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Rafael Michelini - La República

Bajamos el boleto!

En 1986, en un viaje a La Paz, Bolivia, durante el gobierno de Siles Suazo, uno de los grandes presidentes de la historia latinoamericana, viví de lleno la crudeza del problema de la inflación. Recuerdo que para pagar los boletos de ómnibus se necesitaban fajos de billetes de más de un centímetro de alto. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios era evidente y por supuesto la conflictividad social iba en aumento.

Siempre me habían señalado los aspectos económicos que tienen que ver con la inflación, pero hasta ese momento no había escuchado que se resaltaran los aspectos culturales y de expectativas en la suba de precios. Hoy sabemos que esos factores influyen fuertemente. La expectativa provoca el aumento o descenso de los precios de acuerdo a la convicción que los ciudadanos tienen acerca de lo que sucederá con ello en el futuro inmediato. Los países europeos viven culturalmente este tema con repercusiones diferentes. Alemania se conmueve si hay inflación, en Francia ocurre algo parecido, pero con la desocupación.

Recuerdo que entonces, comparando la situación boliviana con la hiperinflación en Argentina, alguien me dijo; "La diferencia es que nosotros remarcamos los precios una vez por semana y ellos lo hacen todos los días". La referencia no era caprichosa; el alza de los precios en Argentina se había disparado con mayor velocidad que en Bolivia. ¿Por qué? Los argentinos tenían una expectativa más firme y pesimista que los bolivianos, en que los precios seguirían creciendo en el corto plazo, y por tanto se adelantaban a remarcar. Todo ocurría a más velocidad y mucho antes de lo que se pensaba.

Sin la misma gravedad, también aquí, en Uruguay, sufríamos la dureza de vivir bajo el signo de la inflación. Era el primer gobierno de Sanguinetti, ¿se acuerdan? Se mantuvo al alza durante todo el período. Lejos de contener el proceso, la mala gestión económica y su falta de credibilidad representó un eficaz estimulante para el crecimiento de la inflación, que terminó, al final del mandato, con un guarismo del orden del 130%. Recuerdos de un país no muy lejano.

A veces, los ciudadanos, con nuestra cultura y nuestra visión del futuro inmediato, construimos la jaula y nos metemos dentro. Como nadie quiere perder, todos corren, remarcan, especulan, y así, con mayor velocidad, se llega antes al abismo. Cuando los precios suben comienza a girar un espiral multiplicador, nadie quiere ser el gil, el último en subir los precios. Empresarios, comerciantes, trabajadores, nadie quiere quedarse atrás, es lógico y humano.

Aunque sabemos que después, al final de la carrera de precios, lo único seguro es que todos perdemos. Pero los que más pierden son los más expuestos, los más indefensos: los niños, los desocupados, los pobres, los pasivos, los asalariados no sindicalizados u otros colectivos sin capacidad de presión. Los que no tienen o no pueden defender el poder adquisitivo de sus magros ingresos.

El alza de precios representa, para nosotros, un enemigo declarado, que debemos enfrentar con mucha fuerza y decisión. Porque afecta más gravemente a aquellos uruguayos que más queremos apoyar, los que representan el centro de nuestro proyecto político: los más desprotegidos, los que menos oportunidades tienen, y que entonces, por muerte, tenemos la obligación de defender, proteger sus derechos, aumentar sus posibilidades, defender su bolsillo.

Es por ello que la izquierda y su gobierno están dando una batalla frontal contra la subida de precios. Es por eso que hemos bajado las tarifas de teléfonos (Antel), de energía (UTE), de combustibles (Ancap). Bajamos el precio de las mutualistas, bajamos los impuestos a la carne y al pollo, y ahora también bajamos el precio del boleto. Nada más ni nada menos; "¡Bajamos el boleto!". Lo hacemos, porque estamos defendiendo el bolsillo de los más pobres y porque queremos golpear fuerte las expectativas inflacionarias, actuando firmemente sobre los precios en los cuales el Estado tiene capacidad de control.

