socialmente responsable e integrador, por otro, que debe garantizar a todos sus integrantes, el acceso de calidad a salud, educación, vivienda, cultura e información, derechos que se comprenden y comportan como derechos de la sociedad toda, establecidos como bases elementales para la convivencia democrática y el desarrollo de la libertad del individuo.

Sin superar el subdesarrollo económico y la pobreza, sin construir una sociedad de bienestar que abre las puertas a la conquista y desarrollo de la igualdad de oportunidades, es imposible pensar condiciones realistas, para la credibilidad y el avance de proyectos más ambiciosos, de etapas u objetivos superiores de desarrollo de la igualdad entre los ciudadanos.

UN REQUISITO PREVIO E INSOSLAYABLE: UN URUGUAY SIN POBRES.

No hay nada más socialista, revolucionario y democrático, que construir un país sin pobres. Hacia allí hemos dirigido nuestro esfuerzo en este gobierno, atendiendo a la emergencia social y generando, reforma tras reforma, mejores condiciones de acceso y superación para los ciudadanos más postergados. Pero aún tenemos un enorme desafío por delante. No hay mayor tributo a la igualdad que superar la miseria y la pobreza. Y superar la pobreza es un objetivo concreto, humanamente visible y alcanzable, en nuestro país, con un proyecto político y económico sostenido, a mediano plazo, sin necesidad de esperar ninguna nueva revelación ni descubrimiento teórico que nos ilumine.

Superar la pobreza es la asignatura indispensable para nuestro desarrollo democrático y su concreción, depende de la convicción y el esfuerzo de toda la sociedad, del compromiso puesto de manifiesto en la asignación de los recursos, del acierto y responsabilidad de un gobierno comprometido con esa verdadera revolución de nuestro tiempo. Porque la superación de la pobreza es una verdadera revolución, un gran triunfo democrático de toda la sociedad. Y para hacerlo, sin dudas, hay que estar en el gobierno.

Para poder cumplir con nuestros objetivos sociales más urgentes, no existe otro camino que no sea el de hacer crecer y desarrollar nuestra economía de mercado, todo lo que se pueda, para distribuir en forma simultánea y progresiva también, todo lo que se pueda. El crecimiento económico es el desafío central de cualquier país que pretenda su desarrollo social, la equidad y los resultados de la lucha contra la pobreza exhiben la medida del poder transformador de su proyecto político.

Ser eficientes en el diseño y la gestión económica, no sólo no es de derecha, sino que constituye una obligación básica e ineludible para la izquierda en el gobierno, así como la eficiencia en el diseño y la gestión de nuestras políticas distributivas y de desarrollo social.

El mayor crecimiento y acumulación de recursos económicos, es lo que nos permitirá progresivamente distribuir más riqueza y desarrollar más igualdad en nuestra sociedad. Y se debe distribuir también eficiente y progresivamente, dentro de los márgenes que admite la sostenibilidad del crecimiento y el mantenimiento de la estabilidad económica.

Estas son las reglas de juego del presente, que marcan el camino de los cambios sociales democráticos en el mundo actual y ha sido el que han seguido aquellos países que han logrado construir las sociedades democráticas más avanzadas del planeta, en cuanto a libertades, igualdades y calidad de vida.

Esos países no han arribado al socialismo, por supuesto. En realidad, nadie en el mundo lo ha conseguido. Pero sí, han construido sistemas de convivencia social avanzados, han superado la pobreza, han garantizando mas derechos, más oportunidades y mayor calidad de vida. Conquistas muy superiores por cierto, a los resultados obtenidos por los regímenes que en el pasado se erigieron en nombre del socialismo.

Son experiencias de construcción del desarrollo social y democrático, a partir de un proyecto político de izquierda, democráticamente apoyado por la sociedad. Experiencias que no constituyen ningún paradigma cerrado, simplemente señalan un camino posible y realizable, que deberíamos emprender con entusiasmo, sin que implique renegar de ninguno de nuestros objetivos ideológicamente más ambiciosos. Se trata de avanzar y construir, progresivamente, sociedades con garantías de bienestar, más integradas y democráticas, cada vez más igualitarias.

EL FRENTE AMPLIO. UNIDAD PARA GOBERNAR Y TRANSFORMAR.

