Nuevo Espacio - Frente Amplio
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Rafael Michelini - La República

Candidaturas a la carta...

Julio Durán me lo ha contado muchas veces y cada vez con más detalle. Aquella charla, allá en 1970, que mantuvo una delegación del Partido Demócrata Cristiano (PDC), compuesta por Juan Pablo Terra y Daniel Sosa Díaz, entre otros, con Zelmar Michelini, en su despacho del Palacio Legislativo. El motivo central era convencerlo de conformar lo que sería el Frente del Pueblo, verdadero embrión del Frente Amplio.

Zelmar estaba completamente convencido que había que crear una fuerza política nueva, distinta, capaz de enfrentar al gobierno colorado de Pacheco Areco, idea compartida por los dirigentes del PDC. Sorpresivamente, la charla tenía como novedad a un Zelmar callado, pensativo, que prácticamente no emitía opinión. Muy en contrario de su actitud habitual, dicharachera y locuaz. Mientras Terra exponía argumentos a favor de la construcción del Frente del Pueblo, Zelmar lo interrumpía y reiteraba: "El problema es que no tenemos lema".

Fue tal la insistencia, que Terra cortó su explicación y le contestó: "El lema lo ponemos nosotros y votamos bajo el lema Partido Demócrata Cristiano". En ese momento del relato es que a Julio Durán le brillan sus ojos y con una sonrisa recuerda que ni lerdo ni perezoso Zelmar retrucó a viva voz: "Si ustedes ponen el lema, yo pongo el candidato y se llama Líber Seregni".

La propia historia da cuenta del resto. El Frente del Pueblo fue el inicio del Frente Amplio y la destreza política de Zelmar logró poner de acuerdo a Terra con Rodney Arismendi, el principal dirigente del Partido Comunista, lo que a priori parecía un imposible. La historia también demostraría después, que Seregni no era sólo un candidato, fue un conductor excepcional, un líder y, sin duda alguna, un estadista. Como quedó marcado en el tiempo, para los grandes proyectos, los grandes liderazgos son decisivos, hacen la diferencia.

Es innegable la importancia del poder de convocatoria del líder o del candidato para el desarrollo de cualquier proyecto político. Sin embargo, en la izquierda existe cierta tendencia a negarlo. Reiteradamente se escucha: no hay que hacer culto a la personalidad, lo que realmente importa son las ideas. Y ambas cosas, a mi juicio, son correctas. Pero un liderazgo potente, el poder de comunicación y amplificación de un buen candidato, representan elementos decisivos, capaces por sí mismos de inclinar la balanza.

Más allá de acuerdos, diferencias, simpatías o rechazos: ¿qué sería de la revolución cubana sin Fidel?, ¿sería explicable el proceso bolivariano en Venezuela sin Chavez? Desde muy otras perspectivas y contenidos: ¿qué pasó con el socialismo francés sin Mitterrand? Al PSOE en España le costó diez años recuperarse de la ausencia de Felipe González. No fue igual la socialdemocracia alemana sin Willi Brandt. Y aquí en nuestro país: ¿hubiéramos ganado sin Tabaré Vázquez?

Vamos al grano. Las posibles candidaturas del Frente Amplio están todos los días en la prensa y están allí, puestas por nosotros mismos. Desde nuestras filas se las insinúa, se las sugiere, se las alienta o se las inventa y los medios permanentemente están reflejando esa realidad. Quienes las ponen arriba de la mesa, al otro día las niegan o proclaman solemnemente: "No es tiempo de hablar de candidaturas". Frase, que por supuesto, ya nadie cree.

Una mujer debería estar en la fórmula, se expresa de un lado, y a renglón seguido, del otro, se sube la apuesta: ¿por qué en la fórmula?, ¡no!, debería ser la candidata presidencial. Cuando alguien tira un candidato a la cancha tiene réplica inmediata, lo cual es muy legítimo y muy humano, pero es un juego peligroso y suele dejar heridas.

Ese camino no sirve, no es correcto, puede llegar a perforar la unidad. Y constituye un punto muy delicado que, como viene la mano, parece que nadie se ha puesto a pensar. Cuando el Frente Amplio, en junio de 2009, proceda a dirimir sus candidatos en las urnas, si la competencia interna resulta demasiado pasional y causa heridas, tendremos que ver cómo hacemos para cicatrizarlas rápidamente, porque si no lo hacemos bien estaremos hipotecando nuestra propia chance electoral.