El alza de los precios de frutas y verduras, producto de las heladas, el aumento del precio del trigo, carne y lácteos, tironeados por el fuerte incremento de sus precios internacionales, impactan en la canasta familiar de los uruguayos. Las medidas que hemos adoptado tienen un solo objetivo: reparar el daño, compensar los aumentos con nuestras rebajas de precios.

Defender el poder adquisitivo de nuestra gente es una batalla que vamos a ganar y los registros de setiembre así ya lo están indicando. En esta lucha no podemos aflojar, ni descuidarnos, no se puede ofrecer ninguna posibilidad de que vuelvan a desatarse expectativas inflacionarias. Nuestras medidas no son medidas ortodoxas y contractivas que, de ensayarse, pondrían freno al impulso productivo y económico que el país está viviendo. Como nunca lo tuvo en su historia, producto en gran parte, de la sólida y extendida confianza que existe en la gestión económica de nuestro gobierno.

Nuestras medidas son creativas, no ortodoxas, e impactan positivamente a la baja en la formación de los precios, en la reducción del costo global de la canasta familiar y, sobre todo, en las expectativas de la gente. Para librar esta batalla contamos con muy buenas herramientas, dos de ellas son fundamentales y es bueno recalcarlas.



Primero: "Estamos contigo". El gobierno y el Frente Amplio están contigo, de tu lado. Ese es el talante con que enfrentamos esta situación. Ni negamos el alza de precios, que la hubo, ni nos despreocupamos de que todo lo arregle el mercado. Tenemos una actitud permanente de vigilancia para que los precios no se disparen y para que la gente acceda a los bienes y servicios más necesarios, que deben estar al alcance de los bolsillos de todos.

No se trata de hablar de economía, es lisa y llanamente estar del lado de la gente. Entender al país como comunidad, ver a nuestro presidente y a nuestros ministros preocupados, trabajando y tomando medidas, para defender el salario y las pasividades de los uruguayos, no es poca cosa y, perdónenme, es algo que no recuerdo haber visto en anteriores gobiernos. La sensibilidad es lo primero, tiene que ser activamente reflejada e irradiada por todos los responsables del gobierno y por todos los dirigentes de nuestro Frente Amplio.

Así lo tiene que percibir toda la población. Si hay un gobierno y una izquierda comprometida con ello, seguramente los uruguayos pondrán su cuota parte para que los precios vuelvan al nivel que tienen que estar.



Segundo: "Somos competentes en el manejo económico". Los procesos de suba de precios o de inflación son complejos, dependen de las expectativas de la gente, tienen que ver con el total del circulante, con el precio de cada bien o servicio en particular, si son transables o no transables, con las indexaciones que la economía tiene, etc. Por lo tanto hay que ir despacio y por las piedras.

Esas subas no responden a un solo elemento y. en general, las malas decisiones no hacen otra cosa que aumentar el ritmo del alza de los precios. Resulta principal entonces la competencia y la solidez que se tenga en la gestión de un fenómeno complejo y de alto impacto social. La capacidad y profesionalismo que se demuestre en el manejo de nuestra macroeconomía. Y este gobierno sí que tiene. Gran parte de nuestros avances en la lucha contra la suba de precios se debe a que contamos con un excelente equipo económico, que ha puesto de manifiesto una y otra vez su capacidad y solidez para enfrentar los problemas.

Los blancos y colorados que atacaron y no votaron en el Parlamento la ley que hacía posible la rebaja del precio del boleto, no lo hicieron por capricho. Ellos saben que si esta respuesta política no ortodoxa de combatir la inflación resulta exitosa será una nueva victoria política de este gobierno, en la defensa de los ingresos y del poder adquisitivo de los uruguayos.

El Frente Amplio no sólo tiene la sensibilidad, tiene la capacidad y la decisión de gobernar defendiendo los derechos de los menos favorecidos. Por eso, vale la pena afirmar, una vez más: Sí, bajamos el boleto. *

(*) Senador del Nuevo Espacio/Frente Amplio

La Republica, Martes 9 de octubre de 2007.

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