El proyecto político que hemos explicado, sólo encuentra expresión y capacidad de construcción en el desarrollo político del Frente Amplio. La identidad de izquierda en Uruguay, el proyecto político que la representa, es el Frente Amplio, la historia y la realidad han sido contundentes en cuanto a ello.

El FA es el protagonista de la construcción política del cambio. El avance y la profundidad del mismo, depende de las posibilidades de avance del Frente Amplio, de su gobierno y de la solidez de su respaldo ciudadano, de su capacidad de renovar su liderazgo y su apoyo en la sociedad.

Los sectores políticos que lo integran, son las fracciones o corrientes internas, que componen una alianza estratégica que hace posible al propio Frente Amplio y su desarrollo, como la verdadera expresión política y democrática de la izquierda uruguaya.

Y más allá de matices y diferencias, en ocasiones fuertemente expresadas, existe un sentido común que siempre es necesario recordar: el proyecto frenteamplista y sus objetivos, tienen sentido de realización, si los sectores que representan las principales vertientes del pensamiento y la historia de la izquierda, participan de un compromiso indivisible.

Es la izquierda plural y su fuerza, quien construye los objetivos. Por separado, fuera de la unidad, cualquier sector sólo construirá un papel testimonial y retórico. Aquellas concepciones que ubicaban al FA como una mera alianza táctica, como instancia parcial de acumulación o simple etapa del proyecto hegemónico de tal o cual sector, son parte del pasado de la izquierda, carecen de de sentido histórico y de credibilidad en el presente.

La unidad frenteamplista en la diversidad, constituye un bien colectivo sustancial, una concepción de trabajo político avanzado y una herramienta fundamental para construir una propuesta política que comunique con la propia pluralidad y capacidad de transformación de la sociedad civil.

La unidad como principio racional, abierto, lejos de todo fundamentalismo y sectarismo empequeñecedor, constituye una prioridad y un objetivo constante, como factor decisivo de la fortaleza del proyecto político y, como ha quedado demostrado, representa un factor imprescindible para la victoria electoral, para gobernar y enfrentar el complejo camino de los cambios y las transformaciones en diversas áreas de la vida social, luego de décadas de atraso y conservadurismo.

CONQUISTAR UN CICLO DE GOBIERNOS SUCESIVOS DEL FRENTE AMPLIO.

Afirmar un proyecto político y económico, sostenido y progresivo, significa continuar al frente del gobierno, conquistar un ciclo de gobiernos sucesivos del Frente Amplio, afirmar la hegemonía de nuestros valores, construir el consenso social de nuestro proyecto político, desguarnecer y minimizar la convocatoria y el discurso de la derecha.

Darle continuidad y profundizar el proceso de modernización del país, de su capacidad productiva, su desarrollo económico y la progresividad de la distribución de los recursos, demanda necesariamente políticas coherentes, sostenidas en el tiempo, que permitan transitar racionalmente un camino de acumulación del país para la obtención de sus objetivos.

Una política de izquierda, frenteamplista, unitaria, debe asumir el objetivo de continuar y renovar su posición de gobierno, como el gran desafío de su propuesta política hacia la sociedad. La conquista política y electoral de nuevos períodos para nuestra opción de gobierno, el desarrollo de nuestros programas, constituye el único camino que hace posible la consolidación de un sentido de transformación del país impregnado por nuestros valores y por el liderazgo político de nuestro Frente Amplio.

Y así lo marca toda la experiencia internacional al respecto. Ninguno de los países que hoy poseen los mejores índices de calidad de vida y las sociedades más equitativas, lo hicieron posible en un período o dos de gobierno. El desarrollo social fue el fruto de la acumulación de muchos períodos, más de 30 años de políticas sostenidas, de una estrategia de país de desarrollo y equidad, que conquistó políticamente su continuidad al exhibir y demostrar en los hechos, período a período, los beneficios de sus transformaciones para toda la sociedad.

GANAR LAS PRÓXIMAS ELECCIONES NACIONALES EN PRIMERA VUELTA.
RENOVAR NUESTRO GOBIERNO CON MAYORÍAS PARALAMENTARIAS PROPIAS.


Si de lo que se trata, es de afirmar un proceso de gobiernos sucesivos del FA, el próximo proceso electoral tiene un valor superlativo, es el objetivo político excluyente, principal, representa la puerta que conduce a la afirmación del período de cambio histórico que queremos desarrollar.