No estoy proponiendo que no haya internas, claro que no. Tampoco que los candidatos surjan entre gallos y medianoche. Nada más lejos de mi intención. Pero, lo que sí digo es que una interna fuerte, aunque puede despertar mayor atractivo electoral, puede también suscitar conflictos internos difíciles de superar. Por ello, creo que mucho tiempo antes habría que establecer pautas y acuerdos entre todos nosotros que permitan llegar a las elecciones internas minimizando riesgos o efectos indeseados, garantizando que, gane quien gane, el Frente saldrá unido y fortalecido de esa decisión.

Para ello, creo que hay cuatro aspectos que deberíamos acordar, si es que aspiramos a que no nos gobierne el azar, para encarar y razonar conjuntamente, antes de encarar la elección de nuestros candidatos.

Primer objetivo: ganar en primera vuelta. Esto tiene que quedar claro de entrada. La estrategia electoral tiene que tener como objetivo el triunfo en primera instancia, porque si no se gana, todo el esfuerzo realizado sería en vano. Si la izquierda cae derrotada, las conquistas sociales concretadas por nuestro gobierno y lo mejor de nuestra legislación laboral, seguramente serán derogadas por la derecha. Si no obtenemos mayorías parlamentarias propias será muy difícil avanzar en nuestro programa de cambios y habrá un bloqueo permanente a los principales proyectos de nuestro gobierno. Las elecciones internas, en junio de 2009, serán una gran oportunidad para el despliegue de todas nuestras fuerzas y sectores internos, con gran amplitud y profundidad, en toda la sociedad uruguaya. Es una oportunidad que no podemos desaprovechar. Por eso, no puede haber ni hijos ni entenados, no puede haber heridos, porque el triunfo de octubre de 2009 depende de todos, que todos estemos entusiasmados y que cada uno tenga su lugar. Así hay que verlo.

Programa común.- Esto es indispensable, un programa sólido, claro, elaborado y aprobado por todos. Es un elemento de contención, que provee confianzas y garantías, disolviendo posibilidades de excesos o desbordes. Un programa responsable, serio, con los pies en la tierra, pero guiados por el objetivo de generar mejor calidad de vida e igualdad de oportunidades para nuestra gente. Ese programa es el que va a llevar adelante el candidato electo en las internas y se tiene que empezar a elaborar desde ahora.

No afectar la marcha del gobierno.- Fuimos electos para gobernar el país hasta el 1º de marzo de 2010. Gobernar ya tiene muchos problemas e imponderables como para agregarle, encima, conflictos derivados de la innecesaria anticipación de los tiempos electorales o de contradicciones, entre diferentes candidaturas al interior del propio Frente Amplio. Parecería muy lógico que a mitad de 2008 quienes quieran participar como precandidatos en las internas de 2009 y aún se encuentren ocupando cargos en el ejecutivo, deban renunciar a sus responsabilidades para dedicarse de lleno a sus objetivos electorales. Esto le ahorrará complicaciones políticas internas a nuestro gobierno y evitará flancos débiles para los ataques de la oposición, que a esa altura va estar cada vez más desesperada.

El día después de la interna.- Esto constituye un punto crucial. ¿Estamos preparados para solucionar, entre nosotros, las diferencias de una interna ríspida? ¿Sabemos cómo incorporar a la participación y de la mejor manera a aquellos que no resulten ganadores? ¿Tenemos pensado cómo hacer para salir unidos del legítimo enfrentamiento en las urnas, ya en el mismo momento en que estas se abran y brinden su veredicto? Acordar entre todos, de antemano, las respuestas es clave y de ello depende el triunfo de 2009.

Lo que está en juego es demasiado importante para que quede sólo en manos de los precandidatos. Está en juego la continuidad del Frente en el gobierno, el afianzamiento del proceso de cambios y su consolidación. Sólo uno de nuestros compañeros va a ponerse la banda presidencial, si triunfamos en octubre de 2009. Sólo vamos a lograrlo si todos remamos parejo. Y eso depende, en buena medida, de cómo hayamos resuelto la situación del día después de las internas. Resolver bien ese momento es clave, más allá de los muchos candidatos que se tengan o de los discursos que se hagan.

Aspiro a que todos nos demos cuenta que se necesitan acuerdos previos. Dichos acuerdos son una especie de "candidaturas a la carta", sabiendo que el proyecto político nos gobierna a todos, pero que también las candidatas o candidatos juegan un papel muy importante. Hablemos del tema francamente, sin nombres, mientras hay tiempo suficiente, fijando nuestras propias reglas y anticipando soluciones, si no, después, las cosas se pueden poner difíciles y no vale llorar sobre la leche derramada. *

(*) Senador por el Nuevo Espacio/Frente Amplio

Martes 27 de noviembre de 2007.

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