Sobre el papel de la oposición al gobierno escribe Rafael Michelini en esta nueva contratapa del diario "La Republica", editorial de todos los martes; que como siempre deja mucho a reflexionar.
ES LA OPOSICIÓN QUE HAY, VALOR / RAFAEL MICHELINI
Fue en diciembre de 1984, apenas unos días después del triunfo del Dr. Sanguinetti, en las elecciones nacionales que determinaron nuestro regreso a la democracia. Con el estilo de siempre, recién salido de la cárcel, subido a un estrado que se había improvisado allí en la explanada de la Intendencia Municipal de Montevideo y ante la presencia de miles y miles de uruguayos de todos los partidos, Wilson Ferreira, alertó: "...mi partido no le va a crear problemas al partido de gobierno del Dr. Sanguinetti por el solo prurito de creárselos".
Continuó diciendo: "Nosotros estamos dispuestos a votarle..." "...al Gobierno que presidirá el Dr. Sanguinetti, todo aquello en que coincidamos, todo aquello, a condición de que no comprometa principios esenciales y todo en lo que, aunque no coincidamos, resulte indispensable para proporcionarle al nuevo Gobierno la posibilidad de moverse, de gobernar".
Más adelante agregó: "Nuestros legisladores van a votar todas las venias para designar directores de Entes Autónomos y Servicios descentralizados, cualquiera sea la filiación política de los candidatos que nos propongan". Tengo fuertes recuerdos de aquel momento, la emoción que vivió todo el país con la liberación de Wilson Ferreira. Yo sí que vibré al escuchar sus palabras y fui testigo de aquél gran gesto de responsabilidad, de madurez y de generosidad política, que brindó al gobierno electo y a todos los uruguayos. Una demostración de grandeza que aún hoy sigue despertando mi admiración, más aún en este presente tan desprovisto de actitudes de esa naturaleza.
Transcurrida ya la mitad del actual periodo de gobierno, creo que cabe preguntarse: ¿Blancos y colorados hoy, actúan con esa grandeza y sentido de la responsabilidad? La realidad es tan fuerte que la pregunta se contesta sola: NO, claro que NO, de ninguna manera.
No ha habido un solo proyecto de ley, más o menos importante, que no haya despertado la oposición cerrada, y en muchos casos, virulenta, de los partidos tradicionales. La Reforma Tributaria y la de la Salud son dos ejemplos claros y concretos: ambas han merecido una fortísima oposición de parte de los partidos tradicionales. Sin embargo, al inicio de la discusión muchos de los legisladores de la oposición confesaban un punto de vista favorable a las mismas.
¿Casualidad? Quizás. Y qué sucede con la renovación de los órganos de contralor, el Tribunal de Cuentas y la Corte Electoral. Hoy por una cosa, mañana por otra, siempre se posterga el cambio y la nueva designación. ¿Otra casualidad?
Hoy la oposición aplaude fervorosa y livianamente, un dictamen muy desafortunado de nuestro fiscal de Corte, que debía expedirse acerca de la supuesta inconstitucionalidad del Impuesto a la Renta aplicado a las pasividades, pero terminó aportando una suerte de comentario crítico a toda la Reforma Tributaria, plagado de apreciaciones políticas y de muy discutible solidez técnica. Algunos sintieron que el dictamen era contra el gobierno y entonces embistieron, sin medir consecuencias a futuro, del precedente generado. ¿Sorprende? Ya no, pues según parece todo aquello que erosione el punto de vista del gobierno o pueda obstaculizar sus políticas cuenta con el aplauso y la amplificación de la oposición.
Para blancos y colorados, todo lo que hace el gobierno está mal. Es malo por definición. Es espurio, pésimo, oscuro, autoritario e inconstitucional, es estalinista, es sindicalista, es estatista o demagógico. Hay caos y fracaso en el gobierno, desconfianza e inquietud en la sociedad, el país no avanza.