Y ganar las próximas elecciones significa ganar en primera vuelta, como primera y fundamental prioridad. Sin una victoria en primera vuelta el año que viene, sin mayorías parlamentarias, la perspectiva estratégica planteada se verá severamente cuestionada. Es más, una derrota electoral sería inconcebible, frustraría un proceso de cambios histórico y generaría un impacto negativo muy difícil de remontar, en nuestra propia fuerza política.

Sin mayorías parlamentarias propias, no será posible realizar nuevas transformaciones ni profundizar nuestras reformas en curso, será imposible ir más a la izquierda como reclaman algunos compañeros. No vamos a conseguir apoyos parlamentarios más allá de nuestros propios votos, para cumplir con nuestro objetivo central de profundizar el cambio, ni vale la pena especular al respecto, si tenemos en cuenta cuál ha sido la actitud de la oposición hasta ahora y cuáles son los intereses que defiende.

Ganar nuevamente en primera vuelta sería una demostración política fundamental para la consolidación de nuestro papel de gobierno y una derrota demoledora de las aspiraciones del proyecto de la derecha. Un cambio fundamental en nuestra cultura política para ubicar cada vez más lejos y a contramano del progreso social, al proyecto de la derecha y su expresión político partidaria. Pero antes que nada, claramente, constituye el único camino para seguir avanzando en la dirección que todos en el Frente Amplio nos proponemos.

Y esto es necesario tenerlo radicalmente claro. Que nadie se llame a engaño al momento de procesar las principales decisiones que se avecinan en el Frente Amplio, sobre todo aquellos que desde nuestras propias filas han sido más críticos y se han declarado desconformes con lo avanzado hasta ahora. Sin mayorías parlamentarias propias, muchas de nuestras propuestas programáticas de mayor envergadura pueden convertirse en una simple expresión de deseos.

Estamos en inmejorables condiciones para acometer el objetivo. Nuestro gobierno ya ha cumplido más de lo que prometimos en la campaña electoral y concita fuerte aprobación en la opinión pública. El Frente Amplio es el actor político más importante del país, la fuerza política de mayor convocatoria y mejor implantada. Cubrir la distancia que nos permita superar el 50% de adhesión electoral, requiere del esfuerzo comprometido y unitario de todos los sectores y todas las bases del Frente Amplio, pero también, necesita mucho pragmatismo y mucha responsabilidad política a la hora de establecer las prioridades.

Para lograr nuevamente el triunfo, deben confluir tres planos de la propuesta política del Frente Amplio en su mejor grado de expresión. A uno de ellos ya nos referimos más arriba: desatar la mejor movilización y campaña política del FA, promoviendo los logros de nuestro gobierno. Los otros dos son, por supuesto, cartas fundamentales para poder ganar una elección: un programa potente y movilizador, una fórmula que reúna a nuestros dos mejores candidatos.


PRÓXIMO PROGRAMA: MÁS DESARROLLO, MÁS EQUIDAD, MÁS OPORTUNIDADES. NUEVOS COMPROMISOS.

Es muy importante que el Nuevo Espacio se involucre fuertemente en el proceso de elaboración del nuevo programa de gobierno, de cara a las elecciones del 2009. Si tenemos la capacidad de elaborar un programa creíble, realizable y sobre todo que explicite los logros que se pueden alcanzar en la próxima etapa de gobierno, estaremos en condiciones de extender el entusiasmo y la adhesión a nuestra visión del futuro del país.

Un programa potente, que irradie un sustancial consenso político frenteamplista, evitando simplismos, desfiguraciones y confrontaciones inútiles, será una gran herramienta para profundizar nuestro trabajo político de base con toda la ciudadanía.

Pero, a nuestro juicio, este primer gobierno del FA, a través de su gestión, ha marcado ejes de programa bastante nítidos a continuar y multiplicar en un futuro gobierno frenteamplista, entre los que podríamos señalar:


Afirmar el crecimiento económico, lograr un aumento sostenido de la inversión.

Representa un desafío de primer orden. Hemos avanzado fuerte en nuestro primer gobierno pero debemos gestar un conjunto de iniciativas y propuestas, dirigidas a afirmar y multiplicar las posibilidades de expansión de la economía de nuestro país y su inserción internacional.

Es necesario afirmar un crecimiento económico sostenido que permita aumentar fuertemente nuestro producto y el volumen de inversiones de nuestra economía para poder cumplir con nuestros principales objetivos sociales.

Incrementar la inversión del país en obra pública y sobre todo en infraestructura. Dirigir políticas decididas para comenzar a resolver las insuficiencias en materia energética que padece el país.


Reducir a cero la indigencia y abatir en un 50% la pobreza.

Debe ser el principal compromiso social de nuestro futuro gobierno, medir la eficacia y los resultados de nuestra gestión en cuanto al desarrollo de la sociedad y el abatimiento de la pobreza. Es un gran compromiso, pero es imperioso y hay que asumirlo con mucho entusiasmo.

Educación, cobertura y calidad. Aumentar la capacidad y la calidad del empleo del país.

Son dos de los subsistemas hacia los que necesitamos dirigir, nuevas políticas e iniciativas, ya que de la capacidad transformadora de ambos, depende el grado de desarrollo de las capacidades intelectuales y materiales que permiten la superación de la pobreza, la emancipación y la movilidad social.

Los derechos de los uruguayos, más inclusión, más libertad.

Profundizar en el plano de los derechos de los uruguayos, requiere de más políticas activas de inclusión, de fortalecimiento y garantías de ejercicio de nuestros derechos. Asumir a pleno una visión profunda de los derechos humanos y de la libertad de los individuos en los distintos segmentos de la vida social. Fortalecer la transparencia,

Cultura e identidad nacional.

El espacio de la cultura, generación y expresión de valores y de identidad nacional, es un campo donde debemos avanzar mucho en nuestras políticas. Es necesario impulsar mayores espacios e incentivos, apoyos para el fortalecimiento de su canales de expresión y difusión, desde un punto de vista integrado y multiplicador.

LA MEJOR ELECCIÓN, LA MEJOR FÓRMULA: LOS MEJORES CANDIDATOS.

Sería un sin sentido discutir acerca de la importancia del papel de los liderazgos y los candidatos en el resultado electoral de cualquier emprendimiento político, más aún si se trata de enfrentar un proceso crucial, cuyas posibilidades de éxito son complicadas, donde se define por un pelo y se necesita, por tanto, el máximo desempeño electoral de nuestra fuerza.

La futura presentación electoral del Frente Amplio, debería apelar a su mejor capital político electoral al momento de integrar su fórmula presidencial, o sea a aquellos compañeros cuya notoriedad, aprobación y características de su personalidad política, conciten la mayor adhesión ciudadana y la mejor convocatoria electoral posible.

El desafío de conformar la mejor fórmula presidencial, antes que nada, interpela nuestro propio sentido común y nuestra claridad de objetivos. El sentido común de analizar el desafío electoral desde un criterio propiamente electoral, o sea cómo conseguir los votos necesarios para la victoria. Y la claridad de objetivos, que permite discernir lo principal de lo accesorio, la prioridad excluyente: ganar en primera vuelta.

Por tanto, otros criterios muy legítimos y otros planos de la discusión válidos para emplear en otras decisiones, en este caso, no resultan adecuados y su utilización provoca confusiones. Si se trata de ganar las elecciones, hay que contar en la fórmula con los mejores candidatos, o sea los que a priori brinden las mejores posibilidades de éxito, las condiciones para el mejor desempeño electoral. Y nos referimos a la necesidad de una fórmula, de un equipo, de dos candidatos que expresen nuestro mejor poder de convocatoria y nuestro mejor despliegue electoral, para realizar una gran campaña. No se trata de dirimir el candidato a la presidencia y luego completar la fórmula con alguien que acompañe en un rol secundario o de escaso protagonismo. Así, difícilmente consigamos un objetivo tan difícil e importante.

No se trata de razonar la candidatura de fulano o mengano, según el grado de coincidencia que posea con mi particular lectura ideológica, aquél que esté más cerca de mi proyecto estratégico sectorial, el que más comparte mi cultura o filosofía personal. Se trata de ganar las elecciones y el Partido y el proyecto político que importa, su dimensión superior, es el Frente Amplio en el gobierno con mayorías propias. Por tanto, para nosotros, el elemento central para determinar las candidaturas, es la convocatoria y la adhesión electoral que los compañeros sean capaces de concitar, juntos, como un equipo de candidatos, para conseguir la victoria frenteamplista.