Para nada importa que tengamos los niveles de desempleo más bajos desde la recuperación democrática. Que el nivel de empleo sea el más alto de toda la historia del país. Que se haya logrado una recuperación de salarios y pasividades, a un ritmo inimaginable dos años atrás. Que la inversión y las exportaciones sigan aumentando y que los presupuestos de Educación, Salud y Poder Judicial sean de los más elevados que la historia de este país registra. Tampoco sirve, que hoy tengamos 350.000 pobres menos que los que había 30 meses atrás.
No se puede, así porque sí, despreciar los datos de la realidad, negar la situación auspiciosa del país y los resultados positivos de las políticas públicas del gobierno. ¿Qué hace que los ataques de la oposición posean tal magnitud y dureza? ¿Es falta de información, falta de reflexión? Seguramente no. Entonces: ¿por qué?, ¿qué razones provocan semejante negatividad? Para mí hay dos, cada vez más visibles.
La primera: efecto "resentimiento". Creo que muchos blancos y colorados, no todos por supuesto, no aceptan ni toleran a la izquierda en el gobierno. No aceptan que sindicalistas o militantes de izquierda que ayer estuvieron presos, hoy ocupen altos cargo del Estado. No toleran la conducción y el estilo político de la izquierda. Lo sienten así y lo viven peor, cuando las políticas que implementa la izquierda son exitosas. Es inaceptable. Algunos hasta desean que aumente la inflación, antes que tener que admitir que las políticas no ortodoxas que desde el gobierno se implementaron para combatirla, son exitosas.
Pensar que la izquierda puede volver a ganar y gobernar por un nuevo período, los exaspera y extrema su forma de hacer oposición. Actúan por reflejo: todo ciudadano blanco o colorado, que exprese una opinión sin criticas al gobierno, o peor, que reconozca logros del mismo, pueden ser objeto de las peores acusaciones. Si no, pregúntenle al Dr. Leonardo Costa.
La segunda: es el efecto "una golondrina no hace verano". Un período de gobierno de izquierda. Que sea uno, sólo uno y nada más que uno, no marcará el futuro y con un rápido retorno blanquicolorado, pronto quedará en el olvido. Así se volvería a la "normalidad". Pero si la izquierda permanece en el gobierno más de un período, si blancos y colorados quedan fuera del poder por más de diez años, quién nos asegura que luego no sean quince. De esta manera, se romperían todos los prejuicios en su contra y la izquierda se establecería como una opción permanente de gobierno. En ese caso, la mayoría de los protagonistas actuales de los partidos tradicionales tendrían serios problemas de tiempo vital para cumplir sus objetivos. Y esta sí es una razón pragmática de vida o muerte.
Nadie sensato puede pensar que va gobernar para siempre. La alternancia en el gobierno es un sano valor de las sociedades democráticas, pero para los dirigentes blancos y colorados tiene que ser ya, no cabe otra posibilidad. Entonces, cuanto más se desprestigie al Frente Amplio, más se desacredite al gobierno, se amplifiquen pequeños errores y se repita "lo mal que estamos", supuestamente, más chances electorales existirán para el retorno inmediato al gobierno.
Se trata de ganar la próxima elección a como sea, de la forma que sea y que el gobierno de izquierda, represente solo un mal sueño de cinco años y no una pesadilla de diez o quince. Ese es el objetivo. Así razonan y así actúan, buena parte de los dirigentes blancos y colorados, con extremos que contagian al conjunto de una oposición que navega sin ton ni son.
Por supuesto, sabemos que en diciembre de 1984, eran muy otras las circunstancias. Eran mucho más difíciles para todos y por ello, la actitud de Wilson Ferreira marcó la grandeza y la talla de su liderazgo. Wilson, como lo dijo en más de una oportunidad, pensó primero en el país, antes que en su partido y en su propio destino personal. Por eso fue un grande y su actitud hizo la diferencia.
Lamentablemente para el Uruguay, en la oposición política actual, queda muy poco o nada de esa visión, de ese estilo y responsabilidad. Por eso, resignadamente cabe la expresión popular: es la oposición que hay, valor. *
(*) Senador del Nuevo Espacio, Frente Amplio