No aporta a esa decisión, cual es su particular afinidad o simpatía interna, a cual sector pertenece, cuanto se parece a mí mismo o cuanto entusiasmo le despiertan algunas de las iniciativas de mi sector en particular. Esos quizás, serían elementos para tener en cuenta si tuviéramos la certeza de una victoria cómoda, holgada, en el marco de varios posibles candidatos con potencialidades electorales muy similares.

Notoriamente no es el caso. Desde una perspectiva puramente electoral, el panorama frenteamplista no ofrece varias posibilidades de candidatos, capaces de generar el impulso electoral necesario para alcanzar una victoria en primera vuelta. Todo lo contrario, en lo previo, las opciones para integrar una fórmula capaz de conseguir ese resultado, no da lugar a mucha especulación.

Para cualquier ciudadano informado con cierta dosis de realismo, hay un par de candidatos cantados, determinados por la propia opinión pública desde hace bastante tiempo, cuya aceptación y concreción en una fórmula, no depende de mediciones, sino de su viabilidad en la voluntad política y la flexibilidad de la interna frenteamplista. Se podrá rebatir esta afirmación desde otros criterios políticos, pero muy difícilmente si hablamos desde un punto de vista estrictamente electoral.

Con todo lo hay en juego y con chances tan apretadas, parecería poco aconsejable dejarse llevar por inflexibilidades, experimentos o improvisaciones de último momento. Negarse la posibilidad de ubicar al frente de la fórmula y de nuestra propuesta electoral, a nuestros dos mejores candidatos, para afrontar este desafío histórico, representaría el mejor regalo para la derecha y una suerte de masoquismo político sin precedentes.

Hay versiones que mezclan ciertas líneas de argumentos, que refieren también a supuestas garantías, sea ideológicas o programáticas, que debería brindar el candidato como requisito para concitar el apoyo de tal o cual sector. No lo compartimos, los conceptos están mal ubicados. La garantía es el programa de gobierno y la propia fuerza política que supervisa las líneas de acción y de gestión. Las garantías, las decidimos y las brindamos entre todos, sectores y bases. Pero aún, si así no lo fuera, podemos pedir todas las garantías que se nos ocurran, que si no conseguimos los votos necesarios y no ganamos en primera vuelta, no van a valer de nada.


EL DESARROLLO POLÍTICO ELECTORAL DEL NUEVO ESPACIO.

Este objetivo no necesita demasiada explicación. La próxima elección será una instancia absolutamente clave para nuestro partido. La posibilidad de protagonizar un camino ascendente, de marcar un salto positivo en nuestra trayectoria. El resultado electoral que podamos obtener será determinante del grado de influencia y participación del Nuevo Espacio en nuestro futuro segundo gobierno.

Obtener la máxima representación del Nuevo Espacio a nivel parlamentario, significa el gran desafío y nuestra capacidad para superar los resultados regsitrados por el partido hasta el momento, en la próxima elección, marcará fuertemente las verdaderas posibilidades del Nuevo Espacio como proyecto político. Crecer política y electoralmente, implica un esfuerzo superior en cada uno de los departamentos, para que nuestra opción tenga su mejor desempeño tanto en octubre de 2009 para las nacionales como en mayo de 2010 para las departamentales.


FUNDAMENTAL: NUESTRA POLÍTICA DE ALIANZAS

Nuestro partido deberá analizar cuidadosamente y resolver su política de alianzas hacia el próximo proceso electoral, como herramienta importante para incrementar nuestras posibilidades políticas y nuestro desempeño electoral. Será un gran desafío para el Nuevo Espacio, pero también una gran oportunidad de crecimiento para nuestro partido.

Será un esfuerzo de discusión y decisión que debemos encarar, seguramente durante el segundo semestre de este año, ya con más elementos de análisis y hechos políticos sobre nuestra mesa. Para ello, deberemos aproximarnos a esa instancia con gran apertura para pensar en nuestras posibilidades y sin prejuicios para examinar los instrumentos de presentación electoral que propongan los mejores resultados políticos y electorales para nuestro partido.



JAVIER CHA

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